Chapter 14: Gaps in existing knowledge
15.6 Monitoring Moser
Históricamente las sociedades latinoamericanas han establecido diversas formas asociativas que buscan la satisfacción de demandas sectoriales, políticas, culturales, económicas o de reconocimiento y que se han retroalimentado con procesos internacionales. Las acciones y debates de entes colectivos como sindicatos, cooperativas, campesinos, grupos étnicos, grupos de mujeres o de defensa de los derechos humanos han permitido transformaciones de criterios, conocimientos y valoraciones morales respecto a las situaciones de los grupos poblaciones. En el contexto mundial actual, las situaciones estructurales de desigualdad, injusticias y afectaciones ecológicas globales, así como la globalización de las relaciones a partir de los cambios tecnológicos y de conocimiento han llevado a la reconfiguración de las formas organizativas locales, regionales y nacionales hacia la afirmación comunitaria del territorio.
―Esta tendencia a la reapropiación comunitaria del espacio de vida refiere tanto a las
formas de lucha y organización basadas en la ocupación del territorio cuanto a la expansión de las experiencias de autogestión productiva, de resolución colectiva de necesidades sociales (por ejemplo en el terreno de la educación y la salud) y de formas
autónomas de gestión de los asuntos públicos‖ (Seoane, 2006, pág. 90).
Los movimientos sociales conformados por diversas expresiones organizativas de los grupos sociales (tanto locales como de articulación en regiones o por sectores) desempeñan un papel importante para la comprensión integral del contexto. Autores como Zibechi (2004) o Seasone (2006) presentan tres elementos que caracterizan la práctica de la mayoría de los más significativos movimientos sociales latinoamericanos: a) una dinámica de apropiación territorial como práctica colectiva; b) la práctica y la discursividad de la mayoría de los movimientos sociales aparece atravesada por una intensa experimentación democrática que implica tanto la reinvención como revalorización de mecanismos de participación y decisión directos o semi directos y c) La emergencia de un nuevo internacionalismo que permite la interlocución y retroalimentación de prácticas y discursos Bajo estos elementos se enmarcan las formas organizativas que han consolidado indígenas, afrodescendientes y campesinos en nuestro país y desde donde se construyen discursos y acciones como las propuestas de protección de los bienes comunes en general. Las organizaciones sociales son un referente importante para el abordaje de las problemáticas sobre el territorio y la comprensión de las diversas racionalidades que estructuran las relaciones sociedad – naturaleza, dentro de la complejidad de las relaciones interculturales en Colombia enmarcada en procesos de violencia económica, política y armada que se vive hace más de cuatro décadas.
En los últimos años el despojo, la represión y la violación de derechos humanos hacia las comunidades étnicas y campesinas se han profundizado a través de dinámicas del mercado de tierras, explotación de la naturaleza como estrategia de crecimiento económico y de disputas por el territorio en cuanto a la tenencia de la tierra y el uso del suelo. A pesar de ello, el movimiento social se ha fortalecido a través de espacios de articulación entre
diversos sectores que demandan cambios estructurales y se busca la construcción de otras visiones y formas de desarrollo que se sustenten en la defensa de los bienes comunes; hecho que no solamente corresponde a Colombia sino que se nutre de las acciones y reflexiones de los movimientos latinoamericanos y de otras organizaciones a nivel mundial que encaminan sus demandas políticas en torno al detrimento actual de la vida en general y la necesidad de cambiar las lógicas depredadoras de la naturaleza.En efecto,
―Frente a las devastadoras consecuencias sobre el medio ambiente y el hábitat de pueblos y comunidades enteras, y a la apropiación privada de esas riquezas y de los beneficios resultado de su explotación, un sinnúmero de movimientos sociales, coordinaciones, conflictos y resistencias se han desplegado en los últimos años en toda la región construyendo alternativas y promoviendo horizontes emancipatorios
(…)Movimientos sociales de base territorial tanto en el mundo rural como también
en el espacio urbano han emergido en el escenario latinoamericano constituyéndose en algunos casos, en relación a su identidad étnico-cultural (los movimientos indígenas), en referencia a su carencia (los sin tierra, sin techo o sin trabajo) o en relación a su hábitat de vida compartido (por ejemplo los movimientos de
pobladores‖(Seoane, 2006, pág. 89)
En este escenario de reconfiguración de los movimientos sociales es importante resaltar la existencia del campesinado como actor político colectivo con demandas frente a sus formas de vida tradicionales36. Como lo señalan Silvetti (2011) frente a la sustentabilidad planetaria y la revalorización de la naturaleza, los campesinos se reafirman como actores sociopolíticos ante la evidencia de las mayores afectaciones sobre las economías agrarias de subsistencia por prácticas o acciones de otros actores que impidan o limiten el acceso y control de la naturaleza.
36 En Colombiase ha constituido históricamente una estructura agraria bimodal (minifundio – latifundio) ―sistema donde se conforman dos polos de tenencia de la propiedad de la tierra: uno conformado por un gran número de propietarios con muy poca tierra (minifundios) y otro donde un porcentaje pequeño de propietarios monopolizan un alto porcentaje de ella‖ (Machado, 2002, pág. 38) En este sentido, el campesinado como actor político hace referencia al primer polo descrito, conformado por quienes sustentan su vida desde la economía familiar, a diferencia de quienes desarrollan en el campo economías agro- industriales o de uso de los recursos naturales a través de megaproyectos como monocultivos maderables o de venta de bonos de carbono.
Las luchas contra el despojo se han intensificado y campesinos y poblaciones étnicas toman un protagonismo político en la mayoría de países de América Latina que en muchas ocasiones cuestionan directamente el enfoque y las lógicas del modelo de desarrollo predominante. ―Es importante señalar en el marco de la resistencia, que las comunidades campesinas defienden modos de vivir tradicionales, pero también nuevas formas de producción y comercialización que intentan actuar fuera de la lógica dominante del mercado capitalista.‖ (Silvetti, 2011, pág. 32)
En este contexto complejo por las problemáticas pero esperanzador por la defensa generalizada de la vida, los enfoques y propuestas de las organizaciones sociales en Colombia que se recogen en este apartado, pueden entenderse como procesos de construcción colectiva donde la voz de muchos toma un papel central para la construcción del territorio desde sus pobladores y pobladoras. En este sentido, la política no corresponde sólo a unos pocos o al ente estatal sino que se inserta en la práctica cotidiana de las comunidades y organizaciones sociales, permitiendo el debate y la consolidación de relaciones sociales democráticas y participativas.