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ALTERACION DEL SUEÑO. Es la dificultad para dormir; en este caso se debe a un actor externo, un hecho de violencia que la persona haya presenciado o alguna pérdida de un familiar por medios violentos. La alteración del sueño puede tener de base miedo, tristeza, depresión.

ANSIEDAD:Estado de angustia y desasosiego producido por temor ante una amenaza o peligro. La ansiedad puede ser normal, ante la presencia de estímulos amenazantes o que suponen riesgo. Esta característica ha sido fundamental para la supervivencia humana. Desde este punto de vista la ansiedad es algo sano y positivo que ayuda en la vida cotidiana, siempre que sea una reacción frente a determinados peligros o problemas puntuales.

AUTOESTIMA: Es un sentimiento valorativo del propio ser, de la manera de ser, de lo que cada uno es, del conjunto de rasgos corporales, mentales y espirituales que configuran la personalidad.

AISLAMIENTO. Decisión de la persona de encerrarse, ensimismarse, no relacionarse con las demás personas, debido al impacto del hecho violento, que le hace desconfiar de los demás y ver inútil la relación humana.

DEPRESION. Es una tristeza acumulada, que afecta al organismo, al estado de ánimo y a la manera de pensar, de concebir la realidad. Afecta al ciclo normal de sueño-vigilia y alimentación. Se altera la visión de cómo uno se valora a sí mismo, su autoestima y la forma en que uno piensa; puede ser considerada como una reacción normal ante un acontecimiento negativo. Sin embargo, si dicho estado se prolonga en el tiempo, impide el desarrollo adecuado de la vida cotidiana; de ahí la importancia de que la persona pueda procesar el estado depresivo

adecuadamente. Quien tenga depresión puede presentar alguna o varias de las características: estado de ánimo triste la mayor parte del día, apatía, pérdida de interés en actividades que antes eran gratificantes, sentimientos de desesperanza y pesimismo, sentimientos de inutilidad y culpa excesivos, disminución de energía, fatiga, agotamiento o inquietud e irritabilidad, dificultad para concentrarse, recordar y tomar decisiones, insomnio o excesivo deseo de dormir.

DESCONFIANZA. En las zonas en donde hay presencia y accionar de los actores armados, es muy normal que haya desconfianza por quien llega como forastero, por quien habla o pregunta demasiado. Frente a hechos violentos las personas se sienten ofendidas profunda e irreversiblemente por quienes ejecutaron dichos hechos. La desconfianza es buena amiga de la prevención. Sin embargo, cuando se aplica indistintamente a las personas ocasiona ruptura del tejido social.

DESESPERACIÓN. La desesperación tiene que ver con una mirada catastrófica de la situación que se está viviendo, que no permite encontrar una salida. La persona siente mucha angustia y no ve posibilidades.

DESESPERANZA. Tiene que ver con la imposibilidad de encontrar salidas, caminos, a los problemas que se están viviendo. La desesperanza no ve un futuro alentador.

DESOLACIÓN.Es laaflicción extrema que se siente por los hechos violentos sucedidos. La persona siente angustia y desconsuelo.

DOLOR.Es sentirse lastimado en lo más profundo de su ser por los hechos vividos.

FRUSTRACIÓN. Es el estado de decepción creado emocionalmente cuando alguien espera realizar su deseo y se ve impedido de hacerlo. En este caso la frustración tiene que ver con el impacto negativo y de choque a los procesos

comunitarios, generados por las acciones violentas. La persona frustrada será sumamente sensible a todo planteamiento que la recuerde su frustración; sentirá angustia al ponerse en las mismas circunstancias en las cuales vivió el episodio y pensará ver repetida por doquier la misma situación frustrante.

INCERTIDUMBRE. Es no saber qué va a pasar ni a qué atenerse, después de un hecho violento. Es una emoción perfectamente normal, que se va disminuyendo a medida que baja la intensidad de los hechos y se vuelve a la normalidad de la cotidianidad.

INDIGNACIÓN. Tiene que ver con la condena a hechos que afectan la dignidad que asiste a todos los seres humanos. Quien siente indignación se siente ―tocado‖ por el sufrimiento de ese otro.

IMPOTENCIA. Significa la imposibilidad de actuar, de hacer algo. La limitación de hacer algo frente a los actores armados.

IRRITABILIDAD. Un hecho violento puede generar en las personas irritabilidad, sobre todo si esa persona tiene un carácter fuerte, malhumor, altibajos en el estado de ánimo; una persona fácilmente irritable presenta dificultad para disfrutar plenamente de las cosas positivas de la vida; puede tender al aislamiento social, sufrir de insomnio, de desconcentración y puede somatizar los problemas.

INTOLERANCIA. Es la incapacidad humana para aceptar y respetar el comportamiento, las actitudes, las opiniones o las condiciones ajenas, cuando se perciban de alguna manera diferentes a las propias o alejadas de los propios intereses o sentimientos.

MIEDO. Sentir miedo es una reacción normal y cumple una función adaptativa en la medida en que la persona o la comunidad, puedan reflexionar sobre sus causas y la manera de dar respuesta a situaciones que generan miedo. El miedo es un

mecanismo de defensa que ayuda a advertir el peligro; por lo tanto, es importante sentir miedo. Se expresa al experimentar situaciones que amenazan la integridad física o mental de las personas. Cuando el miedo paraliza a la persona y desorganiza su conducta, su función es desadaptativa y sentir miedo puedo ser un obstáculo para poder actuar. Por ello es necesario aprender a manejar el miedo.

