• No results found

6.2 Sparse precision matrix estimation

6.2.3 Novel sparsity algorithm: LoGo-TMFG

Según el Consejo de la UE9, sus relacio-

nes con América Latina se concentran en cuatro objetivos: promover la paz y la seguridad, la democracia y los dere- chos humanos, la cohesión social y la 8 FRIDE Backgrounder nº 2: La Cumbre Europeo-Latinoamericana en Viena,Madrid, junio de 2006. 9 Conclusiones del Consejo de la UE, Bruselas, 27 de febrero de 2006.

integración regional. De hecho, estos cuatro temas han sido tratados cons- tantemente en el marco de los diferen- tes tipos de diálogo político, tanto de carácter gubernamental como no gu- bernamental.

Partiendo de esta base, cabe evaluar los resultados y perspectivas de coopera- ción en estas áreas entre las cuales los dos primeros (paz y democracia) han ocupado un lugar primordial en las rela- ciones políticas. Tras un análisis de los resultados obtenidos, se formularán al- gunas ideas para enfrentar los desafíos actuales en los cuatro áreas tándem: paz y seguridad, democracia y derechos hu- manos, desarrollo y cohesión social e integración regional y subregional.

III.1. Paz y seguridad: viejas

experiencias y nuevos desafíos

La prioridad inicial que ocuparon la paz y la seguridad en la agenda del diálogo político empezó a cambiar a partir de los años noventa, debido a la consolidación de democracias liberales en América La- tina que facilitó no sólo la superación de los conflictos, sino también una mayor integración y cooperación interestatal a nivel regional. Pero aunque tanto la UE como América Latina son regiones paci- ficadas, en ambas regiones se han in- crementado los conflictos intraestata- les.

Aparte de las crisis de gobernabilidad en países como Bolivia o Ecuador, el principal problema que enfrenta Améri- ca Latina en el ámbito de la seguridad es de orden interno. Los altos niveles de violencia10en la región son, entre otros

factores, la consecuencia de las extre- mas desigualdades de ingreso y oportu- nidades. Ambos fenómenos están direc- tamente vinculados a la debilidad del Estado que puede observarse en los paí- ses de la región más afectados por la in- seguridad interna:

• América Central —considerada la su- bregión más violenta de América Lati- na— es un ejemplo destacado para este nuevo desafío de seguridad que está presente en muchas sociedades postconflicto donde el Estado no está consolidado.

• Haití, el único país considerado como un «Estado fallido» en las Américas11,

es otro caso que recoloca el tema de la seguridad (interna) en la agenda latinoa- mericana y europeo-latinoamericana. • Colombia, que en América Latina ocu-

pa el segundo lugar en la lista de paí- ses con Estados fallidos, es el único país de la región con un conflicto ar- mado que ya dura más de cuatro dé- cadas y tiene consecuencias nefastas para los ciudadanos colombianos y la vecindad inmediata.

Aunque por otras razones que América Latina, cabe recordar que también la UE 10 Según el Banco Mundial, la violencia tiene un coste de más del 14% del PIB.

es más vulnerable ante amenazas a la seguridad interna desde dentro. Los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid y del 7 de julio de 2005 en Lon- dres han sido la manifestación más atroz de esta nueva ola de violencia en Europa. Asimismo, también los actos de violencia en Francia y otros países euro- peos, en otoño del mismo año, señalan que el alto número de inmigrantes y su escasa integración en las sociedades autóctonas europeas plantean nuevos problemas de seguridad de orden inter- no y global a la que la UE tiene que en- contrar respuestas.

Sin duda, el nuevo panorama global post 11 de septiembre de 2001 afecta a las relaciones europeo-latinoamerica- nas. En primer lugar: «La ausencia de amenazas serias para la estabilidad glo- bal y europea hace que la región ocupe un lugar menos prioritario en las agendas de la política exterior de los europeos»12

y que recibe una «desatención benévo- la»13. En segundo término, la preocupa-

ción por la seguridad afecta las políticas migratorias que, en el marco de la UE, con la única excepción de España, tien- den a ser más restrictivas. En tercer lugar, las respuestas a la amenaza del terrorismo no siempre son compati- bles con las libertades fundamentales14.

Conscientes de ello, la Declaración de

Viena advierte que «los derechos huma- nos, el derecho humanitario internacio- nal, las libertades fundamentales y el Estado de Derecho deben ser respeta- dos plenamente en la lucha contra el te- rrorismo».

Más allá de la retórica, la experiencia en materia de resolución de conflictos de la cual disponen ambas regiones por separado y conjuntamente consti- tuye una ventaja que podría ser no sólo de utilidad birregional sino tam- bién a nivel internacional. Es intere- sante observar las semejanzas entre el panorama internacional de los años ochenta y el actual. Si durante la vieja Guerra Fría había un conflicto entre pa- íses e ideologías, en la nueva Guerra Fría lo hay entre religiones y culturas. En ambos contextos, EE UU es un pro- tagonista, la UE un aliado afectado y América Latina un escenario secunda- rio. En los dos momentos, EE UU da preferencia a soluciones militares uni- laterales. Nuevamente, esta constela- ción representa un fuerte incentivo para estrechar los lazos europeo-lati- noamericanos: «after the Iraq war the European Union and Latin America have strong incentives to establish a strategic partnership to balance the tendency toward a US-centered unipo- lar world»15.

12 Alberto van Klaveren, op. cit., p. 56.

13 Laurence Whitehead, «La relación birregional», Nueva Sociedad, nº 189, Caracas, pp. 69-79.

14 Alexandra Barahona de Brito, Human Rights and Democracy: A Joint Latin American-European Agen-

da?,OBREAL/EULARO Background Papers, diciembre de 2005, p. 21.

