Chapter 1. General introduction
1.3 Sustainability assessment methodologies
1.3.4 Methodological challenges of life cycle assessment
En cuanto al afecto y las emociones, al igual que lo sucedido con la personalidad, en la investigación psicológica existe una vieja tradición que liga estos procesos con la salud y con la enfermedad; tal es el caso de la psicología médica, uno de
cuyos objetivos centrales ha sido precisamente el de aplicar el conocimiento psicológico a la comprensión de las mani- festaciones emocionales de las personas que padecen alguna enfermedad, así como el de intentar establecer asociaciones entre esas manifestaciones emocionales y el origen o la pro- gresión de las enfermedades (Morales, 1997). Actualmente, la corriente de investigación más referenciada que se ocupa del análisis de las asociaciones entre las emociones y la enfer- medad es la denominada psicoinmunología, la cual se ha cons- tituido en un nuevo y promisorio paradigma para el estudio de las relaciones entre el psiquismo en general (incluidas las emociones) y los cambios somáticos propios de la enferme- dad, mediante el análisis de los mecanismos que ligan la vida emocional con el funcionamiento autónomo nervioso, endo- crino, e inmunológico del ser humano (Vila, 1999; Kiecolt- Glaser, McGuire, Robles, & Glaser, 2002).
Sin embargo, el interés central respecto del afecto y de las emociones en la posición de la DPPPS no es tanto el refe- rente al estudio de los mecanismos que ligan la vida emo- cional con la morbi-mortalidad; el interés principal es analizar el papel que los procesos emocionales tienen en sí mismos a partir de su potencial motivacional, lo que les conduce a interactuar con los procesos cognoscitivos y conductuales incluidos en la escalera cognoscitivo- conductual, para determinar el desarrollo y la ejecución de un comportamiento saludable complejo. Ese potencial motivacional de las emociones puede analizarse desde di- versos ángulos, tales como los siguientes:
1) Como influencia de las emociones en la valoración de las situaciones, lo cual genera un potencial de atracción o de alejamiento de las mismas, influyendo de manera decisiva sobre la toma de decisiones (hacemos con mayor probabi- lidad aquello que nos gusta o atrae); esto es, la emoción como aspecto determinante de la motivación intrínseca,
ya que esta última hace referencia al grado en que las ac- tividades humanas se realizan por el placer que conllevan o por el interés que generan en determinadas situaciones sociales y contextuales en las que la persona satisface sus necesidades de competencia, autonomía e interacción (Ryan & Deci, 2000).
2) La emoción como situación objetiva e independiente que obliga a la persona a su propio conocimiento y control (es necesario conocer y controlar las propias emociones), así como al conocimiento de las emociones de los demás, con el fin de dar mayor eficacia a las acciones en el proceso de interacción social, lo cual constituye uno de los funda- mentos de la denominada “inteligencia emocional” (Goleman, 1995).
3) La emoción como proceso psicológico que interactúa y condiciona la manera como el individuo procesa la infor- mación, dando como resultado final un determinado esta- do conductual; podría decirse que todos los procesos psicológicos de tipo racional incluidos en la escalera cognoscitivo-conductual que representa a la DPPPS están impregnados por la vida emocional de la persona. A la inversa, todas las creencias de la persona acerca de las con- secuencias de una acción, positivas o negativas, generan reacciones emocionales que influyen sobre el proceso de afrontamiento (Lazarus & Folkman, 1986).
Este último es el sentido que más interesa enfatizar, en el marco de la DPPPS, acerca del potencial motivacional de las emociones. En el análisis de la DPPPS se ha tomado al proce- samiento de la información como condición básica determi- nante de la fase motivacional de un comportamiento, que concluye en una toma de decisiones; ese procesamiento se asocia con la generación de determinadas reacciones emo- cionales que de manera intrínseca favorecen o desfavorecen
no solamente la toma de decisiones, sino que se prolongan durante la fase de acción en la que se ejecutan las decisiones tomadas, y, más allá, tienen un efecto de retorno a través de la interpretación de los resultados obtenidos, interpretación que también se asocia con emociones y afecta la probabili- dad futura de que la persona se involucre en una acción para obtener un resultado previsto, tal como lo propone la teoría atribucional (Weiner, 1985).
Una buena representación del potencial motivacional del comportamiento que se genera en la interacción entre cogni- ción y emoción, que puede ilustrar bastante bien el impor- tantísimo papel de las emociones en la prevención y en la promoción, se materializa en las propuestas que hacen los modelos de diathesis-estrés, para el caso de la prevención, y en las propuestas de la psicología positiva, para el caso de la promoción de la salud.
Los modelos de diathesis-estrés proponen que, en situacio- nes de estrés o en situaciones en las que suceden eventos negativos en la vida de una persona, ciertas maneras habitua- les de percibir e interpretar los acontecimientos negativos predisponen a experimentar estados emocionales o afectivos adversos; tal es, por ejemplo, el modelo de diathesis-estrés acerca de la depresión propuesto por la teoría de la desespe- ranza (Abramson, Alloy & Metalsky, 1988; Abramson, Metalsky & Alloy, 1989), la cual sugiere que, en presencia de acontecimientos negativos ciertos estilos atribucionales acer- ca del sí mismo, de las causas, y de las consecuencias, dan como resultado un estado afectivo depresivo. El estilo atribu- cional depresogénico acerca del sí mismo se refiere a la tendencia de la persona a concluir negativamente sobre sí misma (ej. su valor, sus habilidades) cuando se presentan acontecimientos negativos. El estilo atribucional acerca de las consecuencias, que se asocia con el mismo resultado depresogénico, se refiere a la tendencia de la persona a hacer