ODIO. El odio es una rabia, animosidad, rechazo a personas, o grupos de personas, llevada al extremo; en ocasiones va acompañado de rencor por lo que sucedió en el pasado y fuertes deseos de venganza –con una mirada al futuro-, es decir, está asociado con una mala intención. Las personas que odian pueden no querer tener nada que ver con la persona o situación que despertó su odio. Es muy importante poder trabajar el odio, averiguando las causas, el contexto y la manera de superarlo. De persistir el odio, las relaciones humanas se ven afectadas.

RABIA. La rabia es una emoción de malestar, incomodidad y displacer que se experimenta en este caso frente a hechos violentos que afectan la cotidianidad. Generalmente la rabia va acompañada del deseo de "pelear" con quien agredió, - actores armados / delincuencia común-, responsables de hechos de violencia.La rabia puede llevar a generar comportamientos con consecuencias indeseables o poco adaptativas; manejada apropiadamente puede ayudar al ser humano a mantenerse saludable.

SENTIMIENTO. La persona siente que está sola, que nadie la acompaña en la dificultad que está viviendo. Esa soledad le hace sentirse desprotegida, más vulnerable de lo que puede estar.

TRISTEZA.Es la expresión del dolor afectivo mediante el llanto, el rostro abatido, la falta de apetito, entre otros. A menudo hay tristeza cuando las expectativas no

se ven cumplidas, cuando las circunstancias de la vida son más dolorosas que alegres. La alegría sería la emoción contraria.

6. CONCLUSIONES

Desde la configuración del Estado Nación, el país no ha dejado de tener una violencia que se explica por diferentes motivos: el Estado no ejerce control territorial total, los poderes económicos son excluyentes e imponen la lógica del capital, el sectarismo político ha sido una característica que aún hoy se mantiene, la violencia ha sido el medio de desplazamiento de miles de campesinos, la modernidad se ha impuesto con el desconocimiento de los derechos de la mayoría y la ausencia de una real democracia. A esto se suma el surgimiento y consolidación de grupos armados ilegales de izquierda, que cometieron abusos y atropellos contra la población civil; por todo esto surge el paramilitarismo que responde en forma desmedida con barbarie. El narcotráfico, asociado a los actores armados ilegales, mantiene hasta hoy el conflicto armado, asociado a megaproyectos económicos, prolongado en el tiempo, degradado en sus prácticas, con un costo muy alto para la población civil y con una presencia estatal precaria.

El Departamento de Antioquia, por razones históricas, geográficas y estratégicas, ha estado signado por la presencia de actores armados y por la violencia; guerrilleros y paramilitares se enfrentaron a sangre y fuego, en una lógica de tierra arrasada en la que el Ejército Nacional no pocas veces tuvo responsabilidad, por acción u omisión. Prácticas como las masacres, los asesinatos selectivos, las tomas de poblaciones, ataques a la infraestructura, se hicieron cotidianas. La región de Urabá, corredor del narcotráfico fue la más golpeada; le sigue el Oriente antioqueño; hubo desplazamientos masivos de comunidades enteras y la violencia se extendió a todo el departamento.

En medio de este panorama, los establecimientos educativos fueron afectados y los actores armados los utilizaron como cuarteles, trinchera, centros de tortura, sitios de proselitismo y reclutamiento de jóvenes. Las escuelas sufrieron las acciones de guerra como las tomas de las poblaciones y los bombardeos. Pero

no sólo se afectó la infraestructura; cientos de docentes fueron amenazados y, para el período estudiado, casi 400 maestros fueron asesinados, negando así el derecho a la vida, al trabajo en ambientes seguros. Ser, además de maestro, activista sindical, defensor de Derechos Humanos o militante de algún partido político de oposición, significó la muerte. A pesar de la crueldad de la guerra, muchos docentes aún siguen laborando en ambientes adversos. Las protestas de ADIDA y FECODE por el derecho a la vida si bien, son importantes, es necesario que haya una respuesta contundente desde la sociedad civil y el Estado, en defensa de la escuela y el magisterio.

Aunque ha habido respuestas del Estado de protección a los docentes en riesgo, éstas han sido insuficientes y a destiempo. La comunidad internacional se ha pronunciado y ha exigido al Estado colombiano tomar las medidas necesarias para que, a pesar del conflicto armado, el derecho a la educación de miles de niños y niñas colombianos, se mantenga; de igual manera, ha instado al Estado para que proteja a los docentes. De igual manera, ha solicitado a los actores armados ilegales, respeto a la normas del Derecho Internacional Humanitario, no utilización de las instalaciones educativas y no reclutamiento de menores de edad a sus filas. La siembra de minas, arma no convencional prohibida, sigue siendo utilizada como estrategia de guerra de los actores armados y ha ocasionado accidentes en el que la población civil es la más afectada. Debido a la práctica del Ejército Nacional de utilizar las escuelas como cuartel, la guerrilla sigue sembrando minas como forma de evitar esta utilización, afectando ostensiblemente el derecho a la educación de niños y niñas. Aunque en el Departamento se ha avanzado en la tarea del desminado, aún falta mucho por hacer. Dentro de una posible solución negociada, hay ya elaborados unos acuerdos humanitarios que protegerían a la niñez y a la juventud y comprometerían a los actores armados ilegales a señalar campos minados para su limpieza.