CHAPTER 3: RESEARCH METHODOLOGY
3.3 Testing Procedure
Principales centros de difusión de las cosechas y animales básicos Suroeste
asiático Europa Américas África
Caña de azúcar Trigo Maíz Trigo duro
Arroz Cebada Tabaco Sorgo
Naranja Avena Patata Café
Limón Ovejas Tomate
Lima Vacuno - Mandioca
Espinaca Caballo Cacao
Berenjena Cerdo Caucho
Plátano Abeja Conejo Piña Aguacate Pimienta Calabaza Chayóte Sisal
África mediante lazos comerciales. La creación del imperio islá mico y su red comercial provocó una difusión sustancial de las cosechas desde el suroeste de Asia y la India en dirección oeste hasta el Próximo Oriente, la región mediterránea y finalmente a zonas del sur de Europa. La India fue un centro importante para la transmisión, especialmente tras la conquista de Sind el año 711, y Omán también fue una zona importante donde los culti vos subtropicales del suroeste de Asia se aclimataron gradual mente a las nuevas condiciones de crecimiento. Desde estos cen tros los nuevos cultivos se extendieron hasta el norte de África, llegando algunos de ellos hasta España y penetrando otros en el África occidental, avanzando a lo largo de las rutas comerciales hasta la costa oriental de África hasta llegar a Zanzíbar y después a Madagascar.
Algunos de los cultivos, como el cocotero, sólo podían cre cer en climas subtropicales, y por tanto no avanzaron más allá de la zona del Golfo Pérsico y del este de África, pero la mayo ría se estaban aclimatando gradualmente a las nuevas condicio nes de crecimiento en una extensa zona. El más importante de estos cultivos para la futura historia de la agricultura mundial fue la caña de azúcar. Fue llevada de la India a Mesopotamia en el siglo vil, y después se extendió hacia el oeste hasta Levante,
Egipto y las islas del Mediterráneo oriental, especialmente Chipre, hacia el siglo x. Debido a la gran cantidad de mano de obra que hacía falta en las plantaciones, la esclavitud se convirtió en la base para el cultivo de la caña de azúcar en las zonas domina das por los europeos desde Chipre hasta las islas del Atlántico y
las Áméricas. Casi tan importante como la caña de azúcar fue la lenta difusión del trigo duro desde Etiopía al Mediterráneo, don de se convirtió en parte esencial de la dieta del norte de África (cuscús) y de Italia (pasta) a partir del,siglo xiil El arroz también se difundió desde el Próximo Oriente a extensas zonas de Áfri ca, y llegó al valle del Po en el norte de Italia a finales del si glo xv. Los cítricos, la naranja amarga, el limón y la lima, los lle varon los comerciantes islámicos desde el suroeste de Asia (aun que son originales de la India oriental) hasta el Mediterráneo, donde su cultivo se extendió rápidamente, llegando a Sevilla, en el sur de España, hacia el siglo x. El sorgo, que se había difun dido originariamente desde África a la India alrededor del 2000 antes de J.C., se trasladó hacia el oeste hasta el norte de África y
España. Verduras como la espinaca y la berenjena pasaron des de Persia hasta la India y el norte de África y finalmente llega ron a España hacia el siglo XI.
