Para J. Bennett, Hume no está muy acertado en su fundamentación de la separación entre impresiones y ideas. Según J. Bennett la posición oficial de Hume es doble. Por un lado establece una diferencia entre impresiones e ideas basada en la fuerza y la vivacidad, mientras que, por otro lado, dice que las impresiones solo se dan en una supuesta experiencia de un reino objetivo y que las ideas solo se dan al razonar, así nos dice J. Bennett:
Ese hecho, por sí solo, justifica mi propuesta, que es esta: si Hume combinó esa ecuación con su explicación oficial de la distinción idea/impresión, estaría igualando “experiencia del reino objetivo” con “estados sensoriales intensos o violentos”; y esto, considerado como una explicación de lo que es percibir algo, sería tan simple que rayaría la idiotez. (Bennett, 1988, p. 294).
En una obra posterior (Bennett, 2001, pp. 202-207), J. Bennett suaviza su valoración acerca del criterio de diferenciación. Así, J. Bennett tiene hace un interesante comentario cuando nos dice que "estas impresiones difieren de las ideas en algo que es gradual a lo largo de un continuo simple." (Bennett, 2001, p. 204)
Más adelante volveremos sobre este punto. Pero antes sería interesante dar una nueva interpretación que mantiene diálogo con la que J. Bennett nos había presentado. S. Everson (Everson, 1988, p. 401), en su artículo intenta romper una lanza a favor de Hume y en contra de las objeciones de B. Stroud y del primer J. Bennett. Para S.
Everson las objeciones tanto de B. Stroud como de J. Bennet se fundamentan en un error de comprensión de los términos “fuerza y vivacidad". Según S. Everson fuerza y vivacidad se han de entender como conceptos causales (Everson, 1988, p. 406) y no en un sentido equivalente a intensidad y violencia. De esta manera, la fuerza de una percepción es lo que determinará los efectos que esta percepción pueda tener. Para fundamentar su interpretación de fuerza y vivacidad como conceptos causales21 S. Everson se basa en la utilización que hará Hume de los términos fuerza y vivacidad para mostrar otra distinción entre lo que creemos y lo que no creemos, así:
Una idea a la que se presenta asentimiento, se siente de un modo distinto a una idea ficticia, presentada por la sola fantasía. Es este diferente sentimiento el que me esfuerzo por explicar, denominándolo fuerza, vivacidad, solidez, firmeza o consistencia mayores. Esta variedad de términos, en apariencia poco filosófica, intenta únicamente expresar este acto de la mente que hace que las realidades nos resulten más patentes que las ficciones, que les confiere un mayor peso ante el pensamiento y que les proporciona una mayor influencia sobre las pasiones y la imaginación. (TNH 1.3.7.7 SB 62922).
Para S. Everson, la distinción entre las impresiones y las ideas corre paralela a la distinción entre lo que creemos y lo que no creemos. De la misma manera que lo que creemos causa una impronta mucho mayor en nuestro comportamiento que lo que no creemos, la impresión causa una impronta mucho mayor que la idea.
Aplicando la interpretación de S. Everson a la objeción hecha por B. Stroud, si le preguntáramos a su detective por qué vuelve a la escena del crimen, la respuesta del detective sería algo así como “Porque me he dado cuenta de que vi el atizador en el lado izquierdo de la chimenea.” Es decir, el motivo último de la acción del detective es ver el atizador en el lado izquierdo de la chimenea, por lo que y bajo este esquema, la impresión: “ver el atizador en el lado izquierdo de la chimenea” es más fuerte que
21
Una utilización como concepto causal que curiosamente se parece a la utilización que de los conceptos fuerza y vivacidad había hecho Malebranche. Ver nota 16.
22
Texto introducido mediante el apéndice del Tratado de la naturaleza humana.
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“recuerdo haber visto el atizador en el lado izquierdo de la chimenea”. Así, cuando le preguntamos al detective por qué vuelve a la escena del crimen para revisarla, contestará que porque ha creído ver (impresión) el atizador en el lado incorrecto de la chimenea. Por ello, la referencia a la causa de su acción es hacia la impresión y no hacia la idea. Podríamos decir que la respuesta del detective a la pregunta “¿Por qué vuelves a la escena del crimen?” podría ser “porque he recordado que el atizador está en el lado izquierdo de la chimenea.” Pero esto es irrelevante, ya que si le preguntáramos “¿Por qué recuerdas el atizador?” Se podría decir que es “porqué lo vi”, con lo cual la causa última de la acción sigue siendo la impresión aunque sea mediada mediante la idea.
Quizás, la interpretación de S. Everson no sea muy fiel al modelo de Hume y puede que sea demasiado aventurado afirmar que vivacidad en el sentido de impresión es semejante a vivacidad en el sentido de creencia. Aunque la posición de S. Everson es viable si analizamos un antecedente histórico dado en Malebranche (De la verdad.
1.12.4) quien había dicho que una sensación más fuerte nos mueve a la acción de manera más clara que una sensación más débil.
Por otro lado, si analizamos un tipo determinado de vivencias, las alucinaciones, podríamos tener una razón para creer que el sentido de vivacidad aplicado a las impresiones no es el mismo que el aplicado a las creencias. Así, es posible que yo pueda tener una impresión muy fuerte y no creérmela, ya sea porque sepa que esté alucinando por alguna razón o porque sepa que es un espejismo. Imaginemos que por lo que fuese sospechase que puedo tener alucinaciones. Imaginemos que en esa situación de sospecha veo un globo rojo flotando en el centro de la habitación y que tengo la impresión "globo rojo en el centro de la habitación", ahora imaginemos también que pienso y que tengo la idea de que "dos más dos dan cuatro". El grado de fuerza y vivacidad de "globo rojo en el centro de la habitación "es mayor que el de "dos más dos dan cuatro", pero le otorgo más creencia a "dos más dos son cuatro" que a "globo rojo en el centro de la habitación" ya que sé que es posible que tenga una alucinación. De esta manera, deducimos que fuerza y vivacidad no pueden ser lo mismo que creencia.
Lo que sí que es interesante es que S. Everson (Everson, 1988, pp. 408-409) hace hincapié en que la diferencia entre impresiones e ideas es obvia y que el problema viene
cuando se intenta explicar la fundamentación de esta distinción. Es cierto que la diferencia entre sentir y pensar es la que explica la diferencia entre impresiones e ideas, pero no es claro que la diferencia entre impresiones e ideas sea la que explique la diferencia entre sentir y pensar. Según Hume, lo que tenemos en la mente cuando pensamos son las ideas y lo que tenemos en la mente cuando sentimos son las impresiones. Dicho de manera, sentir y pensar es lo primero y lo segundo es explicar cuando sentimos y cuando pensamos. Ahora bien ¿cómo explicitar la diferencia?