EsFERA dEL COLOR
En 1803, Philipp Otto Runge conoció personalmente a Goethe y desde esa fecha, hasta la muerte del pintor en 1810, mantuvieron constantemente el contacto por correspondencia (Gage, Color y Cultura 203). En sus cartas, intercambiaron conocimientos sobre la interacción de teoría y práctica en las artes visuales, y principalmente en torno al fenómeno del color, puesto que ambos se encontraban en paralelo desarrollando su propio tratado teórico en torno a esta materia. En 1806, Runge le envió a Goethe una carta en la que adosó un boceto incipiente de círculo cromático (fig.10) –cuyo parecido con el boceto del poeta (fig. 8) es notable– y señaló:
(3 de Julio de 1806) «Aparentemente sólo existen tres colores, estos son amarillo, rojo y azul. Si aceptamos esto con toda su potencia, y los imaginamos ordenados en un círculo, se crearán tres áreas de transición: naranja, violeta y verde . . . y en su segmento medio, se encontrarán en su mayor brillo y pureza» (Kuehni, Philipp Otto Runge: die Farben-Kugel,
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En el prefacio de la Sección Didáctica de su Farbenlehre, Goethe incluyó un extracto de la citada carta de Runge, señalando que “sin ser informado de mis esfuerzos, a través de sus propias inclinaciones, su propia práctica y su propio pensamiento, [Runge] se halla en el mismo camino que vemos como el correcto” (172-173), en relación a la cercanía de ambos en algunos de los postulados de las dos nacientes teorías. Sin embargo, los intereses de Runge eran distintos a los de Goethe: el pintor no estaba interesado en la explicación de cómo el color se ve, cómo aparece entre la luz y la oscuridad, en oponerse abiertamente a Newton (Color Sphere §4) o en cómo el color se puede entender desde la experiencia; según Stahl, su principal motivación era desarrollar un sistema de ordenamiento del color que fuera útil a los artistas (On Vision and Colors... 13).
Izquierda Fig. 11: Esquema constructivo de La esfera de color. Generación de la esfera a partir de radios.
Derecha Fig. 12: Esquema constructivo de La esfera de color. Relación del círculo cromático con el eje blanco-negro.
Hacia 1807, en otra carta a Goethe, Runge le comenta sobre el paso de la figura del círculo cromático a la idea de la esfera como soporte más idóneo para visualizar las relaciones entre los colores. El pintor se mantuvo trabajando en la definición de su modelo esférico hasta 1810, año en que publicó su breve tratado sobre el color bajo el nombre de Die Farben-Kugel o La esfera del color. En el texto, Runge va comentando, apoyado en una serie de imágenes esquemáticas (figs. 11 y 12), el camino que lo llevó a pasar primero, de la consideración del triángulo como figura básica que surge de la concepción de tres colores primarios a la figura del círculo y, posteriormente, al considerar al blanco y el negro como colores fundamentales de su modelo, a la figura resultante, la esfera, que surge de las posibles combinaciones de los tres primarios con el eje blanco-negro. La esfera definitiva es presentada en un plano bidimensional, en ilusión de tridimensionalidad mediante el recurso de la perspectiva, incluyendo algunas vistas de la superficie, además de cortes o secciones horizontales y verticales (fig.13).
