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3.2. Research philosophy

3.2.4 Methodological assumptions

Vuelvo ahora a las exigencias de la libertad. La libertad tiene mu­ chas facetas distintas y hay pocas posibilidades de obtener un índice nu­ mérico de la libertad que pueda captar suficientemente todas las facetas. En particular, la libertad tiene a] menos dos facetas valiosas que, res­ pectivamente, Llamaré la «faceta de oportunidad» y la «faceta de proce­ so» de la libertad. En otra parte argumenté que una evaluación global de la libertad ha de tener en cuenta ambas facetas, así como la impor­ tancia irreductible de cada una de estas características respectivas.8

En primer lugar, la libertad nos da la oportunidad de lograr nues­ tros objetivos: las cosas que tenemos razones para valorar. La faceta de oportunidad de la libertad se refiere, pues, a la capacidad real para con­ seguir cosas. Tiene que ver con las oportunidades reales que tenemos para conseguir cosas que podemos valorar y que de hecho valoramos (sin que importe mediante qué proceso se logra su consecución).

En segundo lugar, se da también importancia al proceso de elec­ ción autónoma — ei tener en nuestras manos los mecanismos de con­ trol (sin que importe si esto mejora las oportunidades reales de conse­ guir nuestros objetivos). La faceta de proceso'de la libertad se refiere al procedimiento de decidir libremente por uno mismo.

Es posible hallar un ejemplo claro de un centrarse por completo en la «faceta de oportunidad» de la libertad en la actitud implícita ha­

7. Hay también un problema Información al al utilizar el «teorema inverso» para lo­ grar el óptimo social. La economía informacional del mecanismo de mercado no abarca la información requerida para determinar el conjunto factible de resultados de mercado y para seleccionar lo socialmente mejor de esa clase. Ciertamente, es posible que muchos no tengan interés en cooperar en la recogida de esta información (especialmente aquellos que terminarían perdiendo propiedades y recursos en este programa radical de «merca- dización»). Este programa de equidad revolucionaria a través del mecanismo de mercado puede, pues, que encuentre obstáculos tanto epistémicos como polídcos. Para un análisis del problema de los «incentivos informacionales», véase Sen (1987, págs. 36-38).

8. Discutí la distinción y sus implicaciones en mis conferencias «Arrow» («Free- dom and Social Choice»), dadas d 7 y 8 de mayo de 1991 en ia Universidad de Stanford (en prensa). Esta sección está relacionada estrechamente con esas conferencias.

cia la libertad de la teoría del consumidor cuando evalúa los «con­ juntos presupuestarios» (Samuelson 1938,1947; Hicks 1939). Puesto que esta concepción tiene en cuenta la libertad sólo en términos ins­ trumentales (atendiendo a lo mejor que podemos conseguir realmen­ te), la libertad de elegir cualquier elemento del «conjunto presupues­ tario» es valorada, por implicación, exactamente en términos del valor del elemento elegido —o «más preferido»— de ese conjunto; los otros elementos del menú en el fondo no importan. Este modo de considerar la faceta de oportunidad de la libertad conlleva una con­ cepción simplista de la libertad en ausencia de incertidumbre.

Es posible, sin embargo, extender de un modo importante tal con­ cepción introduciendo incertidumbre sobre los gustos futuros — como han investigado Koopmans (1964) y Kreps (1979, 1988)—^con el re­ sultado de que tener diversas opciones es valorado sustantivamente, aunque aún por razones sólo instrumentales (a saber, la variabilidad de los gustos futuros). La formulación que ellos hacen de la «preferencia por la flexibilidad» — y, por tanto, por la libertad sustantiva— se refie­ re sólo a la faceta de oportunidad de la libertad, concebida en términos de lo que podría llegar a ser lo mejor bajo diferentes casos de gustos fu­ turos. En el análisis de Kreps, la evaluación de un menú de opciones fu­ turas se hace en términos de las respectivas utilidades esperadas, tenien­ do en cuenta las diversas funciones de utilidad que la persona podría tener en el futuro y ponderadas por sus respectivas probabilidades.

La concepción de Koopmans-Kreps es extraordinariamente im­ portante para cualquier teoría sustantiva de la libertad, puesto que la incertidumbre futura es una razón poderosa para trabajar hacia la po­ tenciación de la libertad de elección.9 Sin embargo, puesto que no in­ troduciremos la incertidumbre en este artículo, no utilizaremos aquí las extensiones de Koopmans-Kreps de la concepción instrumental de la faceta de oportunidad de la libertad. En ausencia de incerti­ dumbre, la concepción del elemento máximo de oportunidad evalua­ rá un conjunto de opciones simplemente por el valor del elemento (o elementos) máximo(s) de ese conjunto.

Sin embargo, incluso en ausencia de incertidumbre, es posible adoptar una perspectiva más amplia de la «faceta de oportunidad» y

9. He tratado de profundizar en estos asuntos en mis conferencias Arrow («Free- dom and Social Cholee»).

prestar atención al «espectro» de la elección (además de a la alterna­ tiva más preferida que pueda ser elegida). Podríamos valorar la varie­ dad de oportunidades y no reducir la evaluación de las oportunida­ des a sólo el valor de la consecución máxima, incluso aunque el valor máximo haya de figurar sustantivamente en el cálculo. Se considera­ rá en la sección 5 el modo en que esto se puede realizar.

Contraponiéndola a la faceta de oportunidad, otros autores han insistido en la faceta de proceso, Friedrich Hayek (1960) argumentó en favor de la faceta de proceso en una forma bastante pura — y más bien extrema— en un párrafo suficientemente elocuente de The

Comtitution o f Liberty:

...

la importancia de que seamos libres para hacer algo en particu­ lar no tiene nada que ver con la cuestión de si es probable que noso­ tros o la mayoría de nosotros hagamos uso de esa posibilidad... Se po­ dría incluso decir que cuanto menos probable sea la oportunidad de hacer uso de la libertad de hacer algo en particular, más preciosa será para la sociedad como conjunto. Cuanto menos probable sea la opor­ tunidad, más grave será perderla cuando surja, puesto que la expe­ riencia que ofrece será casi única (Hayek 1960, pág. 31).

