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Considerando que el gran aliento de la Eneida tiende de manera irrefrenable hacia el establecimiento de la ciudad prometida y que las acciones de los personajes se orientan a tal fin, los sacrificios sembrados en el camino tienen un tono claramente fundacional.

165 Ver también Aen. 2.550-553.

166 Sobre este tema se explaya en su libro Panoussi (2009), tratándolo desde un enfoque centrado en la

contaminación genérica con la tragedia: “Throughout the Aeneid, Vergil manipulates a pattern of ritual representations, sacrifice being the most salient among them, absent in the Homeric epics and specific to Greek tragedy. In many Greek plays, ritual perversion symbolically represents a disruption of the religious order that in turn intensifies the conflict and crisis in the tragic plot” (Panoussi 2009, 13). El autor sostiene que, en el género trágico, la contaminación ritual acontece en el momento nodal de la obra, como antesala de la posterior restoración, que devuelve el orden al mundo. Sin embargo, según nota, la Eneida quiebra este patrón: “Yet the poem ends with what I will argue is a poignant moment of ritual perversion and therefore thwarts the expectation of restoration” (Panoussi 2009, 14).

167 Hardie describe la autorreferencialidad de la Eneida como una “…indefinitely proliferating network of

Como tales, garantizan la estabilidad basal de la estructura social en construcción, al cimentarla en el plano mítico. Virgilio otorga gran trascendencia a este aspecto sobrenatural de las ciudades en el transcurso de su obra. La contraposición entre Roma y Cartago, cuya enemistad histórica se justifica en el desdén amoroso que Eneas dispensa a Dido, culmina en la gloria de la primera y el saqueo de la segunda, pero esta dualidad se fundamenta en una divergencia crucial entre ambas: la falta de anclaje de Cartago, basada en la ausencia de sus dioses patrios. En su precipitada huida, Dido pierde los penates en altamar (Aen. 4.21) y ese descuido determina la inestabilidad de la urbe cartaginesa, proyectada, en el plano histórico, en su reciente subyugación. Por el contrario, Eneas encara su empresa con mejores auspicios, pues él porta los penates de su pueblo (Aen. 4.598), otorgados por el fantasma de Héctor (Aen. 2.293)168.

La importancia de fundar un asentamiento con buenos augurios, respetando los deseos de la divinidad, es innegable. No obstante, el tema del sacrificio en la Eneida es de difícil elucidación. La sistemática representación de muertes prematuras en términos sacrificiales connota un matiz negativo de la práctica, porque, considerando el esmero del autor por caracterizar de manera favorable a los jóvenes, sus pérdidas suponen un costo desmesurado para la empresa fundacional. En este sentido, por más que los decesos de Niso, Euríalo, Palante, Lauso, Camila y Turno cimienten espiritualmente la futura sociedad, se impone la remanente sensación de una gran pérdida.

Esta dualidad se retrata en el episodio de Palinuro. Las apariciones en vida de este personaje siempre lo encuentran al mando de la nave de Eneas, que gobierna con gran destreza (Aen. 3.202, 513, Aen. 5.12, 833). El puesto de piloto determina su trascendencia entre los miembros de la sociedad, pues su aporte es significativo: guiar a la flota hacia la deseada meta. Paradójicamente, el sacrificio de su vida garantiza este objetivo, pues su muerte paga el arribo de los troyanos a Italia:

tutus, quos optas, portus accedet Auerni.

unus erit tantum amissum quem gurgite quaeres;

unum pro multis dabitur caput.’

(Aen. 5.813-815).

168 Sobre la importancia de los Penates, ver Horsfall 1989, 17 y 24-25, quien los considera elementos

propios de los héroes fundadores (colonos) griegos y, en consecuencia, defiende la íntima conexión de la

Eneida con las obras de Heródoto, Calímaco y Apolonio. Ver también Cairns 1989, 38-39: “…on the night

of the fall of Troy, the ghost of Hector, who, if he had lived, would have succeeded Priam as king of Troy, appeared to Aeneas. Hector entrusted to Aeneas the gods of Troy and gave him a commission to found the successor city to Troy (…) Aeneas’ dream initiates his kingly role…”

La frase del verso 815 plantea el sentido más prístino de la práctica del sacrificio: una cabeza por el bien de muchas. Tanto en el caso de los sacrificios fundacionales, donde se decapita un dragón o una serpiente, o tratándose de sacrificios expiatorios, donde se individualiza una víctima para encauzar la violencia y recuperar el orden, una cabeza se entrega por todas las que habrán de experimentar una mejoría en su realidad. En la Eneida, la víctima para Neptuno no es seleccionada al azar169: Palinuro encarna cualidades excepcionales, que incluso replican algunos rasgos de Eneas; por lo pronto, es el conductor de la flota, jerarquía equiparable a la del protagonista, conductor de su pueblo (princeps ante omnisdensum Palinurus agebat / agmen; ad hunc alii cursum contendere iussi en Aen. 5.833-834)170, guía las naves con destreza y mesura, tomando siempre

decisiones sensatas (como se deduce de su desvío hacia Sicilia, cuando una tempestad los asola en Aen. 5.17-25)171, y tiene un elevado sentido de la responsabilidad. Este último rasgo se evidencia en su reacción ante las engañosas palabras del dios Sueño, quien, bajo la apariencia de Forbantes, lo insta a dejar el mando de la nave y descansar, dada la quietud del ponto. Frente a la tentadora propuesta, a pesar de estar fatigado172, el piloto se encrespa, pues no concibe la posibilidad de confiarse en su puesto:

‘mene salis placidi uultum fluctusque quietos ignorare iubes? mene huic confidere monstro? Aenean credam (quid enim?) fallacibus auris et caeli totiens deceptus fraude sereni?’

