Methodology
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3.1 Methodological Considerations
Yo creo que ahora debemos ahondar en el conflictivo tema de Marcial... ¿Cómo ven ustedes el problema de Marcial? ¿Cómo explican que un hombre que tuvo tal prestigio revolucionario, una mística tan grande, que era tan purista, haya caído en lo que cayó? ¿Cómo pudieron ustedes superar una crisis que involucró cosas tan graves como el asesinato de la segunda dirigente de la organización y luego el suicidio de su secretario general? Quizá para entender mejor lo que ocurrió podrías contarnos algo más acerca de su personalidad, alguna de cuyas aristas ya vimos anteriormente...
Vladimir: Como ya te decíamos, Marcial era de origen obrero y tuvo una gran influencia cristiana. Su formación se hizo bajo ideas un poco dogmáticas...
¿Primero el dogma religioso y luego el estalinismo...?
Salvador: Sí, es muy probable. En toda la formación y la mística del inicio de la organización había algunos rasgos religiosos muy moralistas. Sostenía que no se podía fumar, ni tomar tragos104, que
uno no se podía relacionar con ninguna mujer si no era revolucionaria. Proclamaba una especie de celibato revolucionario... Es decir, una mezcla de ideas marxistas un poco dogmáticas e ideas un tanto moralistas en cuanto a lo que debía ser el prototipo de hombre nuevo.
Marcial tenía una fuerte mentalidad proletaria; la cuestión obrera era algo que le pesaba bastante, por su propia extracción. Había personificado en él la vanguardia o algo así. Entonces, si las FPL eran la vanguardia, él, como personaje, era la vanguardia dentro de la vanguardia, sin discusión.
El Ho Chi Minh de El Salvador, como escribió Mario Menéndez cuando lo entrevistó a comienzos de los años 80.
Salvador: Sí, pero él se convirtió un poco en un Ayatolah. Era muy prepotente, arrogante...
¿Tú crees que él se sentía cumpliendo una misión, o algo parecido?
Salvador: Sí, se consideraba a sí mismo como la salvaguarda de los intereses del proletariado. No dejaba pasar algunas cosas. Era muy mecánico. Te lo digo, porque en muchas discusiones con nosotros era apabullante cuando trataba de imponer su posición en alguna discusión. Esto era más notorio al comienzo, cuando nosotros recién estábamos formándonos como dirigentes políticos y militares. Para ello se aprovechaba de la formación marxista que tenía, que no puede decirse que era muy profunda, sino más bien superficial y dogmática, pero en todo caso muy superior a la nuestra.
¿No existían cuadros con mayor formación teórica?
Salvador: En cuanto a economía marxista se refiere, Felipe Peña tenía una formación teórica marxista más profunda. Y sucedía que a veces en las discusiones éste le ganaba a Marcial. Felipe insistía siempre en la necesidad de realizar una interpretación marxista de nuestra realidad. En las discusiones internas Marcial, sin embargo, se imponía aprovechándose de su condición obrera. Nos decía que nosotros no entendíamos cómo debía expresarse la clase obrera, el
proletariado... Nosotros le argumentábamos que era difícil realizar un trabajo obrero ya que todos los dirigentes obreros tenían un pensamiento muy tradicional o estaban influenciados por el PC. Pero para poder conseguir su aprobación proponíamos concentrarnos en la juventud obrera. El se agarraba de lo obrero independientemente de quien fuera ese obrero. Y en el caso del campesinado, tratábamos de flexibilizar un tanto su tipificación, hablando del campesinado pobre, del proletario agrícola. Marcial ponía el acento en el proletario agrícola; él hacía pesar esas cosas en todas las discusiones como algo obsesivo...
¿Y lograba imponerse? Salvador: Claro, se imponía...
¿Con qué argumentos?
Salvador: Él tenía autoridad moral y gozaba de todo el respeto. ¿Quién le iba a discutir, si el marxismo afirmaba que el proletariado era indiscutiblemente la vanguardia y que tenía que encabezar el movimiento revolucionario y el cambio hacia el socialismo? Esas eran verdades absolutas que en aquella época, no se podían discutir; hacerlo era una herejía.
El campesinado era para él una especie de compañero de viaje. Ahora, nosotros, al estudiar la propia realidad nos dábamos cuenta de que no era tan así; y nuestra misma situación dentro de la organización hacía que no viéramos las cosas de una manera tan absoluta. En el fondo, teníamos determinadas reservas, tanto los compañeros que se incorporaron del sector campesino, como los del magisterio y de otros sectores, ninguno de los cuales éramos dirigentes obreros.
