Numerosos estudios citan una serie de factores sociodemográficos como importantes factores impulsores de la decisión de convertirse en ángeles inversores, esto es, de realizar inversiones en empresas no cotizadas que son propiedad de terceras personas. A continuación, se revisará lo que la literatura contempla sobre cada uno de los siguientes factores: el nivel educativo, la riqueza y el nivel de ingresos, el género y, finalmente, la edad.
Nivel educativo
La mayoría de los estudios realizados describen al ángel inversor típico como un individuo que posee una muy buena formación o sea un alto nivel educativo (Haar, Starr y MacMillan, 1988; Freear, Sohl y Wetzel, 1994; Mason y Harrison, 2000c; Haines, Madill y Riding, 2003).
Si se analizan a fondo algunos de los artículos que describen a los ángeles inversores de diferentes áreas geográficas, se observará que estos poseen una elevada educación en prácticamente todos los territorios estudiados. Así, uno de los primeros estudios realizados en los Estados Unidos, concretamente en la Región de los Grandes Lagos, indica que casi el 40% de los ángeles eran graduados universitarios y otro 42% poseían además un título de postgrado (Aram, 1987, 1989); en Canadá el 30% tenían un título universitario y el 39% tenían un título de postgrado (Riding, et al., 1993); en el Reino Unido el 74% tenían un título universitario (Stevenson y Coveney, 1994); en Finlandia el 56% tenían un título de Máster y el 8% tenían el título de doctor (Lumme, Mason y Suomi, 1996); en Suecia el 69% tenían un título universitario (Mänsson y Landström, 2006). En Japón, según Tashiro (1999) el ángel típico es un graduado universitario especializado en derecho, economía o administración de empresas. En Australia, según Hindle y Wenban (1999), gran parte de los ángeles poseían una licenciatura, y según el trabajo de Callahan y Mazzarol (2003), centrado en un estudio de casos sobre ángeles del oeste del país el 93% poseían un título universitario y la mayoría también poseían un título de Máster o de Doctor. En Argentina el 80% poseía un título universitario y un 20% un título de postgrado (Pereiro, 2001).
Por otro lado, trabajos como el de Maula, Autio y Arenius (2005), recurren a la teoría del comportamiento planificado (Ajzen, 1988) y a la teoría de la cartera de los hogares (Guiso, Haliassos y Japelli, 2002a, 2003) para justificar la relación entre los ángeles y un elevado nivel educativo. La teoría del comportamiento planificado sugiere que la educación aumenta la probabilidad de convertirse en un ángel inversor ya que niveles de educación elevados están asociados con mayores niveles de auto-eficacia y de percepción de control del comportamiento (Ajzen, 1988). Estudios basados en la teoría de la cartera de los hogares, como los de Guiso, Haliassos y Japelli (2002a, 2003), han demostrado que los propietarios de hogares con educación superior asignan más recursos a los activos de riesgo como son las acciones y en este caso las acciones de empresas no cotizadas.
Existen otros argumentos que relacionan el hecho de disponer de un alto nivel educativo (estar en posesión de una titulación superior y/o estudios de postgrado) con la propensión a convertirse en un ángel inversor como, por ejemplo, que estos individuos deberían tener un mejor acceso a buenas oportunidades laborales y, por lo tanto, a obtener buenos sueldos que les permitieran acumular la riqueza suficiente para poder realizar este tipo de inversiones, además de mejorar el acceso a las instituciones existentes y al capital (Szerb, Terjesen y Rappai, 2007).
En cuanto a los resultados de los estudios de tercera generación, el trabajo de Maula, Autio y Arenius (2005) muestra que la relación entre un alto nivel educativo y la propensión a convertirse en un inversor informal es positiva y significativa en aquellos inversores que realizan inversiones en empresas que no son propiedad de familiares (el grupo de inversores donde se encuentran los ángeles); pero, en cambio, esta relación es negativa en los inversores familiares. Resultados similares proporcionó el estudio de Wong, Ho y Autio (2004) que mostró que esta relación sólo es significativa en aquellos inversores que invierten en empresas que no pertenecen a familiares. Por otro lado, el estudio de Wong y Ho (2007) mostró que haber completado la educación secundaria suponía una mayor propensión a realizar inversiones de importes elevados (más de 15.740 dólares); sin embargo, no halló ninguna relación significativa entre un mayor nivel de educación y una mayor propensión a convertirse en un inversor informal. Por último el trabajo de Szerb, et al. (2007) revela que la educación superior está negativamente relacionada, aunque no de forma significativa, con la propensión a invertir de manera informal para aquellos inversores que no son propietarios de negocios, sin embargo, la relación si es positiva y significativa para los propietarios de negocios. En definitiva a mayor nivel educativo por parte de los propietarios de negocios mayor posibilidad de convertirse en un inversor informal.
