E. DIMENSIONALITY REDUCTION
2. Multidimensional Scaling (MDS)
Mc. 03/13-19 Mt/10/01-04 Lc/06/12-16
Un foco de contagio
Es necesario tener presente la colocación de los varios grupos humanos que Mc presenta en torno a la figura de Jesús: los discípulos, la multitud, los jefes del pueblo hebreo (fariseos, herodianos, sumos sacerdotes, ancianos, escribas sobre todo). Se podría incluso sostener -como hace E. Trocmé- que en los trece primeros capítulos de Mc toda la actividad de Jesús se resume en la tentativa de "librar al pueblo de la influencia de sus malos
pastores y darles nuevos jefes, en la persona de los discípulos que él forma para este fin". De la multitud a los discípulos. De los discípulos a los doce, un núcleo de íntimos asociados más directamente a la misión de Jesús. Mc demuestra un interés particular por esta elección. Con frecuencia usará la palabra «los doce» (oi dòdeka), sin añadir la palabra apóstoles (1). APOSTOL/ELECCION
Separándonos de otras versiones, hemos traducido literalmente el verbo usado (v. 14 y
16) por «hizo», en vez de "instituyó") o "constituyó", que exigirían un contexto jurídico. Jesús «hizo» a los doce. La expresión recuerda, en cierto sentido, la idea de creación. Es una
fórmula semita que en el antiguo testamento sirve para indicar la consagración de los sacerdotes y en los Hech se refiere a Cristo: "Dios ha constituido (literalmente: hecho) Señor y Cristo a este Jesús a quien vosotros habéis crucificado" (Hech 2, 36).
«Subió después al monte» (v. 13). Y dan ganas de ir a buscar en el mapa el nombre de esta montaña que Mc ha olvidado nombrar. Tanto más cuanto que sabemos qué mar era aquel. Búsqueda inútil. Como de costumbre, estamos en la geografía "teológica". El monte como lugar apartado, apto para la revelación de Dios, expresión de la cercanía con Dios. Puede ser cualquier altura comprendida entre la zona llena de colinas al norte del lago. Pero el «lugar apartado» no comporta necesariamente la separación de la gente. La multitud está presente sin duda. Y. precisamente, por la multitud Cristo llama a los doce. Muy oportunamente C. Martini, reconstruyendo el escenario, pone de relieve, ante todo, la "convergencia del hombre hacia la persona de Jesús que habla". Y subraya, fuertemente, el carácter de elección eclesial. «De la masa de personas que le siguen, Jesús,
dominándola, llama misteriosa y solemnemente a algunos... Mc nos presenta claramente una elección solemne, en la que Jesús, sin separarse de la multitud, aunque
distanciándose de ella de algún modo, como para proveerla mejor, abrazándola, con una mirada, llama a los doce. No elige a los suyos en la soledad; los elige en plena actividad en medio de la gente que busca ayuda en él.
"Llama a los que él quería; y vinieron donde él" (v. 13): ¡tres tiempos distintos (presente histórico, imperfecto, aorisco) en un solo versículo! (2).
Es necesario pararse sobre todo en el verbo «quería» (éthelen): el tiempo usado, el imperfecto "sugiere la idea de que la elección no se hace en aquel momento, si bien
entonces se manifestó, sino que fue fruto de una larga meditación" (G. Nolli). No olvidemos que Lc (6, 12) pone la elección después de una noche pasada en oración.
Pero hay más. Como hace observar todavía C. Martini, el verbo usado no habla tanto de "aquellos que le gustaban" o «aquellos que le vinieron a la cabeza», sino, con referencia al verbo hebreo correspondiente, «aquellos que él tenía en el corazón» (3). Jesús, pues, llama a los que quiere, en el sentido de aquellos que tiene en el corazón, que ha amado con predilección. «No existe cualidad alguna, belleza o atractivo alguno por parte de quien es llamado, sino que es él el que los tiene en el corazón y los elige. Este amor suyo es el móvil de sus acciones».
Es necesario subrayar todavía una vez más el carácter de la llamada como libre iniciativa de Dios, bajo el signo de la más absoluta gratuidad.
«Y ellos vinieron donde él». La respuesta se expresa una vez más con un verbo que indica movimiento (como, en la llamada de los discípulos: «le siguieron»). «Es interesante advertir que aquí Mc no ha usado un verbo que indique una postura interior, por ejemplo: "le obedecieron", sino que usa "se movieron", dejaron su puesto y vinieron allá donde él estaba. En toda la descripción advertimos este aspecto de concreción: "no se habla
únicamente de una decisión interna, sino precisamente de ponerse en la situación en la que se halla Jesús" (C. Martini). Los apóstoles no van hacia un lugar, sino junto a una persona. El «cambio de puesto», en este caso, crea una intimidad.
