Pyrolysis of Corn Stover into Liquid Fuels and Biochar Including the Field Application of the Biochar Co-Product
6.1.3. Mitigation Potential for 2020, 2030, 2040, and 2050 The mitigation potential is presented in Exhibit 78 by direct and indirect emission reductions.
El concepto de inseguridad en el marco de este trabajo se divide en dos dimensiones de análisis. La primera es reconocer la centralidad del espacio en la transformación, construcción e interpretación de los fenómenos asociados a la inseguridad. En segundo lugar, la perspectiva de política multidimensional que se funda en la premisa de que el concepto de inseguridad condensa una serie de problemáticas sociales que no son contenidas por el fenómeno de la acción criminal o delictiva.
Entonces, se define a la inseguridad frente a la de- lincuencia como un dispositivo en el cual se cobijan frustraciones asociadas a vulnerabilidades en el acceso a bienes, servicios, salud, etc. Junto con ello, se reconoce el rédito político que atrae su preocu- pación (Skogan, 1986) y que consigue movilizar, en tanto dispositivo de poder, a medios de comunicación y electores de un territorio determinado (Browne, 2005; Foucault, 1999, 2002).
Ambas explicaciones del fenómeno son, con distintas intensidades, promovidas en la política pública vigen- te en Chile desde el nivel central. Por ejemplo, en el Plan Nacional de Seguridad Pública del Gobierno de
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Chile se señala que la evolución del fenómeno de la delincuencia e inseguridad se diferencia territorial- mente, por ende “obliga a incorporar la dimensión
local para poder comprender en qué medida estos afectan a cada comunidad y cuáles son las acciones más pertinentes y eficaces para enfrentarlos” (Minis-
terio del Interior y Seguridad Pública, 2014: 19). Así, para realizar una política efectiva, es precisa la inclu- sión del nivel local mediante gobiernos regionales y comunales, para alcanzar de esta forma soluciones integrales y pertinentes.
En este mismo plan, se explicita la implementación de un concepto de seguridad multidisciplinario, que no se enfoca en los receptores de la política, sino en el problema que radica en los espacios del nivel local (contextos diversos). El nivel local se entiende como el espacio privilegiado de coordinación, arti- culación y formulación de metas compartidas con servicios públicos descentralizados, basados en la heterogeneidad territorial de los problemas sociales (Harvey, 1997).
Una referencia que se encuentra a la base de la po- lítica multidimensional del caso de estudio de este trabajo es el concepto de seguridad humana, que refiere a los diversos factores que se deben consi- derar para intervenir en materia de seguridad con respeto en estándares internacionales. El concepto de “seguridad humana” tiene su origen en el año 1994 como resultado del Informe Anual sobre Desarrollo Humano del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD, 1998), donde el énfasis se encuentra en continuar el proceso de superación del desarrollo humano fundado en indicadores socioeconómicos. Dentro de los diferentes ámbitos de aplicación de la seguridad desde la perspectiva humana se cuentan los siguientes:
Figura 2
Dimensiones del concepto de Seguridad Humana
Fuente: Elaboración propia a partir de ONU, 2001.
Todas las dimensiones de este concepto se refuerzan y vinculan con el territorio de la comuna de Peñalolén, y deben estar presentes en todas sus intervenciones de acuerdo a lo que expresan sus instrumentos indi- cativos de planificación territorial por dos motivos:
1. El primero es el efecto dominó de la definición, que refiere a que intervenir en una de estas dimensiones en un contexto particular tiene consecuencias en un cambio negativo en el desarrollo de otras; por ejemplo, concentrarse en ayuda directa en materia económica tiene consecuencias en la sociabilidad de los barrios intervenidos (HSU-OCHA, 2001). Esta visión coincide con lo que algunos autores también denominan el efecto de encadenamiento de las vulnerabilidades sociales (Auyero & Berti, 2013).
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2. En segundo lugar, se debe poner atención en el efecto escala del territorio, el cual refiere a imple- mentar enfoques integrales en la conformación de la gobernanza territorial (organizaciones, comuna, gobiernos regionales, intendencia, etc.) (HSU-OCHA, 2001).