Si se intenta sintetizar estos resultados para hallar una relación entre un elevado nivel educativo y la propensión a convertirse en un ángel inversor, se verá que existen indicios de que esta relación existe y es positiva, ya que, por definición, los ángeles inversores invierten en empresas no familiares (Mason y Harrison, 2000c), suelen realizar inversiones de importes elevados (Hindle y Wenban, 1999; Callahan y Mazzarol, 2003) y, en muchos casos, tienen experiencia en la propiedad de negocios, (Reitan y Sørheim, 2000; Tashiro, 1999; Harrison y Mason, 1992a; Landström, 1993); tres aspectos donde justamente si se ha podido probar que existía una relación positiva y estadísticamente significativa.
Riqueza e Ingresos del hogar
Riqueza
Evidentemente, para ser un ángel inversor se necesita disponer de suficientes recursos financieros, o sea, ser mínimamente rico (Casson, 1982). Según Szerb, Terjesen y Rappai (2007), los inversores informales tienden a conseguir sus recursos financieros de sus activos (riqueza), más que de sus ingresos, sin embargo, existe una elevada correlación entre unos y otros. No es extraño, por tanto, que todos los artículos que intentan describir a los ángeles inversores se refieran a ellos como individuos con un elevado patrimonio. En el Reino Unido, casi tres cuartas partes (71%) de los ángeles que respondieron a la encuesta de Mason y Harrison (2002b) indicaron que excluyendo la residencia principal, su patrimonio era superior al medio millón de libras y el 62% de los encuestados tenían un patrimonio superior al millón de libras. Teniendo en cuenta que en los últimos años la libra siempre ha cotizado por encima del euro, se pueden redondear estos importes a euros y por tanto
considerar que la mayor parte de los ángeles de este estudio disponía de un patrimonio superior al millón de euros.6 En Alemania, un 83% de los ángeles inversores analizados en el estudio de Brettel
(2003) poseían una riqueza (sin incluir la vivienda habitual) superior al millón y medio de dólares, más de la mitad superaban los 5 millones de dólares y aproximadamente el 30% superaban los 10 millones de dólares. En promedio, los ángeles inversores alemanes encuestados por Brettel (2003) poseían una riqueza media de 5,5 millones de dólares con una mediana comprendida en el intervalo de entre los 5 y 10 millones de dólares. En Nueva Zelanda, según Infometrics Ltd (2004), aproximadamente un 4% de los ángeles inversores poseen una riqueza inferior a los 100.000 dólares, un 5% tendrían una riqueza compendia entre los 100.000 y los 200.000 dólares, un 12% entre los 200.000 y los 500.000 dólares, el 19% entre los 500.000 y el millón de dólares, un 20% entre 1 y 2 millones de dólares y el 41% tendría una riqueza superior a los 2 millones de dólares. En Suecia, según datos de Landström (1993) a principios de la década de los noventa el 85% de los ángeles inversores poseían una riqueza superior al millón de coronas suecas7, (121.673 €) y el 57% superaban los 5 millones de coronas suecas. Datos más recientes como los aportados por el estudio de Mänsson y Landström (2006) sitúan la riqueza media de los ángeles inversores suecos en los 16,1 millones de euros con una mediana de 2,2 millones de euros. En Australia el patrimonio neto de los ángeles inversores se situaba en torno a los 2 millones de dólares (Hindle y Wenban, 1999). En Noruega el patrimonio neto (sin incluir la vivienda familiar) de los ángeles se situaba alrededor de 410.000 dólares (Reitan y Sørheim, 2000). Por último en la Región de los Grandes Lagos en los Estados Unidos el trabajo de Aram (1987) sitúa el patrimonio neto promedio de los ángeles inversores de esta región en la década de los 80 por encima del millón y medio de dólares.
