2. Cinematic authorship
3.5. Methodologies within creative labour research
lograr que entendieran lo que el niño sentía y al mismo tiempo mejorar la comunicación entre ellos; brindándoles la oportunidad de ensayar nuevas formas de acercarse, de poner límites y de disfrutar la vida en familia.
De acuerdo con González y López (2009) el individuo recibe amor, por primera vez en la vida, de parte de sus padres. Durante la temprana infancia se desarrolla un vínculo positivo o negativo, fuerte o débil, cálido u hostil, que instaura las bases para diversas formas de establecer relaciones a lo largo de la vida.
Las autoras mencionan que la familia es el ámbito en el que el niño obtiene las bases para su seguridad, y el afecto y la identidad que requiere para un desarrollo sano y positivo. Es el formador moral por excelencia. Las primeras lecciones de amor, respeto, solidaridad, justicia y honestidad se aprenden de los padres. La mejor expresión del afecto que éstos sienten hacia sus hijos es brindarles la posibilidad de vivir dentro de una familia amorosa, respetuosa y sensible a sus necesidades.
aPlICaCIón de TÉCnICaS Y reSulTadOS ObTenIdOS
El proceso terapéutico con Renato tuvo una duración de aproximadamente un año en el que fue posible cumplir en gran medida los objetivos planteados. Se estableció una relación cálida, respetuosa y de confianza con él y sus padres, quienes se mostraron siempre dispuestos a participar; modificando aquellas actitudes y conductas que estaban resultando perjudiciales para el bienestar emocional del niño.
Fue posible negociar, establecer acuerdos y una comunicación más efectiva. Renato tuvo la oportunidad de ver a sus padres de otra forma, confiar más en ellos y saber, sobre todo, que lo aman profundamente.
A continuación se presentan las sesiones más significativas del proceso (la numeración es esque- mática para fines de organización):
Sesión inicial
El principal objetivo de la sesión era platicar con Renato y conocer el o los motivos que consideraba lo habían llevado a terapia. Cuando llegó, se mostró dispuesto a participar, sin embargo, también fue muy reservado.
Mientras se dirigía al consultorio en compañía de la terapeuta, Renato caminaba ocultando el lado izquierdo de su cabeza, donde resultaba evidente la falta de cabello; incluso, se tapaba con la mano cuando sentía que ésta podía darse cuenta. Se le preguntó si sabía cuál era el motivo por el que estaba en el consultorio y/o a qué se dedicaba la terapeuta y no se obtuvo respuesta. Sólo encogía los hombros. Se le comentó que era psicóloga y que trabajaba con niños y fue invitado a que conociera el
espacio. Nunca se le mencionó nada en relación a la falta de cabello. Renato sólo se quedó parado, obser- vando mientras se le mostraba el consultorio y los materiales que en éste había, tratando de motivarlo para que se acercara a conocer los materiales. Se limitó a observar sin decir nada, nunca se acercó.
Durante la segunda mitad de la sesión, después de explicarle nuevamente la profesión de la psicóloga y dejarle claro que estaba ahí para ayudarlo y trabajar juntos lo que fuera necesario; se le solicitó que dibujara cuál era el problema que él consideraba que tenía.
Renato comentó que no sabía dibujar; se le respondió que no importaba, que como él lo hiciera estaría muy bien. El niño asintió y después de esperar unos minutos sólo escribió: me jalo el pelo (ver figura C4-2).
Esta técnica se denomina Dibujando mi problema, Cornejo (2003) y puede ser aplicada de forma individual o grupal; sólo se necesitan hojas blancas y colores. Consiste en que el niño dibuje lo que él cree que es su problema. Si el niño siente que no tiene un problema, entonces se le solicita que dibuje el problema que sus padres creen que tiene.
Cornejo (2003) menciona que para el niño el dibujo es una manera lúdica de expresarse y su mejor canal, pero que si un niño dice “no me sale” o “no se dibujar” probablemente sea porque algún adulto o alguien mayor que él se lo ha dicho, le ha corregido lo que hacía, le ha dicho que así no es, que así no se dibuja o ha intentado enseñarle un mejor modo de dibujar.
A pesar de que no fue posible que Renato dibujara su problema, logró expresar lo que él pensaba que éste era y por el cual había asistido a terapia. Se consideró importante no presionar al niño y darle tiempo de adaptarse a la nueva situación.
Después de esto, se platicó con él sobre el trabajo conjunto que se realizaría cada semana para entender por qué le sucedía esto y lograr poco a poco que se sintiera mejor; además de que también jugaría, regularmente durante la segunda parte de la sesión. Asimismo, se acordó que se invitaría a sus padres a algunas sesiones para que jugaran con él y la terapeuta. Él sugirió que también le gustaría invitar a sus hermanos. Para el final de la sesión, Renato se notaba más tranquilo que al inicio y mostró buena disposición para asistir y trabajar.
