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Methods Designed to Increase Revenues and/or Decrease Costs

11. Industry Best Practices, Policies and Operations

11.2 Methods Designed to Increase Revenues and/or Decrease Costs

A pesar de ello, seguiremos las enseñanzas de Rabí Abraham Abulafia (Z”L), que dijo a su discípulo: “Coge la pluma para escribir como si fuera la lanza de un guerrero”. Abulafia desafió la imposibi- lidad, y tres siglos antes que Luria realizó la especulación mística más profunda que el judaísmo jamás había realizado. Transitó por todos los caminos de la finitud que él consideró como válidos para alcanzar los máximos niveles de acercamiento al Ein Sof. Abulafia intentó encontrar, dentro de la finitud estructural, los espejos equivalentes de las fuerzas subyacentes que simbolizan al Ein Sof.

Abulafia trabajó el intelecto, la matemática, la guematria (el lenguaje hebreo aplicado a la mate- mática), las técnicas de meditación emocional, la invocación de todos los nombres de Dios posibles en todas sus dimensiones; en definitiva, al contrario del silencio de Luria, desplegó todas las herra- mientas que consideró que eran validas con el propósito de acercarse al Ein Sof. Abulafia demostró que, pese a que un ser humano es un fragmento, la búsqueda constante en la interioridad subjetiva de la divinidad, el encuentro con nuestro fragmento interior del Ein Sof, no es un trabajo en vano, sino que, por el contrario, es lo que nos otorga el verdadero sentido a nuestra existencia.

Abraham Abulafia se esforzó durante toda su vida en ampliar los horizontes del misticismo judío hasta niveles nunca antes alcanzados y, en este sentido, trabajó siendo consciente de los límites de la escritura. Abulafia pretendía saltarse los límites de la escritura profundizando en los sentidos ocultos de dicha escritura. Creó metalenguajes para destruir los lenguajes literales, y creó sistemas de ruptura de dichos metalenguajes para acceder a los niveles más profundos de cada palabra. Destruyó las pa- labras en sí mismas buscando las energías de cada letra para comprender la combinación energética de cada palabra y su relación con la raíz que le dio origen. Utilizó las palabras como herramientas para descubrir el sentido oculto de cada una de ellas, buscó en la energía particular de cada letra el sentido oculto que daba origen a la combinación que denominamos como “palabra”. Realizó la más profunda decodificación del lenguaje hebreo y lo llevó hasta sus últimas consecuencias. Permutó las letras para obtener las combinaciones necesarias, y así establecer nexos relacionados con el sentido raigal de cada palabra. Realizó una rotación constante de las palabras, encontró las energías ocultas detrás de cada letra hebrea como una fuerza independiente, y a su vez como una fuerza que a través de las diferentes combinaciones tenía la capacidad de describir y operar sobre toda la realidad, porque en verdad la realidad había nacido a la existencia a través de estas energías. Porque fueron las palabras del Ein Sof las que dieron origen a la creación. Así, a través de la decodificación de cada palabra, todo retornaba al sentido original de toda la existencia.

Luria le respondería a Abulafia que somos como guerreros a quienes les faltaría toda la tinta del universo y que, por lo tanto, toda la escritura constituye una limitación que inexorablemente fracasa. Como consecuencia de esta vía de pensamiento, Luria escribió muy poco. No existen litros de tinta suficiente para poder describir el Infinito. Es un intento imposible. Y Luria en este punto se encuen- tra en una posición intelectual correcta. Mientras más elevados son los niveles de revelación, mayor concentración lingüística debemos realizar debido a que el contenido es más extenso. Se alcanzarían niveles cuyo contenido es tan profundo que el lenguaje se vuelve insuficiente200. Y a pesar de ello,

el ser humano, para Abulafia, debía acercarse al Ein Sof de acuerdo a todo su potencial. El esfuerzo que Abulafia le proponía al ser humano lo llevaba a una actividad constante, en la que cada persona encontraba su sentido de existencia. El descubrimiento de Abulafia fue que, en su búsqueda imposible de acercarse al Ein Sof dentro de su máxima capacidad, lo que descubrió fue la capacidad humana de avanzar a pesar de nuestras limitaciones transitorias. En ese sentido, el judaísmo se ha caracterizado por ser profundamente abulafiano.

