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In document OMNeT++ User Manual. Version 4.6 (Page 30-35)

Los entrevigados que solemos encontrar en las casas de corredor se basan generalmente en el relleno entre viguetas con yeso como aglomerante de diversos materiales, cuyo objeto es el aligeramiento del forjado. Los principales sistemas que se pueden encontrar son:

Forjado de bovedillas de yeso. Según Juan de Villanueva en su Tratado de Albañilería

(1827) [3], este tipo de forjados se colocaban en el s. XVII y XVIII con separaciones entre viguetas de 1.5 pies (=1 codo= 41.80 cm), 2 pies (56cm) e incluso 3 pies (83cm), aunque en su tiempo (s. XIX) lo frecuente era utilizar una separación poco mayor que el espesor de la vigueta. A este tipo de forjado se le ha denominado “hueco por macizo”, utilizándose para ello el madero de sexma o vigueta de a ventidós, el cuartón o madero de a ocho y el madero de a diez o alfargía.

El forjado de bovedillas, se realizaba encofrando la futura bovedilla con un camón llamado “galápago”, formado por dos piezas curvas de madera forrada de chapa, unidas por un gozne que permitía ajustarlo a las diferentes separaciones, conformando aproximadamente un cuarto de bóveda circular. Dicho galápago se colocaba sobre unas “mochetillas” o listones clavados ex profeso en los laterales inferiores de la vigueta y se deslizaba para permitir la ejecución de toda la bovedilla del tramo en cuestión. El relleno consistía en una mezcla de yeso y cascote de obra, hasta enrasar las viguetas por su cara superior (Fig. VI-1).

Fig. VI-2: Vista inferior de un forjado de madera con entrevigado de bovedilla de yeso [4]

Es usual encontrar este sistema de bovedillas, pero sin mochetillas. En estos casos, se practicaba una entalladura en los laterales de la vigueta (“cortes de asuela”), que permitía deslizar el galápago y asegurar el apoyo del entrevigado (Fig. VI-3).

Fig. VI-3: Entrevigado de bovedilla de yeso recibida en entalladuras en las viguetas

Fig. VI-4: Entrevigado de bovedilla de yeso con cielo raso

Aunque en ocasiones estos forjados quedaban a la vista (previa retirada de las mochetillas), lo usual era cerrarlos por su cara inferior con un enlucido de yeso que se tendía sobre una red de tomizas que se clavaban sobre las mochetillas, utilizando para ello un tablero como encofrado (Fig. VI-4).

La fórmula más habitual era enlistonar el forjado por su cara inferior con una red tupida de tablillas (separadas 1 dedo=1.7cm) que fijadas a las viguetas con tachuelas, servían de soporte al tendido de yeso (Fig. VI-5).

Forjado de “botes” cerámicos. En este caso, el relleno se realizaba completo de yeso,

aligerándolo mediante la inclusión de unas piezas cerámicas cilíndricas llamadas “botes”, que se colocaban entre las viguetas y pegadas entre ellas. El relleno se ejecutaba sobre un tablero inferior, a modo de encofrado. Para asegurar la suficiente adherencia con el relleno, se entomizaban las viguetas, lo que permitía tender toda la cara inferior de yeso sin necesidad de recurrir a costosos falsos techos (Fig. VI-6).

Fig. VI-6: Entrevigado de yeso aligerado con botes cerámicos

Los botes cerámicos suelen tener forma troncocónica irregular, de unos 20 cm de altura y unos 15 cm de diámetro superior y 12 cm de diámetro inferior. Suelen colocarse a unos 25 cm de separación, a tope. Esto supone un volumen de unos 0.003 m3, y una reducción de

volumen del entrevigado de unos 0.012 m3/m y vigueta.

Aunque este sistema es muy típico de Madrid, también fue utilizado en toda España, e incluso podemos encontrarlo en Europa, tal y como se puede ver en la Fig. VI-8.

Fig. VI-8: Sección de forjado de botes cerámicos en una rehabilitación en Munich, Alemania

Forjado de bovedilla tabicada cerámica. Menos frecuente en este tipo de edificaciones, su

utilización era adecuada para separaciones de viguetas entre 3 y 4 veces el espesor del madero. Sobre el ya mencionado sistema de mochetillas, se construían unas bóvedas tabicadas con ladrillo de tejar, tomado con yeso. Sobre la bóveda, se rellenaba con yeso y cascote hasta enrasar la vigueta (Fig. VI-9).

Esta solución aligeraba mucho el forjado, aunque requería de un falso techo inferior, normalmente realizado mediante un enlistonado de madera tendido de yeso (Fig. VI-10).

Fig. VI-9: Entrevigado de bovedilla tabicada

Fig. VI-10: Vista inferior de forjado de bovedilla tabicada, con falso techo enlistonado [4]

Forjado de relleno macizo. También era un sistema frecuente, consistente en un relleno del

espacio entre viguetas con una mezcla de yeso y todo tipo de cascote de obra (trozos de ladrillo, yesones, etc), cuyo objeto era aligerar lo posible el relleno (Fig. VI-11).

Su ventaja principal era la facilidad y rapidez de ejecución, así como el facilitar un guarnecido de yeso inferior. Sin embargo, y así lo denunciaba J. de Villanueva en su Tratado de Albañilería (1827) [3], suponía un peso excesivo, que podía provocar la fisuración de los enlucidos de los tabiques.

Para asegurar la adherencia con el relleno, se entomizaban los maderos entre sí, formando una trama de tomiza que cruzaba el espacio a rellenar. Para su ejecución, se utilizaba un tablero inferior a modo de encofrado, formado por 3 o 4 tablas, clavadas a los maderos.

Fig. VI-11: Entrevigado macizo de yeso aligerado con cascote

Fig. VI-12: Vista inferior de forjado con entrevigado macizo de yeso y cascote [4]

Forjado de entablado. Es usual encontrar este tipo en los suelos de los bajocubiertas, al no

requerir un piso de calidad.

El forjado se formaba exclusivamente con las viguetas, y un entablado superior clavado. Por su parte inferior, se construía un falso techo de tablillas tradicional. Se trata en realidad de una solución tradicional comúnmente utilizada en la Castilla rural.

No es infrecuente encontrar este tipo de forjado, pero “vacío” sin entablado alguno en dichos espacios bajo la cubierta.

Los suelos que encontramos en la actualidad son variopintos, fruto de las sucesivas transformaciones que cada vecino ha ido realizando a lo largo de la dilatada historia de estos edificios, y siempre caracterizados por tener grandes espesores debido a las distintas capas, lo que ha provocado un sobrepeso importante que normalmente acusa el forjado en su

marcada flecha. Los suelos originales pueden ser de yeso, y en las casas más importantes, de losetas de arcilla, o bien un tablero de madera o de ladrillo, sobre los que aparecen solados posteriores, normalmente pétreos.

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