QUALITATIVE STUDY INVESTIGATING FIREFIGHTERS’ CONSTRUCTIONS USING DISCOURSE ANALYSIS
F: Did it in some regards diminish your role…or cast aspersions on your professionalism or…
4.3.4 Research Question 4 – Constructing Support as Honour
En “Sobre la operación de las palabras sustanciales” afirma Valente que el lenguaje «concebido como sola instrumentalidad deja de participar en la palabra» (Valente 2008: 301). Es, así, el lenguaje exilio de la palabra y la palabra poética movimiento de recuperación de su centro, regreso a su raíz. O dicho de otro modo, la palabra poética es palabra descondicionada del sistema de relaciones horizontales que le impone el discurso. Así:
La experiencia de la escritura es, en realidad, experiencia de ese descondicionamiento y en ella ha de operarse ya la disolución de toda referencia o de toda predeterminación. (Valente 2008: 275)
En toda creación poética la palabra se libera, pues, de lo que no es sustancial en ella, deja de ser instrumento del individuo o de la comunidad. Si el lenguaje en su función comunicativa adquiere significado en su valor relacionante, es signo que significa; la palabra poética es forma que se significa. La palabra poética, por tanto, no apunta a un decir sino a un aparecer en el que halla su justificación158.
Es, asimismo, la palabra poética, como palabra que ha retornado a su punto cero, palabra inicial o palabra matriz:
Toda palabra poética nos remite al origen, al arkhé, al limo o materia original, a lo informe (Valente 2008: 302)
Vuelta a su punto inicial, anterior a su incorporación al sistema de signos del que forma parte al constituirse en elemento del lenguaje, la palabra pierde la significación que este sistema le había asignado. Desvinculada, pues, del conjunto, esta palabra deja de ser parte y pasa a ser un absoluto autónomo —palabra total o palabra absoluta— pero también, por eso mismo, es «antepalabra, que no significa aún porque no es de su naturaleza el significar sino el manifestarse» (id.). El descondicionamiento de la palabra es, por tanto,
158 Como señala García Lara: «(...) la palabra a la que el poeta se acerca no conlleva ninguna información. Es una palabra sin intención ni finalidad. No comunica, sino que convoca, llama a su interior, permaneciendo perpetuamente abierta. De ahí que su poesía se haga o sea experiencia de esa interioridad. Es en esta perspectiva en la que el poema se convierte en morada o estancia, en territorio» (1999-2000: 62).
desreferencialización y desemantización de la palabra. De este modo, la palabra tiene valor aparicional y asume su condición material:
Materia
Convertir la palabra en la materia
donde lo que quisiéramos decir no pueda penetrar más allá
de lo que la materia nos diría (Valente 2006: 364)
El vacío dejado por el descondicionamiento de la palabra159, reducida
ahora a pura materialidad, habilita paradójicamente la potencialidad del decir y esa capacidad de engendrar sentido reside en su naturaleza informe:
Palabra A María Zambrano Palabra hecha de nada. Rama en el aire vacío. Ala sin pájaro. Vuelo sin ala. Órbita
de qué centro desnudo de toda imagen.
Luz, donde aún no forma
su innumerable rostro lo visible. (Valente 2006: 378-379)
Desvinculada de la estructura de la que formaba parte y que le asignaba un valor desde su relación con el todo del que era constituyente (como el ala con el pájaro), la palabra poética, al igual que la rama en el aire
159 «(...) el poema se convierte en el ámbito del vacío, de la nada o de la negación, donde las palabras se despojan de sus ataduras lógicas para retornar a la raíz material del canto, donde lo uno y lo múltiple anulan sus diferencias para expresar el todo poético desde una diversidad que, sin embargo, es unidad» (Calvo Rodríguez 2007: 511).
vacío, recupera su simple materialidad y, como el ala ausente el pájaro, recupera también el sentido germinal que su presencia convoca: el vuelo. Queda, así, la palabra poética, desnuda ya, en el espacio anterior de la forma y su presencia es promesa en potencia de su capacidad de decir; la palabra inscrita en su centro proyecta su deseo de ser dicha, es órbita de toda imagen.
En tanto que materia a la espera de forma, la palabra se halla en un estado del pre-aparecer, en un espacio intersticial, que Valente simboliza en el alba, de la cual afirma:
modo y lugar de lo que preaparece, de lo que es pura y absoluta intensidad de la manifestación antes de entrar en el orden de las significaciones. (Valente 2008: 303)
Como la luz del alba, la palabra poética es una potencialidad de la mirada como sentido del decir; su presencia es prefiguración de lo que se puede decir. La palabra poética queda inserta en el instante del comienzo:
XX Amanecer.
La rama tiende su delgado perfil
a las ventanas, cuerpo, de tus ojos. Pájaros. Párpados. Se posa apenas la pupila en la esbozada luz. Adviene, advienes, cuerpo, el día.
Podría el día detenerse en la desnuda rama,
ser sólo el despertar. (Valente 2008: 451)
La concepción de la palabra poética en Valente entronca aquí con la tradición estoica, como él mismo señala en Notas de un simulador:
LA PALABRA que de ese modo aparece está grávida de
significación, contiene el sentido como posibilidad e infinitud, semilla del sentido, al igual que los logoi spermatikoi, pensados por los estoicos, contienen las semillas —spérmata— del mundo. (Valente 2008: 458)
Situada, así, en el quicio del decir, anterior a la forma, su propia ausencia de forma genera un movimiento de atracción hacia sí, reclama su encarnación:
GIME el logos por la encarnación. El logos es la antropofilia de lo
increado. (Valente 2008: 458)