Cuando se comunicó a los padres lo sucedido en la sesión, éstos se mostraron muy entusiastas con la idea de participar en el proceso.
Sesiones 2-5
En las siguientes sesiones se juzgó importante fomentar una relación de confianza y seguridad en el espacio terapéutico. El juego libre resultó útil para este fin. Los juegos preferidos de Renato durante este periodo fueron la guerra y el arenero. No obstante, la organización de las dinámicas era caótica y sin un fin determinado, simplemente se mostraba el conflicto entre los personajes (ver figura C4-3).
Cornejo (2003) refiere que todo acercamiento hacia el proceso de vinculación con el niño dentro de la sesión terapéutica podría ser catalogado como una técnica, ya que aquel acto creativo que se repite muchas veces da por origen una técnica determinada; siendo ésta una herramienta que sirve al terapeuta en el proceso de la terapia con el niño y/o los padres.
Toda técnica por más fácil que en apariencia parezca, debe ser tomada como un agente movilizador y de cambio en el paciente, por lo tanto se debe ser profesional en el manejo de ellas y saber además cuál es el momento de su utilización, en el que más convenga al paciente y a su desarrollo personal. Figura C4-2. Mi problema.
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A pesar de que conforme avanzaron las sesiones el niño se mostró más tranquilo y abierto; continuaba en ocasiones, teniendo una actitud de reserva. Fue posible que dibujara, después de solicitárselo, la figura humana, constatando que los trazos dibujados eran pobres y propios de un niño de menor edad (ver figura C4-4).
Asimismo fue posible abrir el tema de la escuela, ya que éste era uno de los escenarios donde referían los padres se presentaban problemas de conducta. Renato mencionó lo estricta e injusta que en ocasiones era la escuela, además de que los niños de su edad no querían estar con él, cuestión que menciono no importarle. Sin embargo, en un momento posterior, aceptó que el rechazo de sus compañeros no le gustaba y lo hacía sentir enojado. Renato no ahondó más en ello, ni mencionó las consecuencias que había en casa por este motivo.
Durante estas sesiones se planeó la actividad que se realizaría cuando se invitaran a sus padres. Renato, aunque mostraba gran ilusión por que ellos entraran al consultorio a jugar con él, se mostraba incrédulo y decía “no van a querer”.
Para su sorpresa, cuando se invitó a sus padres a jugar, éstos se mostraron contentos y entusiasmados con la propuesta. Incluso expresaron abiertamente a Renato su agradecimiento y alegría por la invitación. Esto alentó mucho al niño y lo tranquilizó, pues pensaba que sus padres no accederían. Sesión 6
Ésta fue la primera sesión en la que los padres de Renato participaron. Se planeó con el niño que dibujaran los tres. Cuando los padres entraron al consultorio se mostraron, aunque nerviosos (por lo desconocido que les parecía la situación) muy dispuestos a participar.
Niño Niña
Figura C4-3. Arenero.
Se le pidió a Renato que les dijera cuál era la tarea que debían realizar. Él no quiso (mostrándose apenado) a lo cual se le dijo que no se preocupara y que la terapeuta le ayudaría a decirles. Una vez dada la instrucción, los padres aunque interesados, continuaron mostrándose un tanto incómodos con la situación. No obstante conforme avanzó la sesión se relajaron.
Se organizaron con el niño sobre el tema del dibujo, de hecho le preguntaron a Renato qué quería dibujar. Renato dijo que una bandera con un sol muy grande y un balón de fútbol también con un sol. El niño se observó muy contento de que estuvieran sus padres realizando una actividad de este tipo con él. No obstante, en ocasiones papá corregía de forma estricta al niño, y mamá estaba muy preocupada porque éste se ensuciara.
Al final de la sesión se tomaron fotografías de ellos con los dibujos terminados. Cabe destacar que en el sol trazado en el dibujo en el que en mayor medida participaron los padres, el niño dibujó una cara triste, mientras que en otro, dónde él había hecho la mayor parte, el sol tenía una cara feliz. Por último, se acordó que muy pronto se invitaría a los padres a realizar una nueva actividad (ver figura C4-5).
El objetivo de invitar a los padres en ésta y en otras sesiones, fue observar la forma en que se relacionaban con su hijo y con base en ello, orientarlos para fomentar una mejor relación entre ellos y Renato; ya que como lo mencionan Gil y Sobol (2000; en Bailey, 2000) las técnicas de juego familiares permiten no sólo observar los patrones de interacción, sino también proporcionarle a los miembros de la familia la oportunidad de verse entre ellos de forma diferente, de disfrutar y obtener recompensas de la interacción entre ellos, y de trabajar en sus problemas de manera diferente.