(Aen. 5.848-851).

169 En este sentido, nos alejamos de los postulados de Bandera 1981, 223-224, quien sugiere que el sintagma

unum pro multis apunta a una indistinción de la víctima sacrificial dentro del cuerpo social.

170 Quinn 1968, 156 remarca la importancia de Palinuro al principio de la obra, donde su jerarquía parece

incluso eclipsar a Eneas: “When the storm overtakes the fleet in the opening Episode of the first Section, Palinurus is for the moment the real commander (…) Aeneas merely acquiesces”. O’Hara 1990, 107-110 y Dyson 2001, 15-17 y 67-73, notando este patrón entre otros, consideran que el sacrificio de Palinuro adelanta un posterior sacrificio de Eneas, quien así devendría una víctima más en la fundación simbólica de los cimientos romanos. Hardie 1993, 32 destaca su relevancia, constatada en que su presencia solo puede ser suplida por el mismísimo Eneas: “…the symbolic value of his office is made clear when the place of the lost Palinurus is taken by the unus homo himself…” y, a continuación, acentúa su teoría, al argüir que

Palinuro constituye un doble de Eneas, cuya muerte garantiza el éxito del héroe, igual que la muerte de Remo posibilitó la fundación de Roma. Este último postulado es recuperado por Nicoll 2001, 197, quien elabora las particularidades del subtexto de Rómulo y Remo presente (según su opinión) en la dupla de Eneas y Palinuro.

171 Su actitud se contrapone con la del joven piloto de la regata, Gías, quien arriesga la integridad de sus

tripulantes en una peligrosa maniobra.

Por último, pero no por ello menos importante, Palinuro es un hombre inocente:

insontus (Aen. 5.841), cualidad infaltable entre los atributos de cualquier víctima sacrificial173. Estos rasgos confirman la aptitud de Palinuro para el papel174, ya que el ritual suponía la selección de sujetos bellos físicamente e intachables en el terreno moral (o, como veremos más adelante, pulchri)175.

La pérdida de Palinuro posibilita el ansiado arribo a las costas de Italia176, pero Virgilio no describe este tránsito sin referir un aspecto marcadamente negativo de su sacrificio:

uix primos inopina quies laxauerat artus, et super incumbens cum puppis parte reuulsa cumque gubernaclo liquidas proiecit in undas

praecipitem ac socios nequiquam saepe uocantem;

(Aen. 5.857-860).

La caída de Palinuro, producida por la embestida del Sueño, tiene consecuencias que trascienden la dimisión del piloto: en su precipitación hacia las aguas, arrastra consigo parte de la popa y el timón, dejando una nave mutilada e ingobernable, como manifiestan sus acuitadas palabras en su encuentro póstumo con Eneas:

…maria aspera iuro non ullum pro me tantum cepisse timorem, quam tua ne spoliata armis, excusa magistro, deficeret tantis nauis surgentibus undis

(Aen. 6.351-354).

El evidente perjuicio de la nave por la pérdida de su timonel había sido anticipado en el episodio de la regata, donde el atentado contra Menetes es presentado en términos

173Insontus: “Innocent, guiltless” (OLD, 927). Brenk 1984, 781 y 1999, 73 destaca la inocencia como un

rasgo de las víctimas sacrificiales.

174 Brenk 1999, 73ss. agrega otra manifestación del rito sacrificial en la muerte de Palinuro: la referencia

previa (Aen. 5.772-776) a la costumbre ritual de verter las entrañas (exta) de las víctimas sacrificiales de la popa del barco, equiparable a su caída: “Vergil probably was not unaware of the Greek practice of throwing purificatory (pharmakos or scapegoat) victims into the sea” (Brenk 1999, 75) y continúa: “Since the ritual

apparently prescribed throwing of hurling, not just dropping the sacrificial parts into the water, Vergil’s usage is made clear, if –as seems evident– he was reproducing the sacrificial character of the scene” (Brenk 1999, 77). Sus postulados se asientan en el apartado de O’Hara (1990) dedicado a Palinuro (especialmente, pp.19-24), donde el autor nota el mismo paralelismo.

175 Ver el apartado “El sacrificio insinuado” en el capítulo dedicado a Niso y Euríalo.

176Aen. 5.862-863: currit iter tutum non setius aequore classis / promissisque patris Neptuni interrita

semejantes: inde Gyan ipsamque ingenti mole Chimaeram / consequitur;cedit, quoniam spoliata magistro est (Aen. 5.223-224). La resonancia de los términos con que se describe la ralentización de la nave de Gías en ocasión de la caída de Palinuro demuestra la existencia de consecuencias negativas generadas por su pérdida. En definitiva, el avance se logra, pero, en el camino, parte de la totalidad se quiebra. De la misma manera, las pérdidas por sacrificios dejan marcas irrecuperables en el cuerpo social177.

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