Haciendo un poco de historia y enfocándonos más en la perspectiva humanista se puede decir que la misma: ―considera que el Trabajo Social surge a partir del anhelo de una sociedad más
86 justa y democrática, por lo que el mismo posee un carácter progresista y moderno, que constituye -en términos de Eroles (2001)- una respuesta humanitaria frente a los excesos e injusticias del sistema liberal capitalista en desarrollo.‖ (Barros J. 2007:12)Según una aclaración de Jorgelina Barros (2007) la corriente humanista proviene del Trabajo Social estadounidense, siendo una referente del mismo Mary Richmond. Por su parte, Carlos Eroles apelaba mostrando aquí su impronta más desde su militancia en la Democracia Cristiana ya que hace referencia a que el surgimiento de la profesión se da como una ―respuesta solidaria de diversos grupos sociales, iglesias e instituciones frente a la explotación de los trabajadores y el maltrato de sus familias.‖ (Eroles Carlos, 2001:54 En Barros J. 2007: 12). La utilización del término respuesta solidaria, suena a un retroceso con relación a entender que cuando surge la profesión no es a raíz de una necesidad y por ello se crea una profesión sino que es más bien un acto solidario que realizan una personas hacia otras que necesitan de su ―ayuda‖.
Según Barros (2007) ―lo social‖ se va a definir como un todo que excede las sumas de las partes, plantea que para los humanistas los problemas sociales son el objeto específico de intervención del Trabajo Social y para esto piensan en la existencia de una teoría y metodología propia de la profesión que permita conocer e intervenir sobre ese objeto.
Es importante aclarar que ―en la perspectiva humanista se sostiene que la profesión surge con
carácter progresista y democrático, pero desde la perspectiva ontológica39 se sostiene
exactamente lo contrario, que el Trabajo Social tiene en sus orígenes un marcado carácter antimoderno y conservador.‖ (Barros, 2007: 20)
Esto último lo retomó y lo reafirmó en su tesis doctoral Parra: ―el Trabajo Social Latinoamericano, modelado bajo las corrientes europeas y/o norteamericanas de la profesión, desde sus orígenes y hasta los inicios de la década de 1960 presentó como características estructurales un fuerte componente conservador, más allá de sus vínculos católicos o laicos, y un marcado carácter antimoderno.‖ (Parra, 2002:12) Dichas características formaron el proyecto profesional hegemónico.
39 En la perspectiva marxiana viene de Lukács la Ontología del ser social: ésta se aboca al estudio del ―modo de
ser‖ del ser. ―La reflexión sobre la ética da un salto cualitativo en relación a los preceptos tradicionales. Así los valores estáticos, morales, neotomistas, transclasistas, que partían de la idea de una sociedad harmónica, de la búsqueda del bien común, son confrontados ahora con valores históricos (dinámicos, históricamente construidos y determinados), centrados en la ontología del trabajo y en la emancipación humana‖. (Barroco, 2001:14 y 15)
87 La clasificación elaborada por Montaño (1998) la cual distingue entre dos tesis permitirá comprender mejor aún sobre el origen de la profesión del Trabajo Social. La primera denominada endogenista cuya característica es la lectura de la profesión y de sus transformaciones históricas a partir de sí misma, o sea, la historia de la profesión se explica en sí misma por una serie de avances y retrocesos que se relacionan.
La segunda tesis, a partir de una perspectiva histórica crítica, entiende que la profesión es necesario analizarla en las determinaciones (sociales, políticas, económicas y culturales). Se entiende a la profesión como una especialización en la división social y técnica del trabajo, adquiriendo sentido en el marco de las relaciones entre las clases fundamentales dentro de la sociedad capitalista.
Tomando partido por una de las perspectivas considero que la segunda es la más correcta, ya que comparto que el momento justo donde surge la profesión es cuando se necesita de un profesional que habiéndose formado académicamente se inserte en la división socio-técnica del trabajo, y teniendo en cuenta cuáles son sus implicancias profesionales intervenir en la realidad buscando ser lo más eficiente posible.