Sesiones 7-10
Durante estas sesiones se observó un cambio en la dinámica de la sesiones. Fue posible que el niño se abriera más e identificara y expresara sus sentimientos. Asimismo, a pesar de que continuó jugando con el arenero, los animales y los soldados, su juego era menos caótico y se observaban objetivos claros; es decir, una secuencia de juego más lógica (ver figura C4-6).
En lo que se refiere a sus sentimientos, se utilizaron las técnicas Sentimientos con colores e Ilumina tu vida (Shaefer & O´Connor, 1988). En el caso de la primera técnica, se pregunta al niño si sabe ¿qué son los sentimientos?, se escuchan con atención sus respuestas y se validan, después se le da una definición sencilla de los sentimientos, por ejemplo “los sentimientos son emociones que sentimos en nuestro cuerpo”. Fue posible que Renato expresara sus sentimientos e identificara las situaciones en que éstos se presentan, asimismo les asignó un color que los representaría.
En el caso de la segunda técnica, se le pide al niño realice un dibujo con los colores que escogió en la técnica anterior, indicando, con los colores correspondientes, aquellos sentimientos presen- tes en su vida.
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Los sentimientos que Renato nombró fueron: tristeza, enojo, felicidad, miedo, amor, alegría y frustración, en ese orden. Cuando se exploraron las razones o situaciones que hacían aparecer estos sentimientos, resultó muy significativo que el niño lograra hablar de una de las razones que dieron origen a su ansiedad. Comentó que su padre grita muy fuerte cuando les llama la atención, al grado que, en ocasiones Renato siente que “ perderá la paciencia y “…me pegará más fuerte que una vez que lo hizo…” Asimismo, mencionó que sentía enojo cuando alguien le decía que no podía hacer algo y frustración cuando algo no le sale como él esperaba (ver figura C4-7).
En el caso de la técnica Ilumina tu vida, se limitó a esquematizar los sentimientos que él sentía que lo rodeaban. Colocó primero el enojo (negro), mismo que abarcaba gran parte del espacio, después el amor (rojo), en menos cantidad y junto al enojo. Alrededor de estos sentimientos, sólo pintó algunas muestras de alegría (naranja) (ver figura C4-8).
Asimismo, se introdujeron los juegos de mesa con el objetivo de promover una mejor tolerancia a la frustración, mejorar límites y la espera de turnos. Los juegos de mesa poco a poco fueron adquiriendo importancia en el proceso, no sólo para Renato, también para sus hermanos y sus padres. Renato siempre intentaba hacer trampa, buscando el número que necesitaba en los dados, o las cartas indicadas para ganar. Siempre se le recalcó que él no necesitaba hacer trampas para ganar, que había ocasiones en las que se ganaba y otras en las que no, y que eso no hacía valer más o menos a las personas. Estos comentarios, y los cambios que fue percibiendo en su ambiente, hicieron que a lo largo del proceso, adquiriera más confianza en sí mismo. Cabe mencionar que aunque en ocasiones fuera a perder, se le dejaba ganar con el fin de lograr que se sintiera mejor.
Figura C4-6. Guerra y combate.
Sesión 11-14
En algunas sesiones participaron nuevamente los padres del niño aunque esta vez la actividad que se propuso fue un arenero familiar (Gil & Sobol, 2000, Bailey, 2000). La técnica consiste en pedirle a los miembros de la familia (Renato y sus padres) que realicen un escenario en la arena, utilizando las miniaturas que ellos quieran.
Fue posible observar a los padres más relajados que la sesión anterior, no obstante esto permitió que emergieran otras actitudes y conductas. Se organizaron de forma menos eficaz que en la sesión anterior y prevaleció un clima de tensión (ver figura C4-9).
Figura C4-8. Ilumina tu vida.
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El arenero mostraba poca organización y estaba saturado de material. Escogieron los animales del mar y se trató de acomodar a los mismos tanto dentro del mar como en las orillas; no obstante, el resultado se alejó de este propósito. Comenzó a hacerse más evidente la presencia de conductas agresivas por parte de Renato y de sus padres, quienes, sin la intensión de hacerlo sentir mal, provocaban que el niño se enojara y frustrara con sus comentarios.
Sin embargo, fue posible que Renato controlara un poco mejor sus emociones, a pesar de que por momentos alzó la voz y mostró una actitud retadora. Por momentos, dicha actitud era directa, en otros, se expresó a través de los animales que contenía el arenero.
