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4.4 Discussion

4.4.1 Morphological controls on hydropeaking effects

En el tema de la sustancialidad del hombre se ha aludido a nociones como sujeto, yo y persona para explicar fenómenos y acontecimientos. a. El valor de la individualidad

A lo largo de la escala de la vida hay un incremento de la unidad y la individualidad de los seres vivos.

El crecimiento de la individualidad supone una menos subordinación del individuo a la especie. Cuanto más unitario e indivisible es un ser y cuanto más se distingue de los demás de su especie, menos se subordina a ella. La conciencia del valor de la individualidad humana no es constante en las distintas sociedades.

Ser individual significa para el hombre ser persona, disponer radical y libremente de sí.

b. La polémica sobre la sustancialidad humana

La noción de sustancia, como ser que subsiste en sí, se realiza en los seres vivos y en la autoconciencia, pues ser sustancia implica una cierta reflexividad.

El problema de la sustancialidad del hombre es la cuestión de la relación entre sujeto o yo y vida.

En tanto que propietario de la vida, el yo tiene carácter sustancial. 2. Sujeto, persona, yo y sí mismo. La identidad personal

El hombre como ser sustancial individual realmente existente recibe diversos nombres: sujeto, persona, yo, sí mismo, etc.

La cuestión de la relación entre todas estas nociones se complica porque ni el lenguaje filosófico ni el ordinario se usan siempre del mismo modo, y hay una gran variación en su significado.

Las nociones de sujeto y persona se formulan por primera vez desde la perspectiva de la interioridad objetiva, desde un planteamiento metafísico, mientras que la noción de yo surge en la perspectiva de la interioridad subjetiva.

El término sujeto se utiliza para designar el elemento de una proposición que es determinado por el predicado.

El término persona ha acabado por significar en muchas ocasiones lo contrario a lo que inicialmente significaba.

Ser persona quiere decir ser reconocido por los demás en cuanto constituyen una unidad social, y es este reconocimiento el que otorga unas capacidades de acción respecto de los demás.

La noción de yo aparece en la perspectiva de la intimidad subjetiva para designar el supuesto individual tal como aparece en la intimidad subjetiva, tanto en la conciencia vital como en la intelectual. Suele llamarse yo a la persona vista desde la intimidad subjetiva, a mi ser tal y como es dado a mi conciencia.

El término sí mismo se utiliza en algunas escuelas de psicología para designar tanto el conjunto de fuerzas vitales del sujeto en su pureza biológica como esas fuerzas vitales en cuanto modeladas por la cultura, incluyendo también la corporalidad.

3. Proceso de autorrealización y principios de individuación

El proceso de autorrealización es el proceso a través del cual el yo realiza existencialmente su identidad, es decir, llega a ser un yo. El proceso de autorrealización como proceso de realización de la propia identidad es un proceso de individuación porque a través de él, el yo va alcanzando sucesivas determinaciones que lo individúan y lo diferencian de los otros. a. El yo puntual como principio de individuación

El yo puntual es el sustrato último metafísico, como el supuesto individual. En cuanto que personas, todos los seres humanos son radicalmente iguales. Las diferencias acontecen en el proceso de realización de la identidad personal.

b. El organismo biológico como principio de individuación

El primer modo de autorrealización del ser humano es la constitución de su propio organismo, de sí mismo como cuerpo desarrollado.

Esta autoconstitución, suele llamarse proceso embrionario, es regido desde el viviente mismo porque el ser vivo contiene en sí la ley de su desarrollo.

Cada uno es quien es, y aparece como distinto a los demás, por su cuerpo. El cuerpo es un determinante fundamental de la identidad personal.

El cuerpo ya formado es la primera autodeterminación del yo puntual. Lo que hace que un organismo vivo sea el mismo a lo largo del tiempo no es la permanencia de una materia concreta, sino la continuidad espacio - temporal.

Por el hecho de constituir un cuerpo, el hombre no ha acabado su proceso de autodeterminación.

c. La cultura como principio de individuación. Cultura y personalidad. La síntesis pasiva

El proceso de maduración biológica del hombre no acaba con el nacimiento porque para que se produzca una maduración biológica humana hace falta un período prolongado en el que los factores culturales entren en concurrencia con los procesos biológicos.

La dotación genética es el legado de unos progenitores, por lo que todos los individuos que participan en él tienen un aire de familia.

La familia media entre el orden de la transmisión biológica y el de la cultural porque si la herencia familiar genética es la última determinación biológica, la pertenencia a una familia con una lengua, tradiciones, costumbres y valores concretos, es el primer modo de la transmisión cultural.

d. La acción libre como principio de individuación. Realización y crisis de la identidad personal

Una vez que el sujeto está completamente constituido, puede hablarse de hombre, de un ser libre y responsable, de un ser que se posee en el origen y en el futuro.

4. El concepto teleológico de naturaleza humana

Las confusiones en torno al concepto de naturaleza provienen de que su significado varía según el plano del saber en que se utiliza como según la noción a la que se oponga.

Habitualmente se realiza una contraposición entre lo natural, lo que la naturaleza ha hecho del hombre, y lo cultural, lo que el hombre ha hecho de sí mismo.

Lo natural, lo dado, es lo esencial y lo universal. Lo cultural es lo accidental y lo particular, lo variable.

La ficción teleológica fue postulada para subrayar la gratuidad de la elevación al orden sobrenatural, pero tal ficción de una naturaleza pura se muestra muy peligrosa si se proyecta al orden de la cultura o de la historia, porque si tiene sentido mantener la no necesidad del orden sobrenatural respecto del natural, no tiene ningún sentido mantener una gratuidad de la cultura o de la historia.

5. Poíesis de la cultura. Las objetivaciones del espíritu

La cultura es la síntesis adecuada entre razón teórica y razón práctica, o sea, poíesis, obra de arte. Su eficiencia es el eros, y su motivo y fin la belleza y la utilidad.

La cultura no resulta de la reflexión teórica, sino de la acción práctica irreflexiva, es decir, intuitiva.

Lo que unifica la pluralidad de existencias humanas en el orden existencial es la cultura, y aquí cultura significa todo lo que resulta de la acción humana en cuanto que diferente de lo que resulta del proceso embriológico.

Capítulo XIII: Los fines y el término de la vida humana