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3.3 The test for wrongfulness

3.3.3 Media24 v Grobler

Ya en el terreno específico de las investigaciones sobre Radio Sutatenza hay que señalar que desde su comienzo, en la década de los 60, han generado gran controversia. Una de las primeras fue publicada en 1961. De la autoría de Camilo Torres Restrepo y Berta Corredor, el estudio denominado ―Las Escuelas Radiofónicas de Sutatenza-Colombia‖, de tipo sociográfico y descriptivo, concluyó que, si bien ACPO había producido cambios apreciables en la vida campesina, en especial frente a ―su proceso técnico y cultural‖, era necesario reenfocar su campaña en favor de la reforma agraria, porque podría generar falsas expectativas. Según advirtieron los investigadores, ―sin un plan y un equipo de expertos para orientar a los campesinos (...) podría surgir un descontento contra ACPO y el gobierno que podría, incluso, conducir a un estado revolucionario violento‖. (Villanueva: 1995, p. 99) Torres y Corredor plantearon que, en una etapa posterior, Radio Sutatenza debería dedicar sus esfuerzos a la ―reforma absoluta‖ de las estructuras del campo. Estas propuestas dieron origen a un intercambio epistolar entre Camilo y directivos de Radio Sutatenza, el cual adquirió ribetes agrios, cuando Torres aseguró que el periódico El Campesino había emprendido ―campañas anticomunistas‖. Por su parte el director general de ACPO, José Joaquín Salcedo, le contestó en una carta que todo obedecía a ―consecuencias del entorno de Camilo, compuesto en su mayoría por ´enemigos del clero y de las obras de la iglesia´, al tiempo que le anunció una acusación formal en su contra ante las autoridades eclesiásticas competentes. (González, 2012, p. 264)

Unos años después fue publicada la investigación ―Los Medios de Comunicación Social al servicio del Desarrollo Rural. Análisis de eficiencia de ―Acción Cultural Popular- Radio Sutatenza (Colombia). (1971). A diferencia del primero, de corte sociográfico, el Informe Musto se apoyó en la aplicación de encuestas a la población beneficiaria, en seis regiones de Colombia; la realización de discusiones y entrevistas ―con un número considerable de informantes‖, (p. 63) tanto colaboradores y empleados de ACPO como agentes externos vinculados de manera directa o indirecta a la vida de la organización, y en el análisis e interpretación de material documental. Fue liderado por el profesor Stefan A. Musto, y financiado por el Instituto Alemán de Desarrollo, por encargo del Ministerio de

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Acción Cultural Popular contaban ya con 20 años de existencia y se encontraban en uno de sus mejores momentos, a juzgar por sus propios resultados: Radio Sutatenza era la radioemisora más grande de Colombia; tenía por lo menos 550 mil alumnos radiofónicos; el periódico El Campesino era el segundo en circulación nacional, después de El Tiempo, con un tiraje semanal de 57 mil ejemplares y se consideraba ―el más importante y conocido en las regiones rurales colombianas‖ ; contaba con un verdadero ejército de líderes, formados en sus propios institutos de Sutatenza, Boyacá y Caldas, Antioquia. A fines de 1968 se habían preparado para tal fin 5.631 estudiantes; sus Escuelas Radiofónicas -considerada la estrategia bandera- habían beneficiado, en el período comprendido entre 1963 y 1967, a más de 200 mil colombianos. (Pp.84-102)