Además Marcial usaba sutilezas. Nos decía: ustedes, ¿cómo van a saber interpretar a la juventud obrera si no la conocen? Y como había jóvenes obreros que trabajaban en las fábricas de día y estudiaban de noche nos señalaba la necesidad de ir a hacer trabajos en las escuelas de noche. Había que encontrar un método para llegar a la clase obrera, no sólo en el sindicato o fábrica, sino por cualquier lado: por el lado cristiano, por el de las escuelas de noche. En ese sentido imponía algunas cosas. No aceptaba la discusión sobre la cuestión proletaria.
Leonel: Yo creo que habría que señalar también que su conducta estuvo muy marcada por el destacado papel que jugó en el Partido Comunista Salvadoreño y el proceso de lucha ideológica que se dio en su seno y que culminó con su salida.
En la década del 70, Marcial, junto con otros revolucionarios, Felipe Peña, Dimas Alas, inician la tarea histórica de construir las bases de una organización: político-militar y el desarrollo de una estrategia de poder basada fundamentalmente en la lucha armada. En ese momento, la lucha ideológica contra las posiciones reformistas electoralistas del PC y su política de alianzas que
como bien lo reconoce su actual secretario general, Schafik Handal hacían que este partido marchara a remolque de los partidos burgueses, estimuló en las FPL un pensamiento anti PC. Este fue el caldo de cultivo del pensamiento sectario y opuesto a toda forma de lucha electoral,
parlamentaria, que caracterizó a toda la militancia, y generó en la organización poca capacidad para analizar y actuar tomando en cuenta el factor político. Se bloqueó así nuestra capacidad creadora, impidiéndonos aportar en este terreno y se asentó un pensamiento dogmático basado en esquemas, en fórmulas, en recetas que caracterizó nuestra conducción durante muchos años y en el cual fue educada nuestra militancia.
Aquel militante que profundizara en este campo y tomara iniciativas en el acercamiento a otras fuerzas tipificadas como pequeñoburguesas, electoreras, revisionistas, era vapuleado a través de la crítica o tildado de pequeñoburgués y visto con malos ojos. Esta profunda debilidad de Marcial el negarse y oponerse a la lucha política le generó grandes problemas.
Cuando en 1980, la lucha revolucionaria salvadoreña alcanzó su mayor desarrollo y el primer problema estratégico a resolver fue el de la unidad de la izquierda revolucionaria, la alianza con los sectores democráticos y el uso del instrumento del diálogo, fue cuando se evidenció la falta de capacidad política de Marcial. Y tanto sus posiciones principistas en cuanto a la construcción de la vanguardia revolucionaria, como su actitud en relación a las gestiones político-diplomáticas, fueron quedando aisladas, no sólo en el FMLN sino también dentro de las propias FPL.
Ante la falta de argumentación política desechaba los argumentos contrarios, como dice Salvador, como frutos de un pensamiento pequeñoburgués, de traición a los intereses del proletariado y la clase obrera. Esta situación fue haciendo crisis hasta que finalmente llegó a identificar a Mélida Anaya Montes (Ana María) como la exponente de este pensamiento, al tiempo que comenzó a planificar con el aparato de seguridad de la organización su asesinato. Todo esto a espaldas de la dirección.
¿Qué crees que es lo que más influyó en llegar a adoptar esa inesperada actitud?
Salvador: A él lo pierden muchas cosas. El respeto que la gente sentía por su persona lo confundió, le infundió una gran vanidad personal, tanto que llegó a creerse infalible... Cuando nosotros
decidimos apoyar a la revolución nicaragüense en el 78, antes del triunfo, él fue uno de los primeros en estar al frente de esa decisión que fue compartida por el movimiento revolucionario salvadoreño en su conjunto. Pero él nunca comprendió, ni llegó a aceptar, el modelo de la revolución sandinista. Este fue un síntoma de su desubicación, de su despiste. Otro síntoma se relaciona con la formación del FMLN. Él sostenía el papel de vanguardia de las FPL dentro del FMLN y de él, como persona, dentro del núcleo de conducción de ese frente.
¿Él se autopostulaba como secretario general?
Salvador: Sí, en un principio estuvo de coordinador de FMLN. Pero eso era formal.
¿Quería ser comandante en jefe...?
