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WHAT IS THE NATURE OF ANALYSTS’ DECISION PROCESSES ON STOCK

CHAPTER 2. EQUITY SELL-SIDE ANALYSTS’ RATING DECISIONS: A LITERATURE

2.4 WHAT IS THE NATURE OF ANALYSTS’ DECISION PROCESSES ON STOCK

Caleño de nacimieno. Docente de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad del Valle (Colombia) des- de 1982 y miembro del Grupo de Investigación en Educación Popular (categoría A en Colciencias) de la Universi- dad del Valle, del cual es su actual director. Magíster en Educación, Énfasis en Educación Popular y Comunicador Social de la Universidad del Valle; Licenciado en Educación, Énfasis en Literatura e Idiomas de la Universidad Santiago de Cali, Colombia. Actualmente cursa tercer semestre del Doctorado Interinstitucional (U. Pedagógica, Distrital, del Valle) en Educación. En la actualidad adelanta, en calidad de director, la investigación El conocimien- to social en convivencia (Cali y Buenaventura) como vía para la construcción de culturas de Paz, financiado por Colciencias, dentro de la línea experiencia urbana, convivencia y construcción de ciudadanía, en la cual también participó de la investigación Violencia y convivencia en Cali, los nuevos escenarios para la educación popular, finalizada en el 2005 con financiación de la propia Universidad. En cuanto a su participación en proyectos de cultura ciudadana cabe destacar la dirección del Proyecto Cali de Vida (2001- 2004) estrategia transversal de educación y comunicación del Programa de apoyo a la convivencia y seguridad ciudadana de la Alcaldía de Cali, adelantado con recursos BID. E-mail: [email protected]

Sistematización de experiencias/81

Revista Internacional Magisterio:¿Dónde y en qué contexto surge la propuesta de sistematización? ¿Por qué se le coloca ese nombre y cuáles son las principales corrientes que usted reconoce en América Latina?

José Hleap: La sistematización surge en América Latina en los años 70 y desde organizaciones que trabajaban en el ámbito de la “educación popu- lar”, el trabajo social y la “educación de adultos”, para luego generalizarse,

en los 90, a otros ámbitos como la educación formal, el desarrollo rural, el desarrollo comunitario, el diagnóstico y la planeación participativa. para situar el nacimiento de la sistematización de experiencias como un movimiento latinoamericano de gestión social del conocimiento es preciso ubicarse en un modo de concebir la investigación y una práctica (la sistematización) que pretende generar conocimiento sobre experiencias concretas (educativas, de intervención o de transformación

social), en franca oposición con los modelos investigativos que hegemo- nizaban la investigación social en ese momento; de modo que nace fuerte- mente vinculada con la Investigación Acción Participativa –iAp– y con teorías críticas sobre la sociedad.

Fue el Consejo de Educación de Adultos de América Latina –CEAAL– desde los 80 uno de sus más persistentes promo- tores, creando el Programa Latinoame- ricano de Apoyo a la Sistematización

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de experiencias –PLAS–, bajo el cual no sólo se realizaron muchísimas expe- riencias de sistematización en distintos países de América Latina sino que se promovieron intercambios y debates sobre los diferentes enfoques, desa- rrollos conceptuales, metodológicos y operativos, consolidando un campo de reflexión y trabajo con fuerte impronta latinoamericana, como ha sido recono- cido mundialmente.

El “fundamento” de la sistematización es la existencia de una “experiencia” o de una “práctica” –según el énfa- sis fenomenológico o marxista de la aproximación– de la que se quiere “dar cuenta”. Ese “suceso” cobra relevancia para un grupo, el cual busca “recupe- rar”, “hacer memoria”, “analizar crítica- mente” lo ocurrido. Aunque el término “sistematización” está asociado desde los 70 a la organización sistemática de datos sobre “hechos”, en los distintos enfoques de la sistematización –al menos desde la década del 90– se ha tenido especial cuidado de no reducir la experiencia a un conjunto de datos, de cosificar lo sucedido: se asume el carácter “histórico” de lo acontecido, su relación con un “contexto” y unas circunstancias particulares, la relevancia y valoración asignada por quienes lo vivieron de manera contradictoria. La sistematización ha experimentado la influencia de las distintas corrientes de pensamiento que han liderado las ciencias sociales en América Latina; no obstante, el reconocimiento común al carácter dinámico, vivido e histórico de la experiencia admite en la sistemati- zación al menos dos grandes miradas, que se cruzan en las propuestas concre- tas: El enfoque estructural-dialéctico para el cual las prácticas (nombre dado en este enfoque a las experiencias) hacen parte de un proceso social e histórico general, complejo y contradictorio, dentro del cual pueden ser comprendi- das como escenarios situados, locali- zados, de lucha, de construcción de memoria y lectura crítica de la realidad; y el enfoque hermenéutico-dialógico, que

busca comprender la experiencia en tanto acontecimiento de sentido, esto es, asumir las distintas interpretacio- nes como constitutivas de la realidad socio-cultural de lo ocurrido, un caso particular de negociación, de relación entre saberes y lógicas diferencialmente constituidas, cuyos resultados hablan de las condiciones y modos en los que se da este juego de fuerzas.