Después de realizar esta actividad, se manifestó a los padres que un par de sesiones más adelante, se les invitaría a sesión para realizar otra actividad, un cuento con títeres (Irwin & Malloy, 1994, en Bailey, 2000); actividad que ya había sido considerada, no obstante se habían preferido otras. Estos autores desarrollaron esta técnica como una forma de entrevista estructurada con familias. A lo lago de los años, Gil (1994) ha expandido el uso de esta técnica ya que permite a la familia comunicarse de manera simbólica, disminuye las defensas, se experimenta placer individual y colectivo y se desarrolla un mecanismo mejorado para la interacción.
Así, esta sesión se planeó con el fin de observar más claramente los patrones de relación que establecían los padres de Renato con él y la forma en que él controlaba las emociones que esto le generaba (observándose no ser la más adecuada). La videograbación ayudaría a ejemplificar estas reacciones y actitudes.
Dos sesiones después fue posible llevar a cabo esta actividad, durante la cual se observó más claramente, la forma en la cual el niño responde ante los comentarios y críticas de sus padres. Renato se defiende agrediendo. Si algo no le parece o considera que sus demandas no están siendo cumplidas, comienza a enojarse y a responder con agresión a quien trata de acercarse a él.
Al inicio, los padres se mostraron participativos y contentos con la actividad a realizar. Escogieron el títere que más les gustó y se dispusieron a inventar en cuento. Renato, aunque estaba escogiendo entre los títeres el que más le gustara; expresó desde el inicio que no jugaría. Sus padres y la terapeuta trataron de convencerlo para que participara, pero al inicio no se obtuvo respuesta afirmativa de su parte.
Esta actitud provocó que los padres, sobre todo papá, comenzaran a desesperarse y a cambiar el tono de los comentarios que emitían. Una vez que el cambio se hizo evidente, el clima emocional cambió y todo el entusiasmo inicial fue disminuyendo; lo que a su vez, exacerbaba la actitud negativa de Renato, quien de esta forma, desde el inicio del proceso, buscaba comprobar si de verdad era aceptado tal y como era.
A pesar de dicha actitud, se trató de incluir al menor en el cuento. Se respondía a su rechazó con palabras cariñosas, expresadas con tranquilidad, nunca se desistió de incluirlo en el cuento y se le repetía que era importante que todos jugaran y participaran. Cuando se sugirió que la psicóloga también podría participar en el cuento y no sólo videograbarlo, él accedió a jugar, aunque con reservas.
Conforme el cuento se fue desarrollando, la actitud de Renato cambió, aunque no por completo. No obstante el ya mencionado cambio en la actitud de los padres provocó en parte esta respuesta. En sesiones posteriores se comentó con ellos acerca de lo sucedido en la sesión y de la forma en cómo se podría lograr que la actitud de Renato también se modificara. Se les explicó que al ser una actividad desconocida para él, era probable que el miedo a fallar, que se había hecho evidente a lo largo del proceso, suscitara esta respuesta. Se hizo hincapié en la paciencia y tolerancia que debían mostrar ante estas actitudes, ya que en la medida en que Renato se sintiera aceptado, estas actitudes iban a disminuir.
De acuerdo con Tormo (2008) cuando se reconocen las emociones de los niños y se les ayuda a dialogar con ellas, y se les ofrecen estrategias para que logre canalizarlas se le está ayudando a construir una individualidad sana y madura.
La reacción de los padres ante determinado evento, será la que haga que se extinga la conducta o que se mantenga, tanto si se ha aprendido en casa o en el colegio. Hay que tener presente que elevar el
tono de voz o bien, los gritos, representan el fracaso de los adultos con otros métodos y que se utilizan cuando los padres están desesperados y sienten que han perdido autoridad.
Los niños, aunque a veces no entiendan las palabras, perciben claramente el tono en el que se les habla; también aprenden que con las palabras se puede hacer daño. Con el lenguaje se puede manifestar apoyo, afecto, comprensión o desagrado, indiferencia y falta de afecto, por ello es importante cuidar la forma en que se les habla, menciona Torno (2008).
Sesiones 18-20
Después de la movilización de emociones que se originó en las sesiones con sus padres, Renato pudo ser capaz de hablar más claramente acerca de sus sentimientos, mencionando en esta ocasión más abiertamente el problema de la tricotilomanía.
Durante este periodo, mientras se estaba preparando el material para pintar, o bien sacando el juego de mesa elegido para jugar ese día, fue posible establecer un diálogo con él. Renato expresó que se arrancaba el cabello porque sentía “rico para él”, dijo que no le dolía y que tampoco se lo comía.