General discussion
6.3 Methodological considerations
Para posibilitar la Creación se produjo un movimiento especial de fuga del Ein Sof de un punto de sí mismo para crear el vacío. Ese punto no existía, sino que fue creado por el propio movimiento de fuga. Nada se podía manifestar fuera del Ein Sof sin un vacío.
Si el mundo de la fragmentación (o de la Bet) fue causado por el primer movimiento de retirada del Or Ein Sof (Luz del Infinito) que lo cubría todo, podemos concluir que el movimiento137 es la primera
causa del nacimiento del mundo de la Bet. Debemos comprender, por tanto, que cada movimiento en especial obtiene un resultado diferente. Por esa razón el movimiento será un factor a considerar dentro de todo estudio del misticismo judío, que siempre es dinámico y no estático138.
136 Tenemos mosquitos que viven dos o tres días y tenemos tortugas que pueden llegar a vivir más de cien años. ¿Cuál es el sentido de temporalidad de cada especie? Las secuencias temporales se relacionan con la resistencia material dentro de una genética determinada. Y si esto sucede dentro de las manifestaciones biológicas de nuestro mundo, imaginemos las posibilidades temporales y espaciales dentro de otros tipos de vacíos.
137 No sabemos si dentro del Ein Sof existieron otros movimientos internos que no produjeron la aparición del vacío. Algunos místicos hablan de la “quietud” del Infinito. Desde mi perspectiva personal (y en este asunto coincido con el cabalista Israel Sarug) no estoy convencido de la quietud del Ein Sof; es posible que el Ein Sof haya tenido y tenga una importante actividad interna desconocida para nosotros, pero que dichos movimientos no produjeran la existencia del vacío. Algunos dicen que para que exista el movimiento debe existir un vacío (una no-existencia). ¿No es posible la existencia de movimientos internos en el Ein Sof que no den lugar a la no-existencia? Lo que en la mística judía denominamos como “primer movimiento” es aquel por el cual se creó la no-existencia del vacío. Ignoramos lo que sucede en la esencia del Ein Sof, lo que sabemos es que gracias a un tipo de movimiento específico se creó el vacío que dio lugar a la aparición de nuestra existencia.
El “todo” en el mundo de la Alef se mantiene esencialmente en su todo. Este nivel del todo del Ein Sof es más grande que cualquier totalidad conceptual que podamos imaginar. Cuando el Ein Sof desplaza energías finitas139 al vacío, para crear los elementos de diferenciación que existen, se crea el
mundo de la Bet.
El Ein Sof posee una forma diferente de autoconciencia dentro de sí mismo (un tipo de autocon- ciencia que nosotros no podemos conocer); sin embargo, a través de sus manifestaciones, el Ein Sof tiene una forma conocida por nosotros y bien definida de autoconciencia.
El Ein Sof puede crear diferentes vacíos porque puede manifestar como Él140 quiera la revelación
de sus diferentes niveles de autoconciencia. Aunque nosotros somos seres humanos diferentes (por- que somos diversas manifestaciones exteriores de autoconciencia divina), estas diferencias simple- mente se pueden manifestar en el mundo de la Bet. La sangre que corre en todos los seres humanos es la prueba de que, aunque las manifestaciones fragmentarias existentes son diferentes, somos iguales en sustancia. El modelo sustancial es el mismo (Alef) y las diferencias son exteriores (Bet). Las dife- rencias se basan en movimientos genéticos; de no existir dichos movimientos, seríamos clones con las mismas formas exteriores de manifestación.
Podemos decir que existía la autoconciencia del Ein Sof dentro del mundo de la Alef, pero que, en el mundo de la Bet, nosotros conocemos su autoconciencia; siendo nosotros fragmentos de él mismo, cuando nosotros le conocemos, entonces él se conoce a sí mismo en una forma diferente de autocon- ciencia dentro de la finitud. Por lo tanto, conocemos al Ein Sof porque él quiere conocerse a sí mismo dentro de una modalidad diferente de su autoconciencia esencial en el nivel de Alef.
