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4. FINITE INTERFACE DISSIPATION PHASE FIELD MODELING OF NI-NB

4.3 Experimental Methodology

4.5.5 Microstructural Variability as a

4.5.5.2 Morphology and Size

Tomando en consideración lo que discutimos en el Artículo Nº 1 (1984-5), debemos hacer ciertos discernimientos.

Debemos distinguir entre a) el hombre y el Creador, b) el hombre y su amigo, y c) un hombre y el resto de la gente, quienes no son sus amigos, aunque existe un dicho: “Todos los de Israel son amigos”.

En cierto momento, encontramos que las palabras: “Hazte de un Rav (Maestro/persona importante) y cómprate un amigo”, son el camino de la corrección. Y en otro momento, esto se encuentra en las palabras: “Y juzga a cada persona según una escala de méritos (favorablemente)” (Avot, Capítulo 1). Debemos entender la diferencia entre “hacer” y “comprar”, y el significado de juzgar favorablemente.

Deberíamos interpretar “hacer” como llegar a excluir a la razón. Esto es porque cuando la razón no puede entender si algo es digno de hacerse o no, ¿cómo puede determinar lo qué es bueno para mí? O viceversa, si la razón los considera iguales, ¿quién determinará lo que la persona debe hacer? Así, el acto puede decidir.

Deberíamos saber que existen dos caminos ante nosotros: el trabajo con el fin de otorgar, o el trabajo con el fin de recibir. Existen partes en el cuerpo del hombre que le dicen: “Tendrás éxito en la vida si trabajas con el fin de otorgar, y de esta forma disfrutarás de la vida”. Este es el argumento de la inclinación al bien, como nuestros sabios dijeron: “Si lo haces así, serás feliz en este mundo y feliz en el mundo por venir”.

Y el argumento de la inclinación al mal es opuesto: “Es mejor trabajar con el fin de recibir”. En este estado, sólo la fuerza llamada: “acción que está por encima de la razón” es la fuerza determinante, y no el intelecto o la emoción. Por eso “hacer” se

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llama: “por encima de la razón” y “por encima del razonamiento”; y esta fuerza es llamada “fe que está contra el intelecto”.

“Comprar” está dentro de la razón. Normalmente, la gente desea ver lo que quiere comprar; entonces el comerciante le muestra las mercancías y negocian si el precio que el comerciante le pide es o no es digno. Si la gente piensa que no es digno, no compra. De ese modo, “comprar” está dentro de la razón.

Ahora explicaremos el asunto del “Rav” y el asunto del “amigo”. Un amigo se llama, algunas veces, “sociedad” cuando la gente se reúne y desea unirse. Esto puede suceder a través de la equivalencia de forma, preocupándose cada uno del amor por los demás. Por eso, se unen y se vuelven uno.

Por tanto, cuando se establece una asociación para ser un sólo grupo, vemos que la gente que considera crear tal grupo, normalmente busca a personas que sean parecidas en sus puntos de vista y atributos, a quienes puedan ver como más o menos iguales. De otra manera, no los aceptarán en el grupo que desean establecer. Y después de eso, comienza el trabajo de amor de los amigos.

Pero si no tienen equivalencia con las metas del grupo desde el principio, incluso antes de que hayan entrado al grupo, no se puede esperar que salga algo de aquella vinculación. Sólo si había igualdad aparente entre ellos antes de que entraran en el grupo, se puede decir que pueden comenzar a esforzarse en el trabajo del amor por los demás.

Entre el hombre y el Creador

Entre el hombre y el Creador el orden comienza con: “Hazte de un Rav”, y después: “cómprate un amigo”. En otras palabras, primero, uno debe creer, por encima de la razón, que el Creador es grande; como está escrito en El Zóhar (Comentario Sulam, p. 185, Punto 191): “El miedo, que es el principio básico, significa que el hombre debe temer a su Maestro porque Él es grande y gobernante”.

Hasta el punto en que uno crea en la grandeza del Creador, quien es llamado “Grande”, se tiene la fuerza de dar para “comprar”, es decir, comprar a través de conceder amor propio, con el objetivo de alcanzar equivalencia de forma, lo que es llamado Dvekut (adhesión) con el Creador. Y esto es llamado un Haver (amigo): uno que está en Hibur (creador de lazos afectivos/una conexión) con el Creador. Cuando compramos cosas corporales, debemos renunciar al dinero, al honor, o a simplemente hacer un esfuerzo para obtenerlos. De manera similar, cuando una persona desea comprar lazos con el Creador, debe deshacerse de su amor propio; porque de otra manera no puede alcanzar la equivalencia de forma.