Hay quizás un elemento de «espíritu de contradicción» en la pro­ puesta de Hayek de dar más valor precisamente a aquellas oportunida­ des que es menos probable que se utilicen. Pero seguramente Hayek está en lo cierto al argumentar que ser «libre para hacer algo en parti­ cular» puede que sea importante para nosotros, aunque sea improba­ ble que vayamos a utilizar esa libertad. Esta consideración se relaciona con la faceta de proceso de la libertad —el propio Hayek ha subraya­ do en particular la importancia de no verse limitado en el ejercicio de la libertad individual. La faceta de proceso incluye consideraciones que puede que no figuren en el cálculo de la faceta de oportunidad.10

La faceta de proceso, a su vez, incluiría varias características distin­ tas y, en particular, (i) la autonomía decisional de las elecciones a reali­ zar, y (ii) la inmunidad frente a la interferencia de los demás. La pri­ mera se refiere al papel operativo que una persona tiene en el proceso de elección y lo esencial en ello es que uno mismo tome las decisiones;

10 El razonamiento de Hayek también sugiere que no deberíamos adoptar —in­ cluso en la evaluación de la faceta de oportunidad— un punto de vista enteramente

por ejempio, el que las elecciones se hagan por la persona misma —no por otros individuos o instituciones (ni en su nombre). Esto exige la identificación del dominio propio de las decisiones autónomas.

Por otra parte, para esbozar el significado de inmunidad, es nece­ sario definir lo que constituye «interferencia» y mucha de la filosofía liberal ha tratado esta cuestión. Es posible considerar la libertad como inmunidad como una idea «negativa» —la ausencia de activi­ dades intrusivas— ; y ello se relaciona estrechamente con lo que se ha llamado la «libertad negativa». De hecho, es posible vincular el con­ cepto de libertad negativa al componente de «inmunidad» de la face­ ta de «proceso» déla libertad. Yo seguiré esta convención aquí.11

Sin embargo, es posible interpretar la distinción entre las liberta­ des «positiva» y «negativa» — vigorosamente expirada por Isaiah Berlín (1969)— de diversos modos.12 La propia clasificación de Ber­ lín adopta una concepción de la libertad negativa demasiado inclusi­ va. En su análisis, la libertad negativa tiene en cuenta los papeles di­ versos que los demás tienen en lograr que una persona sea incapaz de hacer algo y, por tanto, va más allá del componente de «inmunidad» del proceso (por ejemplo, sería posible considerar entonces la pobre­ za y el hambre que resultan de una insuficiente demanda en el mer­ cado de trabajo como una violación de la libertad negativa). De modo correspondiente, Berlín piensa la libertad positiva en términos más reducidos, en particular en términos de superar los obstáculos que provienen de «dentro» de la persona, no los de fuera.

Otros autores han tendido a pensar la libertad positiva de un modo mucho más amplio, en términos de lo que uno es libre de hacer te-

instrumental. Como argumentaré en la sección 5, aun cuando la oportunidad para con­ seguir lo que preferimos más de entre las alternativas disponibles puede que sea la preocupación central al valorar la facera de oportunidad, sin embargo una persona po­ dría no dejar de valorar la presencia de alternativas que no fueran superiores ni elegidas. 11. Hay, sin embargo, una relación estrecha entre la evaluación de los procesos y la comprensión de los correspondientes resultados, incluso en el contexto de la inmu­ nidad. Éste ha sido un tema de preocupación especial en la literatura de la «elección social» sobre la libertad. Véanse, por ejemplo, Sen (1970, 1983a, 1992a), Hammond (1982), Suzumura (1983), Wriglesworth (1985),Riley (1987), Gaertner y otros (1992).

12. La distinción sistemática entre libertad «positiva* y «negativa» fue realizada también por Guido De Ruggiero, historiador italiano de las ¿deas, en su Sloria del lib e­

ralismo europeo (1925), aunque él trazara una distinción un poco diferente a la de Ber­ lín. Estoy agradecido a Stefano Zamagni por indicarme los estudios de Ruggiero.

niendo todo en cuenta, incluidas tanto la interferencia o la ayuda por parte de los demás como los propios poderes y limitaciones.13 Ésta es, de hecho, la dirección que señaló T. H. Green (1889). La utilización re­ ciente de la distinción entre Libertad negativa y positiva ha tendido a centrarse en particular en el papel de inmunidad de la libertad negati­ va.^ Yo utilizaré la expresión «libertad negativa» en el sentido más res­ tringido, a saber, el de inmunidad de interferencia. Ni que decir tiene que nada sustantivo depende en el fondo de cómo las diversas consi­ deraciones sean clasificadas, sí se presta atención a todas ellas.

A modo de conclusión de esta sección sobre los conceptos de li­ bertad, tenemos que referirnos al menos a dos facetas diferentes de la libertad, a saber: (i) la faceta de oportunidad, y (ii) la faceta de pro­ ceso. La faceta de oportunidad ha de prestar atención particular a la oportunidad de conseguir lo mejor que se pueda conseguir, pero es posible extenderla teniendo en cuenta además el espectro de oportu­ nidades ofrecidas. La faceta de proceso, refiriéndose a la libertad de las decisiones de las personas, ha de tener en cuenta tanto (iia) el ám­ bito de la autonomía de las elecciones individuales como (iib) la in­ munidad frente a la interferencia de los demás.