El mundo de la Bet es un sistema de autoconciencia diferente de la Alef, pero es un mundo que tiene como objetivo la autoconciencia divina. No podemos alcanzar nuestra verdadera autoconciencia sino como reflejos de la autoconciencia infinita del Ein Sof. Y así como nosotros somos fragmentos que sustancialmente pertenecemos al Ein Sof, en realidad solo existimos con el objetivo de compren- der al Ein Sof. Siendo nosotros fragmentos del Ein Sof logramos que el Ein Sof se conozca a sí mismo. Así el Ein Sof se autodescubre dentro de nuestra interioridad.
Siendo como somos materias fragmentarias que alcanzaron la autoconciencia podemos compren- der que dentro del infinito exista un Ein Sof con un grado de autoconciencia superior.
El ser infinito adquiere autoconciencia dentro de la temporalidad a través de nuestra existencia, y nosotros, como entes finitos, adquirimos conciencia dentro de la eternidad a través de su ser, porque en realidad en la base sustancial somos lo mismo. Somos conscientes así de que el factor tiempo141
puede ser destruido, ya que provenimos de un Ein Sof donde dicho factor no tiene existencia real. El Ein Sof otorga un “tipo de conciencia diferencial”142 a sus fragmentos, y es así como podemos
dinámico. Todas las estructuras y esquemas de análisis deberían tener un movimiento interno que las pudiera representar. Ahora bien, como cada movimiento es diferente, estudiamos las estructuras simbólicas estáticas que nos unifican dentro de los modelos teóricos, pero debemos tener presente siempre que el movimiento es el que marca la diferencia, lo que nos hace diferentes (aunque iguales en términos estáticos). La línea que marcamos para generar el movimiento es lo que nos definirá como seres diferentes.
139 El autoconocimiento del Ein Sof es de tal magnitud que puede frenar su potencia ilimitada creando energías limitadas.
140 El pronombre “Él” (en referencia al Ein Sof) no debemos asimilarlo al género masculino. En el Ein Sof no hay fuerzas masculinas ni femeninas, son energías unificadas. La división comienza a partir de un vacío que quiere ser llenado. Lo femenino es el vacío que nace para que lo masculino ingrese en él. Mientras el Ein Sof se encontraba en el estado de Alef, sin la existencia de un vacío, no había fuerzas masculinas ni femeninas; a partir de la existencia del vacío, aparece la posibilidad del mundo de Bet.
141 Por ese motivo en el judaísmo sabemos que la muerte será destruida para siempre.
caer en la ilusión de ser realmente diferentes en sustancia.
Esa conciencia hace que en el mundo de la fragmentación sus fragmentos creamos ser algo dife- rente de él por nuestra propia autoconciencia existencial. Pero, en sustancia, como también somos conscientes de ser fragmentos finitos y limitados, sabemos que en realidad somos su autoconciencia. En términos de autoconciencia infinita, la muerte, tal como la conocemos, no existe. Lo que noso- tros llamamos “muerte” es el paso de un tipo de autoconciencia divina dentro del mundo de la Bet a un universo de autoconciencia dentro del mundo de la Alef. Son dos tipos diferentes de autoconcien- cias. La energía individual continúa su autoconciencia en otros niveles más allá de la materia.
Como fragmentos que somos, poseemos partes fragmentadas de su conciencia y como tales no alcanzamos a percibir la autoconciencia general divina en el grado de la Alef. Por ese motivo no al- canzamos la verdad del nivel de Alef, sino las perspectivas de verdad (Daat) del nivel de Bet.
Fuimos creados para la autoconciencia del Ein Sof dentro del campo de la temporalidad, y su vez lo reconocemos como nuestra propia autoconciencia en el campo de la eternidad. Como fragmentos, tenemos conciencia fragmentaria, que es real dentro del mundo de las fragmentaciones manifestadas, pero que es una ilusión dentro de la conciencia real del nivel de la Alef.
Por lo tanto, la existencia existe para declarar la existencia de la eternidad del Ein Sof, porque la existencia no tiene existencia propia sino derivada del Infinito divino. Nosotros actuamos como espe- jos de Dios, ya que todas las manifestaciones de Dios (Ein Sof) constituyen (constituimos) fragmentos de la Divinidad.
