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La razón de mayor peso por la cual hemos decidio adoptar una postura semiótica y, en concreto, sociosemiótica (Lozano et. al., 1989) para llevar a cabo el AD en nuestra investigación es que, dentro de esta perspectiva, el texto se contempla como un intercambio social de sentido, es decir, como un hecho sociológico y un encuentro semiótico a través del cual los significados –meanings- existentes en el sistema social se intercambian. En este contexto, el individuo es un sujeto significante –meaner- que a través de sus actos lingüísticos crea y moldea la realidad social.

En efecto, el texto forma parte de un proceso de interacción e intercambio de sentido en el que los individuos participantes actúan como constructores de la realidad social. Para ver esta idea de forma detallada echamos mano, en primer lugar, a las tesis mantenidas por Halliday (1978) en las que se sitúa el texto como la forma lingüística de la interacción social, es decir, se atribuye como una de las principales características del texto el proceso de interacción en el que éste participa. En esta línea, para que los significados que constituyen el sistema social sean intercambiados de manera interactiva entre sus miembros, deben ser representados en alguna forma simbólica susceptible de ser intercambiada socialmente, siendo el lenguaje la más accesible.

Se trata de una idea de intercambio sobre la que, junto con la de Mauss que plantea el texto como comunicación entre sujetos, o la de Lévi- Strauss que destaca la existencia de un eje de comunicación en las relaciones de intercambio, se sostienen las funciones del lenguaje establecidas por Jakobson (1976), a saber, función emotiva, conativa y referencial307. Para Cicourel (1980) el discurso es fundamentalmente un intercambio de actos de habla (speech-acts) y desde el punto de vista de Bajtin -representante de la escuela semiótica rusa-, toda comunicación verbal se desarrolla bajo la forma de un diálogo, es decir, como un intercambio de enunciados. Se tratan, en definitiva, de diferentes perspectivas que coinciden en destacar la relación interaccional existente en el proceso comunicativo entre el destinador y el destinatario de la información (también denominados como donador/donatario o emisor/receptor).

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Desde la teoría etnometodológica, y concretamente a partir de los escritos de Schutz y de su lectura hecha por Garfinkel, el individuo es considerado como un constructor de realidad (reality constructor). Según Mehan y Wood (1975) autores del modelo que sitúa al individuo como constructor de la realidad, el modelo etnometodológico es una caracterización del modo en que las personas crean situaciones y reglas y así, al mismo tiempo, se crean ellos mismos y sus realidades sociales. En efecto, desde el punto de vista del modelo que sitúa el discurso como constructor de la realidad, el participante en la interacción discursiva cuenta con una

competencia interaccional (Cicourel, 1972) que le atribuye la capacidad de construir la realidad. Es decir, que los individuos cuentan con distintos niveles de conocimiento social y diversos procedimientos de interpretación -equiparables según este autor con la estructura profunda en la gramática generativa planteada por Greimas- a través de los cuales dotan de sentido al contexto social que rodea a la interacción.

La importancia del contexto

El aspecto del contexto es uno de los más intrincados que se puede plantear en el marco de la semiótica textual, uno, por la ambigüedad de su definición, y dos, por las diferentes y poco encontradas posiciones de las distintas escuelas y teorías. Pero también lo es por su vital importancia y es que el contexto ha servido de concepto puente entre las estructuras del lenguaje y las estructuras sociales. Ya Foucault destacaba la importancia del contexto social en el que se construye el discurso, así como la relevancia del discurso en la construcción, mantenimiento y cambio de la estructura social. Así mismo, según la escuela de Jesús Ibáñez el análisis de la enunciación nos permite relacionar las estructuras del lenguaje con las estructuras sociales, y es que, en efecto, uno de lo objetivos primordiales del AD es conectar el discurso con la estructura social, es decir, determinar las estructuras y relaciones sociales existentes a partir del análisis e interpretación del discurso (Iñiguez, 2003: 117). Por tanto, parece completamente necesario tener en cuenta el contexto en el que se sitúa una determinada producción lingüística, dado que lo contrario haría que las expresiones adoleciesen de ambigüedad y hasta de una completa incomprensión. En este mismo sentido, Malinowsky plantea que las emisiones lingüísticas deben ser producidas y comprendidas dentro del contexto de la situación que las rodea, de tal modo que, el sentido de las mismas no debe ser planteado como una relación diádica entre una palabra y un referente, sino como una serie multidimensional y funcional de relaciones entre la palabra y su contexto.

Sin embargo, existen opiniones contrarias como la de Firth (1957) para quien, precisamente, la única manera adecuada de analizar el sentido de un enunciado es abstraerlo de su contexto de enunciación y dividir su sentido en una serie de componentes denominados elementos del contexto de situación, tales como los participantes en la situación, su

acción verbal y no verbal, los efectos producidos por la misma, así como otras posibles características relevantes de la situación. De tal modo, que desde este punto de vista, el hecho de que un determinado enunciado tenga sentido, supone que funciona de una manera correcta y apropiada dentro del contexto de su enunciación. Por su parte, Lozano et. al.

distinguen entre la contextualización llevada a cabo por el participante en la interacción discursiva a través de su competencia interaccional –la cual, como hemos visto anteriormente, le permitirá contextualizar el marco en el que se desarrolla la acción discursiva-, y una contextualizacion hecha por el analista, quien a partir de determinados criterios, tendrá en cuenta aquellos elementos de significación existentes dentro del contexto necesarios para entender completamente el texto.

Con todo, las barreras epistemológicas existentes según Van Dijk entre a) la pragmática: que se ocupa de lo apropiado y lo inapropiado de una expresión respecto al contexto, b) la semántica: que se interesa por lo verdadero y lo falso de las expresiones, y c) la sintaxis: que se encarga de analizar su gramaticalidad o agramaticalidad, pueden ser superadas, según Lozano, a través del concepto de frame planteado, siguiendo a Erving Goffman, como un puente semántico que abre camino entre el texto y el contexto308.

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