Es oportuno aclarar que en un primer momento de la investigación para la presente tesis se pensó que el humanismo-cristiano era una vertiente o sector en sí mismo dentro del Trabajo Social, es decir cómo había un sector tradicional, había otro más de renovación y también un sector humanista cristiano, cuestión que por lo expuesto hasta aquí y por lo que se pasará a explicar a continuación, se puede decir que fue una corriente que se encontró inmersa en los dos sectores según Netto (2007) o tres sectores según Siede (2004). Es decir, hay un humanismo cristiano conservador, otro sector moderado y uno progresista.
El comienzo que permitió que los estudiantes y profesionales del Trabajo Social de los movimientos católicos construyan una crítica al Ethos Tradicional de la profesión se debió a ―la influencia de Mounier, Paulo Freire y de intelectuales europeos vinculados al llamado socialismo cristiano, tentativa de aproximación entre marxismo, el ideario socialista y el pensamiento cristiano‖ (Barroco, 2004:150) Esclareciendo sobre la temática, Barroco (2004) sostiene que el pensamiento del filósofo personalista Mounier (1905-1950) no se inscribe en la perspectiva conservadora.
88 La base ideológica del filósofo es la persona humana que se comprende en la justa relación entre el hombre y lo espiritual, llevando un compromiso solidario y creando una sociedad solidaria. En palabras de Mounier ―llamamos personalismo a cualquier doctrina, a cualquier civilización que afirma el primado de la persona humana sobre las necesidades materiales y sobre los órganos colectivos que sustentan su desarrollo.‖ (Mounier, 1977:42 en Barroco, 2004: 151) Buscando que la acción práctica transformadora de valores logre vencer la
despersonalización del hombre, crítica que realiza a la civilización contemporánea40. Es decir,
el personalismo como propósito buscó la humanización de la existencia y basándose en los fundamentos humanistas cristianos comprendió que tal transformación sólo podía lograrse a partir de los sufrimientos de la persona y de la reflexión moral.
Mounier se vio fuertemente influenciado por la filosofía de Carl Marx. Él entendió que: ―el ideal de justicia y libertad esbozados por la doctrina marxista representan, sin duda, el anhelo legítimo de todo desarrollo histórico. De Marx también retoma la idea de que la actividad filosófica debe complementarse con una actividad propia y social para transformar el mundo. No sólo se trata de construir una concepción rigurosa del mundo, sino también de transformarlo convirtiendo a los hombres en nuevas personas. Se debe predicar con el
ejemplo.‖ (González41
R., 2010:3) El personalismo debe ser a la vez profeta y pedagogo, debiendo entablar un compromiso y reconoce que en los casos en donde los intelectuales acuden al silencio (de la omisión o no) no lo tolera.
Además el personalismo retomó las categorías de la intersubjetividad y del diálogo comprendiendo que ―el diálogo interpersonal adquiere tal importancia en la perspectiva personalista que se concluye que para Mounier la persona sólo tiene significado pleno en el encuentro comunitario con el otro‖ (Seberino, 1983:129 en Barroco, 2004:152) La justicia y la liberación de la persona se conseguirá a partir de su alejamiento del individualismo.
Es importante retomar a Löwy, quien expresa que la iglesia históricamente fue anticapitalista. A pesar de ello no siempre hubo miradas heterogéneas frente al mismo asunto:
40 De joven tomo conciencia de la ―insuficiencia de la civilización Contemporánea, de la necesidad consecuente
de rehacer el renacimiento, crear una Nueva civilización. Paradójicamente, hasta la vivencia personal de la fe cristiana fue para él una fuente de exigencia por la superación del desorden establecida, que él consideraba ser la verdadera configuración del mundo contemporáneo.‖ (Seberino, 2009:2)
41Doctor en Filosofía. Profesor Facultad de Humanidades, Universidad Autónoma del Estado de México,
89 Por un lado, una perspectiva conservadora, como dice él ―particularmente reaccionaria‖, que parte de la jerarquía católica, en el siglo XIX; por otro, una corriente romántica, anticapitalista, que no es reaccionaria, que denuncia las injusticias, la opresión; una corriente rechazada por la doctrina social de la Iglesia, que asume una perspectiva utópica, muchas veces revolucionaria. El grupo de Mounier es representativo de esta segunda corriente.‖ (Löwi, 1998:139)
Esto es la base para entender el presente trabajo de Tesis, ya que Mounier es pieza fundamental. El filósofo cristiano revolucionario influenció no sólo a las corrientes progresistas de la Iglesia y a los movimientos católicos también se podrá corroborar en el siguiente capítulo N°3 a los referentes de la corriente Humanista-cristiana (que hicieron su paso por la ciudad de Tandil) a los que influenció dado que ellos tenían cercanía a la militancia católica o política.