Abraham Abulafia (1240-1292) escribió todo lo que pudo. Abulafia creía en el potencial del ser humano a pesar de todas sus limitaciones, era un optimista extremo que hasta pretendió convertir al judaísmo a un papa de la Iglesia Católica201. Para Abulafia, si se utilizaba el lenguaje hebreo como

vehículo matemático, se alcanzaría rápidamente la esencia oculta del mundo de la Bet y, por consi- guiente, comprenderíamos por equivalencia el mundo oculto de la unidad (la Alef). Abulafia buscaba al Ein Sof con el optimismo de un judaísmo que siempre desplegó en la historia su fuerza mesiánica potencial. Abulafia le entregó al judaísmo un optimismo limitado que lo ha caracterizado a través de su historia, y con ello entregó también las llaves para la autosuperación de todo ser humano. Como todo pensador del judaísmo, creía profundamente en el libre albedrío del ser humano a pesar de todas nuestras limitaciones predeterminadas.

El camino del judaísmo abulafiano creó, pues, la vía de la máxima autosuperación personal y, como consecuencia de esto, se creó la conciencia de un mesianismo subjetivo. Las técnicas meditati- vas abulafianas son solitarias, porque es en la soledad donde el ser humano es realmente libre; cual- quier comunicación social implica un condicionamiento, y aunque el judaísmo ha sobrevivido por su espíritu comunitario, los grandes pensadores del judaísmo han creado sus obras de mayor relevancia a través de sus interpretaciones subjetivas202.

Para Abulafia, la profecía puede ser descifrada si conocemos la mecánica oculta de la lengua he- brea. Si cada letra hebrea es una energía, entonces la combinación de letras provoca la aparición de energías diferentes producto de cada combinación. Por lo que, cuando logramos expresar una mayor combinación de letras, multiplicamos los sentidos de descripción. De este modo, como podemos combinar letras al infinito, podemos utilizar las letras hebreas como herramientas de todo avance metafísico, y no como simples elementos para la comunicación. Las letras hebreas, pues, no son importantes porque constituyen nuestro vehículo de comunicación, sino porque revelan en esencia la sustancia existencial de la creación, porque nos describen las energías subyacentes y ocultas dentro de nuestra realidad. En definitiva, las letras hebreas son instrumentos matemáticos precisos que nos otorgan una comprensión profunda del universo creado dentro del vacío.

Luria se rindió ante la inmensidad del infinito porque aceptó la imposibilidad de reducir a Dios a la escritura. Abulafia advirtió que el idioma hebreo consistía en un código matemático con el cual se po- día acceder a las más altas manifestaciones de Dios, y que, por tanto, había que utilizarlo al máximo. Abulafia comprendía que, a pesar de conocer nuestras limitaciones, es una responsabilidad personal realizar todos los esfuerzos posibles para lograr el desarrollo de nuestra máxima capacidad203.

Sin embargo, si estudiamos en profundidad la situación, ambos caminos conducen al mismo pun- 201 Nicolás III (1277-1280).

202 Mientras que para los rabinos institucionales la mayor preocupación siempre fue la cohesión interna de las diversas congregaciones judías, para los intelectuales (sobre todo para los mekubalim) la importancia fundamental se encuentra en la relación de cada ser humano individual con el Ein Sof. Mientras que los cabalistas le proponían a cada individuo una responsabilidad individual en su acercamiento al Ein Sof, para los rabinos institucionales estos místicos podían provocar una falta de cohesión comunitaria.

203 En este sentido Abraham Abulafia se encuentra en línea prácticamente con todos los autores del pensamiento judío que valoran el esfuerzo humano como método para llegar a Dios, y no la “gracia automática”, sin esfuerzo alguno.

to, a la imposibilidad. Los dos reconocieron la inmensidad del Ein Sof y su imposibilidad de desarro- llo conceptual dentro de la finitud; porque, mientras Luria aceptaba al Ein Sof a través de su silencio escritural, Abulafia, con su lingüística especulativa, intentaba llegar hasta donde su capacidad se lo permitía, siendo consciente de que toda capacidad humana es limitada. Por este camino se potencia el máximo desarrollo personal.

Para Luria, todos los intentos de definición constituían la más pura idolatría y, por consiguiente, no llevaban a ninguna parte. Sin embargo, para Abraham Abulafia, todo el proceso de la vida era una experiencia fundamental para desarrollar el máximo esfuerzo posible producto de la capacidad que el propio Ein Sof otorgó a sus criaturas. Si el Ein Sof creó la Torá literal fue porque indudablemente quería comunicar algo a sus fragmentaciones en la finitud. ¿Qué pretendía (y pretende) comunicar el Ein Sof a sus creaciones? La primera pretensión es que cada fragmento sea consciente de que dentro de sí se encuentra un fragmento del mismo Ein Sof, porque las vestimentas inferiores pueden ocultar esta realidad. La segunda pretensión es que cada fragmento pueda comprender la felicidad de tener la posibilidad de una identidad propia y fragmentaria que lo hace copartícipe real de la creación. Y la tercera pretensión (y la más cercana a la esencia del Ein Sof) es la posibilidad fragmentaria que el Ein Sof posee para revelarse dentro del vacío.