Así las cosas, el llamado ―Informe Musto‖ reconoció la enorme importancia de ACPO y su gran impacto en la población rural, al señalar que la tarea cumplida por la institución ―en los últimos 20 años, fue todo menos insignificante‖ y contribuyó de manera importante al mejoramiento de las condiciones de vida de las campesinas y campesinos colombianos. (P. 201) No obstante, formuló varios reparos a la manera como venía funcionando ACPO, entre los que figuran los siguientes: 1o. Cuestionó el papel y los objetivos de la institución, teniendo en cuenta que el país ya había cambiado mucho, pues en el momento en que se hizo la investigación ya contaba con más entidades públicas que se dedicaban a atender al campo,y con otros medios de comunicación al alcance de la población campesina. Se preguntó si, en esas condiciones, ―¿corresponde ACPO a las necesidades efectivas de la actualidad?‖ (P.198). 2o. Advirtió una desviación de los objetivos de ACPO, ya que en buena medida debido a su gran crecimiento, ―produjo una estrategia organizacional que fue determinada en una medida considerable por estrategias tácticas‖; es decir, aunque ―no interrumpió nunca sus contactos inmediatos con el campesinado (...) esos contactos se desarrollaron muchas veces a la sombra de preocupaciones de tipo político y financiero‖ (P. 200) y 3o. Criticó la estructura de la organización ―centralizada en sentido horizontal y vertical‖ y, en especial, la concentración en la toma de decisiones por parte de su director general, José Joaquín Salcedo, que se tradujo en ―una cierta rigidez institucional (...) la cual influyó negativamente en la estrategia de adaptarse a los cambios fundamentales que tuvieron lugar en las áreas rurales colombianas‖. (Pp. 70-71)

En su momento, como ocurrió con el de Torres y Corredor, el informe Musto fue materia de discrepancias con las altas instancias de ACPO, a tal punto que en la publicación del mismo en 1971, las directivas de la institución incluyeron glosas como estas:

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Es evidente el interés de los investigadores en insistir sobre el absolutismo de Salcedo. Siempre aducen testimonios anónimos (...) La labor de Salcedo, sea ―paternalista‖ o no, haya sido o no garantía de la continuidad y del crecimiento de la Institución y se interprete positiva o negativamente, solo podrá ser efectivamente juzgada cuando haya posibilidad de perspectiva histórica. (P. 72)

Como lo sugería el director general de ACPO, muchos otros trabajos se han ocupado de analizar con perspectiva histórica los hechos, realizaciones, aciertos y desaciertos de las Escuelas Radiofónicas. Uno de ellos es el del investigador y radialista argentino Carlos Malbrán (2010, p. 197 ) quien plantea herramientas de trabajo desde lo que él llama ―la otra radio‖, aquellas emisoras que han nacido de las necesidades y de la acción de las propias comunidades, interesadas en proponer verdaderos modelos de comunicación, en contravía de propuestas eminentemente comerciales.

El trabajo de Malbrán resulta de particular importancia para nuestra investigación, ya que la metodología empleada la podemos inscribir en lo que Boaventura de Sousa Santos denomina ―ecología de saberes‖, en clave de sus Epistemologías del Sur. Malbrán desarrolló su trabajo con docentes rurales, a lo largo de muchos años y varios encuentros lo que, según cuenta, le permitió pasar de capacitador a relator, ―para narrar a unos las experiencias que a otros les habían dado resultado‖. (Ib. P. 15) Destaca, así mismo, como ocurre en la auténtica realización radiofónica, la integración de muchas disciplinas, entre ellas ―la literatura, la electrónica, el periodismo, la actuación, la oratoria, etcétera (...) ― en función de lo que conocemos como ―la magia de la radio‖

El autor subraya (p.197) que es allí, en las entrañas de los mismos pueblos de América, donde han surgido propuestas que han cumplido indispensables tareas de servicio público, pues ―las emisoras emanadas desde el consenso popular, todas se han convertido en formidables herramientas de progreso y desarrollo y han llevado a cabo siempre diversas tareas relacionadas con la educación y la cultura de las comunidades‖.