Con estos antecedentes, se entiende que la seguridad humana se define como un marco político que sirve para reconocer los derechos que se encuentran vulne- rados en un contexto de inseguridad particular, con el objetivo de incluirlos en acuerdos institucionales y soluciones gubernamentales que permitan mantener aquellos derechos y respetarlos (HSU-OCHA, 2001). La operatividad del concepto de seguridad humana en el contexto local requiere de una reflexión acerca de planificación territorial. En este trabajo, se define como una intervención que tiene por objetivo asegu- rar y mejorar el funcionamiento socioeconómico y socio-ecológico de un territorio. Con mayor precisión algunos autores plantean que se debe respetar no sólo las dinámicas económicas del territorio aprovechando esos recursos para la identificación de los problemas sociales y usos del espacio, sino que, una definición correcta de la planificación apunta al respeto de los principios del desarrollo sostenible. Por lo tanto, la planificación se ubica como parte de un amplio abanico de políticas sociales de nivel local, regional, nacional y comunitario a las que debe enfrentarse y lograr coherencia para proyectar una buena estrategia territorial (Allard, Fuentes, Orellana, 2007).
Esta diferenciación por escalas y dimensiones de análisis permite el paso desde la elaboración de un plan de ciudad a una planificación territorial compleja (Farinós, 2007). Justamente ese tránsito es el que se observa en la gestión local del territorio realizada por la comuna de Peñalolén, la que a partir del año 2004 muestra innumerables transformaciones de gestión interna que repercutieron en la manera de comunicarse con vecinos, potenciando la planifica- ción participativa.
Además de estas definiciones, la planificación urba- na local en Chile se ha transformado en los últimos
años desde el punto de vista cualitativo, mostrando una profundización de la dimensión física en las intervenciones, especialmente porque los planos reguladores y seccionales conviven con otras formas de planificación de carácter indicativo (proyectos, programas, financiamiento compartido, etc.). Un eje central para la interacción entre la planificación tradicional (normativa) con la llamada planificación indicativa (planes, proyectos o programas de plani- ficación territorial, sociales, comunitarios, etc.) es la participación ciudadana (Zunino, 2001). El involucra- miento de vecinos en intervenciones es lo que exige cambios en la gestión de gobiernos locales, tanto desde el punto de vista de la cantidad de proyectos, como desde la organización de la política interna entre departamentos municipales. A la vez que se visibilizan las intervenciones, se produce una exigencia desde la comunidad a la acción del municipio en el territorio conocida como “negociación entre agen- cia y estructura”. Así, se difumina en esta forma de hacer política local, y presiona por un seguimiento continuo de la acción para la coproducción de la gobernabilidad territorial (Zunino, 2001).
Por estas reflexiones la planificación territorial al nivel municipal, especialmente en el caso de Peñalolén, incorpora una mirada sobre gestión po- lítico-administrativa interna del gobierno edilicio, y también requiere un análisis de la conformación de la gobernanza local. Esto demuestra que no existe una relación causal entre cambios de estructura político-económica del contexto (por ejemplo, una elección de alcaldes) con los cambios en la modalidad de control socio-territorial. Sin embargo, en el caso chileno se ha mantenido una relación rígida entre ambos niveles puesto que la forma de aproximarse al territorio suele ser sensible a los cambios de au- toridades políticas. Además de aquello, no siempre en esta relación se considera a los actores sociales como agentes con capacidad de idear soluciones e implementarlas.
Estos cambios que entregan protagonismo a la comunidad no funcionan de forma expedita en ciudades complejas socialmente y heterogéneas,
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ya que en ellas se arriesga una polarización social y fragmentación del territorio si es que no se realiza un proceso político que apunte a la disminución de las brechas sociales, económicas, culturales y territo- riales existentes entre los sectores ricos y pobres (el caso de Peñalolén refleja esta desigualdad) (Marengo & Falú, 2004).
Dentro de estas brechas sociales aparece el problema de la inseguridad, la violencia urbana y la vulnerabilidad en la comuna. Esta preocupación por la inseguridad comenzó a madurar en Peñalolén a partir de los pri- meros diagnósticos hace más de 10 años, utilizando esta preocupación como una herramienta para lograr un trabajo integrado y multidimensional de la proble- mática, integrando diversas direcciones municipales que implementan estrategias de vinculación con el tejido comunitario desde esta mirada. La clave en este recorrido es el concepto de coproducción de seguridad, que se aplica a todas las dimensiones de trabajo con la inseguridad (política, social, económica, alimentaria, riesgos ambientales, etc.).
