1.4 MEMORY AND COGNITIVE IMPAIRMENT AS A FUNCTIONAL CONSEQUENCE OF MDMA-INDUCED SEROTONERGIC NEUROTOXICITY
1.4.1 Memory Functioning in MDMA-users
Hasta aquí, excepto por algunas adevertencias, hemos supuesto que hay sociedades post-fordistas, reflexivas puras, que pueden ser abordadas con el concepto de autopoiesis, con todas las consecuencias teóricas analizadas. Pero ahora debemos recordar que la mayor parte de las sociedades (en las diversas escalas de análisis) no han alcanzado completamente ese estatus. Esto significa asumir que buena parte de los actores no forman parte de procesos productivos colaborativos, presentan comportamientos altamente reflexivos; que pocos sistemas son autopoieticos, dotados de autonomía. Desde el punto de vista sistémico debemos recordar que, por ejemplo, Margalef demuestra que en la vida real hay sistemas centrales y periféricos, que los primeros utilizan a los segundos para deshacerse del desorden. Beyme (1994) plantea de un modo similar la existencia de autopoiesis y alopoiesis, la autopoiesis se presenta cuando (en un “hiperciclo”) los componentes de sistemas autoconstituidos interactúan entre sí, pero Beyme dice que esa evolución implica también la esclavización de los sistemas parciales, que no llegan a estos niveles de autonomía, estos últimos son alopoiéticos.
Nuestra hipótesis es que hay diferencias de capacidad económica y de autonomía entre actores y entre espacios (en las diversas escalas): decimos que, así como el fordismo y la modernidad no se habían verificado homogéneamente, el proceso de cambio productivo y de los comportamientos individuales y colectivos, tampoco es simétrico, por lo tanto no disuelve la existencia de desigualdades; para que una empresa de mayor complejidad descentralice las partes simples en otra que no puede más que asumir un comportamiento subordinado, estas diferencias deben ser patentes. Por eso creemos que aun es muy útil la diferenciación entre centro y periferia., empezamos por las periferias de los PD, pero los conceptos que estamos exponiendo serán útiles para todas las periferias. Para ser fieles a Harvey (1998): “la retórica del posmodernismo es peligrosa en la medida que se niega a enfrentar las realidades de la economía política y las circunstancias del poder global”.
Para entender esas diferencias de complejidad, deben considerarse, como veremos en los próximos párrafos, asimetrías objetivas y subjetivas, las primeras deben asociarse a la existencia de los factores: capital, recursos naturales, bienes de capital tradicionales del fordismo, trabajo simple y conocimiento, las segundas se asocian al comportamiento de los actores, es decir a su capacidad reflexiva. Por eso habrá empresas que podrán especializarse en los bienes y servicios post-industriales si han podido invertir en conocimiento, otras que pueden producir bienes y servicios post- modernos en la medida que hayan podido acumular reflexividad, las menos complejas podrán especializarse en bienes y servicios del fordismo si pueden combinar bienes de capital con trabajo simple o recursos naturales, si lo hacen con menos bienes de capital y más trabajo simple organizado flexiblemente o recursos naturales, seguramente la sociedad que se está construyendo será más parecida a la del taylorismo.
Para desarrollar las diversas combinaciones, el capital es siempre un pre-requisito que permite valorizar económicamente las actividades de los otros factores. Para que quede claro, la circulación de conocimiento o la transformación de un diseño en un negocio, no pueden realizarse sin el acceso al financiamiento y esta posibilidad requiere de condiciones estructurales específicas. La posesión de dos factores diversos al capital, a los bienes de capital, los recursos naturales y el trabajo: el conocimiento y la reflexividad, permite algún margen de maniobra de los agentes económicos con escaso acceso al capital (por ejemplo, los profesionales, las PyMEs) pero siguen siendo las grandes empresas multinacionales las que están en mejores condiciones de operar las producciones más rentables aun a través de estos “nuevos factores”.
