Existe un factor de poder que quiero analizar separadamente por la importancia que reviste a este análisis de caso, el cual tiene que ver con la construcción del enemigo por parte de los dos actores que jugaron preponderantemente en este proceso: los grupos de poder económico y los de poder político, sin dejar de lado que algunos otros actores de la sociedad civil también utilizaron estas estrategias. Me baso principalmente en dos perspectivas, la construcción del enemigo por parte de las televisoras utilizando
definiciones como partidocracia, consolidación del poder político, corrupción, destrucción de garantías de libertad de expresión, neodictaduras, retorno al autoritarismo de antaño. Por otro lado, la construcción del enemigo por parte de los grupos políticos que se opusieron a las reformas en telecomunicaciones y radiodifusión, así como aquellos que promovieron las reformas constitucionales en materia electoral se basó en definiciones como poderes fácticos, el poder del dinero, los intereses creados, la misma definición de las reformas como “Ley Televisa”, entre otros. Queda claro que en ambos casos se dio la utilización del lenguaje y la definición del adversario como arma de ataque para debilitar su credibilidad. En la medida en que pudieron acorralar a su adversario a los límites y prejuicios contenidos en las definiciones, fueron capaces de debilitarlos y, a su vez, fortalecer su posición frente a la opinión pública.
El lenguaje y el discurso para Foucault son factores y efectos de poder. Definir causa un efecto de sometimiento sobre el individuo. El ejemplo que pone es el psiquiátrico que ya he mencionado aquí anteriormente donde la ciencia cada vez construye más y más específicas definiciones de males para “humanizar los castigos”. La construcción de la verdad es un elemento fundamental para la construcción de poder, y éste es uno de los argumentos más novedosos en su momento del pensador francés. En ese sentido, es interesante hacer un análisis sobre la construcción de la verdad en cada uno de los dos grupos políticos y económicos, específicamente en la construcción del que está enfrente. La descripción dramatizada del adversario es una fuente de poder y una forma de limitar su acción ante los prejuicios que se generan a su alrededor.
Uno de los conjuntos de lenguaje que más se utilizó durante los debates legislativos en torno a las reformas del dictamen y del proyecto constitucional tuvieron que ver con los el papel de los medios masivos de comunicación. Los términos utilizados recuerdan mucho los trabajos de la Escuela de Frankfurt en torno a la comunicación de masas y la industria cultural (Horkheimer y Adorno, 1998 y Adorno, 1991). Hago un breve análisis de esta corriente crítica para posicionar sobre ella la construcción del enemigo que hicieron principalmente los grupos políticos.
Según esta corriente del pensamiento, el ser humano es cautivo de las instituciones que fueron formadoras de su estado actual. Así pueden entenderse conceptos como “sociedad de consumo”, o la idea de los ciudadanos como consumidores de campañas electorales. El individuo está sujeto a información todos los días y a toda hora, lo que puede ir moldeando poco a poco su forma de ser.
Lo que Canetti (1960) llama “héroes” pueden fácilmente traducirse hoy día en líderes de la comunicación. Personas que dirigen los noticieros o que tienen columnas en populares diarios o semanarios en una comunidad tienen la facilidad de influir en la opinión generalmente desinformada del resto de los sujetos. Los ciudadanos, dice Caplan (2007) tienen poco interés en estar informados porque no existen los incentivos para hacerlo. La probabilidad de que su simple voto afecte significativamente el resultado de una elección o la decisión de una política pública o ley en particular es tan pequeña, que prefiere utilizar su tiempo para asuntos más productivos para su vida. Son sólo los expertos quienes realizan.
El proceso de Ilustración44 ha sido una de las bases sobre la que se ha construido la
crítica a los medios masivos de comunicación. La intención de iluminar45 el alma del ser
humano se ha malinterpretado, pues ha implicado un proceso de deterioro de la diferencia. Los productos de consumo intentan cada vez con más fuerza establecer estándares de producción que permitan hacer más sencillo su proceso. La estrategia que utilizan es la búsqueda de la estandarización del consumo, para así finalmente hacer congeniar ambos procesos. El resultado sería una única producción para múltiples consumos. Theodor Adorno y Max Horkheimer (1998) son los artífices de la escuela crítica que estableció a principio del siglo XX muchas de las premisas que incluso hoy en día siguen siendo el sustento de las críticas a los procesos tecnológicos de masificación. Otro autor que aquí no analizo a profundidad pero que también ha participado en estas
44 Acuñado por Immanuel Kant en la
¿Qué es la Ilustración? y que ha sido fuente de innumerables escritos
relativos al proceso de toma de conciencia del ser humano. La Escuela Crítica de Frankfurt dedicó varias obras a criticar este proceso por considerarlo una masificación que busca la homogenización del ser humano.
