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Change Trends in TAs by SNZ Projections

8. Conclusions and Future Work

8.2 Methodological Implications and Caveats

Aparte de la producción entendida como un trabajo que genera un producto concreto obtenido mediante una actividad fuera del hogar, he querido incluir en este apartado el trabajo doméstico. Esta inclusión no se debe al criterio de producción o transformación de algo material, que en muchas ocasiones es un requisito que cumple el trabajo doméstico, sino que me he querido centrar en la necesidad o beneficios de dichos trabajos para el conjunto familiar y en el esfuerzo que éstos suponen para las personas que los llevan a cabo. El producto o servicio que deriva de la realización de estas tareas responde, generalmente, a necesidades más básicas que el de las tareas realizadas fuera del hogar, por tanto creo que no se puede relegar a un segundo plano.

Al igual que el tipo de trabajo que se realiza fuera de casa viene marcado por el sexo del individuo, en el trabajo doméstico la división de tareas en función del sexo se cumple, si cabe, con aún más impermeabilidad. Es a través de estas tareas como el individuo encuentra el rol que le define dentro del grupo. Son, por tanto, importantes en la realización personal y en la demostración de la valía propia al resto.

Muchos de estos trabajos quedan marcados por las posibilidades del entorno, pero al tratarse de zonas rurales con infraestructuras similares, también podemos generalizar las conclusiones a toda la zona de estudio. Las mayores diferencias vienen marcadas por dos características que no dependen de la zona sino de la elección o la posibilidad de cada familia en la ubicación de su hogar:

El primer determinante es la dispersión, que se suele dar en el interior ya que la costa está más poblada. En el hábitat disperso los cultivos están situados alrededor de la casa, la fuente de agua suele estar más lejana, los árboles, el pasto y la leña están bastante cerca y las relaciones sociales son familiares y más reducidas en número. Frente al muti familiar, los que viven en aldeas suelen tener el pozo de agua cerca pero el resto de los productos necesarios se encuentran fuera de la aldea, los contactos son más frecuentes y de vecindad, por lo que quizá no tan comprometidos.

El otro factor importante es la disposición de energía eléctrica y agua canalizada (esto último es aún menos habitual). Esto, además, viene casi siempre determinado por la cercanía de una vía importante de comunicación (la principal carretera del país va recorriendo la costa, por lo tanto la cercanía de la costa está indirectamente relacionada con la existencia de energía eléctrica) o por la proximidad a un núcleo urbano o turístico.

Finalmente, hay que resaltar que el acceso a estos servicios no sólo lo determina la ubicación en el espacio sino que dependen también de las posibilidades económicas de la familia (en las que suele mediar la migración o relación con la ciudad). Hay muchos casos en los que, estando disponibles ciertas comodidades, éstas no se pueden pagar y muchas familias no las disfrutan.

Básicamente las tareas principales que realiza cada sexo en el hogar son las siguientes:

- Mujeres: Preparación de alimentos (excepto sacrificio y despiece de ganado) y cocinar; ir a por agua garantizando el abastecimiento de ésta para el consumo y su uso en la cocina y lavado de

ropa, que también son tareas femeninas; ir a por leña para cocinar; cuidado de los hijos tanto en casa como en el campo mientras trabaja; recibir y cuidar del inquilino garantizando las buenas relaciones, la hospitalidad y la cooperación. (Ver fotografía 12)

- Hombres: Construcción y mantenimiento de todas las infraestructuras: casas, letrinas, cocina… para lo que suelen tener que ir a buscar y preparar materiales fuera de la aldea (cortar cañas en el valle, paja en el campo, madera…); sacrificio y despiece de ganado; defensa del hogar ante animales peligrosos (generalmente serpientes: cuando aparecen los hombres se movilizan para darles muerte); visitar para mantener las relaciones sociales y establecer lazos con otros grupos. (Ver fotografía 36)

Además, estas labores que en el día a día se realizan individualmente o entre las personas del muti, en ciertas ocasiones especiales que se juzga necesario (ceremonias, fiestas) se realizan estas actividades en grupo, pero siempre respetando la labor de cada género en las diferentes tareas.

