2.1 Meaning as reference
2.1.1 The nature of the reference object
Dado el amplio estudio que se ha realizado sobre la innovación, han aparecido múltiples clasificaciones. Algunas de ellas con decenas de tipologías de innovación (Zaltman, Duncan, & Holbeck, 1973). Sin embargo, las clasificaciones más utilizadas son aquéllas que se han basado bien en la naturaleza de la innovación, bien en el grado de originalidad y novedad de las innovaciones.
La clasificación de las innovaciones basada en la naturaleza se centra en el objeto de la innovación. Existen en la literatura muchos trabajos que distinguen entre las innovaciones de producto y las innovaciones de proceso (Abernathy & Utterback, 1978; Bauer & Leker, 2013; Cleff & Rennings, 1999; Maine, Lubik, & Garnsey, 2012; Ornaghi, 2006). Una innovación en producto es la introducción en el mercado de un producto nuevo o significativamente mejorado. Se puede tratar de modificaciones en sus componentes o en materiales, en sus características básicas, especificaciones técnicas o software incorporado de tal forma que afecten a su rendimiento. Sin embargo, los cambios de diseño que no aporten ninguna mejora por no influir en el rendimiento, no serán considerados innovaciones. La OCDE (2005) incluye también entre las innovaciones de producto las innovaciones de servicio, asimilando los servicios a los productos fabricados por la industria, ya que tanto unos como otros están dirigidos al cliente final (Abernathy & Utterback, 1978). Esto es algo que ya había sido reconocido en la literatura con anterioridad (Barras, 1986; Sirilli & Evangelista, 1998). Para que una innovación en servicio sea considerada como tal, se deben producir cambios en la forma de llevarse a cabo.
En las innovaciones de proceso se introduce un nuevo, o significativamente mejorado, proceso de producción, suministro de servicios o entrega de productos (OECD, 2005). En el caso de los procesos productivos incluyen las mejoras en los sistemas de informática. En el caso de la distribución (suministros de servicios o entrega de productos) se incluyen los programas informáticos, la gestión interna de los productos, el abastecimiento de materias primas y la entrega de productos a los clientes. Al contrario que en el caso de los productos y servicios que se centran en el cliente, en el caso de las innovaciones de producción están enfocadas a cuestiones internas de la
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empresa con el fin de abaratar los costes de producción o producir nuevos productos (Abernathy & Utterback, 1978).
Esta clasificación ha sido ampliada por algunos autores incluyendo las innovaciones organizativas (Damanpour, 1991, 1996; Kimberly & Evanisko, 1981; Knight, 1967; Lam, 2005) haciendo una separación entre innovaciones técnicas e innovaciones administrativas (Damanpour & Evan, 1984). Las innovaciones técnicas (o tecnológicas) serían aquéllas en las que se aplica la tecnología para la creación o mejora de productos o servicios y para la creación o mejora de los procesos. Por lo tanto afectarían a las actividades principales de la empresa a través de su sistema técnico. Las innovaciones administrativas, por el contrario, se centran en la estructura organizativa de la empresa, en los procesos administrativos y en los recursos humanos. Así, mediante las innovaciones administrativas se consiguen mejoras en su estructura social. Para Damanpour (1996) esta diferenciación es esencial, ya que por un lado pone de manifiesto las diferencias entre el sistema técnico y el social de la organización y porque considera que los lugares de dentro de la empresa donde se originan las innovaciones técnicas y las administrativas no son los mismos, así como tampoco lo son los procesos de adopción. Además, desarrollar tanto las innovaciones técnicas como las administrativas a la vez incrementa la efectividad por encima de lo que se conseguiría haciéndolo por separado (Damanpour, Szabat, & Evan, 1989).
Partiendo ya de esta concepción ampliada de la innovación observamos que en gran medida es coincidente con los tipos de innovación que Schumpeter (1934) mencionaba (productos, procesos, mercados y organizativas) y es que muchas de las clasificaciones que se han realizado hasta la fecha se han basado en su trabajo. Centrándonos en las cuatro áreas de innovación que menciona la OCDE (2005): producto, proceso, marketing e innovaciones organizativas, observamos que las dos primeras, producto y proceso, coinciden con la tipología tradicional de clasificación, mientras que las dos siguientes, marketing y organizativas, suponen una ampliación del concepto de innovación.