45 La traducción literal del proceso que describe Kant es la
argumentaciones es Umberto Eco46 quien resalta el enorme poder de influencia de algunos actores que controlan los medios de comunicación en países como Italia.
La ilustración es un proceso de maduración, de acuerdo a Kant “es la salida del hombre de su inmadurez auto-impuesta”. La inmadurez de acuerdo al autor es la incapacidad del ser humano de utilizar la razón propia sin la guía de otro. Las razones que Kant ofrece para esta situación son dos: pereza y cobardía. Ambas se deben a la comodidad que ofrece al ser humano dejarse llevar por la corriente de las razones de otros en lugar de realizar el razonamiento por uno mismo. El diagnóstico del autor es que nos encontramos en un proceso de iluminación aunque no hemos llegado a un punto ideal de maduración. Muchos autores se sustentaron en estos primeros razonamientos para hacer los suyos propios relativos a la maduración del ser humano. “Es el más amplio sentido de pensamiento en continuo progreso, ha perseguido desde siempre el objetivo de liberar a los hombres del miedo y construirlos en señores” (Horkheimer y Adorno, 1998). Se pretendía derrocar los mitos mediante la ciencia, pero la ciencia no deja de convertirse ella misma en un mito con sus propias ortodoxias y ceremonias de adoración. La necesidad de educar a como diera lugar para así civilizar a aquellos individuos y
comunidades inmaduras se convirtió en una misión seductora. Fácilmente esta justificación se vuelve la mejor razón para destruir y modelar civilizaciones enteras bajo el concepto propio de ilustración, y ahí es donde radica el peligro de este procedimiento ¿Hasta qué punto es válido “civilizar”? El proceso de enculturación sistemática que se promueve desde los medios masivos de comunicación (intencional o no intencionalmente) tiene efectos perversos sobre la sociedad según Horkheimer y Adorno. Se elimina la libertad de criticar la ciencia del mismo modo que al mito. El principio de la inmanencia lo llamaron estos autores “que declara todo acontecer como repetición”, repetición absurda bajo el entendimiento de que todo ya se ha descubierto y sólo es menester de la ciencia conservar estos valores que ya se han logrado conquistar hasta ahora. La ilustración, denuncian los autores “es totalitaria como ningún otro sistema”, la reducción de todo conocimiento al método científico y la identificación del saber actual como instancia absoluta e incuestionable. “Lo que parece un triunfo de la realidad
objetiva, la sumisión de todo lo que existe al formalismo lógico, es pagado mediante la dócil sumisión de la razón a los datos inmediatos (…) la entera pretensión del conocimiento es abandonada (…) el conocimiento se limita a su repetición, el pensamiento se reduce a mera tautología, la Ilustración recae en la mitología de la nunca supo escapar” (Horkheimer y Adorno, 1998).
La principal crítica de estos autores no radica en la sustentación de la ilustración en la mitología, sino en el efecto que provoca sobre el individuo libre, encarcelado por la propia religiosidad del conocimiento moderno, “a través de las innumerables agencias de la producción de masas y de su cultura se inculcan al individuo los modos normativos de conducta (…) la regresión de las masas consiste hoy en la incapacidad de poder oír con los propios oídos aquello que no ha sido aún oído, de tocar con las propias manos aquello que no ha sido aún tocado”. La incapacidad de experimentar, cuestionar, intentar alternativas limita al sujeto a no producir sino simplemente reproducir lo que ya ha sido construido previamente. Cuando entran estos autores al apartado de la “industria cultural” se dan finalmente sus diagnósticos sobres los medios de comunicación, “se autodefinen como industrias (que han) llevado a la estandarización y producción en serie, y ha sacrificado aquello por lo cual la lógica de la obra se diferenciaba de la lógica del sistema social”. Una de las razones por las que se critica fuertemente a los medios masivos es que se elimina la espontaneidad del público, porque es dirigido y absorbido por especialistas, “reducidos a material estadístico, los consumidores son distribuidos sobre el mapa geográfico de las oficinas de investigación de mercado, que ya no se diferencian prácticamente de los de propaganda” (Horkheimer y Adorno, 1998). La industria cultural, dicen los autores, pone fin a la expresión desenfrenada que se había dado en el siglo XIX. Apuesta a la atrofia de la imaginación y de la espontaneidad. Prohíben la actividad pensante del espectador. La clave para que esto pueda lograrse, y una de las herramientas más fuertes que poseen los dueños de los medios de comunicación, es la rapidez con la que sucede la información. La capacidad de reflexión del espectador es inversamente proporcional a la cantidad de información que se le vierte. Mediante la saturación el individuo se encuentra sujeto a las reflexiones que previamente hicieron los especialistas que trabajan para los dueños de las empresas de comunicación. Presentar un hecho A con
una explicación A1, para inmediatamente presentar un hecho B con una explicación B1 logra que el sujeto no pueda reflexionar personalmente sobre posibilidades A2, A3, B2 y B3. A1 y B1 se le presenta como si fuera parte de la información, resultando en una aceptación de los hechos, sí, pero más grave, también de las explicaciones y reflexiones del grupo que tiene control sobre los medios de comunicación. La “educación” se va dando sutilmente ante la imposibilidad de manejar tanta información. Se “forma” al individuo a conveniencia de este grupo.