Ambas miradas convergen en la necesidad de superar tanto la vivencia individual como la abstracción formal. La “historicidad” de la experiencia no consiste en su reducción a “los hechos” sino en su carácter situacional y con- tingente. Esta manera de aproximarse a las experiencias está tensionada por su distancia tanto con el subjetivismo idealista como con el objetivismo abs- tracto. Una consecuencia fundamental de esta opción es que se busca “com- prender” y no “explicar” la experiencia y que esa comprensión sólo es posible en diálogo con otros, como acontecimien- to social que no se reduce a la vivencia individual, ni puede ser deducido como realización de alguna determinante estructural. Este carácter intersubjetivo de la comprensión de experiencias, se suma a su “legibilidad”, para establecerla como un proceso colectivo de conoci- miento, en el que el lenguaje participa no como pura denominación/represen- tación, sino justamente como el medio (discurso) en el que se efectúan –y hace posibles– las relaciones dialógicas que fundamentan este conocimiento.

R.I.M.:Entendiendo la sistematización, como una modalidad de investigación cualitativa, ¿qué aspectos conceptuales y metodológicos considera que se deben profundizar para avanzar en su consolidación?

J.H.: Un aspecto conceptual de la sistematización que debe ser explíci- tamente revindicado y profundizado es que el conocimiento adquirido en la sistematización ni es neutro, ni busca simplemente “saber más” sobre la experiencia, sino que se ubica en un

posicionamiento ético y político que busca la transformación de los sujetos y de las prácticas.

Este “conocer” parte de asumir que todos los que participan de la experien- cia tienen un saber sobre ella, producto de su hacer en cuanto práctica; que el conocimiento construido se estable- ce como una relación entre saberes diferentes y desigualmente constituidos y que esas diferencias y desigualdades se ponen en juego en la sistematiza- ción, como el modo participativo de su comprensión, en donde la contra- dicción es su principio operante, el cual no niega la relación inclusiva de los distintos “puntos de vista”:

Asumido como “diálogo de saberes” o como interlocución “fuerte”, el carácter de interpelación que tiene la sistema- tización de experiencias busca explíci- tamente distanciarse de la hegemonía de un conocer centrado en el discurso monológico y excluyente del saber experto (el “científico”, el “académi- co”), desarrollando las afirmaciones Freireanas sobre el carácter dialógico del conocimiento, la superación de la dimensión informativa y transmisora de la relación entre saberes, para poder desplegar su poder transformador. Aunque la sistematización se ha gana- do un lugar en el compendio de los saberes necesarios para la formación de un analista social y, por tanto, aparece frecuentemente en los currículos de diversas profesiones, paga un enorme precio por esta legitimidad institu- cional: su despolitización. La versión “pasteurizada” al uso no compromete ni siquiera teóricamente al practican- te, en un nuevo caso en el cual los “medios” (en este caso pedagógicos) traicionan el fin. En las universidades de América latina la crítica al activismo ingenuo de la izquierda del siglo pasado arrastró tras de sí un veto tácito a las formas de docencia que comprome- tían con “lógicas externas” el apacible aprendizaje resguardado en el vientre del alma mater. La opción por empren-

Sistematización de experiencias/83 der proyectos en los cuales la docen-

cia, la investigación y la acción social (sospechosamente llamada “extensión universitaria”) estén articuladas es vista o como un arcaísmo (los dinosau- rios de la lucha de clases) o como un peligro (se compromete la “autonomía universitaria”, el juicio reflexivo que supone la distancia frente a “cualquier poder”). El núcleo central de la sistema- tización (como modalidad de la iAp), su pregunta por las relaciones de poder al interior mismo de la generación de conocimiento, implica en su enseñanza no sólo revisar el papel de los actores involucrados (“maestro” y “discípulos”) sino todo el proceso, que tiene que vincular la inquietud del por qué y para qué, con el para quién y con quién. por ser asumida como una modalidad participativa y de investigación-acción, en la sistematización se tiene especial cuidado en establecer el papel del “experto” o “especialista externo”, en cuanto intérprete que pone en juego en la comprensión de la experiencia su carácter de diferencia interpelante, en un “diálogo de saberes” mediado por los relatos de la experiencia.

