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Microsimulation analysis

3 Description of the methods

3.2 Microsimulation analysis

Lastimosamente, en España no podemos decir que tenemos una intelectualidad que haya hecho suya la verdad freudiana, es por ello que este retroceso que proviene del '39 con el franquismo, no ha podido ser subsanado.

Como en todo hay excepciones y cada vez son más. Pero, toda­ vía, son muchos los escritores, comentaristas políticos, sociólogos, etc., alienados a estos ideales de objetividad, cientificismo, que 67

son inseparables de la estadística, la evaluación, el protocolo. Tanto los instrumentos, como los conceptos en los que se sos­ tienen son de una puerilidad extrema y sorprende aún más que esto haga mella en distintos actores sociales que se caracterizan por una relación privilegiada con la palabra.

Ya, en el texto "Los complejos familiares en la formación del individuo" (1938), Jacques Lacan usa su referencia a la historia y la sociología para rescatarnos de un posible prejuicio o "tentación del pensamiento", que nos llevaría a considerar que lo que deter­ mina la familia por como se constituye actualmente, padre, madre e hijos, sería su carácter biológico. Esta semejanza es puramente contingente y para demostrarlo acudirá a la Antigüedad donde encontrará otros tipos de agrupamientos familiares, más extensos, que no coinciden con esta unidad biológica y de esa manera la des­ miente. Encontraremos en las familias primitivas "un parentesco menos conforme a los vínculos naturales de consanguinidad".

A pesar de autores como Levi-Strauss, Durkheim, etc., en mu­ chos casos la "tentación del pensamiento" parece más fuerte y la balanza se inclina a esta "reducción biologicista", que quizá esté muy bien descrita por Benjamín cuando nos dice que el sueño del hombre contemporáneo sería la existencia del Ratón Mickey, don­ de la naturaleza y la técnica, el primitivismo y el confort van uni­ dos, y que frente al cansancio que anida en nosotros, nos propone "una vida que en cada acto se basta a sí misma".

Esta perniciosa tendencia del pensamiento, no solamente se sostiene en las dificultades conceptuales para separar lo instinti­ vo de lo innato por parte de los psicólogos, sino que los ideales de cientificismo que en Freud se deslizaban a lo largo de su obra también favorecían y favorecen ahora a través de su institución, la IPA, esta problemática forma de pensar.

Las características psicopatológicas de los sujetos, la orientación sexual, etc., son tema de estudios biogenéticos. Si se leen atentamen­ te las descripciones de los experimentos tan machaconamente tilda­ dos de científicos (por someterse fundamentalmente a baremos es­ tadísticos), se comprueba la falacia y futilidad de ellos. Travestidos con los ropajes de lo objetivo, experimental, estadístico . . . se consi­ deran absolutamente indiscutibles, indudables, cuestiones que no son más que "juegos de manos", donde se engaña al ojo para con­ seguir la meta que sirve a intereses ideológicos y de mercado. 68 Es sorprendente a estas alturas, leer un artículo en la sección

de Salud del periódico El País, donde un catedrático de Psicobio­ logía del Instituto de Neurociencia de la Universidad Autónoma de Barcelona, Ignacio Morgado Bemal, después de mareamos por el laberinto de los grandes descubrimientos que demostrarían que la homosexualidad se puede explicar genéticamente, termina ce5n afirmaciones de esta "guisa": "La realidad derivada de las inves­ tigaciones científicas viene a confirmar que el componente gené­ tico no cubre todo el espectro explicativo de la orientación sexual de las personas, lo cual nos lleva a admitir un margen para los fac­ tores no genéticos, es decir, los ambientales y educativos, por otro lado críticos respecto a los modos en que se practica la conducta sexual de cualquier orientación.

Pero esa misma realidad y lo que sabernos sobre la evolución

y el carácter adaptativo del comportamiento nos aleja de la creen­ cia de que la orientación sexual es una opción absolutamente libre del individuo, una opción que, por otro lado, dejaría expedito el terreno para quienes creen en la posibilidad de modificar ese tipo de conducta para adaptarla a patrones de naturaleza más social que biológica. Queda todavía mucho por conocer sobre las causas de la orientación sexual, pero, en cualquier caso, a la luz de los da­ tos objetivos que tenernos, no sería sensato obviar su importante componente congénito".

Aquí apreciamos la lucha ideológica en la que se enmarañan los propios investigadores científicos. Este psicobiólogo, dedica­ do a las neurociencias, primero parece ir en contra de un criterio sociológico adaptativo, que implique un modelo de normalidad (ideológicamente impresentable, un psiquiatra de la Universidad Católica CEU, declaró que la homosexualidad era una enferme­ dad que podía ser curada en tres meses), y si acepta la vertiente educativa y sociológica es la que tienen los "cognitivos-conduc­ tuales", que corno bien nos hace saber excluiría toda posible deci­ s_ión del sujeto. Pero desconoce en el enredo que se encuentra cuando pretende para desresponsabilizar al sujeto de su orienta­ ción sexual ubicar la causa en la genética.

Desde luego la "forclusión" que estos planteamientos hacen del legado freudiano, y ahora del psicoanálisis lacaniano, es sos­ pechosa. Ni el psicoanálisis tiene corno ideal la adaptación, ni puede concebir un sujeto al que se le quiera permanentemente descargar de las consecuencias de sus actos, de sus elecciones,

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Es sorprendente la "proliferación delirante" de explicaciones orgánicas, neuro-cerebrales, para cuestiones del lazo social, como por ejemplo el descubrimiento del gen del divorcio. Estos descu­ brimientos que resultan irrisorios, lo que muestran claramente es como la ciencia forcluye al sujeto del que se ocupa el psicoanáli­ sis, y reduce al hombre a un organismo vivo, despojado de su re­ lación con la palabra, con la letra, con la memoria, con la historia, con el enigma, con lalangue. ¿No parece este un proyecto demasia­ do aniquilador?

Es evidente que la advertencia de Jacques Lacan en 1938 es de una validez inquietante.

Es sorprendente que Lacan señale esta dificultad para aceptar que el significante introduce una distancia entre el goce y el cuer­ po, que el goce es exactamente correlativo a la forma primera en que entra en juego la marca, el rasgo unario2, justamente en la épo­ ca donde el estructuralismo se desplegaba en toda su potencia. Esa experiencia traumática, primera, que anuda !alengua, el sexo y la muerte, es lo que los científicos, educadores, psicólogos, algunos pensadores, algunos psicoanalistas, pretenden forcluir. Recomien­ do leer algunas páginas de Adorno críticas sobre el psicoanálisis en su texto Minima Moralia, que caracterizan bien el estilo de institu­ ción que no pudo soportar la enseñanza de Jacques Lacan y que op­ tó por el poder institucional antes que por la verdad freudiana.

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