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3.5 Simulation

3.6.1 Mortality data

a) El juego de la ciencia y la búsqueda de la verdad

Una «lógica de la investigación» en el sentido popperiano, esto es, un sistema de evaluación de las teorías científicas, define «las reglas del juego científico»70. Estas reglas delimitan la ciencia con respecto a lo no científico y, en particular, a la pseudo-ciencia, ofreciendo así un criterio de demarcación. Pero, en un sentido, este criterio de demarcación es más humilde que la mayoría de los criterios previos. La mayoría de éstos establecían que la finalidad de la ciencia es el descubrimiento de la estructura del universo. Cada «descubrimiento» revela una pieza de esa estructura, de modo que cada movimiento del «juego» se considera como un paso hada la meta. Pero ¿cuál es la finalidad del juego científico de Popper? En el inductivismo el juego estaba estrechamente conectado y subordinado a la finalidad. En la filosofía de Popper este vínculo parece cortado. Las reglas del juego, la metodología, se mantienen sobre sus propios pies, pero esos pies reposan en el aire, sin soporte filosófico.

67 Cf. Popper (1959a), p. 19. 68 Cf. MCE, capítulo 12. 69 Cf. Watkins (1970), p. 26. 70 Popper (1934), sección 85.

165 El problema de la inducción, como señaló Popper correctamente, era, en su origen, idéntico al problema de la demarcación. Los justificacionistas subordinaron rigurosamente las reglas del juego a la finalidad de la ciencia, al descubrimiento de la estructura del universo; un paso del juego científico era correcto sólo si se probaba que constituía un avance en la reconstrucción de aquella estructura o, como adujeron después con mayor modestia, si se probaba, que era un avance verosímil (o probable) en tal dirección. Pero Popper, en la primera etapa de su filosofía, desplazó el centro de gravedad hacia el problema de la demarcación y separó éste del problema de la inducción. Solucionó el problema de la demarcación sin justificar el juego mediante su subordinación a una finalidad última y declaró haber solucionado negativamente (o más bien, haber disuelto) el problema de la inducción. Defendió esta última pretensión con la valiente afirmación de que el juego es autónomo, que uno no puede (ni necesita) probar que el juego realmente progresa hacia un fin: sólo podemos confiar ingenuamente en que así sea.

La clásica Logik der Forschung de Popper es consistente con la noción de que el juego de la ciencia se emprende por sí mismo, sin finalidades ulteriores71. Por supuesto, es muy claro que la respuesta instintiva de Popper fue que la finalidad de la ciencia era ciertamente la búsqueda de la Verdad; pero dado que en 1934 la teoría de la correspondencia estaba en decadencia, pensó que lo único que podía hacer era adoptar una actitud prudente que era enteramente escéptica en su formulación aunque no en su intención; la ciencia podía, como máximo, detectar errores de forma tentativa. Observó con orgullo que «en (su) lógica de la ciencia es posible evitar el uso de conceptos como "verdadero" y "falso"»72. Si la ciencia resultaba victoriosa ello sucedía por rechazar teorías refutadas y aceptar provisionalmente teorías corroboradas73. El «éxito» de la ciencia sólo consistía en desenmascarar los éxitos supuestos; en realidad, «quienes no desean exponer sus ideas a los riesgos de la refutación no participan en el juego científico»74. Si una teoría resiste contrastaciones severas se le otorga el título honorífico de «corroborada». Pero la única función de una elevada corroboración es impulsar al científico ambicioso a eliminar la teoría75. El «progreso» científico consiste en una creciente conciencia de la ignorancia y no en el crecimiento del conocimiento. Se «aprende» sin llegar nunca a «conocer».

71 Algunos amigos me objetaron que esto no era así; que la finalidad de la ciencia según Popper (1934) es claramente el descubrimiento de preguntas cada vez más profundas, y que la metodología de Popper se sigue de este supuesto. Yo rechazo esta objeción: el plantearse preguntas «cada vez más profundas» es

equivalente a prohibir «estratagemas convencionalistas»; esto es, plantearse preguntas «cada vez más profundas» es una regla del juego; si también es su finalidad, entonces el juego tiene su finalidad en sí mismo.