4.3.1. La jerarquía entre firmas y en el mercado de trabajo, en el mundo post-fordista El análisis de las jerarquías empieza por las firmas. En la realidad, hay un número acotado de empresas en las que predominan estrategias post-fordistas basadas en productos y servicios post-industriales, con alto contenido estético, y en ellas sólo una parte de los procesos están organizados en base a flexibilidad y colaboración. Estos sistemas constituyen el centro. El resto de las actividades se realizan en la empresa o se descentralizan mediante relaciones flexibles, pero generan en ambos casos estructuras periféricas, no colaborativas, poco innovativas, más bien llenas de acciones repetitivas típicas del fordismo pero con relaciones más flexibles y actores menos protegidos. En general se trata de reducir el número de trabajadores pertenecientes al centro y mantener activo y bien remunerado al grupo de profesionales en los que se basa la estrategia; por otro lado, se trata de ampliar los contratos de bajo salario en las tareas de los sustratos fordistas o tayloristas.
Este proceso ha sido liderado, como vimos en el debate sobre sistemas locales -luego de una primera buena reacción de las empresas de menor dimensión- por las EM. Esto significa que el nuevo paradigma no ha llevado a una disminución del poder de las corporaciones, incluso, a menudo la desregulación ha significado un incremento en la monopolización en sectores como aerolíneas, energía, turismo. La mayor parte de los mercados de productos industriales con alto contenido innovativo funcionan oligopólicamente; el mercado financiero a nivel mundial muestra un grado de concentración inédito; en lo que se refiere a los medios de comunicación, “el grueso de las noticias, películas, programas de televisión, videos, libros, discos, imágenes fotográficas, ideas, movimientos artísticos que circulan por el mundo proviene de unos pocos centros de producción cultural global. Una veintena de corporaciones (en su mayoría estadounidenses) se reparten la parte del león de la cultura de masas global” (Remedi, 2000).
A nivel del empleo, surge en primer lugar, un segmento de hiper-millonarios, propietarios de las partes mayoritarias de empresas de sectores claves, luego una clase de profesionales-gerentes con crecientes niveles de autonomía, vinculada a las actividades más innovativas del post-fordismo, es la nueva clase media; en tercer término, una clase de empresarios, profesionales y de obreros que realizan tareas repetitivas, de menores recursos, que trabaja en las tareas rutinarias de las empresas post-fordistas o se organiza en pequeñas y medianas empresas, proveedoras de las firmas más dinámicas. Si bien la clase media continúa histórica siendo mayoritaria, si
bien la mayor parte del trabajo (no del valor agregado), sigue siendo fordista, las condiciones que contribuyeron a la expansión y poder político-económico de esa pequeña burguesía, han desaparecido, la clase media prácticamente ha perdido centralidad estratégica, este segmento social se ha transformado en el proveedor fordista de las actividades post-fordistas dentro de un esquema relacional difícil de desentrañar (Sennet, 2000). Finalmente, está la nueva clase baja, el tercio inferior, excluída del resto de la sociedad, la de los desocupados estructurales.
Empresas y trabajadores de diferentes niveles interactúan de acuerdo a la lógica descripta. Dentro de la matriz de relaciones que se establecen “hay una oscilación entre la centralización y descentralización, entre la autoridad y la deconstrucción, entre la jerarquía y la anarquía, entre la permanencia y la flexibilidad, entre la división del trabajo específica y la social. La neta división desaparece para ser remplazada por un examen del flujo de las relaciones internas dentro del capitalismo en su conjunto” (Harvey, 1998).
La economía oculta (EO)3 funciona en este esquema como forma de relación al
interior de -y entre los- diversos segmentos, regulando relaciones, como modo de lograr un nivel de flexibilidad mayor al permitido. Es una manera de bajar costos o ganar en productividad, fuera de las regulaciones remanentes, un componente integral de las economías, mas que un apéndice, funcional tanto a las estrategias de las firmas post-fordistas como a la supervivencia. Por eso hay que distinguir entre diversos tipos de “economía oculta”: siguiendo a Castells y Portes (1989), “la economía informal simultáneamente abarca flexibilidad y explotación, productividad y abuso, empresarios agresivos y empleados indefensos, precariedad, libertinaje y codicia”.
