a. Los miedos
Vencer los miedos es una forma de crecer, de dejar atrás etapas. El tema figura en forma específica en El susto anda en la Luna, donde la única forma de recuperar la identidad es venciendo o desmitificando los miedos creados por el mago. Una interesante vuelta de tuerca de este espectáculo es que al desenmascarar al mago, aparecen sus propios miedos.
En El gran circo, el miedo aparece con frecuencia frente a una prueba, y es el pequeño hombre bala el que deja una estela de coraje en su porfiado recorrido después de negarse a renunciar a la prueba.
Coraje también demuestra el gato Sietevidas en la obra homónima, insistiendo en salir a recorrer el mundo pese a la resistencia y las redes que le teje su dueña para retenerlo. En realidad, en Sietevidas33se cambian todos los
cuentos. Los cuentos que su amiga le ha contado son con moralejas de advertencia a los peligros del mundo de afuera, una especie de “mirá lo que puede pasar”, etcétera, que el gato modifica con finales de encuentro, aventura, emoción, y un jugarse por la vida que lo enriquece.
El miedo al rey, que es el poder establecido, es desafiado cuando la vida de un amigo corre peligro, en El dueño del cuento, lo que significa la capacidad de asumir una conducta adulta, madura y responsable. El público que haya sido puesto en contacto con estos héroes, ya sea
legendarios u ocasionales y cotidianos, se lleva una historia que se irá incorporando a la suya. Los chicos pueden salir en silencio, con las imágenes de Rito protestando con papelitos, o consiguiendo que muchas manos se unan a pedir por el pollito, o de Zoquete, volando en su molinete, o de Gamuza, la niña lustrabotas, que aprende magia para cambiar el signo de su vida. O del palacio del Rey en Mi bello dragón cuando se derrumba al final en el momento en que el rey comprende que solamente lo rodeaba la falsedad, y que la verdad está en la vida sencilla y los afectos. O con las imágenes de los antepasados de Fenelón jugándose la vida por defender su derecho a pensar, o de Clarineta desafiando a la araña por conseguir su libertad, o del molinero de El Gato con botas... no se rinde, decidiendo que no quiere engañar al rey y confesando la farsa, o de Robin Hood prefiriendo el bosque al palacio, o de Tomi, eligiendo apoyar a su amiguita marginada, pese a las burlas de sus amigos.
Y tal vez con esas imágenes puedan construir sus conceptos sobre lo que es verdadero y lo que es falso, sobre los límites para aceptar lo que otro quiere imponer, sobre si los cuentos pueden o no ser cambiados.31
e. Héroes que no lo son
En cambio, aquellos personajes que no han alcanzado –a veces por la manera como están dibujados, a veces porque la historia no los sostiene y justifica– la estatura necesaria para conmover y despertar sentimientos de solidaridad, proyección y simpatía, mal pueden provocar reflexiones y críticas sobre una estructura establecida, ni enseñar a pensar, y elegir. Lo que quiero decir es que, si son personajes mal construidos, sin fundamentos sólidos, no convencerán. Y si en el espectáculo aparecen como si fueran capaces, toda la estructura se derrumbará, o algo más grave: el niño se lleva el mensaje de que no es necesario ser auténtico para ser héroe, o que, como otras veces en que el adulto le miente, el teatro también lo hace.
Hansel y Gretel tienen miedo, y consiguen valor para resistir, y ella, para fraguar un engaño que salva al hermano.
En todos estos casos, aunque el protagonista se enfrente con algo aparentemente tan pequeño como saltar una hojita de pasto (como en Huevito de ida y vuelta), o tan grande como el peligro de muerte (como en Mucho chucho) lo que importa es cómo lo resuelve (si con su propio esfuerzo o con mucha ayuda, o mágicamente), cuánto le cuesta y qué cambios le produce.
Por ejemplo, en Grande brigada!!! interpretado por el elenco de Brigada Cola, es convincente el riesgo que los protagonistas corren para vencer poderes malignos. Pero pierde fuerza comunicativa, en una historia bien llevada sobre el escenario y de veras atrayente, pese a su limitación artística, al no evidenciar ningún cambio personal o grupal profundo en sus personajes.
Existe otra clase de miedo: el temor de los realizadores a hacer que los chicos sientan miedo vicario desde la platea, lo que sería lógico, y esto llegue a disgustar a algunos adultos (como en el caso de Oz).35Esto solo
puede ocurrir si realmente son (los creadores) incapaces de resolver en la ficción el problema una vez planteado, mezclado, tal vez con una resistencia a ofrecer soluciones, por temor a parecer facilistas.36Pero ese
prurito también puede interpretarse como un no compromiso.
b. Obstáculos y fuentes del coraje
¿Qué es lo que se opone al crecimiento, y dónde se encuentra el coraje?
En Sietevidas, la aparente sobreprotección de Silvia, hace que ella trate de impedir el viaje de Sietevidas mediante el recurso de contarle cuentos. Sabe que estos ejercen una gran seducción sobre Sietevidas, pero llega a un punto donde el gato no se deja retener más. Entonces ella confiesa sus propios miedos. Sietevidas encuentra en los mismos cuentos el coraje para aventurarse, e insta a su dueña a que haga lo mismo.