Los nuevos cultivos difundidos por el mundo islámico y fue ra de él no transformaron la agricultura; no proporcionaron más que unas cuantos cultivos principalmente suplementarios. Un cambio mucho más radical tuvo lugar tras la conquista por par te de los españoles de las islas del Caribe y los Imperios Azteca e Inca a principios del siglo xvi. Los europeos que llegaron a co lonizar las Américas llevaron consigo sus propios cultivos y ani males (trigo, caña de azúcar, vacuno, ovejas y caballos). Duran te este proceso alteraron significativamente el medio ambiente (una historia que se analizará en detalle en posteriores capítulos). Pero igual de importantes fueron las consecuencias de llevarse consigo a su vuelta cosechas americanas hasta entonces desco nocidas que influyeron sobre la agricultura no sólo de Europa sino también del Próximo Oriente, India, África y China. Las dos innovaciones más importantes procedentes del «Nuevo Mundo» fueron los elementos dietéticos básicos de Centroamérica y Perú, el maíz y las patatas. El maíz era un cultivo sumamente produc tivo (la producción era prácticamente el doble que la del trigo) pero tardó mucho tiempo en extenderse, particularmente en Eu
ropa, incluso después de la aparición de variedades nuevas, po siblemente debido al mal clima de la zona durante el «Período Glacial Breve». El punto central para la dispersión del maíz fue la zona mediterránea, donde se podía cultivar sin dificultad. Resul tó particularmente apropiado para las condiciones de Egipto, donde se convirtió en cultivo básico hacia el siglo
xvn.
En Euro pa no llegó a los Balcanes hasta el sigloxvm,
y su avance hacia el norte tuvo que esperar a la mejoría del clima en las zonas de la meseta y a la aparición de variedades capaces de crecer en condiciones más frías y en una estación de cultivo más corta. El maíz no se conoció en la India hasta principios del sigloxix,
pero a partir de ese momento se difundió con gran rapidez. Chi na sin embargo adoptó el maíz muy a principios del siglo
xvi,
y pronto se convirtió en el principal cultivo alimentario de las zo nas mesetarias del suroeste del país, pero no llegó al norte has ta tres siglos después. El gran atractivo del maíz era su alta pro ducción, que permitía alimentar a más personas con la misma cantidad de tierra. En China, concretamente, fue importante en un momento en que el arroz había comenzado a alcanzar sus lí mites naturales. En el siglo XVII el arroz constituía aproximadamente el 70 por ciento de la producción nacional de alimentos, pero hacia principios del siglo
xx
había descendido a menos del 40 por ciento, según crecían en importancia los cultivos de ori gen americano. El maíz también llegó al África occidental proce dente de Brasil en el sigloxvi,
y rápidamente reemplazó al mijo y al sorgo para convertirse en componente central de la dieta de bido a su mayor productividad.La adopción de la patata como cosecha principal fue un pro ceso tan prolongado como la difusión del maíz. Llegó a España en 1570, a Inglaterra y Alemania a finales del siglo XVI y a Es-
candinavia unos cien años después, y se introdujo en Norteamé rica procedente de Europa en 1718. Parece que la mayor parte de la población no se acostumbró rápidamente a comer patatas, y originalmente se cultivabañ como forraje más que para el con sumo humano. En Europa, la patata se constituyó en elemento alimenticio básico solamente en Irlanda y en algunas zonas de los Balcanes con anterioridad al siglo xix. Su principal ventaja —la capacidad de dar una gran cantidad de alimento con una pequeña extensión de tierra— era ampliamente reconocida, pero la patata normalmente sólo se adoptó tras el fracaso de otras co
sechas. La otra cosecha principal de las Américas que se adoptó profusamente fue una planta tropical, la mandioca. A principios del siglo xvn fue llevada desde Brasil al continente africano, don de sus altísimos rendimientos junto con su resistencia a la sequía y a las plagas fueron rápidamente valorados. Una vez compren didos los problemas relacionados con su conversión en alimento comestible eliminando los componentes tóxicos, entró a formar parte vital de la dieta de las zonas tropicales, llegando a ser es pecialmente importante en el siglo xix. En esta época los agri cultores la adoptaron también en el sur de la India. Aparte de los cultivos principales de maíz, patata y mandioca, las Américas también aportaron importantes cultivos suplementarios. Especial mente destacable fue el tomate, adoptado inicialmente en la zona mediterránea (y también en India y el Próximo Oriente) y más tarde en el norte conforme se fueron consiguiendo variedades capaces de crecer en un clima más frío y con estaciones más cor tas. (Europa produce ya alrededor del 40 por ciento de la cose cha mundial de tomate.) Se adoptó rápidamente una amplia va riedad de alubias (importante fuente de proteínas), al igual que hierbas aromáticas y especias como el chile, hasta el punto que ahora se ven como partes integrantes de la cocina «local» de mu chas zonas del mundo y especialmente de la India.