Justamente, según el approach del estructuralismo norteamericano encabezado cor Castells, la nueva organización industrial de por si incentiva el doble trabajo y el trabajo autónomo y atípico, en el sector secundario y más en el terciario; cada segmento tiene su proprio tipo de EO. Por ejemplo, en los países centrales, aun en contextos fuertemente innovativos, los jóvenes trabajan en la EO esperando una oportunidad mejor, lo mismo sucede con los jubilados y los profesionales part time de buena calificación, que suelen tener dos trabajos, (el segundo en negro) o aceptar múltiples relaciones contractuales de corto plazo sobre todo en los servicios. Cuando la normativa reduce el horario de trabajo al margen de las necesidades o deseos de los trabajadores más capaces, se incrementan las sub declaraciones.
Por otro lado, la EO incluye también en ese universo de las PyMEs que proveen a las firmas dinámicas. Si bien a veces sus productos son de buena calidad y hay una cierta capacidad innovativa, están sometidas, por los grandes clientes a desmedidas exigencias y a precios muy bajos,. Ajustan sus costos, ocultando. La EO es funcional entonces al proceso productivo de las empresas de altos beneficios, pero ella no se produce dentro de las grandes firmas, se produce afuera, mediante la subcontratación de empresas preponderantemente informales. Lo que surge del análisis precedente es que una parte importante de la EO es una forma de ajuste en la cadena de valor, comandada por la empresa con poder dentro del cluster, en general de alto beneficio, en detrimento de las firmas de baja rentabilidad.
3 Algunos autores hablan de informalidad, nosotros utilizaremos el concepto de “economía oculta” (EO) no
Para completar el panorama debe discutirse que muchas de estas PyMEs, trabajan sólo en parte para las grandes firmas, el resto de su actividad -como la actividad de las empresas que no tiene relación alguna con los mercados más dinámicos- está dirigida a sectores de bajos ingresos. En general se produce con tecnología vieja y materiales no siempre actuales, bienes de escasa calidad y precios bajos. Estas empresas forman, en nuestro esquema, la informalidad propiamente dicha, la que puede ser entendida como sinónimo de precaria.
Sin embargo, como vimos, la gran novedad es que en la relación fordismo- postfordismo, aun dentro de los países centrales, además de la pérdida de poder de la clase media tradicional, una parte de los pobres ha dejado de ser necesaria. El sistema ya no depende de ellos, al capitalismo no le es ya funcional la reproducción de toda esa masa de indigentes. El segmento subsiste gracias a los subsidios estatales, cuando éstos existen y a sus propias estrategias de supervivencia.
Es en la proliferación de las PyMes y de la “economía social” que se inspiran quienes ven que el capitalismo está provocando un efecto inverso a su tradicional tendencia anti-comunitaria (como Mingione, 1999). En esos enfoques, hay una revalorización de las pequeñas empresas basadas en los viejos sistemas de trabajo doméstico, artesanal, familiar, no son ya consideradas como apéndices del sistema de producción sino como sujetos del cambio. Para Castells y Portes, para Coraggio -y para nosotros- las jerarquías entre firmas y trabajadores existen, el poder en la cadena de valor es fundamental para entender la producción capitalista actual, sin falsas ilusiones, la economía de las microempresas y la economía familiar, así como están, son la parte sacrificada de la cadena de valor o han quedado al margen, sólo se salvan por sus propias estrategias de supervivencia, pero en condiciones deplorables, según Bonora (2001), se trata de "toyotismo familiar y paisano". Estos segmentos sociales pueden ser la base de “otra economía” pero siempre y cuando cambien las condiciones generales y particulares en las que se desenvuelve su vida.