Estudios representativos de la teoría de cartera de los hogares como los de Guiso, Haliassos y Japelli (2002a, 2002b, 2003), Gollier (2002) y Finke y Huston (2003) muestran que la riqueza y también los ingresos de las familias son factores determinantes para la asignación de recursos en activos con riesgo.
Una de las premisas básicas de la inversión financiera es la diversificación. Siguiendo a Markowitz (1999), la podemos resumir diciendo que no es conveniente poner todos los huevos en una sola cesta. Sin embargo, si tenemos pocos huevos no tiene mucho sentido repartirlos en distintas cestas, lo mismo pasa con los recursos financieros. Los trabajos sobre la teoría de cartera desarrollados por Markowitz (1952, 2005), Sharpe (1964), Tobin (1958) nos conducen al modelo CAPM Capital Asset Pricing Model del premio Nobel William Sharpe (Sharpe, 1964), un modelo basado precisamente en la diversificación. La diversificación permitirá eliminar el riesgo individual o especifico de los diferentes activos de la cartera, un riesgo por el cual el inversor no debe esperar ninguna recompensa. En definitiva, este modelo nos indica claramente que la diversificación reduce el riesgo, pero no la rentabilidad esperada de la cartera.
6 En el momento de redactar este apartado (07-07-2011) la libra cotizaba a 1,11732 y la cotización máxima y
mínima para el primer semestre de 2011 fue de 1,20576 y 1,11235.
Por tanto parece lógico pensar que un elevado patrimonio y nivel de ingresos permitirá que un individuo o familia pueda realizar una mejor diversificación de sus bienes entre las diferentes categorías de inversión y, por lo tanto, también incluir en su cartera activos más arriesgados como, por ejemplo, las inversiones en acciones de empresas no cotizadas (Roach, 2010). Por otra parte, dado que estas inversiones son muy arriesgadas (Freear y Wetzel, 1990) y a menudo terminan en perdidas (Lumme, Mason y Suomi, 1996; Roach, 2010; Mason y Harrison, 2002a), sólo aquellos individuos o familias con un importante patrimonio e ingresos elevados podrán afrontar las posibles pérdidas sin demasiados traumas, más teniendo en cuenta que las inversiones en empresas no cotizadas por lo general representan una pequeña parte de la cartera de inversión total (Mänsson y Landström, 2006).
Uno de los estudios más interesantes que relaciona la riqueza y los ángeles inversores es el de Freear, Sohl y Wetzel (1994). El objetivo de este trabajo era detectar semejanzas y diferencias entre dos grupos previamente definidos de individuos con un elevado patrimonio: los ángeles inversores y los demás individuos a los que llamaron inversores potenciales. Freear, Sohl y Wetzel (1994) seleccionaron una muestra aleatoria de 3.700 individuos sobre el total de la población objeto de estudio que estaba formada por 24.876 individuos que habían formalizado una hipoteca por un valor comprendido entre los 300.000 y el millón de dólares. Los resultados de este estudio deben tomarse con mucha precaución, ya que la tasa de respuesta fue muy baja, no llegó al 5% de la muestra, y del total de encuestados casi el 80% resultaron ser ángeles; además, según los propios Freear, Sohl, y Wetzel la mayoría de encuestas no devueltas corresponden a individuos caracterizados como inversores potenciales no interesados en convertirse en ángeles inversores.
Aún con todas las limitaciones, este estudio aporta algunos datos muy interesantes como por ejemplo que un 71% del grupo de los potenciales inversores manifestó que estarían dispuestos a invertir un porcentaje comprendido entre el 1% y el 14% de sus inversiones totales en proyectos empresariales con riesgo. También merece destacarse que casi la mitad (47%) de los inversores potenciales del estudio se verían muy tentados a convertirse en ángeles inversores si se les ofreciera una serie de servicios y recursos, como asistencia en la búsqueda, evaluación, fijación de precios, estructuración y seguimiento de las inversiones; también la posibilidad de invertir de forma conjunta con otros inversores y, finalmente, si se aplicara una reducción del impuesto sobre las plusvalías obtenidas. La conclusión que puede extraerse del estudio de Freear, Sohl y Wetzel (1994) es que existe un determinado porcentaje (probablemente pequeño y bastante difícil de determinar) de individuos con un elevado patrimonio, que no son ángeles inversores activos pero que muestran un cierto interés en invertir una parte de su patrimonio en proyectos empresariales de riesgo; y lo que es mucho más importante: esta población se mostraría mucho más interesada en este tipo de inversiones si se les proveyera de una serie de servicios y recursos.
