lo que describen como una negativa a salir de su casa. Al comien zo de la entrevista, angustiado y al borde del llanto, expresa: "¡Mi mamá dice que se volvió loca por nosotros!" (el 'nosotros' inclu ye a su hermana diez años mayor, en tratamiento por anorexia). Se trata de una madre deprimida que se encuentra en la cama ha ce ya algún tiempo. Sólo digo: "¡Habría que ver si esto es tan así!".
A la siguiente sesión el niño llega tranquilo, diría incluso que aliviado y una de las primeras cosas que dice es: "Descubrí que 121
mi mamá me miente", para más tarde aclarar: "Seguro que lo que le pasa, es por cosas de ella, de gente grande."
No creo que sea necesario abundar teóricamente sobre este ca so demasiado claro respecto a lo que no se dice: allí donde el ni ño se encuentra captado 'absolutamente' como objeto de su ma dre, aparece la angustia y por consiguiente el miedo a salir de la casa que destaca más que una fobia, un padecimiento del cuerpo: miedo a "hacerse caca" cuando sale de ella, motivo por el cual de be volver tres o cuatro veces cada vez que franquea la puerta y que lo angustia al punto de no querer volver a intentarlo. Una pérdida presentificada en su propio cuerpo, como tratamiento fa llido de su captura en el deseo de la madre sin mediación del pa dre, que se evidencia en una angustia que lo retiene.
Algo del orden de la captura constitutiva del sujeto en la ley significante se ha puesto en juego en la intervención analítica. La clínica con niños es la ocasión siempre renovada de encontrar ese momento en que un sujeto encuentra su anclaje simbólico, y don de se permite ubicar la manera en que elabora su modo de defen sa frente a lo real de la mano del dispositivo analítico. La inclu sión de la suposición de saber produce que la supuesta ingenui dad infantil no sea completa, "para que los niños salgan ganando y sean los amos del juego"4. Tal vez esta puede ser una indicación de Lacan que sirva de orientación clínica en el fin de análisis con niños.
Algunos dirán que la sencilla historia de un niño que consien te con la "mentira" de su madre, nada tiene que ver con la clínica de la época. Pero propongo otra perspectiva: ese encuentro con un analista, y esa sola puesta en cuestión de una palabra que marca algo para alguien incluso en su propio cuerpo, y que lo objetiva en relación al Otro, abre el camino a algo nuevo que puede ser su salida a la captación en un deseo que no es más que goce: al pa dre (en esa frase que anuncia un problema "entre grandes"). Aun que podemos captar que esa mentira sólo es posible relativizarla en un mundo de palabras.
Para Lacan, la fórmula del deseo de la madre no es separable de su goce. De esto se trata en ese deseo, y el Nombre del Padre es lo que anula este. goce de la madre que queda de ese modo ce- 4 LACAN, J. El Seminario, Libro 4, Las relaciones de objeto, Ed. Paidós, Bs. As., 122 1994, pág. 296.
dido, convirtiéndose en un atributo del padre. En definitiva, se trata del pasaje de la ley de la madre, incontrolada e incontrolable -descripta por Lacan en el Seminario 5-, a la ley del padre como
legislador. Esa ley incontrolada, no es tal, más que por el hecho de que el ser hablante está perdido en las mismas leyes del signifi cante, "en el buen o mal querer de la madre"5, es decir, es puro ca pricho, verdad siempre en reabsorción en su relación con lo real. Pero qué pasa si ese goce no es interceptado, si la madre no es privada por el padre localizando un más allá de ese deseo, una mediación que realice un corte entre ese niño como falo y su goce que lo apresa en el fantasma de la madre. No nos detengamos en las disquisiciones diagnósticas que resultarían de las diferentes salidas de esta situación, sino en ese punto donde la madre "mira hacia otro lado", donde el conflicto en el sentido freudiano hace su aparición. Es lo que Lacan describe como "la necesidad de ha cer algo trascendente"6 para escapar del vértigo que implica que dar en ese apresamiento.
