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4. MATERIALS AND METHODS 14

4.3. Methods 18

de documentos clasificados de la inteligencia norteamericana relativos a la

agresión de 1975. Uno de estos documentos refiere que los generales indonesios estaban presionando a Suharto «para que autorice una intervención militar

directa)}, mientras que otro informa a los señores Ford y Kissinger de que Suharto presenta la cuestión de Timar Oriental en su reunión de diciembre de 1975 y

«trataría de conseguir una actitud comprensiva». Al relativamente cándido Ford le alegraba decirle a Anderson que el interés nacional de los Estados Unidos «tenía que estar en el bando de Indonesia». Puede que lo dijera a sabiendas o no de que de este modo estaba desmintiendo todo lo que Kissinger había dicho siempre sobre el tema.

9. UN «TRABAJO HÚMEDO» EN WASHINGTON

Como hemos visto más de una vez, Kissinger tiene tendencia a personalizar su actuación política. Sus directrices han ocasionado directa y deliberadamente la muerte de cientos de miles de ciudadanos anónimos, pero también señalaron como objetivos a determinados individuos molestos: el general Schneider, Makarios, el jeque Mujib. Y, como más de una vez hemos vislumbrado, Kissinger se recrea en la vendetta de Washington y en la venganza localizada.

Parece posible que estas dos tendencias converjan en un solo caso: un plan para secuestrar y asesinar a un hombre llamado Elías Demetracópulos. El señor

Demetracópulos es un destacado periodista griego, con un historial inigualable de oposición a la dictadura que desfiguró a su patria entre 1967 y 1974. Durante esos años residió en Washington, donde se ganaba la vida como asesor de una

respetada empresa de Wall Street. Innumerables senadores, congresistas, funcionarios del Capitolio, diplomáticos y reporteros han dado testimonio de la extraordinaria campaña individual de presión e información que Demetracópulos realizó contra los gángsters militares que habían usurpado el poder en Atenas. Puesto que esa misma junta gozaba de la simpatía de poderosos intereses en Washington, Demetracópulos se vio obligado a luchar en dos frentes y se granjeó (como enseguida veremos) enemigos influyentes.

Tras el derrumbamiento de la dictadura griega en 1974 un colapso provocado por los acontecimientos en Chipre de que hablo en el capítulo 7-, Demetracópulos tuvo acceso a los archivos de la policía secreta en Atenas y confirmó lo que sospechaba desde hacía mucho tiempo. Había habido más de un intento de secuestrarle y

liquidarle. Archivos en poder del KYP -el equivalente griego de la CIA- revelaban que el entonces dictador, Jorge Papadópulos, y su jefe de seguridad adjunto, Mijael Rufogalis, en varias ocasiones habían contactado con la misión militar griega en Washington con este propósito concreto. Sellado con las palabras "COSMiC: exclusivamente para el destinatario» -el sello de seguridad más secreto-, este correo contenía un montón de proyectos. Vale la pena señalar que todos tenían en común el deseo de ver a Demetracópulos expulsado de Washington y repatriado. Asesinarle en esta capital habría podido resultar engorroso: además parecía existir la necesidad de interrogarle antes de despacharlo. (La junta griega fue expulsada en 1970 del Consejo de Europa por el recurso sistemático a la tortura contra

opositores políticos,.1' una serie de juicios públicos celebrados en Atenas después de 1974 condenó a los torturadores y a sus jefes políticos a largas penas de

prisión.) Uno de los planes consistía en embarcar por la fuerza a Demetracópulos en un avión comercial griego, otro en un avión militar, otro más en raptarle en un submarino. (De no ser por el probado historial de irracionalidad y de manía

obsesiva de los cabecillas de la junta, uno se vería tentado de considerar el tercero de estos planes, por lo menos, como una fantasía.) De los telegramas de COSMIC sobresale una frase:

Podemos contar con la cooperación de las diversas agencias del gobierno norteamericano, pero prevemos que la reacción del Congreso será virulenta. Era una previsión sensata: la CIA y el CNS, en especial, eran notoriamente amistosos con la junta, mientras que Demetracópulos tenía muchas amistades entre senadores y miembros del Congreso.

Con intención de descubrir qué tipo de «cooperación» pudieran haber ofrecido las agencias norteamericanas, Demetracópulas contrató en 1976 a un abogado -William A. Dobrovir, del bufete del Distrito de Columbia Dobrovir, Oakes y Gebhardt- y

presentó una denuncia basada en la Freedom of Information Act [Ley de Libertad de Información] y la Privacy Act [Ley sobre la Intimidad]. Logró obtener muchos

centenares de documentos del FBI, la CIA y el Departamento de Estado, así como del Departamento de Justicia y del Pentágono. Una serie de esos documentos indicaba que habían sido facilitadas copias al Consejo Nacional de Seguridad, a la sazón baluarte de Henry Kissinger. Pero las solicitudes de documentación

formuladas a esta fuente fueron infructuosas. Como hemos señalado

anteriormente, Kissinger, al abandonar el cargo, se había llevado como rehenes sus propios documentos: los había copiado, clasificado como «personales» y los había cedido a la Biblioteca del Congreso con la condición de que los conservaran a título privado. Así pues, Demetracópulos topó con un muro de piedra cuando invocó la ley para intentar arrancar información del CNS. Sin embargo, en marzo de 1977, el CNS finalmente respondió a las reiteradas iniciativas jurídicas entregando los esqueléticos «índices informáticos» de los archivos que habían sido recopilados sobre Demetracópulos. Al hojearlos, no es de extrañar que atrajera su atención lo siguiente:

7024513 DOCUMENTO = 5 DE 5 PÁGINAS = 1 DE 1 PALABRAS CLAVE

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