Origen o fuente de la riqueza
No sólo es interesante saber que los ángeles son individuos adinerados, sino que también es interesante conocer como estos individuos han conseguido su riqueza. En este sentido, Mason y Harrison (2002b) indican que es muy probable que los ángeles inversores se hayan hecho ricos gracias a sus propios esfuerzos, y no a través de herencias. Así, se puede inferir que los ángeles inversores son ricos de primera generación, esto es, sus padres no lo eran. Además, Mason y Harrison (2002b) concluyen que han logrado su riqueza a través de la actividad empresarial y no a través de altos sueldos en grandes o pequeñas empresas. Estas afirmaciones de Mason y Harrison vienen avaladas por el hecho que más del 70% de los ángeles de su estudio habían creado su propia empresa. También el estudio de Mänsson y Landström (2006) sobre los ángeles suecos muestra que un 77%, de los mismos han acumulado su riqueza a través de los beneficios obtenidos como propietarios de una empresa privada o bien a través de la venta de una empresa.
Otra teoría que avala que la fuente de riqueza es un factor a tener en cuenta proviene del estudio de Sohl y Hill (2007) sobre las mujeres ángeles. En los Estados Unidos, diferentes estadísticas muestran que las mujeres poseen una parte sustancial de la riqueza del país; por ejemplo, un estudio de la Reserva Federal (2004) muestra que las mujeres controlan el 51,3% de la riqueza privada. Por tanto, si sólo importase la riqueza y no su origen, al menos en los Estados Unidos, las mujeres estarían en disposición de tener la misma participación que los hombres o, por lo menos, una participación mucho más activa que la que tienen actualmente. Resultados similares muestra el estudio de Harrison y Mason (2007), que indica que en relación al patrimonio o riqueza, no se observan diferencias significativas entre hombres y mujeres.
Así pues, para convertirse en ángel inversor se necesita disponer de recursos económicos, pero esto, como indican Sohl y Hill (2007), por si solo no es suficiente y como ya se ha indicado una variable clave en la inversión ángel es la fuente de la riqueza.
Ingresos
Al igual que sucedía con la riqueza, todos los artículos que analizan a los ángeles los describen como individuos con unos elevados ingresos. Así por ejemplo el 12% de los ángeles de la muestra analizada por Mason y Harrison (2002b) en el Reino Unido tenía unos ingresos iguales o superiores a las 250.000 libras, el 43% unos ingresos entre 100.000 y 249.000 libras y el 39% tuvo unos ingresos entre en las 50.000 y las 99.000 libras. Teniendo en cuenta que en los últimos años la libra siempre ha cotizado por encima del euro, se pueden redondear estos importes a euros y, por tanto, considerar que como mínimo todos los ángeles de este estudio han obtenido unos ingresos superiores a los 50.000 euros8.
En los Estados Unidos, dos estudios de la década de los ochenta, como el de Aram (1987) realizado en la Región de los Grandes Lagos y el de Haar, Starr y MacMillan (1988) en la Costa Este muestran igualmente elevados ingresos. Se reproducen recordando al lector que se trata de cifras referidas a los años 80 y que, por tanto, no procede su comparación en términos absolutos con cifras de trabajos más recientes. Casi el 60% de los encuestados por Aram (1987) manifestaron disponer de unos ingresos familiares anuales comprendidos entre los 30.000 y los 200.000 dólares, un 11% tenía ingresos anuales superiores a los 200.000 dólares, el ingreso promedio anual se situó en los 112.000 dólares. Por su parte, Haar, Starr y MacMillan (1988) reportaron que el 51% de los ángeles recibía unos ingresos anuales que estaban comprendidos entre los 100.000 y 249.000 dólares.
