Context of Research
A. Mitigation efforts in the UK
El dinero, la ambición, la droga, la política, el Mal y la magia negra están con frecuencia relacionados entre sí. Uno de los periodistas más reconocidos de Colombia, Germán Castro Caicedo, ha investigado de forma exhaustiva el tema. Su libro titulado La bruja: coca, política y demonio, levantó muchas ampollas en todos los sectores de la sociedad.
La bruja, como si su nombre fuera premonitorio, fue el reflejo de aquel aquelarre de narcotráfico, brujería y política que permeaba la sociedad. La violencia había hecho mella en la mente del periodista desde cuando niño vio volquetas cargadas de muertos pasar cerca de su casa en Zipaquirá, y la aborreció por su capacidad de destruir la felicidad de la gente que luchaba contra la muerte, y también por sobrevivir. «En adelante», escribió en 1994 «serán historias y seres que cuenten cómo vivimos y cómo agonizamos. Relatos, reportajes o testimoniales, como quiera llamárseles, menos novelas o periodismo novelado, porque esto último no existe. Ante la dinámica maravillosa de este país, me parece que lo que se impone es jugar a la precisión».88
Castro Caicedo dice que Colombia es un país en el que la realidad supera a la ficción y en ese sentido coincide con García Márquez, pero también, de alguna manera, es su contrapeso. Mientras que el GGM ha optado por la literatura para contar la realidad del país –y se ha afincado en México, lo que le ha permitido tomar distancia– Castro Caicedo ha apostado por el periodismo más duro y más realista sin abandonar las fronteras de la nación. Incluso se atreve con temas tan difíciles de mostrar de forma subjetiva como la brujería, pero sabe tratarlos con frialdad de reportero. Salvo por su novela Candelaria, jamás se ha apartado de las premisas periodísticas para narrar el país. Los temas que le han ocupado son los que ofrece el menú nacional; de ahí que al menos dos de sus libros traten sobre asuntos que parecen pertenecer al mundo de lo sobrenatural: La bruja, que trata sobre una pitonisa que asesoraba por igual a narcotraficantes, a políticos y hasta al presidente de la nación, y Mi alma se la dejo al diablo, que narra los últimos días de Benjamín Cubillos y de quienes trabajaban a las órdenes de Martin Morningstar. Morningstar era un piloto americano que decidió montar un campamento en plena selva amazónica para organizar safaris. El negocio no funcionó, así que él, aparentemente, optó por desaparecer. Los cadáveres se encontraron muchos años después. Las últimas palabras que su empleado, Benjamín Cubillos, dejó
88 Artículo publicado en El Tiempo. Sin autor. La bruja le señaló su destino. Marzo 30 de 2003. Sección:
escritas en su diario fueron: mi alma se la dejo al diablo, que son las que dan el título al libro. Cubillos era un campesino de 26 años que murió abandonado en la selva amazónica.
La presencia de lo demoníaco y de lo sagrado es una constante en el imaginario colombiano, en las conversaciones caseras, en las cafeterías de los barrios, en los costureros de las señoras, en las telenovelas. Se habla de forma natural de la ayuda de las ánimas, se invoca la protección divina antes de dar un paso fuera de la casa, se riegan las alcobas con agua bendita. También es corriente que las mujeres –de todas las clases sociales– encuentren evidencias de brujería en sus hogares, por ejemplo, el hallazgo de una pequeña bolsa de tela negra en cuyo interior hay pelos y piedras oscuras. Se trata de objetos usados en las llamadas artes negras para infligir el mal a alguien a quien se odia o se envidia. No existen datos estadísticos sobre algo que tiene lugar a puerta cerrada, pero basta con pasar un tiempo en el país, entre su gente, para hacerse con una variopinta colección de este tipo de historias. Es reveladora a este respecto la anécdota que relata el periodista estadounidense Jon Lee Anderson, que fue a entrevistar a las hermanas de Gabriel García Márquez en Barranquilla.