72 Popper (1934), sección 84.

73 Toda la Logik der Forschung es, en un sentido importante, un tratado pragmático: versa sobre

aceptación y rechazo y no sobre verdad y falsedad. (Pero no es pragmatista: no identifica la aceptación con la verdad y el rechazo con la falsedad.) En algunas ocasiones Popper se aparta de su terminología pragmático- metodológica y cae, ciertamente sin pretenderlo, en el lenguaje del falsacionismo dogmático. (Sobre este concepto cf. capítulo 1.) Por ejemplo, en su Sociedad abierta describe el fin principal de su Logik der Forschung con estas palabras: «Nunca podemos establecer racionalmente la verdad de las leyes científicas; todo lo que podemos hacer es... eliminar las falsas.» (Volumen II, p. 363; el subrayado es de este estupefacto autor.)

74 Popper (1934), sección 85. 75 Popper (1959a), p. 419.

166 (Parece que Popper nunca ha comprendido completamente que en el contexto de su Logik der Fofschung ni siquiera puede preguntar «¿qué podemos aprender con el juego de la ciencia?». No podemos aprender acerca del mundo ni siquiera mediante nuestros «errores»; no podemos detectar los errores epistemológicos genuinos a menos que uno posea una teoría de la verdad y una teoría sobre cómo reconocer el contenido de verdad creciente o decreciente. Por supuesto, un «falsacionista dogmático» puede aprender acerca del mundo mediante sus errores; un «falsacionista metodológico» no puede si no invoca algún principio de inducción, como mantendré más adelante76.)

Para expresarme de forma más rotunda: el criterio de demarcación de Popper nada tiene que ver con la epistemología. Nada afirma sobre el valor epistemológico del juego científico77. Claro está, uno puede creer, con independencia de la propia lógica de la investigación, que existe el mundo externo, que existen leyes naturales e incluso que el juego científico produce proposiciones cada vez más próximas a la verdad, pero no hay nada racional en estas creencias metafísicas; son simples creencias animales. No hay nada en la Logik der Forschung con lo que deba estar en desacuerdo el escéptico más radical.

La rehabilitación de Tarski de la teoría de la correspondencia de la verdad fue conocida por Popper después de la publicación de la Logik der Forschung. Cuando tal cosa sucedió, cambió de modo radical el tono general de la filosofía de la ciencia de Popper. Estimuló a Popper a complementar su lógica de la investigación con su propia teoría de la verosimilitud y la aproximación a la verdad, un logro maravilloso tanto por su sencillez como por su capacidad de solucionar problemas78. Por primera vez resultó posible definir el progreso incluso para una secuencia de teorías falsas; tal secuencia resulta progresiva si aumenta su contenido de verdad o, como propuso Popper, su verosimilitud (contenido de verdad menos contenido de falsedad). Pero esto no es suficiente: debemos reconocer el progreso. Ello puede conseguirse fácilmente mediante un principio inductivo que conecte la metafísica realista con las evaluaciones metodológicas, la verosimilitud con la corroboración, y que reinterprete las reglas del «juego científico» como una teoría (conjetural) sobre los indicadores del crecimiento del conocimiento; esto es, sobre los indicadores de la creciente verosimilitud de nuestras teorías científicas79. Las «reglas» de Popper ya no son obedecidas por sí mismas; las victorias científicas ya no son simples victorias en un juego; incluso son algo más que simples señalizaciones de errores y sustituciones de teorías erróneas por otras de contenido superior; ahora resultan ser los supuestos jalones de nuestra aproximación hacia la Verdad.

76 Sobre los términos falsacionismo «dogmático» y «metodológico», cf. mi 1968c, y el capítulo 1. 77 Esto es característico del criterio de demarcación del «falsacionismo metodológico». Por otra parte, el criterio de demarcación del falsacionismo dogmático es auténticamente epistemológico (sobre los dos criterios, cf. cap. 1).