Uno de los ejemplos que trae a colación es justamente el de Radio Sutatenza, cuya estrategia de combinación de medios, califica como ―el programa de radial de educación de adultos más grande que ha conocido el mundo‖. (P.207) Atribuye en buena medida el éxito de su estrategia a la total claridad que tuvieron sus directivos frente a que la primera función de la radio es entretener, lo que se reflejó en una programación amena y variada que se enfocó a hablarles a esas mujeres y hombres del campo muy azotados por la violencia y ávidos de transformar sus vidas a partir del conocimiento. Ahí estuvo el gran acierto, destaca

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Malbrán: en la activación de los diálogos comunitarios, ―en los que se discutía la mejor forma de mejorar las condiciones de vida…‖ (P. 203). De ahí surgieron las propuestas para afrontar grandes problemas de Sutatenza, Boyacá, como el alcoholismo, la violencia

intrafamiliar y el abandono del Estado en temas fundamentales como la prevención en salud y la educación y el tedio ocasionado por la prácticamente nula oferta cultural.

Concuerda, así, con otros autores, entre ellos Sandra Liliana Osses Rivera quien califica las tareas de Radio Sutatenza como ―una experiencia paradigmática‖, en especial por no haber tratado a las campesinas y campesinos como agentes pasivos,

porque supera de cierta manera la concepción del oyente que imperaba en esa época, como receptor anónimo y pasivo del medio de comunicación, al llegar con un lenguaje sencillo y cercano a sectores de población como los campesinos que se encontraban hasta ese momento marginados del acceso a los medios de comunicación y los procesos de modernización en marcha, sin que esto haya significado una ruptura o reconversión del modelo comunicativo predominante. Sin embargo, Radio Sutatenza recibe reconocimiento como el primer intento de acercar un medio de comunicación a los oyentes, como la experiencia pionera de una comunicación que siendo masiva tuviera en cuenta las demandas de sectores siempre excluidos de los medios. (2015, p. 268)

Como lo dice la autora, no hubo una ruptura propiamente dicha con el modelo tradicional, pero sí una aproximación a uno inclusivo que, para la época, fue revolucionario, al empezar a contar con el otro como agente activo.

Por lo demás, es conveniente tener en cuenta que, ayer como hoy, la formación de lo que se denomina opinión pública ―no se rige únicamente, ni de manera homogénea, por los estímulos provenientes de los medios masivos de información. ―Tal visión carece de base empírica y no encuentra respaldo, tampoco, en las teorías contemporáneas de la comunicación‖. ( Brunner, 1994, P.6)

Por su parte el investigador Alfonso Gumucio (2001) destaca que Radio Sutatenza, fue pionera en promover los ideales de lo que por entonces se llamó la ―educación integral fundamental‖, un concepto que subraya la necesidad de ayudar a la gente a asumir la responsabilidad sobre su desarrollo, reconocer su potencial para progresar e identificar el valor de sus propios recursos. (P. 45)

Así mismo, Gumucio observa que ―su enfoque integrado de los medios de comunicación y la educación fue tan exitoso que inspiró ampliamente otras experiencias similares en Asia, África y América Latina‖. (P.44)

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También advierte que acabó siendo víctima del éxito que se evidenció en su primera etapa, en la que pudo demostrar las grandes bondades de una educación crítica, como medio ― para que los campesinos y pobladores rurales participen en condiciones de igualdad en el desarrollo…‖ En efecto, la propuesta original empezó a perder su sentido inicial, al pasar de un modelo basado en lo local a uno centralizado en Bogotá que, poco a poco, debilitó – aunque no acabó– la participación directa de las campesinas y campesinos, su población objetivo. (P. 45)

Es claro que el modelo de las Escuelas Radiofónicas se caracterizó por su alta dosis de participación, pues para ACPO la formación de líderes tenía sentido en cuanto pudieran replicar su experiencia entre sus propias bases. Todo esto fue posible gracias a la educación y formación por radio a través de la escuela radiofónica, que contaba con un auxiliar inmediato, cuya tarea central era animar al grupo para su aprendizaje.