Mc insiste especialmente acerca de la intención de la llamada: Cristo quiere a algunos para asociarlos estrechamente a su vida, a su destino («estarían con él»), a su misión («para enviarles a predicar» -literalmente a «proclamar», o sea a evangelizar-), a su poder («con el poder de echar los demonios», esto es, de liberar la tierra de las potencias del mal). Comunión de vida y participación en su misión.
Lo que es fundamental es la vinculación a la persona de Jesús.
Ahora comprendemos el porqué del abandono, de la separación, que comporta la llamada. Es necesario «soltarse» de algo para poder vincularse a alguien.
«Están con él porque deben dar testimonio de él. No están con él porque deban ser instruidos y después enviados a repetir, sino para que le conozcan íntimamente en una comunión de vida y después le testimonien» (C. Martini). Se trata, sobre todo, de
identificarse con su estilo de vida, con su modo de obrar, para «repetirlo» existencialmente de la misma manera.
Como para la llamada, también para la "proclamación", estamos frente, no a una elección del individuo, sino a una decisión gratuita de Cristo. Y la predicación es una predicación que se efectúa con poder.
El número doce no es casual: contiene una referencia a las doce tribus que constituía el pueblo de la antigua alianza.
Jesús, con los doce, realiza el proyecto de la creación de un pueblo suyo. Tenemos así el núcleo del nuevo pueblo de Dios.
«La elección de los doce muestra probablemente la intención de Jesús de preparar el nuevo pueblo de Dios, el Israel de los últimos tiempos, pero pone también en evidencia que Jesús, a diferencia de los fariseos y de la comunidad de Qumran, no quiere crear un grupo aparte, sino que llama a todo Israel. Añadiendo el inciso sobre la misión, Mc subraya en la
perspectiva de su tiempo lo que Jesús expresaba con la elección: el nuevo Israel no se realiza simplemente en el grupo de los discípulos, como si pudiese contentarse con un
grupo cristiano; ellos no son otra cosa que mensajeros que llaman a todos los demás» (E. Schweizer).
Así pues, nada de grupo elitista, que es protegido en un parque nacional religioso, sino foco de contagio, fuerza de transformación que se desplegará a campo abierto.
Gente "sacada" de la multitud, pero para ser restituida a los otros como portadora de un mensaje.
El nombre nuevo
La lista de los doce fijada por Mc concuerda, en cuanto a los nombres, con la de los otros sinópticos y de los Hech (1, 13). Sólo que en lugar de Tadeo, Lc y los Hech ponen a un Judas, hijo de Santiago.
Es importante el orden. Pedro es el primero, y, después de él, no viene su hermano Andrés, como podíamos esperar, sino la otra pareja de hermanos, Santiago y Juan, hijos del Zebedeo. Mc pone seguidos inmediatamente los tres que serán testigos privilegiados de la resurrección de la hija de Jairo, de la transfiguración de Jesús, y de la agonía de
Getsemaní. Una prioridad, que quizás pretende indicar los tres que se han aproximado más al misterio de la persona de Cristo.
La figura de Andrés, inicialmente en primer plano, va lentamente desenfocándose. También es significativo el cambio de nombre. Para indicar una nueva personalidad, en relación a una tarea especial. Simón se convertirá, en realidad, en Pedro (4), roca, sólo después de la resurrección. No es "roca" por su carácter. Aquí tenemos una anticipación de lo que será a través del don del Espíritu.
Sólo entonces, con su testimonio de fe y su predicación, esta piedra servirá para edificar la comunidad.
Nota agudamente Dehn: «Para este hombre voluble y típicamente
sanguíneo, el sobrenombre Cefas es como un milagro de promesa, un signo del poder de Dios en la debilidad. Por sí mismo, Pedro no ha sido jamás una piedra, y si se ha convertido en tal, ha sido únicamente por el don de la gracia divina. Al margen de la fe, este nombre no hubiera sido nunca una realidad para él".