Las innovaciones de organización están relacionadas con nuevos métodos y prácticas organizativas, que pueden darse tanto dentro de la empresa como en la organización del lugar de trabajo o en las relaciones con otras empresas. Los objetivos que se persiguen
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mediante esta tipología se basan en la reducción de costes administrativos, de suministros así como un aumento de la satisfacción laboral, etc. Algunos ejemplos que se podrían considerar propios de esta categoría de innovación serían: cambios en los programas de formación para los empleados, nuevas maneras de relacionarse con otros actores de la cadena de suministro o con las instituciones o nuevo métodos de asignación de la responsabilidad.
En cuanto a las innovaciones de marketing, son aquéllas que ocurren cuando se aplica un nuevo método de comercialización que implique cambios en el diseño y el envasado de los productos, en la promoción y la colocación de los productos en el mercado y en los métodos de tarificación de los bienes y servicios. Los objetivos buscados con estas innovaciones van ligados a la consecución de una mejor satisfacción de las necesidades de los consumidores y a la apertura de nuevos mercados. Para conseguir estos objetivos y que sean considerados como innovación de marketing, la empresa debe utilizar nuevos métodos de comercialización: realizar cambios en el envasado del producto, ampliar la profundidad de una línea de productos, realizar cambios en los canales de venta, nuevos programas de fidelización de los clientes, etc. Sin embargo, no serán consideradas como innovaciones de marketing, los cambios estacionales de comercialización, ya que suponen algo rutinario que se ha realizado con anterioridad. Del mismo modo, tampoco lo serán, la aplicación de unas técnicas comerciales en un nuevo mercado geográfico o segmento.
Otros autores han realizado una clasificación que no está basada en la naturaleza de las innovaciones, sino que lo está en el grado de novedad que presenta la innovación. En estos casos, se hace una distinción entre lo que se considera como innovación radical e innovación incremental (Adler, 1989; Damanpour, 1996; Dewar & Dutton, 1986; Ettlie, Bridges, & O’Keefe, 1984).
Una innovación radical representa una ruptura con lo establecido, no se trata de una evolución natural sino que está basado en una tecnología diferente que rompe con el estado anterior. Por el contrario, en una innovación incremental nos encontramos con cambios que mejoran la funcionalidad pero que están basados en la misma tecnología que se encontraba previamente en uso (Fernández, 2005). La innovación incremental supone cambios que son poco significativos pero que, de realizarse de forma continuada
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y acumulativa, pueden considerarse como la base permanente del progreso. Aunque ninguna de las dos se realiza de una forma programada, es más habitual observar que las innovaciones incrementales aparecen con cierta frecuencia, mientras que, por el contrario, las innovaciones radicales suelen ser mucho menos frecuentes. En cualquier caso, eso no supone ningún tipo de diferencia en cuanto a la naturaleza propia de las innovaciones, ya que tanto las incrementales como radicales pueden responder a innovaciones tecnológicas u organizativas. Ampliando este concepto Kodama (1993) definió un nuevo tipo de innovación incremental, surgido de la combinación de tecnologías de áreas diferentes, a la que llamó technology fusion.
Otras clasificaciones que se han utilizado, están basadas en la diferenciación de la innovación en función de la proximidad a las tecnologías existentes y, por otro lado, de la proximidad a los clientes y segmentos del mercado, es lo que Jansen et al. (2006) denominaron clasificación de innovación de explotación y de innovación de exploración. La innovación en explotación está relacionada con las tecnologías existentes y con mercados y clientes ya existentes. Se basa en aprovechar la experiencia que se tiene para mejorar la eficiencia y la fiabilidad mediante innovaciones incrementales. Por el contrario, la exploración supone la utilización de nuevas tecnologías, innovaciones de tipo radical, para satisfacer a mercados emergentes.
Finalmente, Zaltman et al. (1973) proponen una clasificación basada en la planificación de la innovación, planteando la diferencia entre innovaciones programadas e innovaciones no programadas. Las innovaciones programadas están planificadas mediante una serie de rutinas y procedimientos a través de los que se pretende mejorar la idea, sabiendo a dónde se quiere llegar y cómo se tiene que llegar a ello. Por el contrario, las innovaciones no programadas, no se encuentran planificadas como las anteriores, ni en el tiempo ni en los objetivos que se pretenden alcanzar, por lo que la idea va variando durante el desarrollo de la misma.
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