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Modified first generation core-shell catalyst

Chapter 3 Catalyst Synthesis and Characterization

3.3 Core-Shell catalysts

3.3.2 Modified first generation core-shell catalyst

quienes pueden situarse en un nivel social semejante al de los funcionarios que ocu­ paban el estamento de los privilegiados.

En el sector terciario, y concretamente en esta parroquia, hay tres grupos que se relacionan íntimamente entre sí e, incluso, algún aspecto de los encuadrados en varios: comercio, transporte, hospedaje y la mancebía; entre ellos acogen al 43’16% del total de la población activa. La proximidad del centro comercial de la seda (Alcaicería), la ubicación alhóndigas y otros servicios públicos (Matadero), la existencia de almacenes de materias primas (maderería), así como el hecho de haberse instalado en ese lugar la Mancebía convertirían a la zona en uno de los centros de hospedaje y deambular de los viajeros llegados a Granada con estos fines. Como afirma Bosque, era “el punto de enlace con la región rural limítrofe, a través de una barahunda de recuas, arrieros, carreteros y trajinantes de todas clases, que se servían de ellas como almacenes de la mercadurías traídas de los pueblos de todo el reino”103. Prueba de ello es la existencia de 31 mesones, 23

tabernas, 10 bodegas, 15 merchantes, etc.; aún así es escaso el número de arrieros, carreteros y acarreadores. No podían faltar los tenderos y los hornos-panaderías.

Los mercaderes, entre quienes hay que incluir a los genoveses, se adueñan de la producción en beneficio de sus propios intereses. Domínguez Ortiz así lo pone de manifiesto cuando dice que “los Gremios cayeron bajo la absoluta depen­ dencia del mercader, que proporcionaba la materia prima y compraba el producto elaborado”104. Y efectivamente así fue. En el inventario de bienes realizado a

la muerte de Jerónimo de Ayala, considerado como mercader de posición desahoga­ da, aunque sin más, figuran dos esclavas adultas, se reciben rentas y no faltan objetos suntuarios como joyas y productos manufacturados en Holanda (véase apéndice documental).

No ha de extrañar las profesiones de cortador de carne, carnicero, menudero y longanizero por la existencia del matadero, ni corredor de bestias, ni marchante de bestias ante las necesidades impuestas por el tráfico de mercancías105.

Las actividades más destacadas de este barrio de Granada se concretan alre­ dedor de las funciones de hospedaje y diversión, funciones que al no estar perfec­ tamente definidas en los diversos lugares del ramo pueden inducir a equívocos a la hora de barajar conceptos. Teóricamente el mesón tenía como fundamental objetivo el albergue de viajeros; el bodegón era un lugar de comida y la taberna el establecimiento donde tenía lugar la venta de vino y otras bebidas al por menor. En la realidad, estas funciones se entremezclan, pero, además, cada uno de estos lugares servía de refugio a truhanes, ladrones, vagabundos y prostitutas. A su alre­ dedor se movía un mundo de hampones que imponían su ley pese a las orde­ nanzas establecidas por la ciudad.

103. Op. cit. págs. 172 y 173. 104. Orto y ocaso de Sevilla, pág. 49.

105. Pedro Garrote, cortador de carne, posee ahorros suficientes para poder adquirir en subasta pública una huerta- solar cercada, procedente de bienes requisados a moriscos (A.Ch.Gr. 202-5245-4).

En el mesón el viajero encontraba albergue y refugio para él y su cabalga­ dura. Tenían autorizado un servicio de cocina para huéspedes y, naturalmente, no podían faltar establos y piensos para las caballerías. Las ordenanzas describe minuciosamente los lugares de habitación, sus precios y servicios afines.

El mesonero estaba autorizado a ganar la quinta parte del precio de los produc­ tos que vendía, adquiridos en la alhóndiga con anterioridad. Y aquí surgía el pri­ mer problema, pués la compra desmesurada de cebada y paja en la Alhóndiga del Grano agotaba las existencias, dejando desprovisto de estas materias al resto del vencindario, con lo que los mesoneros, actuando como acaparadores, incre­ mentaban los precios a su antojo. El problema se agravaba cuando, además, acu­ dían a comprar estos piensos a las eras próximas. Por ello, la reacción del munici­ pio no se hace esperar y, entre sus ordenanzas, prohibe a los mesoneros la compra de grano y paja en la ciudad y en una lengua a su alrededor. Esta ordenanza coloca al mesonero ante la siguiente disyuntiva: si no cumplía lo ordenado se encontraba con que el peso de la ley podía caer sobre él; si lo cumplía podía suceder, y así fue en 1537, que la prohibición impidiese un normal aprovisionamiento de estos establecimientos, pues, además, al no haber compradores de la producción en canti­ dades suficientes existía un exceso de estos productos en las eras, perdiéndose parte y pasando el resto a manos de regatones y revendedores, que abusaban en igual o mayor medida en la elevación de los precios. Este problema queda evidenciado en el pleito sostenido entre los mesones y el concejo en 1537106. De todas formas,

la ordenanza pocas veces se cumplía, y cuando así sucedía, que era en la mayoría de los casos, la justicia no intervenía. Las pocas penalizaciones habidas se producían generalmente por denuncia de almotacenes enemistades con algún mesonero.

No era de extrañar que con los mantenimientos sucediese algo parecido. La compra desmesurada de caza y pesca dejaban desprovisto al mercado, para des­ pués revenderlos a precios impuestos, tanto a huéspedes como a vecinos. En situa­ ción semejante se encontraban los taberneros con respecto a la venta de vituallas. En 1527 el concejo acuerda que ni unos ni otros, así como regatones u otras personas, compren carne, pescado, aves, caza, frutos u otras provisiones dentro de la ciudad o en tres leguas a su alrededor para después revenderlos107.

Los bodegoneros no utilizaban mejores artes que sus colegas taberneros o mesoneros. Lo más corriente era que, de acuerdo con cazadores y pescadores, acaparasen esta producción, dejando desabastecido al resto de los usurarios; una vez en su poder lo revendían a su antojo. Intentando subsanar este hecho, el municipio prohibe la venta de piezas de caza o pesca en estos establecimientos, autorizán- do solamente su uso culinario. Otra veces vendían huevos, cuya venta estaba reser­ vada exclusivamente a la gallinería; acababan con las morcillas y longanizas, “que

106. Todos los datos referentes a mesones en Ordenanzas de la ciudad folios 128 a 131. Para el pleito de 1537, A.Ch.Gr. 3-1392-14.

En estos casos, de nada servía la obligación de poseer una tabla de precios actualizada cada mes y una medida en buenas condiciones y sellada por la ciudad.

PARROQUIA DE LA MAGDALENA EN EL S. XVI 225

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