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El medio rural se ha caracterizado por la marginación, la desigualdad y la carencia de oportunidades para sus habitantes y se ha reconocido ampliamente “que uno de los problemas más urgentes de América Latina es el de la pobreza rural” (Riella, 2006:163). En los territorios rurales en El Salvador, aún persisten enormes déficits en cuanto a educación, vivienda, salud, accesibilidad, fuentes de trabajo, que comparado con los urbanos presenta un gran diferencial negativo; pero además entre hombres y mujeres en el campo se viven relaciones marcadas también por la inequidad y desigualdad, desfavorable a las mujeres y que condiciona obviamente a una ciudadanía aún mucho más restringida, que para las mujeres urbanas.

Para las y los habitantes rurales los derechos ciudadanos generalmente son desconocidos y en seguidas ocasiones, violentados. Las garantías ciudadanas asentadas en los códigos o leyes a veces no tienen correspondencia con la realidad rural, por lo que frecuentemente la ciudadanía más que estar normada clara y pertinentemente, es problemática (Casados, 2003:61).

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de los grupos de enfoque, afirmar que los obstáculos que experimentan las

mujeres en los ámbitos rurales para el ejercicio de su ciudadanía son similares a los vividos por las mujeres urbanas, haciendo la aclaración de ser más agravados o con mayor intensidad, identificaron como los mayores obstáculos los derivados del sistema patriarcal, aquellos derivados de la condición y situación de pobreza y los que tienen su origen en el patrón cultural. De manera específica nombraron la distancia con factor limitante.

6.2.1. Derivados del sistema patriarcal.

Para el caso de las mujeres en zonas rurales, nuevamente es referido el patriarcado como el origen de la mayoría de los obstáculos con que se enfrentan cotidianamente. Como indica Casados, “en el campo los hombres tienen prioridad social sobre las mujeres y culturalmente son mucho más apreciados, demarcándose allí clara y más fuertemente los espacios donde se sitúa lo femenino y lo masculino” (Ibid:37). Si bien la maternidad es vista como el rol casi exclusivo de las mujeres en una sociedad patriarcal, en el campo se vuelve la constante presente en las comunidades que otorga valor a sus integrantes.

Esto se traduce en obstáculos a la hora de la construcción y vivencia de la xiudadanía de las mujeres rurales; así lo manifestaron los y las entrevistadas: son obstáculos “el mayor machismo y sexismo en las estructuras comunitarias”, “mayores niveles de fecundidad, mayor números de hijos y la enorme prevalencia de embarazos precoces”, “el alto grado de violencia tanto en lo privado, como en lo público”, “los roles tradicionales más afirmados”, “la dependencia de los maridos”, “más carga de trabajo” ya que asumen tanto el trabajo de la reproducción, como el de la producción, “la responsabilidad social y económica por la familia, cuando los maridos han emigrado, pero también el acoso sexual que sufren por la misma razón”. Así mismo es un rasgo distintivo del patriarcado en las zonas rurales, que la educación sea preferentemente para los niños, en tanto que “las niñas deben quedarse en las casas para apoyar a la madre en las labores domésticas”.

6.2.2. Derivados de la condición y situación de pobreza.

Para nadie es desconocido que la pobreza rural sigue destacándose por su profundidad y extensión, particularmente en las tres últimas décadas, intensificada por las políticas económicas para el campo. En El Salvador, el 35.8% de los hogares rurales se encuentran en condición de pobreza y aquellos

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dirigidos por mujeres representan el 36% del total de hogares rurales (DIGESTYC, 2007:21).

Diversos estudios han demostrado que las políticas económicas para el campo han tenido en las sociedades campesinas efectos negativos y son las mujeres quienes los han vivido con mayor severidad. Hacia ellas ha recaído la responsabilidad de enfrentar directamente el descenso del ingreso y compensar la desigualdad de intercambio con el mercado, mediante la intensificación de su trabajo agropecuario no remunerado y la búsqueda de ingreso vía el empleo asalariado o de manera informal con la venta de servicios, o el decremento en el consumo alimenticio. Así mismo, el desempleo y la migración de los esposos son sucesos que impulsa cada vez más una mayor participación femenina en el trabajo remunerado y al aporte al ingreso familiar. En ese contexto de preocupación por la sobrevivencia económica de sus familias, las mujeres difícilmente se dedican a otra labor que les resta tiempo, que no es remunerada y que tampoco ha sido muy impulsada, como lo es la ciudadanía. En términos de las y los informantes, “la preocupación por la sobrevivencia”, “la mayor pobreza”, “los escasos ingresos” y “la falta de autonomía económica, aunada a la dependencia de los maridos” se constituyen en obstáculos para la práctica de la ciudadanía.