78 Cf. «Truth, rationality and the Growth of Scientific Knowledge»; es el capítulo 10 de su (1963a). 79 La expresión «crecimiento del conocimiento científico» aparece de modo característico como subtítulo de la chef d'oeuvre de su filosofía posterior. En su (1934) pretendió que el problema principal de la filosofía es el análisis crítico de la apelación a la autoridad de la experiencia (sección 10). Pero en el nuevo prefacio de la edición inglesa de 1959 afirma que «el problema central de la epistemología siempre ha sido, y es aún, el crecimiento del conocimiento». Hay un cambio importante entre el negativismo de 1934 y el tono optimista del Prefacio de 1958.

167 (El famoso «tercer requisito» de Popper, introducido en este mismo artículo, también puede considerarse con relación a esta perspectiva: las corroboraciones de las teorías principales, y no las constantes denuncias de fracasos, se convierten en señales de éxito)80.

Como resultado, el tono de la discusión de Popper del escepticismo ha cambiado de forma importante desde 1960. Antes de 1960 nunca dijo nada sobre el escepticismo, ni distinguió entre escepticismo y falibilismo. Pero desde 1960 Popper se ha orientado hacia el optimismo epistemológico. Ahora distingue de forma consistente entre escepticismo y falibilismo, y ciertamente su famoso primer Addendum de la cuarta edición de su Sociedad abierta consiste casi exclusivamente en una diatriba contra el escepticismo. Aun cuando en su metodología las decisiones desempeñan un papel vital81 ahora está explícita y firmemente en contra de interpretarlas como «saltos en el vacío». Tal interpretación constituiría una exageración y una dramatización excesiva82, una complicación sin objeto83. «No procede la desesperación filosófica —escribe— porque podemos tener éxito en la tarea de llegar a conocer tanto el mundo maravilloso en que vivimos como a nosotros mismos; aunque somos falibles descubrimos, sin embargo, que nuestros poderes de comprensión son, de modo sorprendente, casi adecuados para esta tarea, más adecuados de lo que podríamos concebir en nuestros sueños más aventurados84

Para algunos seguidores de Popper esto sonó como una traición a todo lo que Popper había representado: parecía romper con la esencia misma de su Logik der Forschung85.

Pero la Logik der Forschung sólo puede entenderse de modo adecuado a la luz del giro tarskiano de Popper. Porque ahora comprendemos por qué Popper no había ofrecido una solución positiva del problema de la inducción en 1934. El principal logro de su Logik der Forschung fue probar que el problema de la demarcación puede ser resuelto sin necesidad de ningún «principio inductivo» que, a su vez, sólo podría fundamentarse en alguna teoría satisfactoria de la verdad. Este fue un éxito muy importante. Pero después de que se ha resuelto el problema de la demarcación de esta forma autónoma, hay que volver a establecer el vínculo entre el juego de la ciencia, por una parte, y el crecimiento del conocimiento por la otra. Cuando se acepta el cambio popperiano del problema, la demarcación y la inducción se convierten en problemas separados y la solución del segundo resulta ser un corolario posiblemente trivial de la solución del primero.

80 Para una discusión crítica detallada y las correspondientes referencias, cf. MCE, capítulo 8, pp. 235- 43.

81 Por esto lo denominé «convencionalismo revolucionario»; cf. capítulo 1. 82 Popper (1962), pp. 380-81.

83Ibid., p. 383. 84 Ibid., p. 382.

85 Agassi acusó a Popper de realizar una maniobra «verificacionista» (cf. Agassi, 1959; para la réplica de Popper, consúltese Popper, 1963a, p. 248, n. 31). Más tarde Agassi trató de atribuir a Popper el extraño punto de vista de que la corroboración puede guiarnos en nuestra «elección» aunque sólo podemos «aprender» mediante las refutaciones (Agassi, 1969). También Feyerabend parece entender que la corroboración no desempeña una función real en la ciencia, proceso de aprender mediante la experiencia (cf. Feyerabend, 1969b; también cf. más arriba, n. 44).