La ausencia de las mujeres en el hogar por migración o su incapacidad de contribución en periodos de enfermedad hace que otras mujeres las sustituyan o se repartan las tareas de las que se encargaban. Sin embargo, la ausencia generalizada de hombres jóvenes durante largos periodos, ha provocado por un lado el abandono de actividades que impliquen una dedicación cotidiana (como la ganadería) y, por otro, la delegación de trabajos masculinos como la construcción y el mantenimiento de las infraestructuras de la casa creando empleo para otros hombres que se especializan en realizar estas tareas al gusto del que les paga (aunque esta dedicación suele ser complementada con otras y/o con periodos migratorios). El migrante además puede pagar materiales de construcción más allá de los tradicionales y construyen sus casas de bloques de cemento y chapa cuya durabilidad les libra de la preocupación de sus responsabilidades de mantenimiento por más tiempo y, aunque la adaptación de estas viviendas al clima sea menor, supone un lugar seguro donde guardar bienes y un símbolo de éxito familiar y de realización. Las tareas que se realizan dependen, además del género, de la edad. Los niños, según van creciendo van siendo educados en el hogar y se les inculca, poco a poco, su colaboración, responsabilidad y la manera de hacer las tareas correspondientes a su género.

En la preadolescencia las niñas son, con frecuencia, cargadas de tareas y se confunde su aprendizaje con su labor como miembro productivo. Su educación comienza pronto pero es que su maternidad y su vida independiente suele coincidir con la adolescencia, así que alrededor de los doce años ya son capaces de realizar todas las tareas de la casa.

Los niños suelen empezar más progresivamente a realizar tareas y éstas suelen ser más ligeras como quitar hojas y malas hierbas de la parcela o sacar a pastar los cabritos, pudiendo compatibilizarlas mejor con la escuela y el juego. (Ver fotografía 14)

Tanto niños como niñas ayudan en el cuidado de sus hermanos más pequeños, empezando un vínculo especial entre ellos que veremos en el capítulo siguiente.

Las mujeres, en el momento que salen de su casa hacia casa del marido, son las que asumen el mayor peso de las actividades domésticas, quedando éstas determinadas por la edad de los cónyuges de las mujeres que forman la unidad familiar: así la madre de los maridos (suegra) será escuchada, obedecida y hará las tareas menos duras, y el resto de las mujeres tendrán un poder proporcional a la edad de sus maridos y al orden que les corresponda en caso de relaciones poligámicas. Por lo tanto, la mujer del hijo más pequeño (la más joven normalmente) será la más sacrificada y realizará los trabajos más duros hasta que entre otra mujer de un pariente más joven, una hija o una segunda esposa de su marido, para liberarse o compartir ciertos trabajos.

El hombre, cuando se considera adulto y se siente en su etapa de máxima productividad, busca trabajo fuera del hogar volviendo a él cuando las circunstancias laborales se lo permiten y ocupándose de sus tareas en esos días ya que no requieren una dedicación diaria como las femeninas.

En la vejez continúan estos roles aunque parecen ser menos estrictos. En ambos sexos las tareas se realizan en función de gustos y posibilidades ya que hay jóvenes que les remplazan y no conllevan una

necesidad imperiosa (a no ser que tengan a alguien a su cargo como ocurre en ocasiones debido a la migración o muerte de los hijos y a tener que ocuparse de los nietos). Su labor es educar y aconsejar desde el respeto que se les tiene. Son un gran apoyo en la crianza de los nietos.

De manera esquemática, queda así definida la división de tareas en función de la edad y, sobre todo, del género. Esta división, como he dicho antes, es bastante impermeable, y el cambio de rol no es bien visto socialmente salvo que se trate de algo muy puntual: se supone que si alguien de un sexo tiene que hacer una tarea del sexo contrario es porque en esa familia hay gente que es vaga y no lleva a cabo su trabajo, explota a otros. Es una deshonra y queda dañada la imagen social de aquella persona que cede sus responsabilidades a otras y de la familia en general. Por lo tanto, lo que podría suponer una ayuda, no es justificable en algunas tareas salvo en determinadas situaciones, en excepciones en que la persona vive sola (suele tratarse de ancianos/as viudos/as en cuyo caso suelen obtener cierta ayuda de familiares o vecinos) o en casos en que el cambio se produce de manera más generalizada dentro de la comunidad.

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