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4. RETURNS TO INDIVIDUAL TRADERS: SKILL OR LUCK?

4.4. Methods

La búsqueda de la propia identidad, el logro de una adecuada competencia social, la renuncia al narcisismo y la separación pau- latina de su familia son los principales problemas que debe afrontar el sujeto durante la adolescencia (Fishman, 1990).

Terapia familiar con adolescentes A . l . Búsqueda de la identidad

El adolescente busca su identidad dentro de un contexto familiar -y social- en el que los demás miembros de la familia también están adaptándose a una nueva etapa de su ciclo vital. A diferencia de las concepciones tradicionales, para las que la adolescencia implica la ruptura del vínculo padre-hijo, la terapia familiar sistémica pro- mueve una gradual renegociación de ese vínculo desde la autoridad «asimétrica» de la niñez hacia una reciprocidad en la edad adulta. La meta terapéutica no es que el chico huya del hogar, sino que salga de él y que al hacerlo mantenga una relación adecuadamente protectora para ambas generaciones (Grotevant y Cooper, 1985). Por esta ra- zón, en el tratamiento de un adolescente con problemas, el terapeuta observa las interacciones familiares que se manifiestan en la sesión y afianza el proceso de formación de la identidad de los integrantes de la familia, fomentando la negociación entre la generación de los pa- dres y la generación de los hijos para crear relaciones flexibles.

A.2. Competencia social

La familia permite aprender y mantener reglas de interacción social, adecuadas o inadecuadas, que se generalizan más tarde a las situaciones externas. Sin embargo, también los sistemas sociales que rodean a la familia -colegio, amigos, comunidad y lugar de tra- bajo- pueden contribuir a generar o mantener pautas conductuales funcionales o no funcionales. En consecuencia, ante la presencia de un síntoma en un adolescente conviene abordar -siempre que se crea necesario- no sólo los patrones familiares de interacción, sino también los sociales, interviniendo en el medio extemo para corre- gir patrones disfuncionales que a su vez afectan al sistema familiar.

A.3. Narcisismo adolescente

El adolescente se caracteriza por considerarse el centro de aten- ción familiar. Cuando presenta conductas problemáticas, el narci-

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Evaluación sismo propio de esta edad le hace sentirse omnipotente, de tal forma que juzga innecesario adaptarse a las realidades sociales. El muchacho únicamente se ve obligado a cambiar cuando experi- menta la necesidad de valerse por sí mismo, sin el constante apoyo de sus progenitores que refuerzan así inadvertidamente sus con- ductas inadecuadas. Por ello, para lograr que madure es imprescin- dible hacerle abandonar ese narcisismo, creando una crisis existen- cial mediante la experiencia de distanciamiento de sus padres.

A.4. Separación

El terapeuta debe ayudar a todos los integrantes de la familia a conseguir una separación sin alienación, para lo cual primero de- ben alejarse gradualmente y luego volver a conectarse a partir de un nuevo tipo de relación más igualitaria.

B. Evaluación

La evaluación recoge los presupuestos básicos de la terapia es- tructural (véase capítulo 8), a cuya gestación también ha contri- buido el propio Fishman en colaboración directa con Minuchin de quien se considera discípulo. Lógicamente al centrarse en los pro- blemas ocasionados en o por sujetos adolescentes, dichos presu- puestos se aplican al momento evolutivo en que los hijos comien- zan a emanciparse del hogar paterno.

B.l. Elementos de evaluación

Las principales variables que se tienen en cuenta son: el grado de adaptación a la etapa del ciclo evolutivo en la que los hijos em- piezan a alejarse de sus padres, la historia individual y familiar, la estructura de la familia, los patrones de interacción familiar disfun- cionales, así como las relaciones con el grupo de amigos y con las instituciones.

Terapia familiar con adolescentes Evaluación miliar para enfrentar las correspondientes tareas del inicio de la emancipación; las transacciones que manifiestan en su presencia; el tipo de límites entre los subsistemas; el reparto del poder; la dis- ponibilidad familiar para el cambio; los factores generadores de estrés; así como las fuentes de apoyo y recursos intra y extrafami- liares.

B.1.4. Proceso

El término «proceso» designa una secuencia de conductas dis- creta y limitada en el tiempo, que constituye una transacción. Por ejemplo, en un proceso de decisión familiar, el terapeuta puede ob- servar que el padre hace determinada propuesta, el hijo mayor se opone y la madre se pronuncia en apoyo de su hijo. Un acuerdo madre-hijo de este tipo puede tener suficiente fuerza y suscitarse de forma reiterada. Cuando un proceso perdura en el tiempo, adquiere el estatuto de estructura, de forma que el ejemplo anterior ilustraría una estructura de coalición madre-hijo en contra del padre y no sólo un proceso ocasional (Fishman, 1990).

