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Because of the mixture of continuous and discrete-time entities, some of the mappings in the hybrid system are operators which have no transfer-function

Una de las limitaciones del principio de separabilidad lo constituye las ideas abstractas. El debate sobre la posibilidad de la existencia de ideas generales arranca desde la propia filosofía de Platón, sino antes, y tomará una gran importancia dentro de las discusiones de la corriente nominalista que tan gran relevancia tuvieron en la filosofía británica.

La crítica de Hume en lo que respecta a las ideas abstractas parte de la que ya había hecho Berkeley (Principios. Introducción 6-21), esto es posible porque tanto Berkeley como Hume comparten una noción semejante de idea. Según D. Garrett (Garrett, 1997, p. 61) Berkeley y Hume, a diferencia de Locke, parten de una noción de idea según la cual una idea siempre ha de tener un minima sensibilia para poder ser pensada de tal

manera que no podemos concebir ninguna idea sin un contenido material para esa idea. Será precisamente esta concepción en la que después se basará Hume para establecer su crítica a la infinita divisibilidad del espació en las secciones primera y segunda de la segunda parte del libro primero de su Tratado.

Hume se hace pronto eco de los argumentos de Berkeley en lo que respecta a las ideas abstractas, así, nos dice:

Con relación a las ideas abstractas o generales se ha suscitado un problema muy importante: si son generales o particulares en la concepción que la mente hace de ellas. Un gran filósofo31 ha combatido la opinión tradicional sobre este asunto,

afirmando que todas las ideas generales no son sino ideas particulares añadidas a un cierto término que les confiere mayor extensión, y que hace que recuerden ocasionalmente a otros individuos similares a ellas. (TNH. 1.1.7.1. SB.17).

Según Hume, Berkeley, un gran filósofo, sostenía que las ideas generales no son más que ideas particulares a las que se les confiere una mayor extensión. De esta manera, si nosotros vemos algo y después pensamos en ese algo, la idea que nos hemos formado no puede tener tanto detalle como la impresión que la precedía, pues, al formarnos la idea algunos detalles de la impresión siempre se pierden. De esta manera, Hume no niega que la abstracción sea lícita como proceso mental, sino que una idea se pueda dar sin que esta tenga un contenido material.

Para Hume, solo se abstrae una determinada cantidad o cualidad, por lo que las ideas pueden ser más o menos detalladas en su composición. Podemos, por ello, abstraer elementos concretos de las ideas, pero no podemos abstraer elementos que sean necesarios para la representación de dichas ideas. Por ejemplo, si nos representamos la idea de triángulo, este triángulo que tenemos en la mente ha de tener una forma determinada por lo que ha de ser isósceles, escaleno o equilátero, pero no las tres cosas al tiempo ni ninguna de las tres. Por ello, lo que Hume niega no es que la abstracción sea una manera de formarnos ideas, sino que la abstracción permita formarnos una idea de cantidad sin una cantidad determinada o de una cualidad sin una cualidad

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Doctor Berkeley. (Nota de Hume)

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determinada. El procedimiento de abstracción no es válido para la formación de las ideas universales, o mejor dicho, no existen ideas universales en el sentido tradicional, todas las ideas son particulares en el sentido de que todas las ideas tienen un contenido particular, lo que ocurre es que simplemente algunas de ellas tienen un uso general.

Más arriba ya hemos visto como el principio de separabilidad ya se había presentado en (TNH. 1.1.3.4 SB 10) como aquel principio que permitía a la imaginación poder formar ideas nuevas a partir de las descomposiciones de las antiguas.

Primero: hemos observado que todo objeto diferente es distinguible, y que todo objeto distinguible es separable por el pensamiento y la imaginación. Podemos añadir que estas proposiciones son igualmente verdaderas en su inversa: todo objeto separable es también distinguible y todo objeto distinguible es también separable. (TNH. 1.1.7.3 SB 18).

Pero hay ideas que no admiten ni separación ni diferencia, pues admitir una separación o una diferencia iría en contra de la presuposición de los minima sensibilia. Así,

Es evidente a primera vista, sin embargo, que la longitud de una línea misma, como tampoco el grado preciso de una cualidad lo es de esa cualidad. Estas ideas no admiten pues separación, de la misma manera que no admiten distinción ni diferencia. Están consecuentemente unidas entre sí en la aprehensión; y la idea general de una línea presenta en su aparecer ante la mente -a pesar de todas nuestras abstracciones y operaciones refinadas- un grado preciso de cantidad y cualidad, con independencia de que pueda hacerse esta línea representante de grados diferentes. (TNH. 1.1.7.3. SB 18- 19).

