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El término Desarrollo Económico Local (DEL), fue implementado por las autoridades de los estados y del gobierno federal de los Estados Unidos en los inicios del siglo XX, cuando los estados del Sur de los Estados Unidos realizaban esfuerzos para atraer la industria a dicha región.

Tello, M. (2006: 71), en su Documento de Trabajo: Las Teorías del Desarrollo Económico Local y La Teoría y Práctica del Proceso de Descentralización en los Países en Desarrollo, manifiesta que:

Desde inicios del siglo XX, la literatura sobre políticas DEL ha seguido tres tipos de modas u olas de intervención. La primera ola tenía como objetivo general el atraer inversión a las áreas geográficas determinadas en función de la dotación de los factores de localización de dichas áreas. La segunda ola tiene como objetivo general el desarrollo interno de las áreas geográficas en función del crecimiento interno de dichas áreas. La tercera ola tiene como objetivo general incidir en sectores específicos bajo estrategias industriales e internas a las áreas geográficas.

Es así que desde su concepción, son múltiples los conceptos y teorías que han tratado de definir el DEL; tal es así que el Consejo Americano de Desarrollo Económico, lo define como “el proceso de creación de riqueza y puestos de trabajo a través de la movilización de los recursos naturales, humanos, financieros, y el capital físico”.

Según Malizia en el año 1985, sostiene que “La teoría de la Base Económica define el DEL como el crecimiento en producto, ingreso y empleo generados localmente por el sector exportador (…) DEL es definido en términos de la calidad de los cambios resultantes de mejores trabajos, ingresos altos, innovación de productos, y diversificación industrial” (citado en Tello 2008: 39).

En el trabajo de Aghón-Alburquerque-Cortés (2001: 22) desarrollado en el marco de la CEPAL, se sostiene que:

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El DEL es un proceso de crecimiento y cambio estructural de la economía de una ciudad, comarca o región, en que se pueden identificar al menos tres dimensiones: una económica, caracterizada por su sistema de producción que permite a los empresarios locales usar eficientemente los factores productivos, generar economías de escala y aumentar la productividad a niveles que permitan la competitividad en los mercados; otra sociocultural, en el cual el sistema de relaciones económicas y sociales, las instituciones locales y los valores sirven de base al proceso de desarrollo; y otra política y administrativa, en las que las iniciativas locales crean un entorno favorable a la producción e impulsan el desarrollo.

La OIT define por su parte al Desarrollo Económico Local como “un proceso de desarrollo participativo que fomenta los acuerdos de colaboración entre los principales actores públicos y privados de un territorio, posibilitando el diseño y la puesta en práctica de una estrategia de desarrollo común a base de aprovechar los recursos y ventajas competitivas locales en el contexto global, con el objetivo final de crear empleo decente y estimular la actividad económica” (www.ilo.org/led).

Anthony Giddens en la Tercera Vía refiere “que la formación de comunidades fomenta las redes de apoyo, el espíritu de iniciativa y el cultivo de capital social como medios para renovar económicamente las comunidades de renta baja. La lucha contra la pobreza requiere una inyección de recursos económicos más encaminados a apoyar la iniciativa local” (citado en De Franco 2000: 1).

El territorio socialmente organizado y sus rasgos sociales, culturales e históricos propios, son aspectos muy importantes desde la perspectiva del desarrollo local, a través del cual los agentes locales despliegan iniciativas propias, a partir de sus particularidades territoriales en los diferentes niveles, tanto económico, político, social y cultural.

La disponibilidad de una oferta de mano de obra, suficientemente cualificada para las tareas que se realizan, junto a la capacidad empresarial y organizativa, fuertemente articulada a la tradición productiva local y a una cultura atenta a las innovaciones y al cambio, favorece la acumulación de capital en los sistemas productivos locales (CEPAL 2000) y por ende a la implementación del Desarrollo Económico Local.

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En cuanto al enfoque DEL, Francisco Albuquerque (2004:15) plantea la necesidad de un Enfoque de Desarrollo “Desde Abajo”, donde exista una preocupación por la satisfacción de las necesidades básicas de la población, a través de la promoción de emprendimientos productivos para la atención de las diversas necesidades de la población, acompañado de un conjunto de políticas laborales, acceso a diversos activos como son la tierra, el crédito financiero, el fortalecimiento de capacidades, entre otros; así como tener en cuenta una sustentabilidad ambiental y una preocupación por la mejora de la calidad de vida.

Este enfoque además, busca contar con estrategias basadas fundamentalmente en la potenciación de los recursos endógenos, sin dejar de aprovechar las oportunidades externas, como: (i) Articulación de los sistemas productivos locales, (ii) Mayor vinculación del tejido empresarial y tramas productivas, (iii) Fomento de la creación de nuevas empresas; y (iv) Mayor control del proceso de desarrollo por parte de los actores locales; a fin de lograr una intervención concertada de los diferentes actores sociales en favor de una estrategia más integral de desarrollo orientada a garantizar el empleo productivo, la cohesión social y la subsistencia digna para la mayoría de la población.

Según Albuquerque (2004:7), “El enfoque de DEL resalta la importancia de la introducción de innovaciones en el tejido productivo y empresarial de los diferentes ámbitos del territorio, así como adaptaciones sociales e instituciones importantes”. Además para que el DEL sea sostenible es importante que se cuente con el respaldo político y administrativo de los gestores en el fomento económico territorial, así como la concertación estratégica entre gobiernos locales, gremio empresarial, organismos no gubernamentales, entidades educativas, entre otros; así como contar con infraestructuras intangibles para facilitar la difusión de conocimientos y la construcción social del territorio: redes, instituciones y capital social. Sin embargo, la composición de estos actores y las acciones que se implementen para lograr el DEL dependerán en gran medida de las condiciones sociales, políticas, geográficas, culturales y ambientales propias del territorio.

El enfoque del Desarrollo Económico Local toma como unidad de actuación el territorio y no la empresa o el sector aislado. En general, tal como lo señala Vázquez Barquero, (1988), “El DEL se trata de un proceso de crecimiento económico y cambio estructural

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que conduce a una mejora del nivel de vida de la población local y en el cual pueden distinguirse varias dimensiones como son” (citado en Albuquerque 2004: 19).

(i) Económica, donde los empresarios locales usan su capacidad para organizar los factores productivos locales con niveles de productividad suficientes para ser competitivos en los mercados.

(ii) Formación de recursos humanos, en la que los actores educativos y de capacitación conciertan con los emprendedores locales la adecuación de la oferta de conocimientos a los requerimientos de innovación de los sistemas productivos locales.

(iii) Socio-cultural e institucional, en la que los valores e instituciones locales permiten impulsar o respaldar el propio proceso de desarrollo.

(iv) Político-administrativa, en la que la gestión local y regional facilitan la concertación público-privada a nivel territorial y la creación de “entornos innovadores” favorables al desarrollo productivo y empresarial.

(v) Ambiental, que incluye la atención a las características específicas del medio natural local, a fin de asegurar un desarrollo sustentable ambientalmente.

En ese sentido, podemos decir que el Desarrollo Económico Local, es un proceso de crecimiento y cambio que utiliza el potencial de desarrollo existente en un determinado territorio para la mejora del bienestar de la población en su conjunto, tomando como base la capacidad de la comunidad territorial para organizarse en torno a una estrategia de aprovechamiento de sus recursos potenciales endógenos y de las oportunidades derivadas del contexto externo, a fin de establecer sus propias estrategias de desarrollo.

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