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2 The Research Model

2.2 The IS Success Model in Detail

2.2.2 Modifications and Adaptations

cósmica hasta, como diría el poeta, el abismo en el fondo

de los ojos de la amada: ¿Saldremos vivos, de caer ahí?

¿Hay vida al otro lado?

«De cara al límite», el notable último libro de Cristóbal

Holzapfel, recorre un completo panorama del tema, uno

fundamental en la cultura chilena, hija de su condición

remota: el hombre frente a sus límites, y sus deseos de

transgredirlos.

te del imperio. Por lo mismo, luego en la Edad Media, más relevante que el conde era el marqués, porque de él dependían las “marcas”, los territorios fronterizos expuestos, a diferencia de los condados, protegidos, del interior.

Claro, nadie nos preguntó si queríamos vivir en el borde del mundo, expuestos a lo desconocido, al vértigo que provoca tener aquí mismo lo ilimitado: ¿Viene de ahí esa condición, percibida en América del Sur, del chileno como un ser respon- sable, serio, incluso abrumado por su sen- tido del deber? ¿La vida como sacrificio, que debe soportarse con resignación, más que con placer?... Hay una palabra en el campo, para esa sensación: la fatalidad, que se refiere a un suceso inevitable, que, generalmente, es una desgracia.

¿Será cierto? ¿Es tan dura la vida en estos términos, en este final, que se ase-

LA cuLTurA MAPucHE Logró, EN Su AdAPTAcióN AL LugAr, uNA ExTrAordiNAriA SALidA, uNA rESPuESTA PArA iNgrESAr AL AHorA dESdE Aquí, SuTiL ArMoNíA ENTrE LA durEzA dEL rigor

Y LA PoéTicA dE LA LibErTAd, EN SAbio EquiLibrio. NuESTrA cuLTurA oficiAL NuNcA SE HA iNTErESAdo EN ELLo.

meja a una desgracia? ¿La vida es aquí una fatalidad?

Tal cosa nos alejaría de la plenitud humana; como nos recuerda Holzapfel, “Kant sostendrá que la tarea de la huma- nidad es abandonar el reino de la natu- raleza e ingresar al reino de la libertad”. Nosotros, discapacitados por una na- turaleza extrema, de terremotos y erup- ciones volcánicas, tsunamis y sequías, tormentas y avalanchas –casi un catálo- go en el que sólo faltan los ciclones–, no podríamos entonces encontrar el acce- so que nos permita ampliar el horizonte y lograr “desplegar” nuestros talentos. Tristemente, nos quedaríamos en los valles más rodeados de cerros, más en- cerrados, sin acercarnos a los bordes del borde. centralizados…

casi desconfiados del arte, que, por vocación, tal como lo hace el místico,

«De cara al límite» cristóbal Holzapfel Metales Pesados 199 páginas $8.000

Miguel laborde es director Cultural de la Fundación el observatorio (Centro de estudios geopoéticos de Chile), director de la revista universitaria de la uC, profesor de urbanismo (Ciu- dades y Territorios de Chile) en arquitectura de la udP, miembro del directorio de la Fundación imagen de Chile, miembro honorario del Colegio de arquitectos y de la Sociedad Chilena de Historia y geografía, y autor de varios libros.

busca asomarse más allá de los límites, traspasar las fronteras, aventurarse en lo desconocido. La cautela, cualidad bur- guesa, se asusta ante el horizonte abier- to. Le provoca un pavor cósmico.

Lo lamentable, como observa Holza- pfel, es que el arte justamente, como el amor y el juego, nos permite saltar hacia lo ilimitado, recuperar la sensación de in- finito, la unidad del Todo, la inmersión en el cosmos… Por el contrario, el orden social nos deja “íntegramente atrapados en nuestras profesiones u oficios”.

Nos alejaríamos de eso que busca in- cluso el hombre arcaico, en sus rituales festivos, que son portales a un éxtasis en el que accede a la sensación del infinito, en comunión con el Todo.

Ahí está la cruel paradoja. Nos piden cumplir con el deber, con el máximo ri- gor, porque somos los soldados que cus- todian la frontera, siempre alertas, atados a nuestras responsabilidades, siempre

La Panera_Ed Media Agosto1.pdf 1 23-08-12 17:56

cuidándonos del descontrol, ausentes de todas las orgías… y luego nos acusan de no ser audaces, impulsivos, trasgresores.