Salvador: Probablemente quería ser comandante en jefe, y serlo, no a partir de un verdadero trabajo colectivo, sino sobre la base de imponer sus ideas. Él era de esas personas que vetaba el debate político dentro del FMLN. Quería hacer del frente un partido de tipo clásico imponer allí el centralismo democrático, que la minoría se sometiera a la mayoría sin discutir; esquemas de
dirección muy rígidos. Por otra parte, no respetaba nuestros acuerdos internos como dirección de las FPL, los daba vueltas...
¿No llevaba, entonces, a la dirección del FMLN las decisiones del colectivo de las FPL? Salvador: Lo hacía de modo formal. Cuando intervenía expresaba siempre que esos eran acuerdos de la dirección de las FPL, que eran un fruto de una decisión colectiva; pero, en la práctica, él hacía más énfasis en sus ideas y por eso no reflejaba exactamente el pensamiento político de la
organización, que venía sufriendo un proceso de transformación política grande en ese momento. Tanto la experiencia de masas que habíamos tenido antes del 79, como la lograda como fruto de la ofensiva del 81, nos sacudió internamente.
Salvador: Después de la ofensiva del 81 se da, como tú sabes, la conformación de los frentes de guerra. Nosotros no teníamos la menor idea de cómo llevar a cabo esa tarea, pero, a partir de ir reconstruyendo nuestras fuerzas, en base a la experiencia práctica y en base a experiencias de otros países, fuimos saliendo adelante... Todo ese período fue un poco romántico, idealista en algunos casos. En ese momento, Marcial comenzó a perder autoridad, porque a pesar de haber entrado en el 81 a un frente y haber salido en el 82, daba orientaciones que todos sabíamos que no se podían aplicar...
¿Cómo cuáles?, ¿recuerdas algunas...?
Salvador: Por ejemplo, quería controlar en lo posible todo el territorio sobre la base de la
dispersión guerrillera; quería que nosotros tuviésemos fuerza hasta en Morazán, aunque sólo fuera con un par de fusiles. Ese era el reflejo de su misma tendencia hegemonista. Nosotros, como FPL, debíamos estar bien estirados, controlando hasta el último territorio.
Cuando se planificó la ofensiva en Usulután y en San Salvador105, Marcial se oponía a nuestra
participación como organización. Y como esa no era la posición de nuestra dirección, él dio una aprobación formal, se comprometió a nivel de FMLN, pero en la práctica no activó nada, fuimos nosotros y, especialmente Ana María, quienes impulsamos la participación de toda la organización en ese momento.
Por otra parte, él daba sólo órdenes generales. Éramos nosotros los que teníamos que ver cómo hacíamos para resolver todas las necesidades materiales. El no ponía atención ni en las
comunicaciones y ni en otros detalles de mucha importancia.
¿Cómo enfrentaban ustedes esa situación?
Salvador: El fenómeno que se dio fue el siguiente: cada frente de guerra agarró autonomía para resolver sus propios problemas. Nosotros en Chalatenango, otros compañeros en San Vicente, otros en la ciudad o en Guazapa. Cada quien empezó a resolver sus problemas y comenzamos a
intercambiar experiencias, a tirar ideas, a coordinar entre los frentes. Lo otro que influyó fue la presencia de Ana María junto a Marcial en el núcleo de dirección en el exterior. Ella era su contraparte, tampoco tenía experiencia, pero era más fresca en la aplicación de muchas cosas. Entendía más el fenómeno de la unidad del FMLN, de la realidad del socialismo y de lo que ocurría en Nicaragua. En ese sentido era más avanzada...
Tú me decías que ustedes venían observando esas limitaciones de Marcial más claramente a partir del 81.
Salvador: Así es. Ya en el 82 no le veíamos ninguna perspectiva. Prácticamente ahí todos nosotros dijimos: vamos a los frentes y veamos cómo resolvemos.
Eso ¿en conversaciones...?
Salvador: Ya como comisión política.
Pero entonces, ¿por qué no pudieron imponer un pensamiento distinto, si ustedes eran mayoría? Salvador: Es que él apeló a una reunión más amplia, a un congreso. Probablemente su idea era maniobrar ahí. Tanto en esa reunión de comisión política, como en una reunión del comité central habíamos derrotado sus planteamientos. En todos sus escritos y expresiones finales nos acusa de ser un atado de pequeñoburgueses. Yo creo que él siempre pensó eso.
Esas reuniones a las que tú te refieres ¿cuándo ocurrieron?