Cuando uno ve que es incapaz de hacer concesiones para comprar la equivalencia de forma, no es porque nació con un carácter débil y que por eso no puede superar su amor propio. Por el contrario, el fallo está en “Hacerse de un rav”, es decir, no

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estar trabajando en la cuestión de la fe, pues en la medida de la importancia de su fe en la grandeza del Creador, en esa medida lo será su poder para hacer concesiones.

Además, uno debe saber que si desea medir su grado de fe, puede verlo en el grado de concesiones que pueda hacer en el amor propio, y así sabrá el grado que tiene en el trabajo de fe por encima de la razón. Esto se puede aplicar entre el hombre y el Creador.

Entre el hombre y su amigo

Entre el hombre y su amigo debemos empezar con “Cómprate un amigo” y después “Hazte de un rav”. Esto es así porque, cuando una persona busca a un amigo, debe examinarle primero para ver si realmente vale la pena unirse a él. Después de todo, vemos que se ha establecido una plegaria especial acerca de un amigo, la cual pronunciamos después de las bendiciones en el rezo: “Te ruego…mantennos alejados de una mala persona y de un mal amigo”.

Significa que antes de aceptar para sí un amigo, se le debe examinar en cada forma posible. En ese momento, uno debe usar su razón. Por eso no se dijo: “Hazte de un amigo”, ya que “haz” implica ir por encima de la razón. Por lo tanto, en lo concerniente a un hombre y su amigo, debe ir con su razón y analizar, tanto como pueda, si su amigo está bien, como rezamos cada día: “Mantennos alejados de una mala persona y de un mal amigo”.

Y cuando ve que le merece la pena unirse a ese amigo, debe rezar con el fin de unirse a él, es decir, hacer concesión en el amor propio y, a cambio, recibir el poder del amor de los demás. Y entonces, puede esperar ser recompensado también con el amor del Creador.

Después de haberse unido a un grupo de personas que deseen alcanzar el grado de amor del Creador y desee tomar de ellos la fuerza para trabajar con el fin de otorgar y ser movido por sus palabras sobre la necesidad de obtener el amor del Creador, él debe considerar a cada uno de los amigos en el grupo como más grandes que él mismo.

Fue escrito en el libro Matan Torá (La Entrega de la Torá, p. 143), que uno no es impresionado por el grupo o toma su apreciación de algo, a menos que considere al grupo como más grande que él. Esta es la razón del porqué cada uno debe sentir que es el más pequeño de todos ellos; pues aquel que es más grande no recibe de aquel que es más pequeño, y mucho menos puede ser impresionado por sus palabras. Al contrario, sólo el más pequeño es quien se impresiona a través del reconocimiento del más grande.

Resulta que en el segundo paso, cuando cada uno debe aprender de los demás, está la cuestión de “Hazte de un rav”. Esto es porque para ser capaz de decir que

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su amigo es más grande que él mismo, debe usar el “hacer”, que es hacer sin la razón; pues sólo por encima de la razón puede ver que su amigo se encuentra en un grado más alto que él mismo. Por tanto, entre un hombre y su amigo, el orden es comenzar con “Cómprate un amigo” y después “Hazte de un rav”.

Entre un hombre y cada persona

La Mishná nos dice: “Hazte de un rav, cómprate un amigo, y juzga a cada persona favorablemente” (Avot, Capítulo 1)

Hemos explicado que entre un hombre y su amigo, el orden es que primero uno vaya y se compre un amigo –y explicamos que comprar es con la razón– y después, se debe comprometer en “Hacerse de un rav”. Y entre al hombre y el Creador, el orden es primero “Hacerse de un rav” y después “comprarse un amigo”.

Deberíamos entender el significado de decir: “Juzga favorablemente”, en lo que se refiere a cada persona. ¿Esto es “comprar” o “hacer”? Según lo anterior, debemos interpretar el significado de: “Y juzga a cada persona favorablemente” como “hacer” y no como “comprar”.

Por ejemplo, asumamos que hay muchas personas en la congregación, y que un pequeño grupo de entre ellos decide que desean unirse en un grupo que se comprometa en el amor de los amigos. Y digamos que, por ejemplo, hay 100 hombres en la congregación, y diez de ellos deciden unirse. Deberíamos examinar el por qué estos 10 individuos específicos decidieron unirse entre ellos, y no con otros en la congregación. ¿Esto es porque hallaron que esas personas son más virtuosas que el resto de las personas de la congregación, o porque ellos son peores que los otros y sienten que deben emprender alguna acción para ascender en la escalera de la Torá y el temor?

Según lo mencionado anteriormente, podemos interpretar que la razón por la que estas personas accedieron a unirse en un grupo particular que se involucre en el amor de los amigos, es que cada uno de ellos siente que tiene un deseo de poder unir todos sus puntos de vista, para recibir la fuerza del amor de los otros.