Antes de dar paso al siguiente capítulo es relevante decir que Mounier se vio influenciado por
Jacques Maritian (1882-1973) filósofo y teólogo francés uno de los tomistas42 más influyentes
del siglo XX.
El grupo que funda la revista Esprit, en 1932, está formada por Mounier, Jam Lacroix, Nicolás Berdiaev, Denis de Rouge, entre otros. El grupo se apoya en Charles Péguy y Jaques Maritian, además funda un movimiento orientado a la acción: la troisièmeForce, que ―debería ser el prolongamiento, en la acción política, de la inspiración de Esprit‖ (Severino, 1983:5) Según Severino, el movimiento es criticado y amenazado por la jerarquía católica, que lo acusa de ―modernismo y comunismo.‖ (Severino 1983:5 en Barroco, 2004: 157) Mostrando una faceta más aguerrida que asume el grupo y por ende E. Mounier. Más de acción pero fuertemente criticada por la jerarquía eclesiástica que estaba totalmente en contra de cualquier forma de violencia ya desde la promulgación de sus encíclicas.
Retomando nuevamente a Jacques Maritian, él entendía al hombre del humanismo cristiano como aquel que en su vida política desea un bien común, superando la idea de bienes individuales y siempre teniendo en cuenta a las personas humanas (similar al planteo de Mounier). A su vez, que la obra común debe tender mayormente a mejorar la vida humana misma, que los hombres puedan vivir libremente en la tierra y disfruten de los frutos de la
42“<<Tomistizar>> para él no fue solamente penetrar, esclarecer, exponer la doctrina de Tomás de Aquino,
sino, sobre todo, prolongar su intención, actuar en nuestra época, enfrentarlo a la actualidad histórica para asumir sus ansias, descifrar su sentido y orientar su marcha. Más aún, esta inquietud histórica es todavía más concreta y explícita en Maritain que en su Maestro.‖ (Houton Poisson: 1962:5) Incluso Houton Poisson cuestionó la pasividad de Santo Tomás frente a los problemas de la época, el cual se mostraba indiferente absorbido por su condición de intelectual.
90 cultura y del espíritu. Comprende que la autoridad en una comunidad de hombres libres, es quien tiene a cargo el bien común debe ser designada por el pueblo y responsable ante el pueblo. (Maritian, 1942)
El hombre del humanismo cristiano estima la libertad de la cual se debe ser merecedor, manifestando el respeto y la fraternidad, creyendo que la justicia permite la conservación de la comunidad política y como exigencia necesaria para que surja la fraternidad cívica.
Se da cuenta tanto de la tremenda prueba a que el advenimiento del maquinismo somete a la historia humana, como del maravilloso poder de liberación que el maquinismo ofrece al hombre, si el brutal instinto de dominar no aprovecha las técnicas del maquinismo y de la ciencia misma, para reducir a esclavitud a la humanidad, y si la razón y la sabiduría son lo suficientemente fuertes como para poner esas técnicas al servicio de aspiraciones verdaderamente humanas y aplicarles las normas de la vida humana. (Maritian 1942:16-17)
Es decir, el hombre del humanismo cristiano no pretende una civilización meramente industrial, sino que aspira a una civilización íntegramente humana y de inspiración evangélica. Maritain propone un humanismo cristiano, que define como ―integral o teocéntrico‖ y que reconoce que Dios es el centro del hombre, asumiendo el concepto cristiano del hombre pecador y redimido y el concepto cristiano de gracia y libertad. Así pues, entiende al hombre desde la concepción clásica de Aristóteles, ―animal racional‖, interpretada en clave cristiana por Santo Tomás. El hombre no es pura naturaleza ni pura razón. Su esencia se define en la relación con Dios y con su gracia. El hombre así entendido es una ―persona‖. (Borau, 2006)
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