Al aceptar nuestra propia temporalidad y finitud, debemos reconocer que necesariamente existe una eternidad e infinitud más allá de nuestra existencia fragmentaria. La muerte física es, en esencia, la transformación de un tipo de energía que contiene una información determinada que no puede desaparecer. Desaparecemos como fragmentos en el mundo de la fragmentación, pero continuamos participando como información dentro del sistema eterno y general del Ein Sof. Porque en realidad cada uno de los fragmentos (nosotros) somos como las “neuronas de Dios” en el campo de la tempo- ralidad existencial. Y aunque el Ein Sof no tenía ninguna necesidad de crearnos, nos creó por algún motivo que no conocemos143.
Volvamos al texto de Deuteronomio: “Las cosas ocultas son para Dios”. En realidad, si Dios es lo oculto en sí mismo, las cosas ocultas se reducen a lo que el mismo Dios impide que podamos revelar. Mientras el Ein Sof no se manifestó, todo se encontraba oculto, ya que no existía ninguna revelación. En realidad, el Ein Sof estaba completamente revelado para sí mismo dentro de su interioridad, ya que no existía nada fuera de sí. El Ein Sof no necesita revelar nada, porque a través de su autoconciencia posee la máxima revelación posible para sí mismo.
Cuando el Ein Sof se revela, lo hace para alcanzar un grado de autoconciencia existencial. ¿Era necesario para el Ein Sof alcanzar una autoconciencia en la temporalidad? Toda revelación implica necesariamente algún grado de ocultamiento, y no puede existir una revelación absoluta porque, pa- radójicamente, llevaría al ocultamiento total.
fragmentación, pero todas las diferencias son imaginarias en el campo del nivel Alef, ya que todas proceden de la misma fuente del Ein Sof. En ese sentido, aunque los fragmentos se manifiestan de modo diferente, la diferencia surge justamente de la fragmentación.
143 “La decisión de salir del ocultamiento a la manifestación y la creación no es de ningún modo un proceso que sea consecuencia necesaria de la esencia del Ein Sof. Es una decisión libre que sigue siendo un misterio constante e impenetrable (Cordovero, al comienzo de Elimah). Por eso, en opinión de la mayor parte de los cabalistas, no es legítima la pregunta sobre la motivación última de la creación, y la afirmación que se encuentra en muchos libros de que Dios quería revelar la medida de su bondad, no hace sino cubrir el expediente y nunca se desarrolla sistemáticamente”. (Gershom Scholem: Desarrollo histórico e ideas básicas de la Cábala [Barcelona: Riopiedras], 1994, p. 117).
El Ein Sof no puede ser “creador en acto”, sino en el ejercicio real de la posibilidad de creaciones fragmentarias menores. Si ya el Ein Sof, a través de su creación, logró su propia autoconciencia ma- nifestada, podría eventualmente retornar todo al Ein Sof cuando quisiera. No solamente nos estamos preguntando por la motivación de la Creación, sino por el sostén temporal de esta existencia. Si el Ein Sof creó (por una razón que desconocemos) esta existencia, como ya existimos podríamos auto- máticamente retornar al Ein Sof, porque el Ein Sof ya logró lo que pretendía. Así que el objetivo de la Creación no se debe relacionar con la motivación de la Creación como acto o como proceso, sino que debemos pensar que, si continuamos existiendo (y Dios revelándose dentro de la historia), es simple- mente porque la motivación del Ein Sof de salir de su esencia para revelarse tiene una relación con nuestra permanencia existencial. Si la motivación del Ein Sof se hubiera relacionado con el acto en sí mismo, todo hubiera podido ser destruido o llevado nuevamente a la esencia del Ein Sof. Así que, si en el futuro, la Cábala se vuelve a preguntar por las motivaciones del Ein Sof, las respuestas se deben buscar dentro de la existencia continuada que tenemos.
El Ein Sof tiene por su propia capacidad infinita, la posibilidad de retrotraer todo al mismo Ein Sof anulando la posibilidad del vacío. Aquí entra en juego el libre albedrío de sus creaciones: si somos ca- paces de superarnos, y ser dignos de ascender dentro del campo de la fragmentación, es posible que el Ein Sof permita un desarrollo temporal ilimitado dentro del vacío; es más, es posible que alcancemos niveles de autoconciencia existencial más elevados. En ese sentido, si el experimento sale mal, sola- mente será el fin de un tipo de temporalidad y de un tipo de finitud existencial dentro de la eternidad.
