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Manuel Soto de la Vega

El Libro de los Muertos egipcio es una colección de textos de innovaciones, hechizos, conjuros, oraciones, himnos, letanías y fórmulas mágicas, escritos generalmente en rollos de papiro con ilustraciones o viñetas. Fueron colocados en las tumbas de los egipcios que podían permitirse tal lujo a partir del Imperio Nuevo. No obstante, la colección más antigua que se conoce, está inscrita en las paredes de las cámaras y corredores de las pirámides de Unas, Teti, Pepi I, Nemty-En-Saf I y Pepi II, reyes de la V y VI dinastía en Sakkara. Estos textos se les conoce como “Textos de las Pirámides” y están escritos enteramente en jeroglíficos y muchos de sus “Capítulos “ son copias de una colección más antigua, por lo que no se pude precisar su origen, edad y autor. Pero podemos suponer que los Capítulos copiados en las paredes de las tumbas de los reyes mencionados, en esencia, representan las creencias de los egipcios de tales dinastías con respecto a los muertos y, la continuidad del pensamiento religioso entre las clases más altas de Egipto.

El objeto de este “libro” era permitir al difunto salvar los peligros que se le presentaban después de la muerte, instruyéndolo en las palabras que le permitían ingresar a los diversos estados del inframundo, le aseguraba la protección de los dioses y proclamaba asimismo su identidad con muchos de ellos.

La verdadera naturaleza del Libro de los Muertos no ha sido comprendida perfectamente. No es realmente un “Libro”, ya que libro sugiere una composición con una unidad, un escrito en “determinado tiempo” por un autor o autores. El título le fue dado por el alemán Richard Lepsius quien en 1842 publicó el gran “Papiro de Turín” bajo el título de “Das Todtenbuch” y desde entonces lo han usado los egiptólogos.

El título por el cual era conocido por los antiguos egipcios era: “Manifestado en la luz”, “La manifestación del día”, “La manifestación de la luz”. Sin embargo, “Per t er hru”, como se conocía en escritura jeroglífica es probable que haya tenido un significado especial para los egipcios, y que no se haya traducido correctamente a los idiomas modernos; pero existe otra versión que es una idea que puede expresar todo el trabajo y que es: “Capítulos para perfeccionar el Ka” o “Capítulos de salir al día”.

Se dice también que el título de Libro de los Muertos procede del nombre que los profanadores de las tumbas dieron a los papiros con inscripciones que hallaron junto a las momias: “Kitab al-Mayitun”, en árabe, que significa “Libro del difunto”.

Aunque este Libro nos da una idea de la religión entre los egipcios y sus creencias funerarias, no es un conjunto de dogmas o revelaciones para los creyentes.

El Ka era una parte importante, y aparentemente eterna, del hombre. Por el significado de la palabra se le puede definir como: “un resplandor” o “un espíritu-alma traslúcido”. A menudo se le ha traducido como: “el brillante”, “glorioso”, “inteligente” o calificativos semejantes; pero su verdadero significado es el de “escena divina”. En los “Textos de las Pirámides”, encontramos que el Ka de los dioses estaba en el cielo y hacia allá se dirigía el Ka del hombre tan pronto como el cuerpo moría.

Las principales versiones o revisiones de manuscritos que forman el Libro de los Muertos son:

1. La “Versión Heliopolitana”, o sea, recopilada por los sacerdotes de On (Heliópolis) basada en una serie de textos que se han perdido. Los “Textos de las Pirámides” que no proporcionan ninguna información acerca de su autor o autores. Representa un sistema

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de Teología promulgada por los sacerdotes de Ra, el Dios del Sol. Algunos Capítulos parecen estar dedicados al dios Thot y que, sin duda, pertenecen a la clase de literatura que los griegos llamaron “Hermética” y es muy cierto que fueron incluidos en la lista de los cuarenta y dos trabajos que según Clemente de Alejandría constituyen los libros sagrados de los egipcios, por lo que parece estar bien fundamentada ya que los griegos llamaron Hermes al dios Thot a quien los egipcios designaban como “El señor de los libros divinos”, “escriba de la Compañía de los Dioses” y “Señor de la palabra divina”. Algunos Capítulos se encuentran en las tumbas, sarcófagos, estelas y papiros de las dinastías XI, XII y XIII. Pero la esencia deriva de escritos primitivos, probablemente predinásticos.