Runge desarrolla su modelo a partir de una construcción geométrica de puntos o posiciones en el espacio: parte de los mismos tres primarios de Goethe, denominándolos rojo [Roth, R], amarillo [Gelb, G] y azul [Blau, B], y los tres colores secundarios, naranja [Orange, O], verde [Grün, Gr] y violeta [Violett, V]. Relaciona ambas tríadas en dos triángulos equiláteros invertidos (Color Sphere §8), obteniendo una estrella de seis puntas. Con el afán de contemplar la mayor cantidad de colores en su modelo, Runge une las puntas de la estrella perimetralmente a través de arcos y considera las
Fig. 13: Die Farben-Kugel, modelo
de color de P. O. Runge, 1811. variaciones intermedias de un matiz a otro, obteniendo de esta manera, 12
colores. Debido a su particular interés en los colores translúcidos y opacos, Runge había trabajado por años con la escala de luminosidad o escala de grises –variaciones de blanco a negro– relacionándola con los colores en su estado puro –esto es, no mezclado–. Cuando construye su modelo de color, incluye la referencia de la escala de luminosidades polares como eje vertical del sistema. Posiciona al círculo cromático como ecuador del modelo, coincidiendo con la luminosidad del gris medio –equidistante de blanco [Weiß, W] y negro [Schwarz, S]– (fig.12). La relación de los colores puros
y sus variaciones tonales con los diferentes puntos del eje blanco-negro será el factor que estructura la tridimensionalidad del sistema, donde los radios de luminosidad de los diferentes colores, articulan la figura esférica (Ibíd. §13 y §21) (fig. 11). Completa la esfera ilustrándola en perspectiva y dividiéndola en líneas de longitud y latitud, donde cada porción resultante corresponderá a un color determinado (fig. 13).
La inclusión del eje blanco-negro dentro del modelo de Runge en su relación con todas las posibles variaciones del color (Ibíd. §15) es, sin duda, uno de sus principales aportes a la tradición de representar el fenómeno en imágenes esquemáticas, ya que relaciona los dominios de lo cromático y lo acromático dentro del mismo sistema. Al igual que Goethe, el pintor advierte la importancia de la relación de blanco y negro con respecto al color, y la pone en valor como eje central de su esfera. En palabras de Arthur Schopenhauer, quien estudiaría algunos años más adelante el modelo de Runge, esta organización de los colores:
«Permite a los colores exhibir su máxima pureza y libertad del blanco y negro, mostrando su brillo intrínseco en su más alto nivel de energía a lo largo del círculo cromático [central]. Pierden esta energía cuando se funden hacia el polo blanco y se oscurecen hacia el polo negro. Esta decoloración u oscurecimiento disminuirá la energía del color». (On Vision and Colors 19)
Runge desarrolla esta concepción cromático-acromático, según comenta a Goethe en una de sus cartas, a partir de algunos sistemas cromáticos del siglo XVIII a los que tuvo acceso, tales como el modelo triangular de Tobías Mayer (addendum, fig. 46), de quien recrea la disposición del eje vertical, con el blanco en la parte superior y el negro en la parte inferior del modelo, además de la disposición triangular básica para los tres primarios. También se basa en el modelo de Ignaz Schiffermüller (addendum, fig. 41), introduciendo una de las diferencias más notorias con el círculo cromático de Goethe, y ubicando al color azul en la cima del triángulo básico y, por ende, de su círculo, y manteniendo las mismas posiciones para rojo y amarillo que el botánico austriaco. Otro sistema que pareciera tener una semejanza morfológica con el del pintor alemán, es el témpano modelo de Aron Sigfrid Forsius (addendum, fig. 47), principalmente por ser el único antecedente de diagrama de color esférico antes del de Runge, pero no existen referencias que demuestre que el pintor lo conociera.
La esfera de color fue construida por Runge como un modelo organizado matemáticamente, pero que presentará la dualidad de ser también el
13. Como describe a Goethe en una carta del 21 de noviembre de 1807.
sustrato en el que dará a conocer su interpretación psicológica o mística de los colores –que se analizará en el capítulo cinco–. Algunas de las críticas más frecuentes al modelo de Runge se han dado a partir de su ambición de representar fielmente al universo de los colores: la baja saturación de la mayoría de los colores en su estado puro –bastante notoria en el caso de los verdes– y la irregular coloración análoga de las diferentes secciones o cortes de la esfera han sido los puntos más criticados. La esfera no muestra todos los grados posibles de matices discernibles, que Runge numeró en 3.405 (Kemp 314), sin embargo ofrece un notable fundamento para comprender las relaciones entre color y tonos, a partir de su escala de 11 grados de luminosidad. Runge además anticipó que el resultado de la mezcla de los tres colores primarios, como también, de dos colores opuestos o complementarios en el círculo cromático produce la desaturación máxima del color, el gris medio –que en la práctica pictórica corresponde más bien a un marrón oscuro desaturado–.
