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Sin embargo, el uso de los términos relacionados con la Retórica se consolida en la obra de Platón, en referencia a prácticas políticas vincula- das a la democracia. Tales circunstancias resultan evidentes en Gorgias (448d) donde Sócrates defiende la idea de la contraposición de la práctica de la Retórica como instrumento que se erige frente al método socrático mismo, el diálogo, en relación con los modos de comunicación de las ideas

14 D. Plácido (1997), p. 552. 15 A. López Eire (1988), p. 742.

dentro de la ciudad. Sócrates propone el diálogo en que se contraponen las preguntas y respuestas, transposición a una escala intelectual del compor- tamiento de los hetaîroi en el simposio,16lo que define su significado polí-

tico como predemocrático. Para Platón, la Retórica se identifica en cam- bio con la democracia y es el género que según se dice practica Polo; este defiende la Retórica como instrumento de gobierno dentro del sistema democrático, pues se trata de persuadir a los oyentes en el tribunal, en el Consejo, en la Asamblea y en todas las reuniones en que se trate de asun- tos públicos, como se ve en la continuación del párrafo 452d citado.

En principio, la Retórica se identifica como una práctica oral, pro- ducto de las circunstancias del momento. Todavía el discípulo de Gorgias, Alcidamante, hace una ardiente defensa de la oralidad y de la improvisa- ción frente a la literatura escrita.17Como ocurre con la épica, la difusión

de la escritura no significó la desaparición automática de la práctica de la oralidad. Alcidamante practicó el género epidíctico, en lo que seguía la línea propia de un alumno de Gorgias. Fue autor de un Ulises, según se señala en el tratado Artium scriptores (XXII 16) en el que el héroe discute

con Palamedes.

Del mismo modo, la generalización de las instituciones colectivas representativas no significó la desaparición del papel personal de los per- sonajes destacados de la aristocracia. Precisamente, lo que ocurre en la ciu- dad democrática es que el protagonismo individual se ejerce con mucha más intensidad a través de la Retórica, en detrimento de otros procedi- mientos, como el evergetismo, por el que personajes del tipo de Cimón ganaban la adhesión de la colectividad,18o de los grupos del tipo del repre-

sentado por la hetería socrática.

Tucídides, historiador del periodo más dinámico de la democracia ateniense, muestra (I22) que es plenamente consciente de la importancia

política de los discursos, de los que dice que reproduce el contenido. Pare- ce cierto que cada político habla con sus características específicas, lo que se puede interpretar alternativamente como muestra de fidelidad o como habilidad para penetrar en los procedimientos de la Retórica de la época.

16 L. Rossetti (1976).

17 W. K. G. Guthrie (1971), pp. 311-312. 18 D. Plácido (2006), p. 44.

En cualquier caso, adquieren una importancia definitiva en su concepción de la historia, marcada por dichas prácticas.19 Con ello, Tucídides no es

solo el historiador positivista de los acontecimientos, sino el reflejo de las prácticas culturales vigentes en su época.

En su obra, el personaje más representativo de la vinculación entre Retórica y Democracia es seguramente Pericles. Así se manifiesta en la atri- bución de tres discursos importantísimos para la comprensión de los pri- meros años de la guerra y de las formas de pensamiento que subyacen a las posturas de los atenienses, tanto en la política exterior como en la interior. Pero además, de modo explícito, Tucídides hace una defensa de la orato- ria en uno de los discursos pronunciados por Pericles (Th.II40, 2), sobre

la base de que la acción necesita del discurso y del debate previo para garantizar la toma de decisiones. La Retórica vuelve a ser punto de con- fluencia entre la acción política y los mecanismos intelectuales. Por ello, Pericles se presenta, ya en palabras expresadas directamente en la narrati- va de Tucídides, como rétor, que destaca por su capacidad para controlar a las masas (II65), lo que no ocurre con los sucesores. También se refiere a

la oratoria de Pericles Plutarco en Vida de Pericles (7, 7), donde alude a sus hábitos consistentes en reservarse para grandes ocasiones, y no prodigarse en exceso en la Asamblea, para evitar la saciedad, y en 8, 7, donde recuer- da algunas frases cortas consideradas de gran eficacia, al tiempo que se refiere al hecho de no haber dejado ningún texto escrito salvo los de los decretos. Pero se dice también en otra fuente que escribía previamente (Suid., s. v. Periklês, y Éupolis, fr. 94 Kock).20Del mismo modo, Aristóte-

les (Rhet. I 7=1365a 31) se refiere a su capacidad oratoria tal como se reve- la en el Epitafio, donde habría hecho una comparación entre la juventud de la ciudad y la primavera del año.

En Tucídides (II 35-46) Pericles pronuncia el Epitafio con el que se

hacía el elogio de los muertos en la guerra, donde los políticos solían mos- trar sus virtudes como oradores capaces de montar un discurso de aparato basado normalmente en los elementos clave de la ideología de la ciudad.21

Los discursos reflejan la realidad política no solo por su contenido sino por

19 A. J. Woodman (1988), pp. 11-14. 20 J. P. Rhodes (1986), p. 140. 21 N. Loraux (1981).

lo que se ve,22por su capacidad de «representación». El mismo Plutarco,

en Vida de Nicias (3, 1) dice que Pericles no necesitaba la persuasión gra- cias a su virtud, en lo que transmite sin duda una opinión postdemocráti- ca, vinculada a las tradiciones derivadas de las críticas platónicas. Fueron, según el consenso de los intérpretes, discursos que no se pusieron por escrito,23 como los de Alcibíades, los de Temístocles o los de Aristides,

según Plutarco (VitaXorat.I5). De acuerdo con este autor, el primero en

hacerlo sería Antifonte. Es posible que los suyos sean los textos más anti- guos conservados en prosa ática salvo la República de los atenienses atribui- da a Jenofonte.24