Por lo tanto, aunque sabemos que la Jojmá no puede ser revelada por completo, lo que sí sabemos es que tenemos un instrumento valioso de manifestación del Ein Sof en la fragmentación, el texto lite- ral de la Torá. Luria se preguntaba: ¿Podemos reducir el Ein Sof al texto de la Torá? En Jojmá existe la Torá en un nivel más elevado. El cabalista no puede encontrarse atado a la Torá literal, sino que, por el contrario, tiene que ascender a la Jojmá, donde se encuentra la Torá real. La Torá literal es un reflejo de la Torá real en los niveles inferiores de la existencia que poseen mayor oscuridad.

Abulafia, en cambio, advirtió que si fue decisión del Ein Sof expresar su relación con el mundo de la fragmentación, entonces la Torá literal poseía un “algo especial” que no sabíamos comprender. Ese “algo especial de la Torá” que no comprendíamos eran (y son) los diferentes niveles de secretos que existen dentro de ella y que, por tanto, la extienden en profundidad más allá de la Torá textual. Porque todo texto, por su propia limitación, jamás podía ser una imagen exacta del Ein Sof, sino solamente un reflejo de la divinidad que el ser humano puede soportar. Así fue que la Torá literal se diseñó en rela- ción a la vasija de resistencia del hombre. Ahora bien, si la vasija aumenta su capacidad de recepción, aumenta automáticamente la percepción de los diferentes niveles ocultos que se encuentran detrás del texto literal de la Torá. Es lo que denominamos como “la Torá de Atzilut”, la que se encuentra en el sod de la Torá literal, pero no la podemos percibir debido a nuestra incapacidad de recepción.

El judaísmo seguiría el camino de Abulafia porque la pretensión de “no avanzar ante la impo- sibilidad” constituye la anulación del desarrollo de la capacidad que Dios nos otorgó para poder crecer y ascender. El judaísmo (siguiendo a Abulafia) ha creído que, a pesar de nuestras limitaciones predeterminadas estructurales, debemos desarrollar el máximo esfuerzo dentro de nuestra existencia para llegar al límite de nuestras capacidades, y es justamente dentro de este proceso de esfuerzo que podremos encontrar el sentido de nuestras propias vidas.

Abulafia luchó hasta el final sabiendo que perdería (¿perdería?), pero que su verdadera victoria (¿victoria frente al Ein Sof de un fragmento manifestado?) se encontraba dentro del proceso continuo del conocimiento. Lo que resulta paradójico del cabalista es que sabe que en cada derrota se encuentra escondido el verdadero triunfo. Todo “verdadero mekubal” trabaja sobre sí mismo buscando ampliar el campo de recepción, porque de lo contrario no puede recibir, y si no recibe lo suficiente, no es un buen receptor.

bles que nos permita nuestra estructura fragmentaria predeterminada. Esto engrandece al zaragozano. Abraham Abulafia sentía que, al estudiar las fragmentaciones de Dios en sus manifestaciones, podía alcanzar cierta luz, porque ascendía en cada etapa en el proceso de unificación de las diversas frag- mentaciones. Cada esfuerzo, por mínimo que este fuera, representaba un “agregado” en el camino para obtener el sentido de la propia existencia de cada ser humano. Así que, para Abulafia, no todo estaba perdido; al contrario, la vida de cada ser humano representaba un continuo ascenso para esta- blecer la mayor conexión con el Ein Sof, hasta donde cada uno pudiera alcanzar según su predetermi- nación estructural y su ejercicio del libre albedrío.

La vida, para Abulafia, valía la pena vivirla simplemente por el desarrollo del esfuerzo, y dentro del desarrollo de este mismo esfuerzo, el ser humano encontraría el sentido subjetivo de su propia existencia. Sin embargo, para Luria, aceptar la imposibilidad de ver la luz en su esencia era la máxima comprensión del Ein Sof.

Abulafia optó por el esfuerzo continuo, a pesar de que alguien pudiera encontrar en ello un ego inflado; en cambio, Luria cogió el camino de la humildad declarada, como la única muestra real de nuestro reconocimiento de la infinitud del Ein Sof.

Ahora bien, tanto Abulafia en el siglo XIII como Luria en el siglo XVI y, en general, los cabalistas de todos los tiempos, siempre comprendieron que exclusivamente un grupo selecto de personas tiene la capacidad espiritual de comprender la Cábala, porque no todos deben ser forzados a subir de ni- vel204. No todos están preparados para ascender de nivel, ya que el problema es lo que cada uno puede

encontrar en ese nivel superior.