Un gran efecto beneficioso de la difusión de nuevos cultivos fue que la base de subsistencia de muchas sociedades, que a me nudo era estrecha y por tanto sumamente vulnerable, se vio am pliada, y esto redujo el riesgo de catastróficas pérdidas de cose chas y de hambrunas. Otro importante beneficio fue de orden nutritivo. No sólo se disponía de una mayor variedad en las po bres y muy limitadas dietas de la mayoría de las personas; ade más muchos de los alimentos, particularmente plantas como los tomates y el chile, eran ricos en vitaminas y podían contribuir a reducir el riesgo de padecer algunas enfermedades carenciales. Sin embargo, en algunas zonas una excesiva dependencia del maíz (especialmente sin adoptar la forma americana de prepa rarlo y cocinarlo) produjo la enfermedad carencial de la pelagra. A pesar de las mejoras en fiabilidad, calidad y variedad asocia das con la introducción de nuevos cultivos, el problema básico seguía siendo el de la cantidad. Algunos de los cultivos más pro ductivos, especialmente el maíz y las patatas, mejoraron la pro ducción alimentaria, pero casi en todas las sociedades estos nue
vos cultivos no solucionaron el secular problema de mantener un equilibrio entre las cifras demográficas y la cantidad de alimento que se podía producir. En muchos casos los nuevos cultivos de mayor rendimiento, en lugar de proporcionar más calorías por persona tuvieron el efecto de permitir que la población creciese más rápidamente hasta alcanzar un punto en que se perdió el equilibrio con los suministros de alimentos, como ocurrió entre el campesinado irlandés cultivador de patata, antes del desastre del hambre.
Muy lentamente, y en un pasadó relativamente reciente, unas cuantas sociedades empezaron a escapar de una situación en la que una gran parte de la población vivía de una dieta pobre ape nas suficiente para una subsistencia mínima y bajo la constante amenaza del hambre. Los primeros que se desligaron de este pa sado fueron los Países Bajos en los siglos xvi y xvn. Aquí la po blación se duplicó, pasando de alrededor de un millón en 1500 a dos millones en 1650, lo que requirió un gran ajuste en el sis tema agrícola. La producción alimentaria aumentó a medida que se iba poniendo en cultivo tierra nueva (parte de ella era com pletamente nueva, creada a partir de marismas desecadas o arre batándola al mar) y se introducían sistemas agrícolas más inten sivos (usando cosechas de trébol, legumbres y forraje junto con mayores cantidades de estiércol de los animales adicionales que se consiguió mantener). En este período, la agricultura holande sa era con toda seguridad la más productiva de Europa, con ren dimientos unos dos tercios más altos que en Inglaterra. Sin em bargo, gran parte de la comida adicional que requería la cada vez mayor población se importaba de las zonas semicoloniales pro ductoras de grano del Báltico gracias al dominio holandés del co mercio de la zona. Sin esta fuente adicional de alimentos es du doso que se pudiese haber alimentado a cantidades mayores de habitantes.
Inglaterra adoptó gradualmente muchos de los mejorados mé todos agrícolas de los Países Bajos, de tal forma que a mediados del siglo xviii la producción aumentaba más rápidamente que la población. Pero este aumento resultó ser provisional mientras el país experimentaba un alto crecimiento demográfico sin prece dentes entre 1780 y finales del siglo xix, y una vez más la po blación amenazaba con rebasar la capacidad del empobrecido sistema agrícola inglés. El crecimiento rondaba el 1 por ciento de
media anual, y la población de Inglaterra y Gales aumentó de 7 millones y medio en 1780 a 14 millones en 1831 y a 32 millo nes y medio en 1901. La respuesta de la agricultura inglesa a este aumento fue muy parecida a la del pasado; se puso en produc ción tierra nueva (un aumento cercano al 50 por ciento entre 1700 y 1850), se redujo la tierra en barbecho (equivalente a un aumento de otro 40 por ciento) y se cultivó comida de peor ca lidad (la zona dedicada al cultivo de patatas se multiplicó por tres y medio en la primera mitad del siglo xix). La productividad agrícola aumentó, en parte gracias a la difusión de las nuevas ideas introducidas en el siglo xviii, pero también por la intro
ducción de más maquinaria, nuevos fertilizantes y nuevos pien sos como la torta de aceite (que se empezaba a generalizar en la década de 1820). Otro beneficio (efecto secundario de la gran cantidad de mano de obra barata de que se disponía en el país) se consiguió con un aumento de la escarda.