Fundado en la comprensión, sistemati- zación y potenciación de experiencias sociales en las que diversos actores en posición de subalteridad ejercen sus saberes y prácticas desde relaciones de poder, control y conocimiento con los saberes hegemónicos, se trata de un conocimiento socialmente situado. desde ese lugar social (la subalteridad) el aprendizaje de la sistematización cobra cuerpo, densidad: más que una “opción metodológica”, emerge como un modo de hacer comprometido, en el que la validez y la verdad del conocimiento y de la acción social se configuran en la relación de pertinencia y pertenencia sociocultural.

El otro aspecto conceptual que es necesario profundizar es lo que se en- tiende por “sentido de la experiencia”. para los distintos enfoques actuales de la sistematización, la experiencia cobra

sentido en la interpretación y este sentido no es algo preexistente que se devele en el momento de la siste- matización, ni siquiera consiste en la visibilización de un orden dado luego de la organización de la información; se constituye en el acto de enuncia- ción: “sentido” de una experiencia no es simplemente el relato consciente de uno de sus participantes, sino una construcción colectiva donde un grupo de intérpretes aporta su propia versión de lo sucedido tal como cada uno lo vivió. La investigación interpre- tativa no pretende restituir un hecho, pues este sólo existe en las diversas interpretaciones de los participan- tes, sino que busca comprender la experiencia en cuanto acontecimiento, como proceso colectivo de re-creación e interpretación participativa, que implica la lectura y comprensión de los imaginarios implícitos en los diversos actores. Es un proceso de construcción de conocimiento, acerca de realidades específicas, interpretadas por sus acto- res de manera, a veces, fragmentaria y conflictiva.

Un tercer aspecto que vale la pena radicalizar en la sistematización es su carácter de comprensión integral: en la generalidad de propuestas de sistema- tización de experiencias no se separa el acto de conocer en lo racional y lo emotivo, así como tampoco se separa tajantemente lo individual y lo colec- tivo, al asumir la experiencia como proceso.

otra consecuencia de la aproxima- ción a la experiencia propuesta por la sistematización es que la remite a un “contexto” en el cual cobra sen- tido. El camino que hemos tomado en la generalidad de las experiencias sistematizadas parece recorrer la vía de la inducción, al centrarse en un ”caso” que luego es referido, según lo explo- rado en él, a factores contextuales o generales inferidos desde la experien- cia. no obstante, es preciso señalar que al establecer la “lógica interna” de la experiencia hemos implicado una

“lógica externa” que actúa en ella, de modo que la construcción de la trama y del escenario se desprenden del desarrollo abductivo del proceso, de su comprensión, en el compromiso de potenciar la experiencia.

Finalmente, es necesario hacer valer, contra la lógica tecnocientífica impe- rante, los derechos de la narración, del saber narrativo. El carácter dialógico de la comprensión de experiencias ha sido mantenido en algunas orienta- ciones de la sistematización mediante su énfasis en el atributo narrativo de las interpretaciones construidas en la sistematización.

no obstante su carácter “testimonial”, el saber del relato desborda el control conciente y la vocación monológica de la “versión del hecho”, en tanto género discursivo que navega entre la razón y la pasión, lo individual y lo colectivo, la realidad y la ficción. no obstante, per- siste la idea de una superación reflexiva del relato, al buscar el sentido revelado, la explicación de la realidad estudiada, en los bajos fondos que éste oculta. ¿no habría que reconocer su legiti- midad como conocimiento válido al suponer que en lugar de ser un residuo imposible de eliminar o todavía por eli- minar de la sistematización, la narrati- vidad es la forma necesaria y suficiente de un saber sobre las prácticas?

R.I.M.:¿En qué posición, dentro de las señaladas anteriormente, se ubica usted en el campo de la sistematización y cuáles serían las diferencias con las otras posiciones?

J.H.: Al quedarse en la evidencia de los sujetos interlocutores, buena parte de las formulaciones sobre lo dialógico en la sistematización reducen el alcan- ce interpelativo de la enunciación, asumiendo la revelación del “sentido de la experiencia”. sentido, al menos en el enfoque que he propiciado,no es algo oculto tras las apariencias; no es algo que está contenido en la opinión de los/as participantes ...es la

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crítico-reflexiva va aunada con la com- prensión y legitimación de las lógicas “impuras” del “conocimiento ordinario”, en donde dialéctica, hermenéutica y retórica van de la mano, pues no sólo importa la generación de conocimien- to sino la manera como se llega a él, como se valida y como se explicita ese conocimiento, en la íntima relación entre lenguaje y acción. Así, frente a la “devolución sistemática” ha surgido el “macrorelato consensual” y la indaga- ción narrativa como modalidades que median en la diferencia y desigualdad de saberes dentro de la investigación. En el uso contextualizado de la siste- matización se ha podido vislumbrar, sin muchas discusiones epistemológicas, la pertinencia de la abducción como modo de conocimiento que articula lo general con lo particular en el proceso de comprensión: la dinámica acción-re- flexión-acción está presente en el trans- currir cotidiano de ese conocimiento ordinario. También ha permitido com- probar su carácter plural, no sólo por lo inter o trans de la relación disciplinaria, sino porque nos ha obligado a asomar- nos –más allá de las disciplinas– a la complejidad de lo “simple”: la emer- gencia de prácticas inclasificables y su poética, las lábiles dinámicas sociales (correlación y autoconfiguración), en donde pudimos captar lo instituyente en lo instituido, obligándonos a hacer énfasis en las relaciones (mapa de redes sociales), más que en los individuos o las instituciones.