6.2.3. Originados en la cultura.

Como se ha visto, existe un cruce entre cultura y el patriarcado en el que los límites de cada uno, es difuso. En ese sentido las mujeres rurales son mayormente presas de la cultura patriarcal y encuentran más dificultades para escapar de ella. Como sostiene Lagarde en el sistema patriarcal, las mujeres carecen de soberanía sobre su cuerpo, es la sociedad quien decide sobre él; no cuentan con el derecho para disponer sobre él. Es el consenso social quien dispone el patrón de conducta de las mujeres, las mujeres viven en relaciones de dependencia en diversos niveles y en especial de la figura masculina y la obediencia y sumisión a los demás, norman sus acciones en la vida cotidiana (Lagarde en Casados, 2003:38 y 39). Por ello se entiende que hayan sido mencionados como obstáculos de estas mujeres, “el mayor desconocimiento e ignorancia sobre el conjunto de derechos”, “la menor educación con que cuentan” que como explica Alvarenga, en El Salvador la educación ha sido de difícil acceso para las mujeres especialmente al interior de las comunidades en el ámbito local (2004:17).

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la comunidad, cuando se organizan”, constituyen obstáculos que se suman.

Según Canabal, las mujeres rurales poseen rasgos muy particulares al estar ligadas, a la familia, a su comunidad, a la producción y reproducción. Constituyen un tipo específico de mujer en el que releva el sentimiento de comunidad, mismo que les ayuda, les da fuerza, pero las limita también, en su desarrollo personal. “Las campesinas han tenido que aprender a luchar por ellas mismas, ya que primero luchan por sus hijos, por su familia y por su comunidad” (2005: 253). En este sentido se encuentran los obstáculos mencionados como “la reafirmación de los roles tradiciones asignados a las mujeres” y “la responsabilidad por la familia”.

Al mismo tiempo se enfatizaron como obstáculos, por una parte “la mayor y más violenta difusión del consumo a la que están expuestas las mujeres en estas zonas” y por la otra, “el miedo” que las hace presa para cualquier acción que contravenga su pertenencia al ámbito privado, que es tanto real, como subjetivo”.

6.2.4. La localización geográfica.

Es frecuente que la marginación y pobreza de las zonas rurales obedezca en buena medida a la dispersión territorial y las distancias que las alejan de los centros de poder, desde donde se distribuyen los recursos económicos y mantiene todavía la dificultad para que la población se beneficie del crecimiento económico del país. El alejamiento de los cantones complica la llevada de los servicios básicos y la infraestructura requerida para el desarrollo de la población.

En términos de la ciudadanía, la dispersión de los asentamientos y su “localización remota” constituye obstáculos para el ejercicio de ciudadanía de las mujeres rurales por cuanto las mantiene en “aislamiento”, “restringiendo las posibilidades para organizarse”, la información que reciben fundamentalmente es a través de la televisión y radio que estimula solo al consumo, a ver la mujer como objeto del deseo y de la propiedad de los hombres, “las distancias obligan a las mujeres a quedarse metidas en sus casas” y por lo tanto soslayar todo lo referente a la lucha por la defensa de sus derechos. Sobre esto un testimonio:

“Los principales obstáculos, nosotras hemos identificado 1) la situación de los municipios del país que son tan remotos, netamente rurales; es un obstáculo porque la situación de pobreza, porque la situación económica de las concejalas no son iguales a las de los municipios de la zona Central; una dieta de 90 dólares, 114

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dólares, y las mujeres aunque quisieran participar más activamente ellas se limitan, es por esa razón. 2) El factor tiempo lo pueden tener, pero el factor económico les determina a ellas la participación. Y el obstáculo de las mujeres en la zona Central es el factor tiempo, que no tienen el tiempo porque tienen una sobre carga de trabajo. 3) Lo que hemos visibilizado, por ejemplo, en las reuniones de Concejo, los hombres en el tema doméstico no se meten. Entonces, las mujeres funcionarias, además de tener el tema laboral remunerado, más el tema del trabajo de la municipalidad de sus comisiones que tienen que realizar o aportar desde su espacio donde estén, más las tareas domésticas; más los compromisos de esposa”. Informante 26. San Salvador, junio 24 de 2008.

6.3. Obstáculos de las mujeres para la participación

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