¿Por qué fue y es la radio el eje del proyecto de ACPO? Gumucio no duda en calificar este medio como el ―más importante para el desarrollo y los cambios sociales‖, responsable en buena medida, de que América Latina haya ido a la delantera en experiencias de comunicación participativa. (P.5)

Así las cosas, la radio es considerada como la herramienta comunicacional más extendida en el mundo y el medio ideal para provocar cambios sociales, los cuales, en el caso de las Escuelas Radiofónicas, se basaron en la inclusión socioeducativa de las mujeres del campo. Tal y como lo documentó el investigador Luis Abrahán Sarmiento Moreno (2008) al hacer un recorrido por diferentes etapas de Radio Sutatenza y ACPO –entre 1947 y la década de los 70– cuando surge Radio Sutatenza ―pensar en la educación de la mujer era una verdadera utopía‖. Destaca, así mismo, la visión que tuvo ACPO de propiciar la inclusión de la mujer rural en el mundo educativo, al crear en 1956 el Instituto Femenino, para la formación de dirigentes y líderes campesinas, cuya motivación fue expresada por la propia organización en los siguientes términos: ―la mujer campesina desempeña papel extraordinario en la vida cultural‖. Así mismo, hace énfasis en el carácter ―revolucionario‖ de esa propuesta, al apuntar que

Aún no se ha reconocido suficientemente la tarea de promoción de la mujer que hizo ACPO, máxime cuando su acción se especializó en el sector campesino, que es el sector de mayor arraigo a las tradiciones y con mayores visos de machismo. El pensar en el liderazgo de las campesinas era una auténtica revolución… (p. 25)

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Como lo expresara el propio gestor de ACPO, José Joaquín Salcedo (1980) se trataba de cambios que le apostaban a ―la liberación femenina, a la inauguración de nuevos comportamientos sociales, a la lucha contra el machismo, al surgimiento de un vigoroso liderazgo femenino en el sector rural‖. (P. 16)

En la vida práctica, ello significó cambios de fondo en la manera de vivir, como se advierte en el siguiente relato sobre la campesina Teresa, publicado por el sociólogo y exdirector general de la organización, Hernando Bernal Alarcón:

Al llegar a su vereda, cuando iba camino de su casa, pensó que el mundo donde había vivido seguía igual, pero que ella había cambiado internamente. Algo raro había pasado. Su casa, a la que antes estaba acostumbrada, le pareció sucia, oscura y pequeña. Muchas veces, al recordarla en el Instituto, la había pensado así. Pero al llegar y verla en la realidad, le parecía menos agradable de lo que se había imaginado. Sin embargo, la consoló el cariño y la alegría con que la recibieron los suyos. Los meses siguientes fueron duros, porque sus padres y hermanos no comprendían por qué quería vivir limpia, por qué se preocupaba por cocinar mejor, por qué no soportaba que el cerdito anduviera suelto; y por qué quería que las gallinas tuvieran su propio gallinero. Además, todos reunidos escuchaban las clases radiales por la noche, y ella se preocupaba por enseñarles, no solo a sus hermanitos pequeños, sino también a su padre y a su madre, que nunca habían asistido a la escuela. ( 1975, p.145)

Ahí en efecto, como se podrá advertir, se estaba gestando una revolución de gran calado en Colombia, cuya protagonista fue la mujer, la misma que, hasta entonces, había estado aislada y marginada del sistema educativo por considerarse que su papel exclusivo estaba en los quehaceres domésticos. Fue una propuesta no exenta de grandes controversias que se profundizó con la puesta en marcha de una intensa campaña de procreación responsable, considerada la más importante de todas cuantas adelantó ACPO, gracias a su impacto social, al poner su énfasis en ―un cambio mental y cultural de consecuencias irreversibles‖. (Bernal, 1994, p.7). Hoy podemos decir que fue una iniciativa arriesgada, debido al contexto sociocultural del país, marcadamente conservador, pero, de manera alguna ingenua, pues como el propio Salcedo Guarín (1974, p.6) lo diría sin ambages, ―no debería volver a nacer un solo niño que no sea consecuencia de la total responsabilidad de sus padres‖.

