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In document Creating Opportunities. Worldwide. (Page 135-143)

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963. Desde antes del asalto al Cuartel Moncada, Fidel comprendía perfectamente como ya vimos anteriormente que su meta no podía ser sólo derribar a Batista, sino llevar adelante una revolución. Por eso se opuso siempre tanto al tiranicidio como al golpe militar, dos formas de eliminar al dictador sin cambiar las bases del régimen imperante.

964. Además, desde entonces sabía que la revolución de liberación nacional que pretendía emprender era inseparable de una revolución social profunda, es decir,, que el proceso revolucionario antimperialista obligatoriamente terminaría siendo a la vez una revolución socialista.

965. Veamos a continuación los diferentes elementos que el máximo dirigente de la revolución cubana tomó en cuenta para elaborar la estrategia que le permitiría construir el bloque de fuerzas sociales capaz no sólo de terminar con el dictador Batista, sino con todo el régimen

económico-social que lo sustentaba.

966. Examinemos primeramente cuál era la correlación de clases534 existente y con qué fuerzas

sociales podía llevarse adelante el proceso revolucionario.

967. Partiendo de un análisis de las condiciones objetivas del desarrollo económico y político de su país, un país capitalista dependiente con un desarrollo industrial medio y una clase obrera de cierta magnitud, especialmente en el agro, Fidel distinguía tres fuerzas fundamentales en el escenario político:

968. Primero: los grandes terratenientes, “la alta burguesía y su lumpen, sus gángsters, sus

mujalistas” (instrumento de la reacción y el imperialismo en el movimiento obrero), el clero reaccionario y las propias empresas transnacionales instaladas en territorio cubano.

969. A estos sectores “acomodados y conservadores de la nación” les viene bien “cualquier régimen de opresión, cualquier dictadura, cualquier despotismo”, afirmaba Fidel en su autodefensa ante el Tribunal de Urgencia de Santiago de Cuba el 16 de octubre de 1953, y

agregaba que ellos eran capaces de postrarse “ante el amo de turno hasta romperse la frente contra el suelo.”535

970. En manos de esos sectores estaban “todos los recursos financieros, todos los recursos económicos, toda la prensa, toda la radio; es decir, todas las grandes estaciones de radio, de televisión, los grandes rotativos, las mejores imprentas [...] Además [...] todas las revistas americanas, toda aquella literatura imperialista [...] Tenían todos esos recursos en sus manos; los recursos económicos eran, sencillamente, dueños del país [...]536

971. Segundo: la llamada “burguesía nacional” o sectores burgueses con contradicciones con el

imperialismo. Fidel estaba convencido de que, dadas las condiciones de su país y de América Latina en general, ese sector de la clase burguesa no podía encabezar la lucha antioligárquica y

534. Sobre este concepto véase Marta Harnecker. Estrategia y táctica, Antarca, Buenos Aires, 1986, pp.7-49. 535. Op. cit. La Habana, Editora Política, 1983, p.45; La revolución cubana..., p.37

antimperialista. Las experiencias de los procesos revolucionarios latinoamericanos habían demostrado suficientemente que, a pesar de sus intereses contradictorios con el imperialismo yanqui, llegado el momento, era incapaz de enfrentarse a éste, “paralizada por el miedo a la revolución social y asustada por el clamor de las masas explotadas” y que, situada ante el dilema “imperialismo o revolución, sólo sus capas más progresistas” estarían dispuestas a apoyar el proceso revolucionario.537

972. Tercero: La única fuerza capaz de impulsar el proceso revolucionario en forma consecuente:

el pueblo cubano.

973. Fidel describe en forma muy precisa lo que entiende por este concepto en su autodefensa: 974. “Entendemos por pueblo, cuando hablamos de lucha, a la gran masa irredenta, a la que todos ofrecen y a la que todos engañan y traicionan, la que anhela una patria mejor y más digna y más justa; la que está movida por ansias ancestrales de justicia por haber padecido la injusticia y la burla generación tras generación, la que ansía grandes y sabias transformaciones en todos los órdenes y está dispuesta a dar para lograrlo, cuando crea en algo o en alguien, sobre todo cuando crea suficientemente en sí misma, hasta la última gota de sangre [...]

975. “Nosotros llamamos pueblo; si de lucha se trata, a los seiscientos mil cubanos que están sin trabajo deseando ganarse el pan honradamente sin tener que emigrar de su patria en busca de

sustento; a los quinientos mil obreros del campo que habitan en los bohíos miserables, que trabajan cuatro meses al año y pasan hambre y el resto compartiendo con sus hijos la miseria, que no tienen una pulgada de tierra para sembrar y cuya existencia debiera mover más a compasión si no hubiera tantos corazones de piedra; a los cuatrocientos mil obreros industriales y braceros cuyos retiros, todos, están desfalcados, cuyas conquistas les están arrebatando, cuyas viviendas son las infernales habitaciones de las cuarterías, cuyos salarios pasan de manos del patrón a las del garrotero, cuyo futuro es la rebaja y el despido, cuya

vida es el trabajo perenne y cuyo descanso es la tumba; a los cien mil agricultores pequeños, que viven y mueren trabajando una tierra que no es suya, contemplándola siempre tristemente como Moisés a la tierra prometida, para morirse sin llegar a poseerla, que tienen que pagar por sus parcelas como siervos feudales una parte de sus productos, que no pueden amarla, ni mejorarla, ni embellecerla, plantar un cedro o un naranjo, porque ignoran el día que vendrá un alguacil con la guardia rural a decirles que tienen que irse; a los treinta mil maestros y profesores tan abnegados, sacrificados y necesarios al destino mejor de las futuras generaciones y que tan mal se les trata y se les paga; a los veinte mil pequeños comerciantes abrumados de deudas, arruinados por la crisis y rematados por una plaga de funcionarios filibusteros y venales; a los diez mil profesionales jóvenes: médicos, ingenieros, abogados, veterinarios, pedagogos, dentistas, farmacéuticos, periodistas, pintores, escultores, etc. que salen de las aulas con sus títulos deseosos de lucha y llenos de esperanza para encontrarse en un callejón sin salida, cerradas todas las puertas, sordas al clamor y a la súplica. ¡Ése es el pueblo, el que sufre todas las desdichas y es por tanto capaz de pelear con todo el coraje!”538

537. “II Declaración de La Habana” (4 feb. 1962), La revolución cubana..., Era, p.482.

7. LA LUCHA ARMADA DESPUÉS DE DEMOSTRAR AGOTAMIENTO DE LOS RECURSOS

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