Salvador: La de la comisión política, en 1982 y la del comité central, en el 83. Antes hubo otra de la comisión política. En ésa todavía logró imponer algunas cosas, pero gracias a maniobras... Marcial te vetaba todas las proposiciones: planes militares, planes políticos, todo... Y establecía una especie de poder de veto en el debate político y se ocupaba de la administración de un montón de medidas dentro del partido.
¿No había en la organización ningún método para resolver la necesidad de recambio de los dirigentes?
Salvador: El mecanismo estaba establecido formalmente, pero durante todo ese período del 81 al 82 estábamos dándole un chance. Al ver que esto no ocurría en el 83 tuvimos claro que eso no iba a dar resultados pensamos que había que hacer ese recambio al que te refieres, pero él ya había personificado la oposición a sus posiciones en Ana María, como si ella fuera el problema. Ahí fue donde se equivocó definitivamente.
¿Podrían explicarnos cómo sucedieron concretamente los hechos?
Leonel: Ya para 1982, cuando sus posiciones fueron derrotadas en las FPL y en el FMLN, planificó el asesinato de Ana María responsabilizando de su ejecución a Marcelo, miembro del comité central y responsable del aparato de seguridad. Este dispuso de una unidad especializada en operaciones comandos para realizarlo.
Marcial en esos días salió en gira para Libia, pero todo esto era parte del plan. La operación se ejecutó con las características que usan los escuadrones de la muerte en el país. Marcial en todo momento, negó el hecho, pero tomó en esos días toda una serie de medidas que llamaron la atención de la dirección. Su escolta y el personal que trabajaba con él fueron armados y recibieron la orden de no permitir su captura. Esta situación se supo cuando fue capturado Marcelo, el ejecutor del plan. Ya cuando todo estaba aclarado, se le planteó la opción de viajar a otro país, pero él se decidió por el suicidio.
Este hecho, al ser aclarado tuvo la condena de la mayoría de nuestra base y dirección. Nuestro estilo en la organización era enfrentar las diferencias al interior de las FPL a través de la lucha ideológica y de someternos a las decisiones adoptadas por la mayoría. Marcial violó la norma del centralismo democrático, se colocó por encima de las FPL, planificó el asesinato de Ana María y se convirtió en un asesino.
Ahora, ¿ustedes no han hecho un esfuerzo por ver si se dio un desequilibrio sicológico que explique su actitud?
Salvador: Era obsesivo en su trabajo y en sus ideas y es probable que haya pesado bastante la obsesión que tenía sobre la “cuestión proletaria”... Para él el máximo exponente de la
pequeñaburguesía era Ana María.
Quizá sería de interés señalar que vivía rodeado de un grupo de asesores que le daban tratamiento de gran dirigente y le creaban esperanzas de poder hegemonizar a la vanguardia del proletariado. Marcial fue perdiendo todo contacto con la realidad. Vivía en otro mundo. En un mundo muy estrecho, aislado del resto de su propio partido, las FPL.
¿Se llegó a formar una corriente marcialista en las FPL?
Leonel: En la organización, él daba un tratamiento especial a ciertos cuadros que identificaba como afines a su pensamiento o a compañeros que consideraba podían ser influenciados por él. Esta
actitud, en una figura legendaria como la suya, originó en este grupo una mistificación de Marcial. Ellos fueron los que se fraccionaron en la crisis de 1983, luego de su suicidio.
Salvador: Pero como era gente que estaba fuera de los frentes, en el trabajo de la ciudad, y como el mayor desarrollo de la organización estaba en los frentes de guerra, en los que nosotros estábamos metidos de lleno, esta corriente no llegó a tener gran peso dentro de las FPL.
¿Qué ocurrió con ella?, ¿Todavía existe?
Leonel: Esta fracción, a partir de 1983, desarrolló su trabajo en el movimiento de masas, trató de articular un frente guerrillero en el volcán de San Salvador y realizó trabajo internacional. Su actividad se desarrolló hasta 1985. A partir de ese año fue entrando en un proceso de extinción. Surgieron conflictos entre ellos por el manejo de los fondos de la solidaridad. La mayoría de sus miembros ha abandonado las filas de la revolución, otros se acercaron nuevamente a las FPL y al FMLN. Ya para el año 1987 no existía.
Su principal error es que no pudo elaborar un pensamiento estratégico y hacía labor contra las FPL y el FMLN. A partir de su sectarismo y hegemonismo, fue incapaz de ubicarse en la nueva realidad de la lucha salvadoreña y siguió levantando un planteamiento totalmente cerrado y sin una
concepción política clara.