A través de la clínica y el encuentro con ese conflicto, Freud lo calizó en el marco del Edipo -en la célebre tragedia mítica de Só focles-, una trama prototípica donde la subjetividad humana pa recía encontrar su anclaje simbólico; redes significantes que ubi can al sujeto en relación a un orden que teje lugares donde cada sujeto encuentra un modo de defensa que signa su encuentro con lo real. Incluso, ha puesto el acento en los aspectos fallidos de la solución del conflicto edípico, y en lo que llamó la solución de compromiso, donde lo que se juega es la "poca realidad" del de seo en el que el sujeto se sostiene, en comparación con la intensi dad y persistencia de la realidad psíquica de los conflictos simbó licos y las fijaciones imaginarias, quedando así delimitada la vía del psicoanálisis en la experiencia subjetiva de hacer reconocer ese deseo, perturbando la defensa del sujeto.
De esta manera, la teoría heredada de Freud se extiende en el interior de este conflicto fundamental, que a través de la rivalidad con el padre, vincula al sujeto a un valor simbólico fundamental instaurando de esta manera la racionalidad de la fantasía y si-
5 LA CAN, J., El Seminario, Libro 5, Las formaciones del inconsciente, Paidós, Bs.
As., 1999, pág. 194.
6 LACAN, J., "Lo simbólico, lo imaginario y lo real", en: De los Nombres del
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tuando al sujeto en una relación con el saber. Conflicto fundamen tal que permitió ubicar un cierto tipo de sufrimiento y enferme dad en el hombre que señala un lugar vacío, donde ese conflicto aparece como reacción, incluso como construcción -en el sentido freudiano-: una puesta en juego de la subjetividad. Edipo testi monia de "cierto salvajismo del pensamiento" que define al saber no como el acto subjetivo de captura de una idealidad objetiva, si no como cierta afección, e incluso una enfermedad del viviente, y que a la altura del Seminario 11 Lacan define como una causa del inconsciente siempre perdida, pero que aun antes, en el Seminario 3, la describe del siguiente modo: "El complejo de Edipo significa que la relación imaginaria, conflictural, incestuosa en sí misma, está prometida al conflicto y a la ruina"7. Un saber que ex-siste y constituye el mundo de los objetos, determinando de esta mane ra la realidad del sujeto; aunque siempre queda una hiancia don de la angustia invade al sujeto en el encuentro con un real engen drado por lo imposible de cernir por el significante, en la vía del trauma que surge en la contigencia de un mal encuentro para ese sujeto particular, enfrentado más allá de la cadena significante, al
sinsentido como lo injustificable de una existencia que sólo es ver
daderamente humana cuando se torna parlante, sexuada y mor tal, cuando la lengua captura al ser en sus redes simbólicas ha ciendo posible la existencia de cada uno como singular y único. Etiológicamente, en el desencadenamiento de la neurosis se de signa a la función de la realidad como traumatismo. Es en la sor presa del trauma, en el acontecimiento imprevisto que deshace las coordenadas simbólicas del sujeto, donde se pone en dificultades a ese régimen edípico.
Freud buscaba restablecer, frente a ese pathos como sinsentido bruto de la vida, un lagos, un buen encadenamiento causal y una virtud positiva del efecto de saber anclado en el drama edípico, donde se reencuentran las imagos reguladoras de un goce e inclu so de una locura que surge del hecho contingente de las fragilida des del organismo, como resultado de lo que Lacan define como "una permanente virtualidad de una grieta abierta en su esen cia"8.
7
8 LACAN, J., El Seminario, Libro 3, LA CAN, J., " Acerca de la causaliaad psíquica", en: Las psicosis, op. cit., Escritos 1, pág. 139. Siglo Veintiu no editores, México, pág. 166.
Para Lacan, la pulsión es lo que anima a ese conflicto básico que constituye el fondo de la acción humana, pero también sostiene que en aquello que piensa, nunca se hace otra cosa que constituir al su jeto en objeto, objetalizarlo para de ese modo ser, lo que lo convier te en víctima siempre voluntaria de la relación al Otro. La lengua parasita al ser vivo añadiendo un modo de satisfacción anómalo sin adaptación definitiva, plus que sólo impone su satisfacción.
Para Lacan, " ... si el conflicto existe, es porque los hombres no sa ben contar mucho mejor que el león, a saber, nunca integran por completo el número tres, tan sólo lo articulan. La relación dual fun damental animal no por ello deja de prevalecer en determinada zo na, la de lo imaginario, y precisamente porque no obstante el hom bre sabe contar, se produce en última instancia lo que llamamos un conflicto"9. Recuerdo un niño psicótico de 9 años cuya maestra in sistía en que no podía aprender a contar más que hasta dos, muy angustiada por no poder sortear ese imposible de enseñar.