2. La “Versión Tebana” (Uast, la Tebas de los griegos) escrita en jeroglíficos sobre papiros, está dividida en Capítulos sin un orden determinado, sin embargo, con muy pocas excepciones, cada capítulo tiene un título y una viñeta. Aunque no todos los Capítulos están en las copias hay algunos que sin duda eran necesarios para la preservación del difunto en su tumba, y de su alma en el más allá. Esta Versión fue usada por quién podía sufragar los gastos, desde la dinastía XVII hasta la XXI. En los “Textos de las Pirámides” eran los sacerdotes los que decían o cantaban las invocaciones, los conjuros o las diversas secciones. En la “Revisión Tebana”, los himnos y plegarias eran dichos por el difunto, en el otro mundo lo que le permitía alcanzar la perfección del alma.

3. La “Revisión Saita” (Sai) estuvo en uso de la dinastía XXVI hasta el final de la era Ptolemaica en Egipto, aproximadamente. En esta época se arreglaron los Capítulos en un orden definido y se hizo una revisión cuidadosa de todo el trabajo. Durante este período aparece un cierto número de Capítulos que no se encontraban en los papiros antiguos; pero que no son sino nuevas ediciones o extractos de trabajos anteriores. En muchas copias de esta Revisión se omiten signos, palabras y aún pasajes completos, lo cual dificulta su lectura. Estos Capítulos compuestos en un período más tardío, representan ideas y creencias de carácter religioso, que eran desconocidas para los egipcios de la dinastía V y VI, y demuestran que había tenido lugar un desarrollo considerable del pensamiento religioso en las mentes de la frente, desde que fueron recopilados los “Textos de las Pirámides”.

Los antiguos egipcios conservaron los rasgos más notables de su religión, compleja en extremo, pero no abandonaron sus viejas ideas, dioses y mitos. Aún cuando adoptaran a otros, al contrario, trataron de alguna manera de reconciliarlos y armonizarlos.

En épocas diferentes, los sacerdotes de cada uno de los principales centros de culto: Heliópolis, Menfis, Tebas y Hermópolis, trataron de poner algún orden a las creencias.

Las selecciones del Libro de los Muertos contenidas en los papiros de Ani, Hunefer y Anhai, reflejan la confusión de los Capítulos.

El número total de los Capítulos hasta ahora conocidos es de ciento noventa y su extensión es muy desigual aunque no existe un solo papiro que los contenga a todos. Algunos de estos capítulos son derivados directamente de los “Textos de las Pirámides”, algunos son versiones de los Capítulos hallados entre los textos del Imperio Medio y el resto son de origen Tebano. De hecho, la palabra “Capítulo”, aplicada al trabajo de los escribas, no sería correcta, ya que sugiere unidad y coherencia, quizá sería más apropiado llamarles “Invocaciones” o “Hechizos mágicos”.

El Libro de los Muertos demuestra, sin duda alguna, que los egipcios creían en un “Juicio Final” y que, el futuro del alma de un hombre, en el otro mundo, dependía de la vida que había llevado sobre la tierra. El alma de los transgresores de la ley se aniquilaba y el alma de los justos entraba en la vida eterna.

Los Tasadores de Osiris, incorruptos, estrictamente justos e imparciales, pesaban el corazón de los hombres en la “Gran Balanza” de la verdad y la decisión final de Osiris concordaba con la opinión de Thot, personificación de la justicia eterna y Maat, la verdad. El

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pesaje de los corazones era muy importante y siempre se incluía una viñeta de la escena del Juicio en los papiros donde estaba escrito el Libro de los Muertos.

Otra sección impresionante es el Capítulo CXXV de la edición moderna, conocida como la “Confesión negativa”, que encierra el código moral y religioso de Osiris, el cual exigía muestras de un alto nivel moral y un carácter religioso personal exaltado, para que los solicitantes entraran en su reino. Aquí el difunto asegura cuarenta y dos veces que no ha hecho nada malo en su vida, enumerando los “pecados” que no ha cometido.

El difunto se identifica con el gran dios Osiris; pero a pesar de tal protección, busca los medios mágicos para combatir los peligros del Inframundo e invoca la protección de dioses menores.

¿Qué sucede al difunto en la otra vida?, es algo confuso, puede ir al “Campo de paz”, viajar en el cielo para vivir como las estrellas, ser uno con Osiris en sus dominios en un “Mundo superior”, viajar con Ra en su barca solar o una combinación de estos estados.

No hay dos papiros que contengan los mismos Capítulos, estos o se repiten en el mismo orden en más de un papiro, por lo tanto se puede pensar que cada persona escogía ella misma los Capítulos que deseaba. No hay dos papiros que lleven el mismo tratamiento en sus viñetas.

BIBLIOGRAFÍA

WALLIS BUDGE. The Egyptian Book of the Dead. Edit. Dover. Nueva York, 1989.