A Zoquete, lo retiene su titiripapá, y son el amor de Susana Muchos y distintos miedos aparecen y son superados en Vivitos y
Coleando I, II y III, y en Locos re cuerdos, en las situaciones que viven los payasos, y que una vez superadas les permiten sincerarse entre sí, tomar una valija para viajar a lo desconocido, expresar sus sentimientos, y hasta pedir perdón.
Roblecito, en Mi bello dragón, supera sus miedos y está dispuesto a enfrentar a la terrible bestia en un combate. La decisión lo hace crecer, ganar confianza en sí mismo y madurar, independientemente de lo que resulta luego el dragón, que para nada es feroz. Aquí también, el humor de Enrique Pinti señala con cierta picardía un hecho muy cierto, y es que los mayores miedos están en la fantasía y suelen disolverse solos cuando se los mira de cerca.
Miedo a sus propios sentimientos y a su capacidad de hacer daño tiene el niño de Yo así no juego más, y la conciencia de este miedo le hace rechazar la situación.
Zoquete, en El molinete, tiene miedo del ñandutero, pero no se doblega, y alcanza la energía para desprenderse.
Gamuza tiene mucho miedo en casa del mago, pero también lo supera, tratando de ayudar a los dos personajes que allí viven.
Fenelón tiene miedo y se abandona a él, pero los recuerdos de sus antepasados parecen llevarlo por un camino de coraje, hasta que al final él mismo lucha contra la desilusión y los temores, y, ya cambiado y maduro, decide hacer lo que siente y enfrentar a quienes quieren impedírselo.
En Mucho chucho, una interesante historia de López Castell, el príncipe miedoso es atormentado por un gran visir que le quiere quitar el reino. El amor de una maga lo ayudará a enfrentar al dragón y descubrir la verdad, recuperando su coraje.
Miedos son también los que sienten los niños en la escuela cuando les dicen que Saquen una hoja.
Muchos miedos tienen los chicos de Caídos del mapa en sus dramatizaciones en el sótano de la escuela, pero en este caso las acciones que podrían significar expiación o catarsis no logran concluir de manera que produzcan cambios, a la vista, delante del espectador.34
de los niños y de quienes interactúan con ellos, sus maestros, que a la vez son protagonistas de muchas situaciones, o están demasiado inmersos en ellas.
Caídos del mapa, de María Inés Falconi se ocupa de chicos de sexto grado, que al escapar de la clase y esconderse en el sótano de la escuela, dramatizan en sus juegos y conversaciones las cosas que les pasan o pasan en sus hogares, y en la escuela. De alguna manera, además de recrear los problemas, proyectan y deben enfrentar sus prejuicios, sus temores, sus complejos y cosas que suceden en sus hogares. En general los chicos espectadores se interesan mucho, encuentran los puntos de identificación y de proyección.
Pero la historia no ahonda lo suficiente en un tema en particular como para expresarlo y dejar algunas puntas hacia una manera de encontrar la salida. En realidad, los personajes quedan atrapados en su propio juego, y enfrentándose a un principio de revelación de su responsabilidad con respecto a las consecuencias. Aunque uno puede anticipar que ninguno será el mismo al salir, ya que se han visto con sus fantasmas y sus sombras, no hay herramientas que emanen de la obra para decirles qué pasos pueden intentar para resolver su relación con los demonios que se soltaron. 38
El objetivo principal parecería ser un mensaje para los adultos. Algo así como: “Miren lo que les pasa a estos chicos, mucho es responsabilidad de ustedes, y ustedes no hacen nada”.
De todos modos, a los chicos les hace bien que estas situaciones se expresen, que sean reconocidas como algo que pasa, que no sean negadas. Aunque en cierto modo resulte un acto demasiado cauteloso, quedarse allí, no decir nada más. Algo similar ocurre en Saquen una hoja, de Héctor Presa. El Nuevo, de María Inés Falconi, en cambio, se ciñe a un solo conflicto, lo desarrolla en profundidad y le busca una salida desde los protagonistas.39
b. Cosas del hogar y la familia
Los conflictos familiares de los que los chicos son protagonistas o víctimas rara vez entran al teatro para niños por la puerta principal. Sin embargo, en los cuentos tradicionales estuvieron siempre: las hijas que Calcetín y sus ganas de conocer otros mundos lo que le permite
despegar.
Tomasa está enojada y es orgullosa, pero la soledad y muchos errores cometidos la llevan a admitir que ha estado equivocada, y junta fuerzas para retornar al hormiguero y pedir perdón.
Fenelón se ha dejado vencer por el desaliento, y deberá admitir que pertenece a una estirpe valiente para encontrar las fuerzas que le permitan luchar por el cambio.
Siempre hay algo, una especie de bisagra donde el motivo choca contra algo importante y se produce el cambio.
En muchas otras ocasiones este equilibrio no está logrado, el cambio no está justificado por una tensión interna de la obra y, aunque declarado, no convence.
Tema 3. Iniciación a conductas familiares y conductas sociales de