Existe una máxima famosa de nuestros sabios: “Así como sus rostros difieren, sus puntos de vista difieren”. Así pues, aquellos quienes acordaron entre ellos unirse en un grupo, entendieron que no hay gran distancia entre ellos, en el sentido de que entienden la necesidad de trabajar en el amor de otros. Por tanto, cada uno de ellos será capaz de hacer concesiones a favor de los demás, y pueden unirse alrededor de eso. Pero el resto de la gente no tiene la comprensión de la necesidad de trabajar en el amor de los otros, ya que no pueden unirse con ellos.

De esto resulta que, cuando se comprometen en la unidad del amor de los amigos, cada uno examina al otro, su razón y sus atributos, para ver si reúne los requisitos o si es digno de unirse al grupo al cual decidieron permitirle ingresar. Es como

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cuando rezamos: “Mantennos alejados de una mala persona y de un mal amigo”, dentro de la razón.

Resulta que él mismo se enorgullece por encima del resto de la gente de la congregación. ¿Cómo se permite esto? Después de todo, esto va en contra de una ley explícita que dice: “Rabí Levitas, hombre de Yavne, diría: “Sé muy, muy humilde” (Avot, capítulo 4).

Rabí Yohoshua Ben Perachia dice sobre esto: “Juzga a cada persona favorablemente” (Avot, capítulo 1) es decir, que con respecto al resto de la gente, él debería ir por encima la razón, lo cual es llamado “hacer”, es decir, actuar y no razonar. Esto es así, porque su razón le muestra que ellos no son tan apropiados como la gente a quien él mismo se asoció, y esto es lo que cada uno se dice a sí mismo. Así, cada uno se enorgullece de sí mismo por encima de los demás. El consejo para esto es lo que él dice: “Y juzga a cada persona favorablemente”.

Significa que, con respecto a cada persona, es decir, con respecto al resto de la gente en esa congregación, debería juzgarlos favorablemente y decir que realmente son personas más importantes que él mismo, y es culpa suya el que no pueda apreciar la grandeza de la importancia de todos en general, quienes son llamados por nuestros sabios: “Cada persona”. Así, dentro de su razón, él no ve la grandeza de los demás, y podemos decir que entre un hombre y si amigo debería haber “compra”; pero se debe usar el “hacer”, lo cual es por encima de la razón. Y a esto se le llama: “Juzga a cada persona favorablemente”.

101. Poderosa roca de mi salvación

Artículo Nº 13, 1984-85

En la canción de Januká decimos: “Poderosa roca de mi salvación, alabarte es un deleite; restaura mi Casa de Rezo, y allí llevaremos una ofrenda de agradecimiento”. La canción comienza con palabras de alabanza: “Alabarte es un deleite”, y luego comienza con palabras de rezo: “Restaura mi Casa de Rezo”. Después, vuelve a palabras de agradecimiento y alabanza: “Y allí llevaremos una ofrenda de agradecimiento”.

Por lo tanto, hay tres asuntos aquí, en el mismo orden que el rezo: 1) Los tres primeros de los Dieciocho (una secuencia de rezos) son de alabanza y

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agradecimiento. 2) Los tres de en medio son súplicas. 3) Los tres últimos son de alabanza y agradecimiento nuevamente.

Así, empezamos con el presente, como dice: “Alabarte es un deleite”, lo que significa que Te agradecemos y alabamos por el bien que hemos recibido de Ti. Es como nuestros sabios dijeron: “Uno debe siempre alabar al Creador y después rezar” (Berajot [Bendiciones], 32).

La razón es que aquel que cree que el Creador es misericordioso y clemente, y que Él desea hacer el bien a las creaciones, tiene lugar para el rezo. Esa es la razón por la que primero debemos establecer la alabanza al Creador, es decir, que la propia persona debe establecer la alabanza del Creador. Eso no significa que el Creador debe ver que la persona está alabándolo, ya que el Creador no necesita a las personas. Más bien, la propia persona debe ver la alabanza al Creador, y luego puede pedir que le ayude, pues Su comportamiento es hacer el bien a Sus creaciones.

Así pues, después de decir: “Alabarte es un deleite” llega el rezo y decimos: “Restaura mi Casa de Rezo”. ¿Qué es “Mi Casa de Rezo”? Significa, tal como está escrito: “Incluso a ellos les llevaré a Mi montaña santa, y les alegraré en Mi casa de rezo”. En “Mi montaña santa”, Har (montaña) se deriva de la palabra Hirhurim (pensamientos/contemplaciones), lo que significa que Él les traerá pensamientos de Kedushá (santidad), es decir, que todos sus pensamientos serán sólo de Kedushá. “Y les alegraré en Mi casa de rezo” es el corazón del hombre, para que haya allí un lugar para la presencia Divina. La Divinidad es llamada “rezo”, como es sabido que Maljut es llamada “rezo”, tal como está escrito: “Pero yo soy todo rezo”.