168 Pero no debemos olvidar el resto. La solución positiva del problema de la inducción consiste en que el juego científico, tal como lo desarrollan los grandes científicos, es la mejor forma conocida de aumentar la verosimilitud de nuestro conocimiento, de aproximarnos a la Verdad; el indicador de la verosimilitud creciente es el grado creciente de corroboración. Estoy convencido de que si la teoría de la verdad de Tarski hubiera aparecido en 1925 (y si Popper hubiera llegado a la noción de contenido de verdad y verosimilitud en 1930) Popper hubiera comenzado su Logik der Forschung con esta solución positiva del problema de la inducción. Pero como la noción de verdad era confusa en la década de 1920 y como en aquella época no conocía los resultados de Tarski, formuló las reglas científicas exclusivamente en los términos pragmáticos de aceptación y rechazo. Lo hizo de forma tan inteligente que confundió a quienes trataron de mostrar que tenía que estar presente esa idea intuitiva oculta bajo la forma de un principio inductivo enmascarado86. En la terminología de mi El problema cambiante de la Lógica Inductiva, Popper consiguió fundamentar la «aceptabilidad1» y la «aceptabilidad2» (sus evaluaciones metodológicas) y hacerlas lógicamente independientes de la «aceptabilidad»87. Pero desde un punto de vista filosófico, y como dije antes, tales fundamentos flotaban en el vacío sin el apoyo de una metafísica conjetural «inductiva» subyacente. Las evaluaciones metodológicas de Popper son interesantes básicamente debido al supuesto inductivo oculto de que si uno las acata, tiene una probabilidad superior de aproximarse a la Verdad que de otro modo. El valor del exceso de corroboración es que indica que los científicos pueden estar acercándose a la verdad, del mismo modo que el valor de los pájaros que revoloteaban sobre el barco de Colón era que indicaban que los descubridores podían estar aproximándose a tierra firme88.

De este modo, si disponemos de la teoría de la verosimilitud, podemos poner en relación las evaluaciones metodológicas con las evaluaciones epistemológicas genuinas. Las evaluaciones metodológicas son analíticas89, pero sin una interpretación sintética carecen de auténtica significación epistemológica, siguen formando parte de un puro juego. Hay que hacer una nueva interpretación, sintética, de las evaluaciones metodológicas de Popper, y ello con la ayuda de un principio inductivo; debe haber una «aceptación3» basada en la «aceptación1» y en la «aceptación2»90.

Sólo tal solución positiva del problema de la inducción puede separar el falibilismo constructivo del escepticismo y de sus nefastas consecuencias como el relativismo, el irracionalismo y el misticismo. Sin embargo, Popper, tras haber suministrado los instrumentos para tal solución positiva en la forma de su teoría de la verosimilitud, no llegó a establecer de forma clara y explícita una solución positiva del problema (popperiano) de la inducción; esto es, del problema del valor epistemológico de su lógica de la investigación.

86 Por ejemplo, J. O. Wisdom y Ayer argumentaron que sólo un principio de inducción puede impedir que se defiendan teorías refutadas con la esperanza de que las refutaciones concluirán; sólo un principio inductivo puede explicar nuestra creencia en que las teorías refutadas seguirán siendo refutadas. He probado que estos autores se equivocan. Cf. MCE, cap. 8, pp. 244-45.

87Tal es el mensaje de la sección 79 de Popper (1934).

88 Debemos añadir una pizca de sal a la analogía: era fácil refutar a Colón cuando, a la vista de los pájaros, infería la proximidad de tierra; no es fácil refutar mi «principio inductivo».