El sobrenombre Boanèrges dado a Santiago y Juan ha hecho y hará discutir aún durante mucho tiempo. Probablemente, ni siquiera Mc en su tiempo, sabía algo preciso acerca de su significado. «Hijos del trueno», o del ruido, del huracán. Probablemente tampoco aquí se refiere al carácter de los dos. Quizás tengamos un anticipo de lo que será su destino. Se expresa la idea de la tormenta, de la tempestad, o sea de la lucha, de la persecución, del martirio. Se convertirán en compañeros de Cristo «en el huracán», en su bautismo de muerte. Una profecía, en este caso, que no atañe solamente a ellos. La tempestad es el elemento natural de todos los seguidores de Cristo.
Judas, uno de los doce
Una particularidad que impresiona en esta lista es la diversidad de los llamados, la
heterogeneidad de esta comunidad: junto a un empleado del fisco vinculado a los romanos (bien que a través de Herodes) -Mateo- tenemos a un partisano, Simón, miembro del movimiento anti-romano de los Zelotas que propugnaban la liberación de Palestina incluso a través de la lucha armada (5). Luego un colaboracionista junto a un guerrillero.
Y es sorprendente la apostilla de Judas-Iscariote, "el mismo que le entregó" (v. 19). Un detalle que se subraya en todos los evangelios, y que dice en favor de su honestidad y fidelidad histórica (una historia construida con intenciones apologéticas habría omitido esta vergüenza de familia, los trapos sucios se lavan en casa, como dicen quienes no intentan lavarlos nunca, sino simplemente esconderlos...).
verse recordados con esa compañía. Es un «recuerdo» constante de la falta de motivación, desde un punto de vista humano, de la llamada de Jesús. El recuerdo de aquello que podía ser también suyo. Los motivos de la elección no hay que buscarlos en las virtudes de los apóstoles, sino únicamente en la gratuidad del amor de Dios. Libertad de Dios, o sea, es inútil pedir explicaciones.
No son los doce más Judas. Son los doce. Y Judas es uno de ellos. Y también él es
llamado como los otros. No para ser traidor. Llegará a serlo después, porque con la libertad que Cristo le ha dejado decidirá «inventar» la traición.
Judas, o sea no una parte asignada ya previamente. Sino una posibilidad. Un modo de responder (mejor, de no responder) al amor.
Judas, uno como yo.
Pero volvamos a la comunidad heterogénea de que hablábamos: diversidad de
temperamentos, de condiciones sociales, de mentalidad, de oficio, de estado (al menos uno, Pedro, estaba ciertamente casado).
Total que resulta evidente que no tenemos una comunidad de perfectos, de héroes, de santos, de puros. Son hombres escogidos allí donde están y tal como están. Y «llamados» para ser recibidos por otro.
Provienen de experiencias diversas, pero que no impiden participar en la experiencia decisiva de su vida.
PROVOCACIONES
1. Bruno Maggioni comenta el episodio en términos de «elección- separación» . Pero esta elección no se resuelve en la creación de una categoría de privilegiados, sino que está hecha con vistas a un servicio que hay que prestar a todos. Si puede hablarse de privilegio, es sólo el privilegio de ponerse a disposición de los demás.
Así también la separación no se entiende como un sentirse extraño en el mundo, un
rechazar la solidaridad. Existe, es verdad, una diferenciación, una especificidad del apóstol, incluso una oposición suya a las modas y a los conformismos de turno. El discípulo de Cristo no puede diluirse en la insignificancia (pérdida de significado, y pérdida de valores), sino que debe ser espina, conciencia crítica, voz disonante en el coro general. Pero en vista de una comunión, de una participación más profunda.
El apóstol esta tomado de para ser dado a. Es «sacado» para ser «restituido». Su necesaria diversidad se convierte en elemento de unificación.
Discípulo no es uno que va a esconderse. Es uno que, como el Maestro, se hace encontrar. Todos le perdonarán que se haya alejado.
Pero lo que no podrán jamás perdonarle es el no reconocerlo más. Hay una diferencia enorme entre un extraño y uno que llega de lejos...
2. Y he aquí a los comentaristas, dispuestos a distinguir los dos momentos: «estar con él» y «mandarles a predicar». O sea, la formación y la misión, la contemplación y la actividad, la escucha y la palabra.
Me parece que el «estar con él» comprende también el otro momento. Los dos momentos no se colocan en una sucesión cronológica y no son dos dimensiones opuestas, sino que se hacen complementarios y casi se confunden.