La población rural aumentó rápidamente durante este perío do (casi duplicándose) generando una enorme presión social de bido al aumento de las rentas y los precios. La pobreza era cada vez mayor, especialmente en el este y el sur del país donde se introdujo nueva maquinaria, y el número de personas que de pendían de las patatas aumentó a unos dos millones. Sólo el tras lado de una gran parte de la población rural a las nuevas ciuda des industriales en busca de empleo evitó una gran crisis rural a principios del siglo xix. Aun así, hacia la década de 1840 sólo se habían logrado mejoras de menor entidad en los niveles de sub sistencia para la mayor parte de la población. Este período, mar cado por el triunfo del interés industrial sobre el agrícola con la revocación de las Leyes del Maíz en 1846, asistió al inicio de la importación de alimentos. En la década de 1840, alrededor del 5 por ciento de los alimentos que se consumían en Gran Bretaña eran importados. A finales de siglo la situación se había trans formado: el 80 por ciento del grano destinado al consumo hu mano, el 40 por ciento de la carne y el 72 por ciento de los pro ductos lácteos eran importados. Fue este recurrir a otros países para que suministraran los alimentos que Gran Bretaña necesita ba lo que habría de dar una solución al perenne problema de alimentar a una población en rápido crecimiento y de aumentar la cantidad de comida disponible por persona.
tra que el proceso de huir de los problemas del pasado fue len to y esporádico. Los problemas fueron particularmente agudos durante el período comprendido entre 1815 y alrededor de 1850, y el crecimiento demográfico había alcanzado el máximo de po blación que podía ser mantenida, con una subdivisión en rápido aumento de las tierras que se poseían, aumentando las rentas y los precios y por tanto reduciendo los salarios reales, y con la adopción de alimentos de inferior calidad como la patata. A prin cipios del siglo xix la respuesta del sistema agrícola fue también muy parecida, un aumento en la zona cultivada aun cuando esto supusiese usar más tierra marginal y reducir la cantidad de tierra en barbecho. Las técnicas agrícolas habían mejorado de forma bastante constante a lo largo de los siglos, pero en este período estas medidas apenas fueron suficientes para mantener la pro ducción de alimentos por cabeza. Parte de la presión se vio ali viada con la constante mejoría del clima a partir de 1850 y, en el caso de Inglaterra, con el traslado de la población a las nuevas ciudades industriales, mientras que en otros países, como Irlanda y Noruega, la emigración a Estados Unidos o hacia otros países era la única solución.
La auténtica revolución en la situación alimentaria europea llegó a partir de 1850 con la importación a gran escala de comi da del resto del mundo y con el uso de recursos importados como el guano de Sudamérica y otros fertilizantes procedentes de los territorios coloniales para mejorar la productividad inter na. Esta solución no le fue posible a otras sociedades como Chi na que no tenían territorios coloniales que explotar y, por tanto, siguieron padeciendo los problemas tradicionales de desnutrición y hambre derivados de la presión demográfica. Una de las prin cipales razones del éxito de Europa en librarse de la larga lucha por sobrevivir que había dominado la experiencia de casi todas las sociedades desde la aparición de la agricultura, reside en su cambiante relación con el resto del mundo y, en concreto, en su habilidad para controlar una parte cada vez mayor de los recur sos mundiales.