Y, como dice Holzapfel, el camino hacia la plenitud pasa por dejarnos ser, dejarnos llevar, sumergiéndonos en nuestro propio ser, en el “sí mismo”. El sumergirnos en el ahora, atemporal como un eterno pre- sente, sería “nuestro modo de contactar- nos con la eterna plenitud del ser”.

Ahí, en contacto con el ser, finalmente accedemos a lo ilimitado, porque nada hay “afuera” del ser. Es un estado de sanación, como el que nos provoca la contemplación de la inmensidad del fir- mamento en una noche luminosa; ahí no hay separación ninguna, se vive la plena unidad, el uno y el Todo.

Pero, el centinela no puede extasiarse en la contemplación del cielo: podría ser el momento, justo entonces, cuando se deslicen los enemigos al interior…

La cultura mapuche logró, en su adap- tación al lugar, una extraordinaria salida, una respuesta para ingresar al Ahora desde Aquí, sutil armonía entre la dureza del rigor y la poética de la libertad, en sabio equilibrio. Nuestra cultura oficial nunca se ha interesado en ello.

Lo que planteó el filósofo español Vi- cente Serrano en Valparaíso, en el con- texto del Puerto de ideas 2012, va por ese camino; aludiendo al filósofo baruch Spinoza, en cuanto a que somos parte de la realidad, y no el centro, la felicidad radi- caría justamente en el saber adecuarse a los límites, con un cierto estoicismo.

Tal actitud sería crucial en este siglo, cuando las ansias de poder llevan a ex- cesos que borran al resto del mundo, y al mundo mismo; olvidando, estúpida- mente, que el planeta es limitado, pere- cible, condenado a muerte como todo organismo vivo. Tarde o temprano.

Cristóbal Holzapfel, doctor en Filoso- fía de la universidad de friburgo (1987), profesor titular de la Universidad de Chile, da una suerte de salto con este li- bro, muy particular en su trayectoria ex- tensa. Porque aquí, aunque revisa el tema con una perspectiva propia de la discipli- na –amplia y universal, aunque con atra- yentes ejemplos históricos–, nos entrega una reflexión extraordinariamente inte- resante para todo lector chileno.

Porque aquí, en este borde o fin de mundo, se vive como el título lo indica: “de cara al límite”.

Edison otEro BEllo

licenciado en Filosofía y profesor titular por la Universidad de Chile. se ha especializado en las áreas de la epistemología, el desarrollo del pensamiento crítico y la teoría de la comunicación.

Por Edison otEro

S

e p t i e m b r e 2 0 0 8 , Universidad de la Columbia Británica, Canadá: esta fecha y este lugar podrían convertirse, en unas décadas más, en un hito significativo. En esa ocasión se desa- rrolló un encuentro académico que reunió a científicos y a especialistas de las humanidades en el propósito de ten- der puentes entre dos territorios, dos ámbitos de estudio que se desenvuelven en términos de mutua ignorancia y desconocimiento.

Existen frases cliché para describir esta divisoria: “apren- dido versus innato”, “historia versus naturaleza”, “cultura versus biología”. Hace unos cincuenta y cinco años, el físi- co británico C.P. snow habló de las dos culturas, describió sus respectivas desmesuras y abogó por su integración. Mucha agua ha corrido en el intertanto, mucha energía dedicada a volver irreductible la antítesis: la distinción en- tre ciencias de la naturaleza, la distinción entre razón e intuición, entre métodos cuantitativos y cualitativos, y la célebre separación entre explicar y comprender.

Para ponerlo en términos bélicos, en su expresión más an- tojadiza los bandos intentan invasiones territoriales audaces: reducir la ciencia a la dinámica irracional de grupos de interés y personalidades ególatras, o reducir los procesos sociales y las instituciones a estricta biología genética. Por cierto, está también el folclore asociado; por ejemplo, el rechazo de lo cuantitativo como expresión de lo culturalmente correcto. En fin, el expediente puede llenar muchos tomos y, todavía más, con la desconsolada expectativa de una sentencia que

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