A diferencia de Goethe, Runge explícitamente separa a su tratado teórico sobre La esfera del color, a la que define como de carácter “científico- matemático”, de la experimentación directa con color o incluso de su propia práctica pictórica, como señala en una carta a su hermano Gustav: (Noviembre, 1808) “[La esfera] no es un producto de arte, sino una figura matemática basada en algunas consideraciones filosóficas” (Kuehni, Philipp Otto Runge: Die Farben-Kugel, 175), y concluye la misma carta enfatizando en la diferencia entre teoría y práctica: “Es necesario para mí, en mi trabajo como artista, no preocuparme por ello [la teoría], puesto que estos son dos mundos diferentes que se intersectan en mí”. (Ibíd. 176)
Esta concepción matemática o científica de su tratado se distancia del enfoque experiencial con que Runge se abocó por años a comprender el color, mediante experimentos ópticos y mezclas con discos giratorios13
–similares a los discos de Newton– dándose cuenta de que las mezclas en la paleta y la mezcla óptica en los discos producían resultados muy diferentes, y de que lo más parecido a las mezclas ópticas en pintura era el uso de veladuras semitransparentes. Pero unos años más adelante, Runge parece estar buscando, a través del estudio del color, la manera en que ambos “mundos diferentes” se complementen, como escribe a Goethe en septiembre de 1809: “Cada vez pienso más en cómo se podría conseguir la unión de las distintas artes, y esto sólo puede ocurrir si se ayudan una a la otra en su conocimiento científico, cuando el conocimiento científico podría florecer realmente” (Ibíd. 176). Un resultado de esta búsqueda puede ser la introducción a su Farben-Kugel, que incluía un ensayo sobre el lugar del color en la naturaleza.
La esfera de Runge lleva algunos de los postulados de Goethe y de su círculo cromático a la tridimensionalidad. Sin embargo, a partir de la construcción de su modelo cromático con un claro enfoque en la geometría, hace evidente que no está pensando en el rol de las imágenes que apoyan a sus premisas como un material para la experiencia del color, sino para su comprensión mediada –al igual que lo que sucederá con el modelo de Goethe–. En su tratado, luego de explicar la construcción geométrica del sistema, agrega un apéndice donde, mediante el uso de la imagen de la esfera como una herramienta didáctica, deriva principios para la comprensión de la armonía cromática y el contraste complementario de color, como recursos del color que solo pueden ser aprendidos mediante el uso del modelo cromático. Ya en la introducción de su Farben-Kugel nos transmite su idea sobre la función de las imágenes: “esta lámina, como el resto, no tiene otra misión que la de servir de ayuda a la comprensión” (“Esfera de colores” 147) y luego agrega:
«Si bien, el haber asentado los colores en sus diferentes mezclas y matices según el aparato explicativo en una esfera real y en diversas secciones habría podido beneficiar la claridad de la comprensión, se entenderá, no obstante, mejor lo que pensamos por medio de las láminas aquí presentes». (Ibíd. 147)
A pesar de lo anterior, Runge sí se referirá brevemente al problema de la mediación de la imagen, al dejar entrever su conciencia de la necesidad de la experiencia directa del color como una instancia “más verdadera” que la imagen esquemática, del modelo, cuando en la misma introducción señala: “la figura [esfera] presupone una idea específica sobre el color;. . . que será necesario confirmar a través de experimentos” (Kuehni, Philipp Otto Runge: Die Farben-Kugel, 93).