Si nos adentramos en lo que significó esta iniciativa, desde el punto de vista del ejercicio de la ―ciudadanía rural‖, notaremos que la organización centró su atención en la educación de la mujer, como la mejor forma de impactar a la sociedad rural en su conjunto.

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Así lo destaca Sarmiento (p. 27): ―La tarea de la ACPO implicaba entender que educar a un hombre es formar a un ciudadano, pero permitir que una mujer se educara integralmente era construir la célula de la sociedad, era educar la familia‖.

Este principio estuvo en total coherencia con la idea de una participación activa en el presente y en el futuro de la sociedad, al asumir a las campesinas y campesinos como ―sujetos responsables de sus actos‖. Los directivos de ACPO sabían, muy bien, que ello implicaba en ese momento ir en contravía de lo que se consideraba políticamente correcto en el campo e, incluso, contradecir arraigados principios religiosos, según los cuales, ― el saber y hablar sobre las cosas del sexo era pecado‖. Por eso, el pilar de la campaña estaba en la siguiente sentencia: ―El pecado era no saber o ignorar sobre los asuntos del sexo y sus enormes consecuencias en la vida personal y, muy especialmente, en el desempeño social‖. (Ib., p. 8)

Esta fue una de las causas de una aguda polémica entre las directivas de ACPO y la jerarquía eclesiástica, que llevarían a la organización a suspender actividades entre 1989 y 1994. Pero queda claro que ese enfoque no obedeció al capricho o a una emotividad momentánea, sino a toda una concepción de la Educación Fundamental Integral, cuyo propósito era ―la guerra contra la ignorancia‖, en la cual las mujeres, como se indicó, jugaron un papel clave. De hecho, según lo afirma Sarmiento, ―muchas de las campañas de ACPO fueron pensadas y realizadas para mejorar las condiciones de la mujer campesina‖. (p.22) Y menciona como ejemplo las siguientes: ―Las señoritas de la vereda organizan sus empresas‖; ―La industria familiar‖; y ―el jardín de la entrada de la casa y el jardín de la arboleda‖. Así mismo subraya que ―en la programación de Radio Sutatenza (1969) se privilegió la educación de la mujer y encontramos, entre otros temas femeninos: La mujer orientadora de la vida en el hogar; sencillos conocimientos de puericultura; y fundamento primario de la sociedad‖. (Ib.)

Podemos concluir entonces: no se puede concebir ni la acción cultural popular ni su EFI sin tener en cuenta el papel de la mujer…

Se confirma, así mismo, que Radio Sutatenza logró impactar y trascender las fronteras colombianas, no solo gracias a su potencia tecnológica sino, especialmente, debido a su potencia educativa, como ocurrió en los Andes colombo-venezolanos. Esta es una de las conclusiones de la investigación realizada por el historiador Luis Rubén Pérez Pinzón tras destacar que hasta la aparición del modelo de ACPO en 1947,

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Los obreros, jornaleros y campesinos, además de permanecer alejados de las instituciones educativas, ya que tenían que trabajar y subsistir, fueron gradualmente aislados de las redes de consumidores mediáticos, puesto que no se realizaban programas acordes con las peculiaridades y ―malos gustos‖ de su ―cultura popular‖... (2015, p. 8)

Según el investigador, ese fue el punto de partida para la transformación que logró ACPO en su primera etapa, como lo destaca la UNESCO al calificar de ―apreciables los resultados obtenidos por las Escuelas Radiofónicas ― (...) como consecuencia de la labor realizada para elevar el nivel de vida del campesino‖. (P. 10) Así mismo, hace énfasis en la unión de esfuerzos de la Iglesia católica y de los sectores público y privado como razón de su crecimiento sostenido y su gran impacto. Por ejemplo, el Estado decidió que las radioestaciones que integraban la Cadena Sutatenza ―contaran con licencia oficial para usar gratuitamente el espectro radioeléctrico nacional y plena autorización para emitir programas educativos y culturales financiados por el Estado‖.(P. 11)

Por lo demás, dice el autor, la propuesta de ACPO, específicamente su método de