Nosotros no somos importantes en el sistema general de la Creación porque somos fragmentos temporales, y aunque creamos imaginariamente que somos importantes, dentro de la eternidad somos derivaciones fragmentarias cuya importancia reside en dar a conocer la propia imagen del Ein Sof dentro de la existencia temporal. Por tanto, si no cumplimos eficazmente la función por la cual hemos sido creados, el Ein Sof puede destruirnos. Aunque, tal como van las cosas, nos estamos acercando a nuestra capacidad de autodestrucción. ¿Seremos capaces de reconocer en nuestro interior la sustancia divina que tenemos para poder ascender y no perder de otro modo esta oportunidad? Si logramos ven- cer al mal, llegaremos a detener la temporalidad y pasaremos a una nueva fase de nuestra existencia fragmentaria. ¿Será el ser humano capaz de elegir el bien permanente para derrotar al mal en todos sus niveles?144
Toda nuestra existencia tendría que ser vivida en términos de pensar cómo sobrevivir en función del equilibrio general para el cual hemos sido creados fragmentariamente dentro de esta existencia temporal. La supervivencia está relacionada, en esencia, con el sentido por el cual fuimos creados.
El Ein Sof puede reflejarse en otra especie más baja o más elevada, ya que en esencia podría mani- festarse en las formas fragmentarias que él quiera. Nosotros, como especie, tenemos esta oportunidad temporal de acercarnos al modelo del Ein Sof; si no lo hacemos, desapareceremos, porque no hemos cumplido nuestra función. Todos los esfuerzos que no conduzcan a este objetivo no tienen sentido dentro del desarrollo futuro de la humanidad. Si logramos adquirir la conciencia de ser realmente fragmentos del Ein Sof, podríamos espiritualizar la existencia material a un grado tal por el cual se- guiríamos existiendo, ya que nuestra función dentro del vacío se sitúa dentro de las coordenadas por las cuales hemos sido creados.
Todas las manifestaciones fragmentarias son las mismas revelaciones divinas, y el “todo oculto” es lo que estructuralmente no se puede revelar porque pertenece a la esencia del Ein Sof.
144 Solo podremos derrotar al mal si conocemos el funcionamiento de la estructura predeterminada del universo en el que vivimos, y esta es precisamente la ayuda fundamental que hemos recibido a través del misticismo judío.
Si lo oculto está oculto por decisión de Dios, no podremos jamás conocerlo; pero si se encuentra oculto por nuestra falta de esfuerzo en revelarlo, entonces se encuentra oculto en acto y revelado en potencia. Nosotros mismos somos revelaciones de Dios, ya que todas las manifestaciones son reve- laciones, por lo que dentro de nuestro interior existe la posibilidad de encontrar el fragmento divino que poseemos. El elemento sustancial del Ein Sof dentro de nuestro interior se encuentra oculto para nosotros, y este ocultamiento se produce con el objetivo de continuar con cierta conciencia de fragmentación dentro de esta existencia material. Pero si descubrimos la sustancia del Ein Sof dentro de nuestra interioridad, entonces automáticamente podremos revelar la parte más oculta que existe dentro de nosotros mismos, y será entonces cuando la verdadera energía de nuestro ser será capaz de manifestarse. Debemos saber que si ascendemos por el camino de nuestra conciencia lograremos de- sarrollar los niveles más altos de nuestras energías potenciales. Mientras más revelamos, ascendemos de nivel y podemos percibir la realidad de un modo más elevado. Aunque la realidad material parece ser la misma, en verdad el cambio de nuestra perspectiva es la condición para vislumbrar la realidad a través de la comprensión de las energías subyacentes que son más reales que la realidad material que oculta los niveles más profundos de la existencia.
Sentimos la existencia de la sustancia divina fragmentada, pero la “reprimimos” porque vivimos dentro del nivel más bajo de la conciencia existencial del mundo de la Bet. Ahora bien, la “represión” es necesaria ya que no podemos encontrarnos en un nivel de revelación constante de nuestra interiori- dad si no estamos preparados para vislumbrar lo que podemos soportar en un nivel superior. Por este motivo, cuando un ser humano sin la preparación adecuada intenta ascender de nivel puede aparecer la locura145. Hasta aquí se me permite revelar.
Ser conscientes de nuestra existencia en el campo de la Bet no debe impedirnos reconocer que nuestra sustancia fragmentada proviene del Ein Sof.