otro aspecto que es necesario resaltar como aporte de la sistematización de experiencias ha sido la valoración, potenciación y visibilidad de actores sociales no convencionales (las mujeres, los jóvenes, los “barristas” del fútbol, las promotoras sociales y un largo etcéte- ra), olvidados o no representados en las versiones epopéyicas de las luchas sociales y canónicas de las ciencias sociales.

puesta en juego de diversas interpre- taciones y diversos/as actores/as en interlocución, siendo la experiencia de sistematización estructurante de ese sentido. Es la búsqueda de intelección desde la densidad de unos intérpretes en situación.

para poder comprender las experien- cias en su complejidad, me parece ne- cesario adelantar simultáneamente tres planos de interpretación íntimamente relacionados, que podrían estable- cerse como dimensiones del sentido de las experiencias, cuya elucidación progresiva responde al concepto de “potenciación” que constituye uno de los ejes que atraviesa la sistema- tización: comprender la experiencia como acontecimiento de sentido

desde la perspectiva de sus actores, estableciendo las lógicas que entraron en juego, las luchas de interpretación , las transacciones y apuestas, que la caracterizaron, estableciendo su fuerza implicativa (potencial transformador capaz de incidir sobre los participantes y sobre las fuerzas contextuales); expo- ner y comprender el funcionamiento situacional (la trama) de las relaciones sociales (vínculos, redes), los mitos y rituales (análisis de las mediaciones) en la experiencia; y establecer el escenario o campo de fuerzas (performatividad) que hizo posible y le dio su especifi- cidad (encuadre) a la experiencia. En la “legibilidad” de la experiencia como operación que atraviesa lo textual, lo intertextual y lo contextual estriba la apertura de la comprensión en su lucha contra las evidencias de un sentido estable, el “sentido de la experiencia”.

R.I.M.:Cuál sería el balance del acumulado del desarrollo de la práctica sistematizadora en América latina y sus

retos y dificultades.

J.H.: En cada una de las experiencias sistematizadas, el conocimiento produ- cido ha permitido develar las relaciones de poder entre el saber experto y otros saberes sociales; de controltanto de la diferencia y desigualdad entre saberes

(de la investigación, de sus procedi- mientos, informes y resultados), como del contexto (frente a los “localismos globalizados”) y de las relaciones de

conocimiento, pues no sólo valida otras formas de conocer y el carácter dialogal de todo conocimiento, sino que abre la posibilidad de acceder a dimensiones inéditas de las dinámicas entre los su- jetos y su sociedad: los mecanismos de resistencia, transformación y adecua- ción entre las formas impuestas –los tiempos y lógicas de la cultura mundia- lizada– y su recontextualización, desde los destiempos y las memorias de otras matrices y lógicas culturales.

se descubre así la potencia actual de la sistematización frente a la erosión sistemática de las lógicas del lugar, así como de todo asiento material e his- tórico para el vínculo social, el carácter o el trabajo significativo, mediante los procesos de desterritorialización, individualización y relocalización que han generado un orden espacio- temporal regulado por la producción de lo común (lo que nos une, nos da sentido), en manos de expertos en el trabajo inmaterial (que genera informa- ción, conocimientos, ideas, imágenes, relaciones y afectos).

En la sistematización de estas expe- riencias han prevalecido, frente a las categorías de análisis preestablecidas (en las cuales campea la lógica circular del conocimiento experto, tautológico y autista) los encuentros dialógicos en los que se ha puesto en marcha una hermenéutica diatópica, en donde la comprensión de la experiencia se da desde los lugares comunes (topois o mitos) de los distintos saberes sociales puestos en relación en esa experiencia, sin darle centralidad o preeminencia al saber experto, lo que no implica su desvalorización sino su recontextualiza- ción, como saber situado.

La puesta en situación de la sistema- tización de estas experiencias no ha transigido con su idealización cano- nizante, al advertir que la dimensión

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Naturaleza del artículo: Artículo breve de investigación

Este artículo recopila una investigación deno- minada: la búsqueda de solución a problemas irresolubles: un camino hacia la construcción de la disciplina matemática en el aula, la cual fue realizada y financiada por la Escuela pedagógica Experimental –EpE– Kilómetro