No es necesario, en efecto, olvidar que es «él». Es el enviado del Padre. Es uno que ha sido enviado. La encarnación no es una visión, es un itinerario. No es una imagen estática, sino una realidad dinámica. Cristo está siempre en movimiento, y pone todo en movimiento. Incluso en la cruz Cristo no está quieto: «cuando sea levantado, atraeré todo...».
vencer el mal junto con él. En suma, hacer su mismo camino. Participar en su aventura. Estar con él significa estar con aquél que es «enviado», y nos hace ser «enviados» a su vez. Es difícil establecer cuándo acaba el momento de la escucha y comienza el de la palabra; cuándo termina la contemplación y empieza la lucha.
Existe un «estar» que es, al mismo tiempo, quedarse y marchar, ser y hacer.
En el límite, se puede decir que uno camina incluso cuando está parado, trabaja, cuando está imposibilitado, habla también cuando calla. Todo depende del «estar con él», del no perder el contacto.
Es difícil determinar qué significa «estar con él». Sólo sé una cosa con certeza: que nunca se está parado.
3. «...El mismo que lo entregó más tarde». Mucho cuidado con quitar de la lista el nombre del traidor. Debe estar en ella, absolutamente.
No se encuentra allí alguna indicación que me dé pie para ver, aunque sea de soslayo, quién es en el grupo el traidor. Y sentirme satisfecho.
Aquel nombre puede ser mi segundo nombre. Yo puedo ser fiel o infiel. Traidor no es sólo aquel que «sale». Puede serlo también el que está dentro. Estamos frente a la presencia inquietante del «mysterium iniquitatis», el misterio del mal. Y se trata de una presencia que puedo albergar también yo. El mal no puede confinarse dentro de los límites que separan a los individuos. «Traspasa los limites» en el corazón de los hombres, de todos los hombres, por tanto también del mío.
A fuerza de intentar descubrir al Judas fuera de mí, yo termino por no caer en la cuenta del Judas que crece silenciosamente dentro de mí, inobservado, protegido, dispuesto a salir fuera en el momento oportuno. Él pasa desapercibido, porque es habilísimo para distraer la atención hacia aquellos otros.
El traidor más peligroso puede ser el que está dentro. Quiero decir aquél que se siente
tranquilo sólo porque queda, y se convence de la propia fidelidad observando la infidelidad ajena...
CONFRONTACIONES
La síntesis entre fe y obras es necesaria. La fe se encarna y se expresa en
la acción, la cual, sin embargo, halla su raíz en el encuentro personal y comunitario con el Señor Jesús. La fe «se hace», «acontece» en las obras, como el alma en el cuerpo. Fe y compromiso histórico constituyen una sola cosa, precisamente como el alma con el cuerpo: «estar con Jesús» y «ser enviado» se condicionan recíprocamente, porque se actúa
creyendo y se cree actuando (Una comunità legge il vangelo... o. c.) ...
1) Como observa C. Martini existen al menos ocho perícopas que se pueden llamar las perícopas de los doce: 3, 14-19: 4, 10 s; 6, 7 s; 9, 35-40; 10, 32-35; 11, 11 s; 4, 10 s.
2) C. Martini nota, a propósito del verbo «llamar», que se sobreentiende la idea de subordinación. Llama así quien tiene poder sobre otro. Y cita un uso análogo del mismo verbo con el mismo matiz en el caso de Pilato (Mc 15, 44) que, maravillado, «llama» al centurión. Pero más allá de la idea de subordinación está también aquella explícita de preferencia.
3) «El mayor parangón lo encuentro en Mt 27, 43, que cita el Sal 22, 8. Lanzando invectivas contra Jesús en la
cruz, la multitud grita: «Ha puesto su confianza en Dios; que le salve ahora si es que de verdad le quiere» (eithélei), el mismo verbo de 3. 13: (éthelen)... El mismo matiz del imperfecto lo tenemos en un caso totalmente opuesto, en el cap. 6, 19: "Herodías le aborrecía y quería quitarle la vida (éthelen); esto es, incubaba en el corazón este deseo desde hace tiempo, con intensidad de pasión. Aquí, al revés, Jesús tenía en el corazón a los suyos con amor apasionado (o. c., 40).
etimologías, pues, aquel que es escuchado por Dios se convierte en roca.
5) Según Cullmann, probablemente Pedro y con seguridad Judas serían ex-Zelotas. A propósito de Judas hay quien hace derivar "Iscariote" no de "hombre de Kerioth" (un pueblecito de Judá) sino de «sicario», asesino, o sea "hombre del puñal" (de sica, un puñal corto y curvo que usaban ciertos piratas).
(·PRONZATO-3/1.Págs. 156-164)
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