Después de almuerzo le ofrecí transporte a Ligia y a Aída (hermanas de GGM), a quien había conocido en sus días de monja y comenzaron a intercambiar historias acerca de un cura de la ciudad. Escuché que Aída decía: «Él hace milagros». El conductor dijo que él había asistido a un servicio el día anterior y durante la ceremonia, una señora que estaba poseída se calmó luego de que el sacerdote le impusiera las manos. «Funciona si usted tiene fe», dijo Aída. Ligia me comentó entonces que todo eso estaba dicho en la Sagrada Escritura. Explicó que cuando los cómplices de Satanás eran vencidos, quedaban desprovistos de los cuerpos que habitaban, pero sus espíritus seguían con vida. Algunos de ellos se habían convertido en cerdos, pero los otros seguían flotando en busca de rendijas en los cuerpos humanos y cuando encontraban una persona débil se
Aída y el conductor asintieron en silencio y me quedó claro que todos ellos creían al pie de la letra en lo que había dicho Ligia. «El mundo sobre el que Gabo escribe, eso que llaman realismo mágico, existe en la realidad: es aquel en el cual vivimos», me dijo Mirtha Huelvas, una psicóloga social de Barranquilla. Yo le había escuchado decir lo mismo a otros colombianos, pero se sentía más verdadero en Barranquilla que en Bogotá.89
Casi cualquier colombiano puede contar cómo ha sido víctima de los efectos de la brujería o que ha conocido a alguien que los ha sufrido. Lo mismo ocurre con los milagros, los mensajes de la divina providencia, los presentimientos que salvan del desastre, la efectividad de ciertos objetos a los que se atribuye un poder protector. La brujería y lo sobrenatural forman parte de la vida cotidiana. Sin embargo, es imposible encontrar estadísticas que lo documenten porque pertenece al ámbito de lo privado. Tampoco resulta fácil rastrear estas prácticas en los medios de comunicación porque no ocupan titulares de prensa. Sin embargo, hay formas de probar que este miedo colectivo a la hechicería se fundamenta en hechos reales. Con frecuencia se publican noticias en páginas interiores que muestran hasta qué punto en Colombia el mundo real, el espiritual y el de la magia negra, forman parte de un mismo conjunto.
Ninguno de los agentes asignados a la Policía Vial del Quindío se atreve a destapar uno de los 292 muñecos de vudú que decomisaron el pasado lunes, en la vía Calarcá-La Línea (Quindío). El cargamento, al que acompañaban 192 unidades de polvos esotéricos, 50 de limadura de oro y 24 lociones para limpieza interna, fue despachado desde Cúcuta en un carro de encomiendas por una persona que escribió con grandes letras: mercancías varias, en las cuatro cajas de cartón en las que lo despachó rumbo a Pasto. Con sorna, los agentes dicen no tener miedo y que esperan la llegada del inspector de Calarcá para abrirlas y, además, para que quede en actas lo que contienen. La carga, de pequeños muñecos negros y rojos empacados en plásticos trasparentes de manera individual, permanece arrumbada en el Comando de la Policía Vial, muy cerca de la oficina del comandante. En su interior hay una hoja de instrucciones sobre cómo
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practicar el hechizo con estos. Para el subintendente Rolando Silva, de la Sijín de Armenia y experto en actividades de brujería, aunque la tenencia de estos elementos no quebranta ninguna norma penal, su decomiso es solo una medida para proteger la conducta moral y las buenas costumbres de las personas. Incluso, el experto recomienda no alarmarse ni creer en esos cuentos y señala que se trata más de un efecto psicológico. Aún así, el jefe de la Policía Vial del Quindío, capitán Gerson Fajardo, dijo que sus hombres investigan tanto el nombre del destinatario de la carga mágica como la sede de la fábrica de los muñecos. Como sea, los agentes recuerdan que cuando hicieron el decomiso de los elementos de brujería, el policía que avisó a su superior lo hizo con la voz entrecortada. Por eso ellos se aguantan la curiosidad para no abrir las maléficas cajas y murmuran que aunque las brujas no existen, de que las hay, las hay.90
6.4 El Divino Niño que protege de todo mal
La principal figura de las «fuerzas celestiales» que representa la fe en el Bien – en oposición a la fe en el Mal– es el Divino Niño, una figura religiosa a la que se le atribuye el poder de hacer milagros. La devoción a él es la más conocida del país, comparable –aunque mucho más multitudinaria– a la que se profesa por la Virgen de Lourdes, en Francia. El santuario del Divino Niño bogotano está ubicado en un barrio del sur de la ciudad, llamado el Veinte de Julio.