Así, si eliminamos la longitud de la idea de línea, nos quedamos sin línea, pues no somos capaces de representarnos una línea sin que esta tenga una longitud determinada, pues, la representación de la línea necesita de un determinado minima sensibilia para poder darse.

Además, puesto que la única diferencia entre la impresión y la idea es el grado de vivacidad de la una con respecto a la otra, no podemos pensar que se pierda alguna cualidad entre la impresión y la idea, así:

Una idea es una impresión debilitada; y como una impresión fuerte deber tener necesariamente una cantidad y cualidad determinada, lo mismo deberá ocurrir con su copia y representante. (TNH. 1.1.7.5. SB 19).

Por otro lado, todo lo que hay en la naturaleza es particular y como las ideas se derivan de las impresiones y los objetos de las impresiones son siempre particulares, los objetos de las ideas serán de la misma manera particulares. Por ello:

Las ideas abstractas, por consiguiente, son de suyo individuales, aunque puedan hacerse generales en la representación. La imagen de la mente es solo la de un objeto particular, aunque su aplicación en nuestro razonamiento sea la misma que si fuera universal. (TNH. 1.1.7.6 SB. 19).

Pero, Hume no niega la existencia de los términos generales. Si volvemos al ejemplo del triángulo y hablo del "triángulo" todo el mundo me entiende y sabe que el triángulo puede ser recto o no y que será un triángulo mientras tenga tres lados y los tres formen una figura cerrada. Pero, cuando nos formamos una idea de triangulo lo hacemos de una determinada manera, pues, el triángulo que yo tengo en la mente cuando digo "triangulo" es recto o no, es isósceles o no, es decir, es un triángulo particular. Entonces si todas las ideas son particulares ¿cómo funcionan los universales?

Según esto, si mencionáramos la palabra triángulo y nos formáramos la idea de un determinado triángulo equilátero para corresponder a tal palabra, y afirmáramos después que los tres ángulos de un triángulo son iguales entre sí, se levantaría inmediatamente en nosotros las demás ideas individuales de escaleno e isósceles, habíamos pasado por alto al principio, y nos harían ver la falsedad de esa proposición, aunque esta sea verdadera con relación a la idea que antes nos habíamos formado. (TNH. 1.1.7.8. SB. 21).

Imaginemos que tenemos en la mente una idea de triángulo considerado en general sin tener en cuenta ninguna particularidad en lo que se refiere a la relación entre sus lados,

es decir, no lo consideramos ni isósceles, ni escaleno ni equilátero. Siguiendo los preceptos Hume, para poder tener esta idea de triángulo en general, el triángulo que nos representamos ha de tener una determinada forma, por ejemplo, ser isósceles. Pero, aunque la idea que tenemos es la de un triángulo isósceles, a partir de esta idea de triángulo en general también podemos afirmar que los triángulos pueden ser escalenos. Esto es así porque podemos aplicar nuestra idea de triángulo en general a la idea de un triángulo escaleno en virtud del parecido que hay entre ellas, entre el triángulo en general y el triángulo escaleno. De esta manera, las ideas universales tienen un funcionamiento basado en la semejanza entre las ideas. Así, las ideas universales son, por lo tanto, ideas particulares en su formación, pero generales en su aplicación.

Esta es, pues, la naturaleza de nuestras ideas abstractas y de los términos generales; y es de esta forma cómo resolvemos la paradoja anterior que algunas ideas son particulares en su naturaleza, pero generales en su representación. Una idea particular se convierte en general al ser unida a un término general; esto es, aun término que por una conjunción debida a la costumbre guarda relación muchas otras ideas particulares y las hace fácilmente presentes. (TNH. 1.1.7.10. SB. 22).

Como no podemos pensar nada sin un mínimo de contenido todas las ideas son, de hecho, particulares, aunque tengan una utilización universal. Si aplicamos esta noción al Yo tenemos que para tener una idea del Yo es necesario tener un determinado contenido para esta idea del Yo. No podemos tener una idea abstracta del Yo, de la identidad personal, sin que esta no tenga un contenido mínimo. Por ello, no podemos captar al Yo sin una idea de algo. De la misma manera que no podemos aplicar la abstracción para formarnos la idea de materia tampoco podemos utilizar la abstracción para formarnos la idea de un Yo que sea independiente de cualquier contenido.

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