Antes de evaluar cuáles son los patrones disfuncionales que ca- racterizan a la familia que acude a consulta, el terapeuta debe iden- tificar qué individuos o fuerzas sociales están manteniendo la con- ducta sintomática.

Con objeto de evaluar el sistema familiar, el terapeuta «coparti- cipa» con la familia experimentando los patrones de interacción que despliegan sus miembros en la propia entrevista, tras lo cual debe «desligarse». Es de vital importancia que no se deje atrapar por la dinámica familiar y recupere su capacidad terapéutica, para así introducir un cambio en la estructura de la familia. Los patrones conductuales que conllevan una patología pueden clasificarse en las categorías de evitación del conflicto, cismogénesis simétrica o complementaria, intrincación, rigidez y sobreprotección (Fishman, 1990). Sin embargo, las mencionadas categorías no son mutua- mente excluyentes. Muchas familias que exhiben patrones de in- trincación, rigidez y sobreprotección tampoco enfrentan directa- mente el conflicto, siendo incapaces de confrontar diferencias y B . l . l . Adaptación a la emancipación

El inicio de la emancipación de los hijos supone un gran reto para todas las familias. Algunas responden transformando las re- glas para incluir nuevas conductas más funcionales, mientras en otras, ancladas en antiguas reglas, surge un síntoma en torno al cual se organizan, impidiendo así que sus miembros satisfagan las co- rrespondientes necesidades evolutivas.

B.1.2. Historia individual y familiar

Los antecedentes históricos permiten conocer la cronicidad y gravedad del problema. Primeramente, se debe recoger informa- ción sobre acontecimientos importantes en la historia familiar como la muerte, divorcio, o enfermedad de alguno de sus miem- bros, quiebras económicas, etc. En segundo lugar, se pregunta en torno al problema que motiva la consulta: en qué consiste, cuándo y cómo surgió, y de qué forma han tratado de resolverlo. Final- mente, antes de comenzar el tratamiento psicológico se debe inves- tigar la posible presencia de factores biológicos. Por otro lado, no conviene olvidar que la historia relatada por la familia refleja una realidad selectiva, ya que se evocan hechos del pasado conectados con preocupaciones y problemas actuales. En cualquier caso, una vez evaluada la gravedad y cronicidad de la conducta problemá- tica, el tratamiento se orientará a trabajar sobre el momento pre- sente, es decir, sobre el aquí y ahora.

B.1.3. Estructura

La estructura comprende pautas transaccionales relativamente duraderas. Dichas pautas ordenan y organizan los subsistemas fa- miliares en relaciones más o menos constantes -alianzas y coali- ciones- que cambian paulatinamente según la etapa evolutiva que atraviesa el sistema familiar. Con objeto de conocer la estructura, el terapeuta evalúa: las habilidades de los integrantes del grupo fa-

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negociar soluciones satisfactorias a sus problemas. Seguidamente describimos en qué consiste cada uno de los patrones disfunciona- les:

1. Evitación del conflicto. Las familias con un miembro sinto- mático normalmente toman medidas que les permitan «esquivar» la confrontación, evitando reconocer el conflicto. La evitación di- fiere de la dispersión en que el segundo término se utiliza para des- cribir lo que realmente puede suceder durante una sesión, es decir, que cuando crece la tensión entre dos personas, una tercera actúa para reducir esa tensión desviando el enfrentamiento.

2. Cismogénesis simétrica y complementaria. La cismogénesis simétrica se refiere a secuencias de interacciones en escalada*, ba- sadas en la competitividad, que conducen a un cisma. En su forma complementaria, este patrón aparece como una serie de conductas recíprocamente ajustadas, en las que una persona adopta siempre una posición superior y la otra una posición siempre inferior.

3. Intrincación. El patrón de intrincación familiar se caracte- riza fundamentalmente por una extrema proximidad e intensidad en las interacciones, es decir, por unos límites insuficientemente diferenciados entre los miembros de la familia que conducen a una falta de distinciones apropiadas en las percepciones que tienen unos de otros y de sí mismos. Esta involucración extrema dificulta notablemente no sólo el proceso de formación de identidad indivi- dual y familiar, sino también el logro de una adecuada emancipa- ción del joven con respecto a su familia de origen.

4. Rigidez. Consiste en la incapacidad del sistema familiar para abandonar el statu quo cuando las circunstancias parecen in- dicar la necesidad de un cambio y, por tanto, conduce al estanca- miento del desarrollo evolutivo. La rigidez hace que la familia se ancle en antiguos patrones, que eran adecuados para etapas ante- riores del ciclo, pero no para la que ha de «atravesar» en el mo- mento presente.

5. Sobreprotección. El patrón disfuncional de sobreprotección se observa cuando existe una preocupación exagerada de los inte- grantes de la familia entre sí, lo cual impide que el adolescente des- arrolle su competencia y autonomía para satisfacer las necesidades propias de su edad.

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