ANA MARIA DONADONI ROVERI. Las Creencias Religiosas. Edit. Electa Turín Italia, 1988. MICHALOWSKI

El Arte en el Antiguo Egipto. Edit: Akal. Madrid España 1988.

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El Brahmanismo

J. Roger Riviére

1. Concepto.

En primer lugar, es necesario precisar la definición de esta forma religiosa hindú; es un término empleado generalmente para caracterizar el conjunto de creencias religiosas que sucedieron al vedismo, religión de los Vedas, forma primera y antigua de la religión de los hindúes, y que corresponde a la que introdujeron los arios cuando invadieron poco a poco el territorio del norte de la India, unos 2000 años a. C. Este vedismo evolucionó lentamente entre los a. 1500 y 500 a. C. bajo la influencia de numerosos factores externos e internos y se transformó en brahmanismo A las especulaciones y prácticas arias se superpusieron las concepciones autóctonas de los pueblos no arios de la India, los cultos y los dioses locales; el brahmanismo traducía el esfuerzo hecho por los brahmanes para absorber estos cultos dentro de la ortodoxia. Algunos indólogos, como p. ej. Gonda, distinguen el brahmanismo del hinduismo moderno llamándole hinduismo antiguo, ya que el primero es la prolongación del brahmanismo. Con el profesor Renou, hay que admitir que es difícil establecer una separación estricta entre brahmanismo e hinduismo moderno, ya que se trata de la misma forma religiosa, muy compleja, y que ha evolucionado lentamente pero de una manera continua.

Lo que permite establecer una barrera entre el vedismo y el brahmanismo no es el contenido, sino la estructura; las dos formas poseen una literatura distinta, y las Upanishads, como se ve en el estudio de los Vedas, indican el importante momento de este cambio de orientación religiosa hacia el teísmo, hacia un cierto ideal de santidad, hacia una nueva y grandiosa concepción del mundo. Con relación al vedismo, el brahmanismo fue un movimiento de vida espiritual, surgida de lo más profundo de la experiencia mística y que marcó de una manera indeleble el alma de la India.

Naturalmente, los textos sagrados sobre los que se funda el brahmanismo son los Vedas; las Upanishads posvédicas; el enorme conjunto de la gran epopeya que constituyen el MaWbhárata, el Rámáyana y los Purána; y, por último, la considerable masa, poco estudiada todavía, de los Tantra. Debemos añadir los textos sobre las instituciones y las prescripciones jurídicoreligiosas conocidas con el nombre general de dharmashástras; el conjunto de esta literatura brahmánica forma la smriti, la tradición, opuesta a la shruti, la revelación védica. La smriti continúa de hecho las especulaciones védicas, pero puede discutirse, interpretarse, modificarse, mientras que la revelación, la shruti, es inmutable e intangible, por no ser obra humana según la tradición ortodoxa brahmánica. Vamos a estudiar sucesivamente las creencias religiosas, las especulaciones filosóficoreligiosas, los ritos y las formas cultuales cuyo conjunto dio origen al brahmanismo.

2. De los dioses védicos a los dioses brahmánicos.

La evolución del vedismo al brahmanismo se hizo de una manera insensible; los principales dioses védicos pasaron a un plano secundario, surgieron nuevos mitos, tomaron una mayor importancia algunos dioses védicos inferiores. Los dioses siguieron alcanzando un número considerable; la cifra tradicional es de 33 dioses, pero dicha cifra se multiplicó al dividirse cada una de las fuerzas naturales. La Brihad Áranyaka Upanishad cita 3.303 dioses, y el Mahábhárata adelanta el número de 33.330; no olvidemos que se trata de números simbólicos. En la mitología tradicional, Indra es jefe y señor de los dioses; los Puránas indican ocho grandes dioses: Súrya, Candra (Soma), Váyu, Agni, Yama, Varna, Indra y Kubera. Pero, en el brahmanismo ulterior aparecieron tres dioses: Brahmá, Visnú y Shiva; los dos últimos dominaron y dominan todavía a todo el hinduismo. En el brahmanismo no aparecen las parejas