Es difícil comunicar hasta qué punto la devoción en Colombia es arraigada y colectiva, pero quizás esta cifra ayude a comprenderlo. Cada domingo, la figura del Divino Niño es visitada por unos 200.000 ó 250.000 devotos.91
90 Artículo publicado en El Tiempo. Sin autor. Cayó carga de muñecos para vudú. Sección: Información
General. Diciembre 16 de 2004
Es decir, alrededor de un cuarto de millón de personas asiste a una de las 28 misas que se celebran a lo largo del día. Compárese esta cifra con la siguiente: 50.000 fieles asistieron a la última bendición de Domingo de Ramos que dio Juan Pablo II, cuando las noticias de su salud
ya se habían convertido en un presagio seguro de su muerte. Y compárese con esta otra cifra. En el santuario de la Virgen de Lourdes, en Francia, que es una de las figuras con mayor devoción en Europa, un domingo normal se celebran 7 misas, una más que las 6 que se suelen celebrar entre semana. Siete es también el número de misas que se celebran los domingos en la Basílica de San Pedro en Roma. Y este es el dato revelador: siete misas un domingo cualquiera en Lourdes y en Roma, contra 28 en la iglesia del Divino Niño de Bogotá. Ese número da una idea de la devoción de los colombianos. En el barrio del Veinte de Julio, debido a que los fieles no caben, celebran las liturgias a lo largo del día en la nueva basílica y en la plazoleta, a veces de forma simultánea. La primera de las veintiocho liturgias comienza a las 5:00 de la mañana y la última, a las 7:00 de la noche. En comparación, la primera de las siete misas que se celebran los domingos en la Basílica de San Pedro comienza a las 8:30 de la mañana y la última, a las 5:30.
Digámoslo de una vez: cuando hablamos de devoción en Latinoamérica y cuando hablamos de devoción en Europa, estamos hablando de cosas distintas.
Los devotos del Divino Niño bogotano piden favores de todo tipo, como un cupo en la escuela para un hijo, el reestablecimiento de la salud de un ser querido, un puesto de trabajo o que el esposo deje la bebida.
Habitantes de todos los sectores sociales, desde los más humildes hasta los más elegantes de la ciudad, suben por las empinadas calles que llevan al santuario. Según la creencia popular, si se reza al Divino Niño durante nueve domingos consecutivos, él concederá el favor o la gracia que se le pida. Esta es la oración que se le dedica:
Oración inicial para todos los domingos (S. Biblia Est. 13, Is).
Señor Dios, Rey Omnipotente: en tus manos están puestas todas las cosas. Si quieres salvar a tu pueblo nadie puede resistir a tu voluntad. Tu hiciste el cielo y la tierra y todo cuanto en ellos se contiene. Tú eres el dueño de todas las cosas. Quién podrá pues resistir a tu Majestad Señor: Dios de nuestros padres: ten misericordia de tu pueblo porque los enemigos del alma quieren perdernos y las dificultades que se nos presentan son muy grandes. Tú has dicho «pedid y se os dará. El que pide recibe. Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo concederá, pero pedid con fe». Escucha pues nuestras oraciones. Perdona nuestras culpas. Aleja de nosotros los castigos que merecemos y haz que nuestro llanto se convierta en alegría, para que viviendo alabemos tu Santo Nombre y continuemos alabándolo eternamente en el cielo. Amén.
La religión forma parte del pensamiento mágico, al igual que la creencia en todo tipo de fenómenos y objetos con orígenes o poderes sobrenaturales. Las novelas de García Márquez muestran la presencia del pensamiento mágico en la vida cotidiana de los personajes, y también todas dan testimonio de la violencia y del fracaso político por alcanzar la paz, que en ocasiones ha parecido un «proceso manejado por los tres chiflados».92 Las obras literarias de GGM muestran una fascinación por el transcurrir de largos periodos de tiempo dominados por un evento fatal, por ejemplo, por la muerte. Este es uno de los temas emblemáticos y más recurrentes en su obra.
CAPÍTULO VII
A UNA HISTORIA SIN MUERTO LE FALTA VIDA
Liz Greene, psicóloga junguiana y astróloga, dice que el amor y la muerte son los dos grandes acontecimientos en la vida de una persona que confirman su sensación de destino. Y es verdad que, frente a un cadáver, ante lo irrecuperable e irreversible, los personajes de una historia se ven obligados a cambiar. Un muerto actúa como detonante y acelerante en un relato.
García Márquez siempre ha sufrido un miedo irracional a morir de forma súbita, tal como lo escribe en su autobiografía.
A los doce años yo era raquítico y pálido y apenas bueno para dibujar y cantar. La mujer que nos fiaba la leche le dijo a mi madre delante de todos, y de mí, sin una pizca de maldad:
–Perdone que se lo diga, señora, pero creo que este niño no se le va a criar.