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4.3.2. La jerarquía de ciudades, y en las ciudades, en los PD
Tampoco del análisis de las regiones en los países centrales, surge homogeneidad: como plantea Lipietz (1987), ni Alemania ni Japón, y menos Italia, son interregionalmente homogéneos. Hemos visto en el capítulo 2, todo el debate sobre las jerarquías de las ciudades, es obvio que un mismo país coexisten ciudades globales fuertemente integradas al mundo, ciudades secundaria, aisladas, etc.
El análisis expuesto hasta aquí permite entender las jerarquías de ciudades, éstas dependen de la importancia que tienen, del rol que juegan en ellas las actividades más dinámicas y de la clase que las lleva adelante. En las ciudades globales se ubican los comandos de la mayor parte de las actividades post-fordistas y post-modernas, incluyendo naturalmente las finanzas, son el caso en que se realiza al extremo la importancia de la ubicación relativa, por eso las conexiones recíprocas con el mundo son tan o más importantes que sus conexiones locales. Además estas conexiones son esencialmente privadas. Para Sassen (1999) lo que contribuye al crecimiento de la red
de metropolis globales acaso no produzca crecimiento en el interior de los países individuales.
Por otro lado, están las viejas capitales y las antiguas grandes ciudades industriales convertidas en post-industriales, es decir, que han logrado desmontar sus actividades tradicionales en la medida que entraron en crisis, y se desarrollaron en ramas post- fordistas, con alto contenido de conocimiento o estético. Es la ciudad ofensiva de Lipietz.
Luego, debemos mencionar las ciudades especializadas en servicios, en general son ciudades intermedias que nunca tuvieron un gran porcentaje de su población trabajando en fábricas. En muchos casos, giran entorno al turismo o la diversión, también hay algunas con fuerte influencia del tejido universitario o están movilizadas por centros de investigación especializados.
Las ciudades desindustrializadas, en crisis, son ciudades que con una fuerte base industrial durante el fordismo, que no han producido espacios post-industriales hegemónicos; las firmas trabajan para el mercado interno o para terceros de otras regiones. Es la ciudad defensiva de Lipietz, subsiste esa clase industrial que basa su trabajo en actividades poco complejas, repetitivas y una clase media deteriorada junto a una desocupación importante. La clasificación para Europa de Celant, Dematteis, Fubini, Scaramellini (1989) es perfectamente compatible con estas definiciones. Para estos autores, por ejemplo son áreas urbanas en crisis estructural: Nápoles, Edimburgo, Manchester, Lille.
Al mismo tiempo, estas nuevas especializaciones, como se ha visto en varios enfoques del capítulo 2, han impactado fuertemente en la organización socio-espacial interna, sobre todo de las grandes ciudades, las ciudades intermedias parecen tener otra lógica.
Las actividades de altos beneficios vinculadas a las actividades más complejas (post- fordistas y post-industriales) y al consumo, parecen ocupar los mejores espacios en los grandes centros urbanos, generando en la puja por ellos un desmedido aumento del precio, lo que hace prácticamente imposible a las pequeñas empresas de bajos beneficios y a los vecinos de clase media acceder a –y obviamente mantener- esas localizaciones.
Estos “mejores espacios” congregan tanto a la población de altos ingresos como a los servicios especializados y no coinciden necesariamente con los antiguos centros. Son “aglomeraciones virtuosas” que, además atraen la inversión vinculada a la especulación inmobiliaria. Se trata de nuevas zonas especializadas (de residencia, producción, consumo, recreación), las exópolis de Soja, con sus industrias de alta tecnología y las formas de consumo simuladas. También es el Milán de Emanuel (1997).