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divinas que caracterizan al vedismo, p. ej., los ashvin; se introdujo la noción de la energía femenina, la shakti, y se creó el importante movimiento del shaktismo; se observa una creciente importancia del concepto del dios niño en el culto visnuista a Krishna. Los dioses del brahmanismo tienen un comportamiento humano; el naturalismo de los Vedas tiende a desaparecer y los dioses se separan de los elementos naturales, aunque persisten los antiguos mitos sobre la fecundidad. Cada uno posee sus propias características iconográficas, seguidas con gran fidelidad por el arte clásico: sede, peinado, postura, gesto, atributos con valores simbólicos, etc. A menudo tienen partes del cuerpo adicionales (cuatro u ocho brazos, varias cabezas), lo que simboliza un dinamismo divino y un poder sobrehumano. Los dioses brahmánicos se asemejan a los hombres, y, por otra parte, su poder es limitado, aunque sea muy superior al de los humanos; desaparecerán después de la disolución del mundo. Residen en el cielo o en la cumbre de una montaña inaccesible, e intervienen poco en los problemas humanos. Cada hindú tiene un dios escogido y reverenciado especialmente por él, indicado por su jefe espiritual; hay divinidades ciudadanas que pertenecen a un antiguo culto local preario ligado a la vegetación y en el que predominan las figuras femeninas. Estas diosas rudimentarias fueron absorbidas en la teología shivaíta con el nombre de mátriká, o sea, madrecitas: Shitalá, que vela por la salud de los niños; Manasá, que cuida de las mordeduras de serpiente, etc.

El brahmanismo se caracteriza por sus grandes divinidades que siguen dominando el panteón del hinduismo, siendo las principales: Súrya, que es el Sol y cuyo cochero es Aruna, la aurora; su culto fue importante sobre todo en la era cristiana, y principalmente entre los indoescitas de Cachemira. Candra, la Luna, identificada con el soma, la ambrosía del sacrificio, pero que no parece haber tenido culto autónomo; sirve de refugio a las almas errantes.

Los planetas y las estrellas están divinizadas, y dan origen a creencias y mitos utilizados ampliamente por la astrología hindú. Indra, señor de los dioses, tiene un papel de mago y de dios de las lluvias, destructor de los demonios, los asura. Agni es el dios del fuego en todos sus aspectos: terrestre, celeste, funerario, ritual, digestivo; devora las ofrendas de los sacrificios. Váyu es el dios del viento. Varuna es el señor de las aguas. Yama es el soberano de los infiernos, rodeado de demonios. Kubera es el dios de las riquezas y su imagen está presente en casi todos los hogares hindúes. Káma es el dios del amor y su culto sigue vivo. Skanda, el que cabalga sobre el pavo real, es el dios de la guerra y también el de los ladrones; se le adora de manera particular en el país tamil bajo el nombre de Subrahmanya. Ganesha o Ganapati es el dios de cabeza de elefante, hijo de Shiva, que hace superar los obstáculos y da el éxito; es el patrón de estudiantes y escritores y su culto es popular. El dios Brahmá no es muy notable en el brahmanismo, ya que es un producto de la especulación sobre el brahmán védico; teóricamente se encuentra en un plano de igualdad con Visnú y Shiva, como dios creador, pero su culto no es popular y tiene un solo santuario en la India, sito en Pushkara, en el Rájpútáná.

3. Dioses brahmánicos: representación y culto.

Estos dioses tienen sus representaciones y se les invoca según el ritual brahmánico, pero de esta multitud de divinidades surgieron dos dioses que se convirtieron en los más grandes del brahmanismo: Visnú y Shiva. Visnú absorbió las funciones de Indra, de Brahmá como demiurgo; es el conservador del cosmos, el dios benefactor, el salvador del mundo, considerado a veces por los visnuistas como el dios supremo. Lleva la concha, el disco, la maza y el loto, y a veces el arco y la espada; cabalga sobre el águila divina, Garuda, enemiga de las serpientes, y su culto es muy popular en el sur de la India y en el sudeste asiático. Entre dos creaciones, Visnú reposa sobre la serpiente de mil cabezas, símbolo de lo infinito. Cuando en el universo hay males o cuando se viola la ley divina, Visnú realiza descensos periódicos, los avatarás, a la Tierra, que tradicionalmente alcanzan el número de diez; los primeros tuvieron lugar bajo forma de animales: pez, tortuga, jabalí; y los otros bajo formas humanas. De estos últimos, los realizados como Ráma y Krishna tienen una importancia capital para el brahmanismo A Ráma, adorado popularmente, se le canta en el Rámáyana junto con su esposa Sitá, su hermano Lakshmana y su fiel compañero Hanumant, el rey de los monos. El dios favorito de los visnuistas es Krishna: de niño fue salvado de las amenazas del cruel Kamsa; ya adolescente fue

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educado entre los pastores y pastoras que danzaban al son de su flauta; tenía una favorita: Rádhá. Se convirtió en guerrero modelo y maestro de la Bhagavadgitá. Los gestos de Krishna son simbólicos y representan las relaciones de Dios con las almas humanas. Su culto es muy popular y sigue vivo en las sectas visnuistas.

Shiva es el segundo dios importante del brahmanismo. En los Vedas es un adjetivo que

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