El susto me dejó por largo tiempo a la espera de una muerte repentina, y soñaba a menudo que al mirarme en el espejo no me veía a mí mismo sino a un ternero de vientre. El médico de la escuela me diagnosticó paludismo, amigdalitis y bilis negra por el abuso de lecturas mal digeridas.93
Gabo ha manifestado varios terrores primordiales conectados entre sí: el terror a la muerte y a ser enterrado o, peor aún, enterrado vivo. El terror a tener que enterrar a otros y el terror a que una persona no reciba sepultura. De hecho, García Márquez no asistió al funeral de su hermano, Eligio, ni al de su madre, Luisa Santiaga, y tampoco al de amigos queridos como Rafael Escalona y Álvaro Mutis. Es un hecho que le ha
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acarreado numerosas críticas por parte de familiares y allegados, pero él ha zanjado el asunto con una afirmación tajante: «Yo no entierro a mis amigos».
7.1 Los muertos inmortalizados por Gabriel García Márquez
En su libro de memorias, Vivir para contarla, las palabras muerte, muerto, morir y mortal aparecen unas 270 veces, mientras que en Cien años de soledad, figuran en unas 240 ocasiones. No hay que perder de vista que, al final de la novela, no queda ni un Buendía vivo.
El origen del horror y fascinación de GGM con la muerte es temprano. Vivía con sus dos abuelos en una casa llena de cuartos vacíos, cada uno habitado por un fantasma. Su abuela lo aterrorizaba con cuentos de espantos y él era «raquítico y pálido». Además, heredó de su madre unas pesadillas pavorosas. La muerte fue su primera preocupación narrativa y, por lo mismo, el tema de la mayoría de los relatos de su primer libro. Hay diez cuentos y el Monólogo de Isabel viendo llover en Macondo, que en realidad fue un capítulo que eliminó de La hojarasca. Interesa mucho esa antología, porque ahí está Gabo en estado puro; todo su talento como poeta y también, algunos de los temas que retomaría más adelante en sus novelas.
Estos diez cuentos y un monólogo los escribió entre sus 20 y 25 años, a un promedio de dos relatos por año. Son: La tercera resignación (1947), La otra costilla de la muerte (1948), Eva está dentro de su gato (1948), Amargura para tres sonámbulos (1949), Diálogo del espejo (1949), Ojos de perro azul (1950), La mujer que llegaba a las seis (1950), Nabo, el negro que hizo esperar a los ángeles (1951), Alguien
desordena estas rosas, (1952), La noche de los alcaravanes (1952) y por último el Monólogo de Isabel viendo llover en Macondo.94
Un examen riguroso de las temáticas que ocuparon la primera parte de su trayectoria narrativa permite corroborar hasta qué punto la muerte es una obsesión temprana. El primer relato que escribió y publicó, La tercera resignación, es la historia de un niño que sigue creciendo dentro de su ataúd después de muerto. De vez en cuando, su conciencia despierta solo para volver a morir –un hecho que repetirá en el relato Blacamán el bueno vendedor de milagros– y en su inmovilidad percibe cambios que desvelan que pasa de un estado de muerte a otro aún más profundo. La otra costilla de la muerte trata sobre dos hermanos gemelos; uno fallece y el otro le sobrevive, lleno de espanto. La reflexión que hace el doliente un deseo de cierto intercambio entre el vivo y el muerto, de modo que el cadáver del que yace bajo tierra no se corrompa jamás, el otro comience a sentir «la podredumbre que invade al vivo con sus pulpos azules». La historia parece una evocación de la leyenda griega de los dioscuros Castor y Pólux, representados en la constelación de Géminis. Según una de las muchas versiones de la leyenda, uno de los gemelos muere y el otro lo ama tanto, que decide compartir su vida con él. A partir de entonces, los hermanos alternan su estadía entre el mundo de los vivos y el mundo de los muertos. Así, cada seis meses, el que está vivo desciende al Hades y el muerto sube a la tierra de los vivientes para, seis meses más tarde, volver a intercambiar lugares.
El tercer cuento de la antología, Eva está dentro de su gato, narra que una mujer muy bella ha fallecido pero no lo sabe. Poco a poco el lector descubre que ella ha
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reencarnado en un gato. La cuarta historia, Amargura para tres sonámbulos, relata la vida de cuatro niños y una niña. Ella se desliza despacio hacia la quietud y la inmovilidad mediante la renuncia voluntaria a sonreír, a ponerse de pie, a ver, a oír [...] Finalmente se queda del todo quieta. «Sabíamos que era lo suficientemente humana para ir eliminando a voluntad sus funciones vitales, y que, espontáneamente, se iría acabando sentido a sentido, hasta el día en que la encontráramos recostada a la pared, como si se hubiera dormido por primera vez en su vida». Es decir, se queda muerta en vida.
El siguiente relato, Diálogo en el espejo, trata el tema del desdoblamiento de