• No results found

QUANTITATIVE STUDY USING Q METHODOLOGY TO ASSESS FIREFIGHTERS’ CONSTRUCTIONS

5.2.1 Q Methodology

El desarrollo de su teoría de la palabra poética lleva Valente a espacios de reflexión que entran en contacto directo con la mística hebrea160: la palabra

como receptora de la potencialidad del mundo. La vinculación consciente de Valente con la mística judía lo lleva a cantar a esa palabra anterior a su entrada en el sentido o antepalabra apoyándose en el orden secuencial del alfabeto hebreo en Tres lecciones de tinieblas, donde cada composición es variación de un mismo objeto. Siguiendo la doctrina judía, meditar sobre las letras, como germen del decir, es reflexionar sobre la creación, o por mejor decir, sobre el instante anterior al engendramiento.

El poemario se inicia con un texto que lleva por título la primera letra del alfabeto:

Alef

En el punto donde comienza la respiración, donde el alef oblicuo entra como intacto relámpago en la sangre: Adán, Adán, oh Jerusalem. (Valente 2006: 397)

La respiración como presencia informe anuncia la aparición de lo que, sin haber sido creado, existe en su potencialidad de vida. Y lo primero que se produce es la revelación de la palabra como espacio para la aparición. Por eso, en “Bet” esta letra, con la que comienza la narración que describe el origen del mundo161, simboliza el espacio interior —«casa, lugar, habitación,

morada»— necesario para que la palabra se aparezca. El espacio se convierte, así, en invitación a hacerse presente:

160 Sobre el elemento religioso en Valente José Manuel Diego establece una acertada distinción entre una religiosidad externa (heredada) y una religiosidad interna (encontrada o escogida por afinidad). Así, considera que en el periodo creativo que va desde A modo de esperanza hasta El inocente predomina el elemento religioso adquiere el sentido propio que le asigna la confesión católica. La presencia de esta tradición, sin embargo, según evoluciona la obra del autor ourensano (a partir de Treinta y siete fragmentos, pero sobre todo desde La piedra y el centro) cede su protagonismo a otros sentidos de lo religioso con los que Valente confluye por afinidad de interpretación: la Cábala y la mística (Diego 1990: 278-283).

161 El texto hebreo del Génesis comienza, como Valente cita: “Berechiyt Bara Elohim” (Valente 2008: 301)

Bet

Casa, lugar, habitación, morada: empieza así la oscura narración de los tiempos: para que algo tenga duración, fulguración, presencia: casa, lugar, habitación, memoria: se hace mano lo cóncavo y centro la extensión: sobre las aguas: ven sobre las aguas: dales nombre: para que lo no está esté, se fije y sea estar, estancia, cuerpo: el hálito fecunda al humus: se despiertan, como de sí, las formas: yo reconozco a tientas mi morada. (Valente 2006: 397)

Mientras la morada del decir no sea habitada y se convierta en estancia, esa antepalabra conserva en estado de latencia su total capacidad de engendramiento, sigue en un perpetuo movimiento de advenimiento:

He

El latido de un pez en el limo antecede a la vida: branquia, pulmón, burbuja, brote: lo que palpita tiene un ritmo y por el ritmo adviene: recibe y da la vida: el hálito: en lo oscuro el centro es húmedo y de fuego: madre, matriz, materia: stabat matrix (...) (Valente 2006: 397)

Ese espacio seminal es, por tanto, espacio convergente de unicidad de lo múltiple. En la antepalabra todo se resuelve como continuidad de lo mismo. A esa naturaleza aglutinante y unificadora canta “Tet”:

La sangre hace su centro y lo disperso convergencia: todo es reabsorbido desde la piedra al ala hasta el lugar de la generación: las aves vuelan en redondo para indicar el centro de lo cóncavo: el mundo se retrae a ti: porque el vientre ha de ser igual al mundo: engéndrame de nuevo: hazme morir de un nuevo nacimiento: respírame y expúlsame: animal de tus aguas: pez y paloma y sierpe. (Valente 2006: 400)

Tal recuperación de la experiencia de la unidad que vive el poeta en la conciencia de la palabra como germen radical de la creación lleva a Valente a plantear la confluencia de la experiencia poética y la experiencia mística. De ahí que el autor gallego asegure al final de su ensayo “Sobre la operación de las palabras sustanciales” que «experiencia poética y experiencia mística convergen en la sustancialidad de la palabra, en la operación radical de las palabras sustanciales» (Valente 2008: 306). Al igual que el místico, el poeta vive en la palabra la experiencia extrema de la unión, pero advierte en “Eros y fruición divina”:

La unión pertenece al mundo de la interioridad, no de la aparición. (Valente 2008: 291)

No obstante, esa experiencia interior de la palabra vivida por el poeta supone el instante de invitación a la aparición de la palabra, es decir, el gemido del logos que reclama ser dicho. Como el ángel de la anunciación, la palabra llega al poeta y le impone la misión de encarnarla, de darle corporeidad, forma. Por eso, Valente afirma en Notas de un simulador:

SÓLO se llega a ser escritor cuando se empieza a tener una relación

carnal con las palabras. (Valente 2008: 459)

La asociación interpretativa de la palabra como cuerpo es rasgo que define, caracteriza y singulariza la poética de José Ángel Valente y, a su vez, como señala José Jiménez es rasgo que lo sitúa dentro de la consciencia literaria moderna162.

162 «Valente incide en un aspecto que atraviesa la consciencia literaria moderna. Que es particularmente relevante, por ejemplo, en Kafka. La experiencia del escritor con el lenguaje es una vivencia corporal» (Jiménez 1996: 65).