Después de “Restaura mi Casa de Rezo” viene “Y allí llevaremos una ofrenda de agradecimiento”. De ahí se deduce que primero hay una alabanza, luego hay oración, y después alabanza nuevamente, como el orden del rezo, que concluye con alabanza y agradecimiento.

Pero, ¿qué puede uno hacer si quiere empezar con alabanza pero su corazón está cerrado, y siente que está lleno de defectos y no puede abrir su boca y cantar y alabar? El consejo es ir por encima de la razón y decir que todo es “Jasadim encubiertas”. En otras palabras, debe decir que todo es Jésed (clemencia/misericordia), pero que está oculto a él porque aún no está calificado para ver el deleite y placer que el Creador ha preparado para Sus creaciones.

Y después de establecer la alabanza del Creador –lo que significa que cree por encima de la razón que todo es bueno y clemente– debe rezar para que el Creador enmiende su corazón y lo convierta en “Mi Casa de Rezo”, lo que significa que las bendiciones del Creador aparecerán allí. A esto se le llama “Jasadim reveladas”. Y entonces “llevaremos una ofrenda de agradecimiento”, lo que significa que dará gracias por haber sido privilegiado con poder ofrecer las vasijas de recepción. A

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eso se le llama “Allí llevaremos una ofrenda de agradecimiento”, por haber sido merecedor de sacrificar su deseo de recibir, y a cambio de esto llega el deseo de otorgar, que es llamado “el lugar del Templo”.

Pero el asunto importante para la persona es tener, primero, un deseo de sacrificar el deseo de recibir. Y como el deseo de recibir es la esencia misma del Creador, la criatura lo ama y le es muy difícil entender que debe ser anulado o, de lo contrario, es imposible ser merecedor de algo espiritual.

En la corporalidad, vemos que la persona tiene un deseo y una carencia que le concierne, que le llega de las entrañas de su cuerpo, y hay un deseo que uno adquiere desde el exterior, y no desde sí mismo. En otras palabras, si no hubiera gente en el exterior que engendrara ese deseo en él, nunca sentiría que lo necesita; pero la gente en el exterior engendra ese deseo en él.

Por ejemplo, una persona, que esté sola, seguirá queriendo comer, beber, dormir, etc., incluso cuando no haya otras personas a su alrededor. Sin embargo, si hay gente a su alrededor, está la cuestión de la vergüenza, en que los otros le obligan. Entonces debe comer y beber lo que le impone la gente que le rodea.

Eso es evidente fundamentalmente en cuanto a la ropa. En casa, la persona lleva puesto lo que le resulta cómodo. Pero cuando está entre la gente, debe vestir conforme a la manera en que los otros le vean. No tiene opción, ya que la vergüenza lo obliga a perseguir sus caprichos.

Es lo mismo en la espiritualidad. La persona tiene un deseo en su interior, que proviene desde dentro de sí mismo. En otras palabras, incluso cuando está solo y no hay gente a su alrededor que le afecte y de quien absorba algún deseo, recibe un despertar y anhela ser un siervo del Creador. Pero su propio deseo tal vez no sea suficiente para no necesitar intensificar ese mismo deseo y poder trabajar con él para obtener la meta espiritual. Por lo tanto, existe una manera –al igual que en la corporalidad– de intensificar ese deseo a través de la gente del exterior, que le impulse a seguir sus opiniones y su espíritu.

Eso se hace a través de la unión con la gente que él ve que también tiene una necesidad de espiritualidad. Y el deseo que tiene esa gente del exterior engendra un deseo en él, y así recibe un gran deseo por la espiritualidad. En otras palabras, además del deseo que siente en su interior, recibe un deseo por la espiritualidad que ellos engendran en él, y entonces adquiere un gran deseo con el cual puede alcanzar la meta.

Por lo tanto, en el asunto del amor de los amigos es donde cada persona del grupo, además de tener un deseo propio, adquiere el deseo de los amigos. Ese es un gran beneficio que sólo se puede obtener a través del amor a los amigos. Sin embargo, se debe tener gran cuidado de no ir con amigos que no tengan el deseo de examinarse a sí mismos, es decir, a la base de su trabajo –ya sea para otorgar o para recibir– y

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para ver si están haciendo lo indicado para llegar al sendero de la verdad, que es el

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