Los factores más relevantes para transformar los criterios de la planificación según Marengo y Falú (2004), que se reconocen en Peñalolén como caso, son la polarización social y urbana de diferentes sectores, la desigualdad en todas sus dimensiones, la presión de sectores acomodados en problemas de norma urbana, la obtención de recursos del Estado y la adaptación de lineamientos programáticos obligatorios del nivel central.
Las percepciones de la comunidad sobre las condi- ciones en las que viven cuando son compartidas por un conjunto de ciudadanos en un contexto particular son la base de lo que Lindón denomina imaginario. Para la autora, un imaginario es un continuo en que las percepciones se transforman en representaciones, las cuales mediante un proceso simbólico son com- partidas en un contexto (Lindón, 2007). El contexto se define a partir de hitos de orden social, físico e incluso político, por lo tanto, el “imaginario” sobre la inseguridad en la comuna de Peñalolén se mani- fiesta con referencias explícitas a la integralidad de la intervención (seguridad humana) y se manifiesta
en el territorio a través de transformaciones físicas. Desde otra mirada, para Gorelik los imaginarios ur- banos serán una reflexión, ya no en relación con los individuos o sus significados respecto del espacio físico, sino que representarán diversas maneras en que las sociedades se entienden a sí mismas en las ciudades, lo que a su vez incluye los modos de comu- nicación y determinados códigos de comprensión de la vida urbana (Gorelik, 2002). En este sentido el autor afirma que la imaginación urbana es una dimensión político-técnica, concentrada general- mente en un conjunto de profesionales que muestra normativamente como la ciudad debe ser, de allí la visión de estos imaginarios como estrategias de
gubernamentalidad (dispositivos de poder) (Foucault,
1999, 2002). Entonces, la apropiación y el uso de esos dispositivos desde el poder local modifica la manera en que se constituye el imaginario en el territorio. En otras palabras, quienes intervienen en el territorio directamente (funcionarios municipales) son prota- gonistas en la fijación de un imaginario.
Figura 3
Concepto de imaginario y sus componentes
Fuente: Elaboración propia.
Con ambas miradas sobre los imaginarios, centrada en la comunidad para Lindón (2007) y analizada a
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través de su carácter político en Gorelik (2002), es que comprendemos que la preocupación sobre el concepto de inseguridad en Peñalolén es un ima- ginario socio-urbano que resignifica la relación de la autoridad local y los vecinos con el territorio o espacio físico en el que habitan. Esto queda de manifiesto en la intervención directa del espacio físico, mediante la construcción de instrumentos o iniciativas de planificación del territorio, centrada en la multidimensionalidad del concepto de inseguridad. De cierta manera, no es posible mostrar estos proce- sos de forma lineal, sino que en ellos se contienen multiplicidad de significados, formas de gestionar una política y maneras de recibir los efectos de los cambios en el espacio (Gorelik, 2002).
Figura 4
Concepto de imaginario de la inseguridad
Fuente: Elaboración propia.
Con estas referencias se articula el concepto de imaginarios para el caso de la comuna de Peñalolén de la siguiente forma:
1. El concepto de inseguridad se encuentra presente de forma expresa o latente en la planificación territorial
del Municipio de Peñalolén y resulta evidente en las iniciativas de planificación territorial indicativa de los últimos diez años, así como en los documentos oficiales (Presupuesto, PRC, PLADECO, Política de Seguridad).
2. En los gestores territoriales (funcionarios muni- cipales) se reproduce un discurso de inseguridad a través de la fijación de una ideología sobre la (in) seguridad, la que a su vez se materializa en la crea- ción de iniciativas específicas (proyectos, planes y programas).
3. Las iniciativas de transformación territorial de carácter indicativo, se reconocen como hitos en el desarrollo urbano de la comuna.
A través de la fijación de un discurso por parte de los gestores municipales y la materialización de éste en prácticas de desarrollo urbano que traen aparejadas consecuencias físicas en la comuna, se genera un imaginario reducido acerca de la inseguridad (algunas dimensiones de la SH).
4. Estos significados se observarán a partir del análisis de dos casos de estudios contenidos en la tesis referida (Figueroa, 2017). Con ellos se espera ejemplificar la relevancia de los cambios en la for- ma de gestionar la planificación, así como también vislumbrar las dificultades en el cumplimiento de los objetivos de las intervenciones a partir de la visión sobre la inseguridad.