89 Para referencias cf. abajo, n. 108. 90 Cf. MCE, capítulo 8, pp. 233-43.

169 b) Alegato contra Popper en defensa de una brizna de «inductivismo»

Popper no ha explorado enteramente las posibilidades creadas por su giro tarskiano. Aunque ahora habla abiertamente sobre las ideas metafísicas de verdad y falsedad, aún no afirma de modo inequívoco que las evaluaciones positivas de su juego científico puedan interpretarse como una señal (conjetural) de crecimiento del conocimiento conjetural; que la corroboración sea una medida de verosimilitud «sintética» (aunque conjetural). Aún insiste en que «la ciencia a menudo se equivoca y puede ser que la pseudociencia tropiece con la verdad»91. Aunque lanza sermones muy optimistas sobre el conocimiento humano92 cuando se trata de hacer un enunciado preciso, restringe su «optimismo» a la tesis del escepticismo clásico: «Soy realista en metafísica y optimista en epistemología porque defiendo que puede aumentar la aproximación a la verdad (verosimilitud) de nuestras teorías científicas; tal es el modo en que aumenta nuestro conocimiento»93. Por supuesto, un escéptico puede mantener creencias realistas; del enunciado según el cual «la verosimilitud de nuestras teorías científicas puede aumentar» sólo se sigue que nuestro conocimiento puede aumentar sin que lo sepamos. Si tal es el caso, el nuevo falibilismo de Popper no es sino el escepticismo junto con una apología del juego de la ciencia. La teoría popperiana de la verosimilitud sigue siendo una teoría lógico-metafísica sin relación alguna con la epistemología.

No es sorprendente por ello que, como afirma Watkins, «al discutir críticamente la epistemología de Popper (normalmente tropecemos con) la sospecha de que en lugar de solucionar el problema de la elección racional entre hipótesis rivales, su metodología conduzca al más completo escepticismo»94.

La réplica de Watkins es sorprendentemente lúcida y merece ser reproducida enteramente:

«Muchos filósofos que han abandonado la esperanza de que sean ciertos cualquiera de nuestros enunciados empíricos sobre el mundo externo, se aferran tenazmente a la esperanza de que, al menos, algunos de ellos son menos inciertos que otros. Tales filósofos tienden a caracterizar el escepticismo como la tesis según la cual todos los enunciados empíricos sobre d mundo externo son igualmente inciertos. Utilizaré la abreviatura ST1 para referirme a esta (primera) tesis "escéptica". Pues bien, la filosofía de Popper es escéptica en el sentido de ST1; en ese sentido el escepticismo me parece inevitable»95.

91 Popper (1968c), p. 91. 92 Cf. más arriba. 93 Popper (1968c), p. 93. 94 Watkins (1968), pp. 277-78. 95Ibid.

170 Y Watkins continúa:

«Los filósofos que confían no en las certidumbres, sean absolutas o relativas, sino en la argumentación racional y en la crítica, preferirán denominar "escepticismo" a la tesis de que "nunca tenemos razones suficientes para preferir un enunciado empírico sobre el mundo externo a otro". Utilizaré la abreviatura ST2 para referirme a esta segunda tesis escéptica. ST1 y ST2 en modo alguno son equivalentes. ST2 implica ST1 (en el supuesto de que si una hipótesis fuera menos incierta que otra, ello constituiría, a igualdad de circunstancias, una razón para preferirla). Pero ST1 no implica ST2; pueden existir razones, no relacionadas con la certeza relativa, para preferir una con relación a la otra. Los científicos empíricos no pueden confiar en tener buenas razones para preferir una hipótesis explicativa particular a las (infinitas) alternativas posibles de la misma. Pero a menudo tienen buenas razones para preferir una de las varias hipótesis rivales que, de hecho, han sido propuestas. La metodología de Popper se ocupa de este problema: ¿cómo podemos evaluar racionalmente a una hipótesis como mejor que las otras examinadas y cómo tendría que ser una hipótesis futura para que fuera aún mejor que ésta?»96.

Pero las «buenas razones para preferir un enunciado empírico sobre el mundo externo a otro» se establecen en el criterio de demarcación de Popper, en sus reglas del juego de la ciencia. La preferencia sólo es un concepto pragmático en el contexto de este juego.

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