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Mortar admixtures

7 Gypsum efflorescence factors

7.2 Materials and methods

7.2.3 Mortar admixtures

Habría que recordar aquí que la consolidación del poder médico como parte de una gubernamentalidad liberal durante los sesentas del siglo XX, se da en el marco de las estrategias de control colonial propias de la hegemonía estadounidense en el sistema mundo capitalista. El neomaltusianismo, y la acumulación de capital por parte del sector farmacéutico, con la expansión de la demanda de dispositivos y tecnologías de anticoncepción, encontraron eco en la

país, la filantropía de capitales privados tendría un papel clave en la financiación global de la planificación familiar. (cf. Medina, 2008; Robinson y Ross, 2008; Fajardo, 2007).

Por eso resulta básico el problema de la “planificación familiar” en el modelo de desarrollo liberal-capitalista. Se trata, primero, de la construcción de las condiciones necesarias para un sujeto que se gobierna a través de la libertad (Foucault, 2006). Como lo dije antes, la escisión fundamental entre el régimen de dominación tradicional y el liberal se expresa en la idea del control familiar y, más tarde, de la autonomía de la mujer sobre la fecundidad. Los nacimientos, en número y tiempo, debían convertirse en objeto de cálculo racional: podían planearse y regularse como cualquier otro comportamiento pensado desde la matriz económica liberal. De este modo, se fundaba la privatización del gobierno de la vida como principio fundamental del liberalismo. La idea de la “libre voluntad para la regulación de los nacimientos” otorga a los sujetos un dominio de libertad insospechado hasta entonces. En ese sentido, la creación de la gubernamentalidad (neo) liberal demanda como condición de posibilidad la emergencia de un nuevo sujeto “emancipado”, cuya característica fundamental es la autonomía y la autoregulación, la constitución del principio de “interés individual (o familiar)” como núcleo duro del gobierno de la conducta del sujeto. La planificación familiar es la tecnología de producción de un modelo de desarrollo liberal- capitalista, en la medida en que amplía el dominio de juego del homo oeconómicus hasta la regulación de la fecundidad. La PF construye la base material, la posibilidad tecnológica, para la emergencia de un sujeto gobernado por su propio interés y capaz de “controlar sus números”.

En otras palabras, la planificación familiar crea las condiciones en las cuales va surgir el sujeto particular de la gubernamentalidad liberal, en la medida en que propicia una modalidad de control de la conducta humana basada en el cálculo racional, en la expansión de la lógica de la economía de poder liberal como principio habilitante del propio sujeto. Con la planificación familiar, mujeres y hombres podrán calcular y gestionar su vida reproductiva bajo criterios e intereses idénticos a los que utilizan cuando entran en la esfera del intercambio de mercado o regentan una empresa, y con los mismos principios de utilidad con los cuales manejan sus rentas y la venta de su fuerza-capacidad de trabajo. La experiencia colombiana muestra como la planificación familiar se convierte en una técnica de gobierno que se corresponde perfectamente con el principio de autolimitación del Estado propia de la racionalidad política liberal, en la medida en que privatiza la “conducción de la conducta”, construyendo activamente un sujeto que se responsabiliza por sí mismo y que es capaz de interpretar su acción en los términos de esta racionalidad hegemónica. Inclusive, aunque es una institución híbrida, la hegemonía de Profamilia sobre la producción del saber demográfico y

su papel central en las políticas de planificación familiar, se correspondería, propongo como hipótesis, con el principio de “privatización” del gobierno de la vida, no en el sentido estricto de la valorización capitalista, sino en la idea del interés privado como conductor “ideal” de cualquier tipo de empresa.

La doctrina económica liberal delineó los contornos del problema de la explosión demográfica en el país. Fue dentro de su marco de comprensión de la regulación de la vida y de los mecanismos naturales de producción de los recursos, el intercambio y los precios, donde emergió la explosión demográfica como problema social. Es así como esta “habilitación” de los sujetos para regular su propia trayectoria reproductiva, se inserta en un conjunto de problemas globales: ¿Hay recursos suficientes para dar buena vida a la creatura?, ¿Tiene la nación (o el mercado nacional) la capacidad para proveer servicios sociales básicos a la familia o la creatura? El viejo tema malthusiano de la asimetría entre la productividad agrícola y el crecimiento de la población, se reformuló en una renovada racionalidad, ahora más sofisticada y matizada, donde los objetos clave del discurso económico liberal como el empleo, el ahorro, la formación de capital, y el ingreso per cápita complejizaban el modelo:

“Un factor adicional [para la implementación de las políticas de planificación familiar, MAMM] fueron los modelos macroeconómicos de vanguardia, notablemente el modelo Coale- Hoover, que estableció que el rápido crecimiento de la población constituía un obstáculo serio para alcanzar mayor inversión de capital y elevar el ingreso per cápita. Como se anotó antes, la mayor parte de los planeadores económicos del gobierno estaban convencidos de la validez del modelo” (Robinson y Ross, 2008: 526)

Como señala Fajardo (2007) la demografía es una estrategia en la construcción de ejes de problematización social, en la medida en que la cuantificación del análisis sobre la población es esencial para la legitimación de un modo de dominación tecnocrática, que opera por medio de la traducción que la demografía hace de las preocupaciones “arcanas” del saber experto hacia la esfera pública. Los datos estadísticos están investidos, dentro de un régimen de representación propio de las sociedades modernas, de una eficacia simbólica considerable. De este modo, los análisis cuantitativos son herramientas fundamentales en la promoción, por parte de las clases dominantes, de las problematizaciones sociales sobre las cuales se demanda intervención gubernamental. 8

