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En el marco del conflicto armado vivido en Colombia desde hace ya algunas décadas, se ha comenzado a visualizar lo que se ha llamado el posconflicto, definido éste como:

La fase que viene después de la firma definitiva de los acuerdos de paz, pero que en algún sentido es deseable construir durante el conflicto, y que supone una

recomposición de la sociedad que incluye asuntos como la desmovilización de los actores armados, la seguridad ciudadana, la reinserción y el desarrollo de los acuerdos de paz” (Gómez, 2003).

Para La FRIDE (fundación para las relaciones internacionales y el dialogo exterior)1 , el posconflicto es el “periodo de tiempo en el cual las hostilidades del pasado se han reducido al nivel necesario para que las actividades de reintegración y rehabilitación se puedan iniciar” (2008,) en el cual la educación juega un papel muy importante. De acuerdo con el texto de Buckland (2005), la educación es generadora de espacios que construyen resiliencia de los

1FRIDE es un think tank (Tanque de pensamiento) europeo independiente, con sede en madrid y Bruselas, para la acción global, que proporciona ideas innovadoras y análisis rigurosos sobre las principales cuestiones de las relaciones

internacionales. Su misión es influir en las políticas y prácticas públicas con el fin de asegurar un papel más eficaz de la Unión Europea en su apoyo al multilateralismo, los valores democráticos, la seguridad y el desarrollo sostenible (recuperado de: . http://fride.org/pagina/5/sobre-fride) .

conflictos en las sociedades: y tiene el “potencial de ser un factor que contribuye en un conflicto violento, pero también tiene el potencial de enseñar nuevos valores, actitudes, habilidades y comportamientos, al igual que puede ayudar a promover nuevas relaciones sociales que construirán resiliencia al conflicto”

De esta manera, mediante el proceso educativo:

El individuo evoca sus recuerdos apoyándose en los marcos de la memoria. En otras palabras, los diversos grupos integrantes de la sociedad son capaces en cada momento de reconstruir su pasado […] ciertamente, existen muchos hechos, bastantes detalles de los hechos, que el individuo olvidaría, si los otros no los conservan para él (Halbwachs, 2004, p. 336).

Con este pensamiento de Halbwachs (2004) se inicia con un piso sólido para poder abordar el pos conflicto desde la escuela como una experiencia necesaria porque como lo señala, son los diversos integrantes de la sociedad los encargados de reconstruir el pasado, en este caso ese pasado violento sufrido por los jóvenes de nuestra región que se encuentra a la espera de ser exteriorizado.

El proceso de paz vigente entre el gobierno nacional y las FARC se convierte en una oportunidad para que el sector educativo se transforme en aspectos de suma importancia como contribución al posconflicto; además de ser un reto para la transformación del país que ha estado sumido durante más de cincuenta años en la sombra de la violencia.

Es entonces la escuela la encargada en generar la transformación porque es allí donde se encuentran los jóvenes que han sido afectados por la violencia y que tienen anestesiada la conciencia a tal punto que han aprendido a convivir con ella sin exteriorizarla y mucho menos buscarle solución. El objetivo primordial es entonces hacer de la escuela un lugar más

convivencia más pacífica, demostrando que en este país se respeta la democracia como característica imprescindible.

Los estudiantes de la mayoría del país han sido víctimas del conflicto, unos en mayor medida que otros; en este caso hay que ser muy enfáticos en abrir espacios desde las diferentes ramas del saber, en especial las ciencias sociales que es la que nos compete en este caso. Estos espacios se deben propiciar para que los jóvenes puedan contar sus experiencias y puedan sanar los traumas dejados por el conflicto como una forma de contribuir al posconflicto desde la escuela, para la escuela y a la vez con una proyección a toda la comunidad educativa.

Desde el gobierno nacional también se tejen estrategias con el propósito de abordar el posconflicto con la implementación de la catedra de la paz como una forma de permear el currículo y convertirlo en un laboratorio de paz en donde se aborden temas relacionados con los derechos humanos, espacios que son esenciales en la transformación de este país.

Hay que también tener en cuenta que las miradas internacionales están puestas en cómo se aborda el tema y como la educación es el centro de formación de un ciudadano que pide a gritos el cese de la violencia y darle paso a una cultura de paz.

A partir del momento que vive Colombia frente al posconflicto es que aparece este trabajo como una forma de aportar desde el currículo a las políticas de un sistema educativo que se encuentra necesitado de propuestas que busquen visibilizar los problemas generados desde el conflicto armado en Colombia en pro de una convivencia pacífica.

Es entonces en la academia donde se encuentran los directamente responsables de la articulación de propuestas que dialoguen para gestionar y transformar el conflicto en compañía de todos los entes del estado que puedan ejercer presión tanto en la prevención como en la construcción de procesos de reconciliación no solo dentro de las aulas sino fuera de ellas.

Existen otros espacios como las jornadas únicas o extendidas que se vienen abriendo y que pueden, en gran medida, ser aprovechadas para el mejoramiento institucional y el

posconflicto, que tal vez, fueron pensados con este propósito, pero que al parecer se diluyen en el papel y en la burocracia pero que si son aplicadas con gran sentido pueden hacer eco desde la implementación del arte, el deporte, la cultura en pro de la reconstrucción del entramado social con unas características más pacíficas, de hermandad y con la firme convicción de no regresar al conflicto armado .

Comprender esta situación hace que la responsabilidad sea de todos, en esa medida todos debemos poner nuestro grano de arena para este propósito, ya sea comunidad educativa, sociedad cercana o gobierno nacional.

Es por esto que desde el gobierno nacional y gracias al decreto 1038 de 2015 se reglamenta la catedra para la paz como contribución a la construcción al posconflicto y en el artículo 14, literal d, de la Ley 115 de 1994, dentro de la enseñanza obligatoria en los

establecimientos oficiales o privados de educación preescolar, básica y media estará: “La educación para la justicia, la paz, la democracia, la solidaridad, la confraternidad, el

cooperativismo y, en general, la formación en los valores humanos” porque se debe ver esta catedra como un mecanismo que articule las diferentes áreas del conocimiento como

contribución al posconflicto y las experiencias de conocimiento que se puedan visibilizar en busca de soluciones dialogadas.