Lo que sostiene Foucault (2004) es precisamente que el control se da mediante la creación de lenguaje nuevo. Los medios de comunicación tienen esta capacidad a través del despliegue de su programación. El lenguaje cultural es en cierta forma un reflejo de la producción de estos medios, los sujetos crecen bajo la influencia de las dos instituciones, educativas y comunicativas, preparando el terreno para el sometimiento prolongado del individuo. “Cuanto más sólidas se vuelven las posiciones de la industria cultural, tanto más brutalmente puede permitirse proceder con las necesidades de los consumidores” (Horkheimer y Adorno, 1998). La diversión y el entretenimiento es una sumisión de parte del consumidor. Es su forma de desconectarse de la realidad, y permiten que la industria cultural controle los mecanismos por los cuales se va a dar esa diversión. De la misma manera, el aislamiento es un elemento importante para desconectar a los individuos, limitando su posibilidad de conversación entre ellos. Eric Paras (2006) lo entiende al sostener que la obligatoria identidad de cada uno de nosotros es el efecto y el instrumento del poder. La individualidad, irónicamente, es la mejor arma para someter al sujeto. Lejos de querer defenderse, el ciudadano busca su individualidad y lucha por ella, dándole a los grupos de poder ideológico la posibilidad de “ponerse de su lado” y luchar hombro con hombro con el principal causante de la nueva prisión del ser humano. La comunicación se da preponderantemente entre individuo y medio de comunicación, convirtiendo a los foros de la televisión o las columnas de los periódicos en las únicas formas de legitimar un comunicado47. Recordemos que para Foucault el poder no destruye porque entonces no tendría sentido su existencia. El poder, en cambio, produce. Producir depende de la
aceptación de aquél que es obligado a someterse. Los argumentos salen sobrando si estos son implantados previamente en la voluntad del individuo mediante la educación condicionada. James Miller (1994) encuentra una forma de expresarlo “las instituciones centrales de nuestra sociedad luchan con siniestra eficacia por supervisar y controlar al individuo para neutralizar sus estados peligrosos y para alterarle la conducta inculcándole anestesiantes códigos de disciplina. El resultado inevitable son cuerpos dóciles y almas obedientes”, la mejor materia con la cual pueden trabajar los transgresores. Lo que Foucault llama la “voluntad de saber” es esa construcción del mundo cómodo en el que el individuo gustosamente acepta revelar completamente sus más oscuros secretos, dejarse categorizar y archivar, permitir que los actores poderosos lo sepan reconocer, pero al tiempo que logran esta empresa, lo tienen completamente dominado. La clave está en que son ellos los que establecen las categorías sobre las cuales son organizados los individuos, y al no existir organización que impida este proceso, son mucho más fáciles de someter.
Si intentamos hilar a Nietzsche con lo que la escuela crítica ha puesto en la mesa es precisamente que el hombre ha vivido bajo un control sistemático de su vida a través de las herramientas del Estado, pero al debilitarse éste, los nodos de control han pasado a otras manos. Lo que él llamó la “interiorización del hombre” ahora se revela en toda su existencia. La capacidad de los hombres para someter a otros nuevamente queda libre, al menos para aquellos que tienen las herramientas para imponerse incluso sobre las reglas del Estado que hasta hace pocas décadas aún los controlaban. El excesivo control ha traído como consecuencia una resistencia de algunos grupos, pero éstos han quedado completamente libres, incluso con la capacidad de moldear a su gusto las instituciones que regulan al resto de la sociedad. En el caso mexicano las cosas no son muy distintas. Los mecanismos de poder que Hardt y Negri (2000) describen ahora se encuentran en las manos de aquellos que tienen la capacidad económica de comprarlos. La justicia se ha vuelto una moneda que para algunos es comprable mientras que para la inmensa mayoría se trata únicamente de una máscara, una farsa sobre la cual se intenta mantener la apariencia de que el Estado sigue siendo producto de un acuerdo entre los miembros de la sociedad. Las consecuencias de esto es que tenemos actores fuertes que dominan al resto