En Alemania, casi dos tercios de los ángeles inversores entrevistados por Brettel (2003) manifiestan tener unos ingresos anuales superiores a los 250.000 dólares, el 38% ingresos superiores a los 500.000 dólares y el 24%, superan los 2,5 millones de dólares anuales. La media de ingresos anuales se sitúa entre los 250.000 y los 499.000 dólares. En Suecia, según datos de Landström (1993) a principios de la década de los noventa el 60% de los ángeles inversores tenían unos ingresos anuales iguales o superiores a las 500.000 coronas suecas (91.000 dólares) y el 27% superaban el millón de coronas suecas (182.000 dólares). Datos más recientes como los aportados por el estudio de Mänsson y Landström (2006) indican que el 49% de los ángeles inversores suecos tiene unos ingresos familiares anuales superiores a los 111.000 € y un 10% superan los 444.000 €.
En Japón, los ingresos medios anuales de los encuestados por Tashiro (1999) fue de 59.000 yenes lo que en aquellos momentos equivalía a unos 472.000 dólares. En Australia, los ingresos medios se situaban en torno a los 180.000 dólares anuales (Hindle y Wenban, 1999); en Noruega, los ingresos medios eran de 76.300 dólares (Reitan y Sørheim, 2000). Finalmente, en Nueva Zelanda, según Infometrics Ltd (2004), aproximadamente un 7% de los ángeles inversores obtenía unos ingresos inferiores a los 50.000 dólares, un 15% unos ingresos comprendidos entre los 50.000 y los 100.000 dólares, un 34% entre 100.000 y 200.000 dólares, un 32% entre 200.000 y 500.000 dólares y, finalmente, un 11% de los ángeles obtienen ingresos superiores a los 500.000 dólares.
El nivel de ingresos es un indicador de seguridad y de reducción de la percepción de riesgo. Algunos trabajos desarrollados en torno a la teoría de la cartera de los hogares como el de Merton (1971) indican que disponer de ingresos estables empuja a las familias a incorporar más activos con riesgo en sus carteras. Por otra parte, según Gollier (2002) disponer de seguridad en los ingresos conlleva una mayor propensión a realizar inversiones con riesgo, así como una reducción en la percepción del riesgo. Además Maula, Autio y Arenius (2005) apuntan que unos ingresos estables, no sólo contribuyen a la riqueza general de la unidad familiar (un factor asociado a realizar inversiones de riesgo), sino que permitirán a los individuos y familias poder afrontar posibles pérdidas en sus inversiones informales.
Algunos estudios han querido vincular la estabilidad de los ingresos a un empleo a tiempo completo y han tratado de analizar la relación entre el empleo a tiempo completo y a la propensión a convertirse en un ángel inversor, sin embargo los resultados de estos trabajos no han mostrado que exista una relación positiva y estadísticamente significativa entre estas dos variables (Maula, Autio y Arenius, 2005; Wong, Ho y Autio, 2004; Wong y Ho, 2007; Szerb, et al., 2007).
En cuanto a los resultados de los estudios de tercera generación, dado que ninguno de los estudios analizados disponía de datos sobre la riqueza o patrimonio de los inversores, todos los trabajos se han centrado únicamente en relacionar los ingresos con la propensión a convertirse en un inversor informal, dejando al margen la riqueza. Así, los trabajos de Maula, Autio y Arenius (2005) y de Wong y Ho (2007) no hallaron ninguna relación significativa entre el nivel de ingresos y la propensión a convertirse en un ángel inversor clásico y/o un inversor informal. Por el contrario, el estudio de Wong, Ho y Autio (2004) si mostró una relación significativa entre un mayor nivel de ingresos y una mayor propensión a convertirse en inversor informal, tanto para los inversores familiares como para los no familiares. Finalmente, el trabajo de Szerb, et al. (2007) mostró que unos elevados ingresos aumentaban considerablemente la probabilidad de que los individuos que no son propietarios de negocios se convirtieran en inversores informales, pero los ingresos en cambio no tenían ninguna significación para los propietarios de negocios.
A pesar que estos cuatro estudios no aportan demasiada claridad en cuanto a la relación entre los ingresos y la propensión a convertirse en un ángel inversor, como parecería lógico suponer a partir de los estudios previos, teniendo en cuenta que existe una elevada correlación entre riqueza e ingresos y que la mayoría de estudios que analizan las características de los ángeles inversores han mostrado