La población aparecería, entonces, como una dimensión fundamental de la economía de poder liberal, ya que se constituye, en cierta medida, como el medio y el fin por el cual circulan sus dispositivos de gobierno. Sobre los mecanismos de regulación de la población se debe intervenir, gobernar, para poder preservar y

8 Como, refiriéndose al tema del “crecimiento de la criminalidad en Francia”, explica Wacquant: “Solo que,

juntamente, haciendo alarde en torno de tales estadísticas –en lugar, por ejemplo, de explicar cómo son hechas y recordar en dicha ocasión sus límites de confiabilidad”, los medios contribuyen a alimentar la sensación de que la delincuencia, como una marea, sube inexorablemente”. Para en seguida ”constatar” esa sensación y ver en ella la comprobación empírica del crecimiento irresistible de la criminalidad”(Wacquant, 2001a: 71)

aparecer la idea del “bienestar” de los sujetos y sus familias, todo el tiempo, como principio que orienta las prácticas tecnocráticas propias del saber médico, y entre ellas la que nos interesa aquí: la Planificación familiar. El doctor Mendoza, citando una resolución de la ONU, expresa que: “Solamente dando satisfacción justa a lo ya esquematizado” tendrá validez la creencia expresada en el documento ya citado: “Que el objetivo de la Planificación familiar es el enriquecimiento de la vida humana, no su restricción; que la planificación familiar…da la libertad al hombre para alcanzar la dignidad individual y su lograr su plena satisfacción” (Mendoza, 1967: 15). Esto debido a que problemas centrales de la economía como saber y tecnología de gobierno, como el trabajo y el intercambio, se sustentan alrededor de la lógica de funcionamiento de la población como cuerpo social. Vemos, en el siguiente ejemplo, cómo un médico antioqueño, impulsor de la planificación familiar desde ASCOFAME9

“…Realmente encierra una falacia, ya que no es posible hablar de una adecuada o inadecuada utilización de los recursos sin referirse a la población. Sin población no tiene sentido hablar de recursos, ni de utilización, ni de adecuación ni inadecuación. Por otra parte, todos los problemas que se le presentan a la humanidad desde resolverlos la humanidad, es decir, la población, y si por una existir los recursos o por no poder o no querer explotar los que existen, hay una mayoría de personas que carecen totalmente de lo necesario, existe un problema de población, y por esta razón de la existencia de esa población” (Jaramillo, 1967: 419. Cursivas propias)

, reclama el reconocimiento de la regulación del crecimiento de la población, en contraposición al discurso de quienes argumentaban que el problema básico para el desarrollo capitalista liberal no era “el crecimiento de la población” sino la incapacidad para rentabilizar los recursos naturales disponibles (CIAS, 1966), como la superficie principal del desarrollo económico:

La planificación económica aparece como un programa nuevo para el desarrollo de la modernización en el país. El debate local sobre ella no se puede interpretar en términos de una oposición binaria entre un modelo de mercado capitalista y una economía planificada socialista. Por el contrario, la demanda de “planeación económica”, en la cual la planificación familiar constituye una plataforma fundamental, expresa el desarrollo del nuevo régimen de gubernamentalidad que requiere la creación de unas condiciones mínimas de operación, que sólo se hacen posibles con la concurrencia del saber técnico y de la intervención intensiva del Estado como herramientas fundamentales para su consolidación. El principio de “regulación” del capitalismo de libre mercado no antecede, entonces, la preocupación por la constitución de una forma particular de gobierno que produce las condiciones de posibilidad para tal escenario. Así, las dinámicas de la población (re) aparecen como un dato fundamental dentro de la matriz de análisis económico. Los médicos articulan las problematizaciones de la economía liberal en su papel de administradores sociales, al reclamar para sí una participación más amplia, cuya mejor expresión institucional es Profamilia, tanto en la

producción del saber demográfico como, sobre todo, en su capacidad de intervención clínica.

Se hicieron, entonces, llamados recurrentes a la renovación del marco interpretativo en el cual se daba el debate sobre la planificación familiar. La secularización era un presupuesto clave de un discurso renovado, que debía arrancar de la doctrina eclesiástica las claves con las que se había comprendido hasta ese momento el problema de la reproducción; e introducir un saber secular, científico, sistemático, sintetizado en la demografía, como tecnología del cálculo global de población, y la intervención del médico gineco-obstetra como dispositivo de intervención sobre el proceso biológico de la reproducción humana. En esta última dimensión, el cuerpo de la mujer se convierte, situación que cambia rápidamente, en un objeto de intervención importante por parte del poder médico, en la medida en que las fases principales de su vida reproductiva, los períodos de gestación y el control de los nacimientos, se convirtieron en dimensiones clave tanto de la preservación de la vida, como objeto esencial de la gubernamentalidad liberal, como de los mecanismos de regulación que demanda la racionalidad neomalthussiana. Como veremos más adelante, este continuo entre la medicalización de la gestación, el parto y el cuidado del neonato, y los momentos de restricción de la natalidad en la vida de las mujeres, que en la mitad del siglo XX constituyen unas estrategias básicas en la administración de la vida como objetivo global de la gubernamentalidad neolibera

2. Historias reproductivas: del exitoso control del