El resto de las funciones económicas y residenciales también se concentran geográficamente, son las “aglomeraciones no virtuosas” –podríamos llamarlas: semi- periféricas- congregan los puestos industriales de salarios medios y bajos que no
requieren altos niveles educativos, también las empresas de servicios intensivas en trabajo y a veces el trabajo a domicilio; allí, las firmas pequeñas sobreviven si operan en buena medida en forma oculta, aunque trabajen en parte para empresas de mayor dinamismo. Las necesidades de consumo son satisfechas por pequeños negocios familiares, con estándares menores de calidad y productividad. Las viviendas y la infraestructura en general muestran un cierto deterioro producido por la falta de mantenimiento.
Hay un tercer tipo de espacio: la “aglomeración estancada” –periférica- en la que viven y trabajan los pobres estructurales, cuya relación con la economía es prácticamente nula aunque sí suelen brindar servicios personales de baja calificación en las otras aglomeraciones. A estos espacios van a parar los inmigrantes.
Como vimos, hay un alto nivel de relación entre la “aglomeración virtuosa” y la “aglomeración no virtuosa”: muchas de éstas últimas son los centros tradicionales que no se han reconvertido, las primeras son algunos de esos centros pero reconvertidos; además, cuando la normativa o “la geografía” lo permite, los segmentos sociales que las integran aprovechan los intersticios dejados vacantes en el desordenado crecimiento urbano, para ubicarse, vivir, ejercer sus actividades económicas y consumir; cuando la normativa no lo permite o no hay tales intersticios, unas y otras buscan las áreas periurbanas o las ciudades cercanas para crear estos espacios. La gente de la “aglomeración estancada” también compite por los mismos intersticios, no ya para satisfacer una demanda más o menos estable sino para, en el mejor de los casos, hacer “changas” o para pedir la limosna. También pueden querer estar cerca para revolver la basura o robar.
De lo expuesto surgen dos procesos simultáneos: la ocupación de los espacios vacíos de las segundas coronas y la invasión de las áreas periurbanas, esta ocupación genera tanto barrios cerrados, centros comerciales y grandes industrias más o menos dinámicas, barrios de talleres o barrios humildes, donde además hay producciones de todo tipo. Hay innumerables ejemplos de las luchas por la tierra vacante en Lash y Urry (1994), Soja (2000), Hesser y Hirsch (1989)
Así conviven tanto las intervenciones supermodernas, la industria, la clase media y la “urbanización de la marginalidad”. El resultado es la fractura urbana, con fronteras muy porosas en algunos casos y mucho más rígidas en otras. El proceso se da de diverso modo, según el grado de complejidad de las actividades, y las diferencias socio-económicas existentes, según ciertas tradiciones, según el tipo de alianza política que domine el Estado.
De todos modos, con sus matices, hay una tendencia general hacia la disminución de los espacios gobernados por el Estado. El espacio social en las “aglomeraciones virtuosas” está dominado por las escuelas privadas, los cines, los shoppings. Allí el viejo espacio social, a su vez, pierde terreno a manos de la vida hogareña, de todos modos, la casa es invadida por nuevas formas de socialización virtual no menos importantes para la vida diaria: la televisión, internet, etc.
En los centros tradicionales el cambio es menos rotundo, la escuela y el hospital públicos siguen siendo centrales, no siempre han perdido vigencia las bibliotecas, los
teatros públicos, las salas de exposiciones, pero la vieja estética se va mezclando con la nueva y la vida hogareña empieza a ser muy importante.
Finalmente, los marginales parecen hacerse fuertes en el uso de una parte fundamental de las instituciones públicas específicas, de los espacios vacíos y de la calle. La consecuencia es el miedo y las demandas de seguridad de la clase media y, luego, la militarización de dichos espacios y el control de las fronteras, sobre todo, las que existen entre las “aglomeraciones estancadas” y las otras. En este sentido no vemos tanto mestizaje o hibridación, tampoco parecen proliferar nuevas formas de convivencia ni ser tan evidentes las nuevas actividades comerciales basadas en el multiculturalismo. Más bien vemos el paisaje de la violencia de City of Quartz de Mike Davis, (1992) o la ciudad carcelaria, "una geografía de cápsulas, de continua vigilancia" de Soja (1996).