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La noción de “formación social abigarrada” propuesta por Zavaleta (1983,1986), interroga la problemática circunscrita entre los modos de constitución de la subjetivación política respecto a las formas de la estatalidad. Dichas formas de estatalidad o la forma-Estado se configuran en general en modos institucionales, culturales y políticos efectos de articulaciones entre los sujetos que se inscriben en una determinada delimitación territorial, con una unidad lingüística, así como la unidad del pueblo o aquello que se llama nación o sociedad (Judith Revel, 2008).

Así, la Forma-Estado se ha sostenido en la relación, precaria y contingente con la sociedad, definida esta desde una unidad, incluso los modos de las luchas sociales por la igualdad política y la democracia, se presuponen que estos se sostienen enuna unidad, es por ello Revel (2008) pensando en la experiencia europea argumenta:

[…] Creo que la dinámica del movimiento en Europa ha buscado deconstruir el Estado como unidad, porque quería, por el contrario, construir un común que pudiese tener juntas las diferencias en cuanto diferencias y, por tanto, un común en el cual la subjetividad permanezca como subjetividad. Esto implica la redefinición de otro tipo de unidad, que no es una zona neutra, gris, sino que es un arcoíris. Es la famosa sociedad abigarrada de la cual se hablaba. Toda la dificultad política está en articular esta permanencia de las diferencias dentro de un proyecto común (Revel, 2008: 46).

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Lo planteado por Revel pone de manifiesto la tensión irresoluble, pero constitutiva entre lo común y lo singular propio de una política en un horizonte emancipatorio. Una política que en los lenguajes contemporáneos políticos sostiene la subjetividad y la falta constitutiva de lo social (Laclau, 2006). Pero que en las sociedades complejas, exige un detenimiento, tal como lo plantea Luis Tapia Mealla (2008) en su argumentación sobre la sociedad abigarrada:

René Zavaleta sugirió que una formación social abigarrada es una sobreposición desarticulada de varias sociedades, es decir, de varios tiempos históricos, de varias concepciones del mundo, de varios modos de producción de subjetividad, de socialidad y sobre todo varias formas de estructuras de autoridad o de autogobierno […] sobre todo este último punto, que implica que el Estado boliviano en sus diversas fases ha sido una estructura de gobierno y de dirección que ha correspondido a un solo grupo humano en el país que ha mantenido una relación más o menos colonial con el resto de la población que no se ha socializado en torno a la misma matriz cultural y que ha mantenido sus formas de organización y producción y también de regulación social y de autoridad política (Tapia, 2008: 48).

Según lo anterior entendemos junto con Tapia, que lo que sugiere Zavaleta con la noción de abigarramiento es que esta implica asumir los heterogéneos modos de vida y organización política que se encuentran desarticulados en sociedades donde operan a diferencia de la Forma-Estado, la forma-comunidad, por lo que es imposible concebir un a priori en la articulación entre la sociedad (una) y una

Forma-Estado. Tapia (2008) plantea que lo abigarrado se presenta como “una sobreposición desarticulada”, que entendemos se podría pensar como un singularidad que no se pone en relación de modo directo, pero que sin embargo, no se encuentra en una pura exterioridad.

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las formas de dominación colonial y de separación que el Estado liberal ha instaurado, ha habido sujetos que se han fusionado en la acción en el intento de construir algo común en el país” (Tapia, 2008:50). Esto es un modo como lo abigarradose muestra no solo en la dispersión si no en lo común, que podríamos decir que representa lo singular en los modos de constitución de la heterogénea sociedad4es decir, en cómo este se anuda y se presenta lo singular en la constitución de lo común. Por ello, comprendemos que cuando Zavaleta (1986) plantea la condición de

abigarramiento la propone en relación con la apuesta epistemológica para el conocimiento local, es decir, cómo un modo de interrogar la dimensión del saber situado en los problemas y la configuración socio-política en Bolivia, en la vía de interrumpir y no obviar los modos sedimentados en los que se determinan cómo somos, concepción que en consecuencia tiene efectos en cómo interrogamos qué es lo común y lo singular. En este sentido, Zavaleta, sostiene la importancia de que “cada sociedad aprende que conocerse es ya casi vencer”

(Zavaleta, 1986:20), agregaríamos que conocerse, implica no solo una relación con el saber, sino también con la verdad del sujeto, los cuales se encuentran inscritos en la dimensión afectiva.

Por ello, por una parte, tanto lo abigarrado a través de los modos cómo comprender y conocer una sociedad, y por otra también, lo abigarrado como la irrupción de un irreductible presente en la contingencia política en que se produce, y a través del cual no sólo se podría pensar como argumenta Zavaleta que existen “sociedades cognoscibles y sociedades no cognoscibles, sociedades cuantificables y sociedades en las que la forma de la articulación entre formas distintas es una cualidad” (Zavaleta, 1986: 19) sino además que la imposibilidad perfora cualquier intento de conocimiento de una sociedad.

Para Zavaleta, esta imposibilidad se presentaría en esos momentos de crisis, - que se podría pensar como dislocatorios o destituyentes- en los que el acontecimiento abre la dimensión ominosa y más singular de lo social y lo político, y que a nuestro modo de comprender son aquellos que interrumpen el

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Noción que consideramos es equivalente a la noción de heterogeneidad de Laclau en la Razón populista (2010).

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statu quo y las sedimentaciones, en palabras de Zavaleta, serían aquellos que cuestionan “la cuantificación de la sociedad” (Zavaleta, 1986: 19). Momentos constitutivos que se producen como un efecto de la forma general de capitalismo, en la cual se sostiene una homogeneización sobre los saberes, las prácticas y los modos de vida.

Así, argumenta que“[…] la crisis adquiere con la relación a estas sociedades innumerables e incógnitas como la boliviana una connotación particular”(Zavaleta, 1986: 19). Esto se traduciría que la contingencia, las demandas que emergen o en palabras de Zavaleta “[…] es la propia necesidad la que hace que cada modo de ser convoque a una forma de conocimiento, con lo cual sostenemos que sería discutible hablar de un método de conocimiento general a todas las sociedades”(Zavaleta, 1986: 19), cada singularidad, que se inscribe en aquello que llamamos lo común.

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