15 Mario E. Carranza, «Leaving the Backyard: Latin America´s European Option», en Internationale Politik, nº 2, Bonn, 2004, pp. 54-79.

Como espacios pacificados, poderes civi- les y no protagonistas del conflicto inter- nacional, la UE y América Latina podrían ofrecer una «tercera vía» para salir, a lar- go plazo, del enfrentamiento actual. Sin embargo, el mayor obstáculo a una alian- za política estratégica a nivel internacio- nal es la falta de consenso en ambas re- giones. El debate sobre la Guerra de Iraq en el Consejo de Naciones Unidas ha ilus- trado que ni la UE ni América Latina (aun- que cabe destacar que la alianza mexica- na-chilena contra una intervención fue positiva) son capaces de definir posicio- nes comunes frente a problemas de or- den internacional. Tanto en América Lati- na como en la UE, el factor EE UU divide los países y dificulta definir posiciones comunes en cada región y entre ellas. Por tanto, una alianza europeo-latinoa- mericana en el sistema internacional tie- ne que ser necesariamente puntual, en- tre varios, pero no todas las naciones involucradas en el diálogo político. Se- rían alianzas ad hocy temáticas entre aquellos países que comparten posicio- nes comunes en la agenda internacio- nal, por ejemplo con respecto al medio ambiente, a la democracia, a la seguri- dad, los derechos humanos y la paz. Se- ría, en todo caso, una alianza fundada en valores, cuyo principal instrumento sería el diálogo y la negociación.

Consciente de las ventajas de una alian- za estratégica birregional en esta mate-

ria, del lado europeo, se han formulado una serie de ideas para avanzar conjun- tamente en materia de paz y seguridad. En su Resolución reciente16, el PE reco-

mienda rescatar este bagaje común ha- cia el futuro, sugiriendo como primeros pasos, firmar una Carta Euro-Latinoa- mericana para la Paz y la Seguridad y crear un Centro Birregional de Conflic- tos con sede en América Latina. Aunque estas propuestas no fueron retomadas en la posterior Declaración de Viena, en su punto 14, ambas regiones recuerdan «la obligación de solucionar pacífica- mente las controversias».

Al margen de la Cumbre de Viena, en una reunión entre representantes de Es- paña, Chile y la SEGIB, se ha evaluado, por primera vez, la posibilidad de con- certar las actividades de los países par- tes involucrados en la misión de estabi- lización de las Naciones Unidas en Haití (MINUSTAH). Una iniciativa conjunta entre los diez países latinoamericanos involucrados en la Misión liderada por Brasil, junto con Francia, España y Ru- mania (que participan del lado euro- peo), coordinada conjuntamente por la CE y la SEGIB, sería un avance conside- rable de cooperación en este ámbito. Si- guiendo la experiencia común en Cen- troamérica, podría ser un primer paso hacia un «Contadora para Haití».

Con vistas al futuro, se pueden identifi- car tres iniciativas inmediatas en el ám- 16 Parlamento Europeo, Informe sobre una Asociación reforzada entre la Unión Europea y América Latina. Ponente: José Ignacio Salafranca Sánchez-Neyra, Bruselas, 2006.

bito de paz y seguridad, todas ellas des- tinadas a poner fin a la violencia intraes- tatal:

1) consensuar posiciones con respec- to a Haití aprovechando la concerta- ción informal por parte de los paí- ses latinoamericanos en el marco de MINUSTAH y la participación de España y Francia en la misión, 2) diseñar un «Esquipulas III» para

Centroamérica que ha dejado las ar- mas pero no ha salido de la espiral de la violencia,

3) crear un centro birregional dedica- do a la Resolución de Conflictos, si- guiendo la propuesta del PE.

III.2. Democracia y derechos humanos: más allá de los valores

La UE está convencida de que Estados democráticos son la mejor garantía de paz y seguridad17. Esta filosofía, que se

reflejó en la Declaración de Viena18, es

compartida por América Latina. La de- mocracia y la vigencia de los derechos humanos constituyen el fundamento de las relaciones europeo-latinoamerica- nas y, junto a la promoción de la paz y la seguridad, forman parte del acervo po- sitivo de las relaciones. Aún así, la de- mocracia y los derechos humanos no

han ocupado un lugar destacado en la agenda política de las relaciones euro- peo-latinoamericanas, sino que han sido tratados más bien en el marco de la cooperación al desarrollo.

El principal instrumento europeo-latinoa- mericano en esta materia son las cláu- sulas democráticas. Ante la experiencia compartida de dictaduras militares, am- bas partes condicionan sus relaciones y la respectiva cooperación intrarregional (la UE y el Grupo de Río) a la democra- cia. Desde los años noventa, todos los acuerdos de cooperación entre la UE y América Latina incluyen una cláusula democrática. Cabe recordar que dicha cláusula, que la UE aplica a todas sus relaciones contractuales con terceros países, no fue un invento europeo sino latinoamericano. En marzo de 1990, Do- mingo Cavallo, el entonces Ministro de Relaciones Exteriores de Argentina, pi- dió a la UE que incorporara en el futuro acuerdo una cláusula democrática19. La

cláusula se incluyó en el acuerdo firma- do en Luxemburgo en junio de 1990 y, desde entonces en todos los convenios de la UE con terceros países.

Pocas veces ha sido necesario aplicar la cláusula democrática. En América Lati- na, los únicos países contra los cuales la UE ha utilizado la amenaza de la cláusu- la democrática han sido Guatemala, Pa-

17 Véase Estrategia de Seguridad de diciembre de 2003.

18 Punto 3 de la Cuarta Cumbre Unión Europea-América Latina y Caribe, Declaración de Viena, 12 de mayo de 2006.

raguay y Perú. Asimismo, la cláusula democrática ha impedido firmar un acuerdo de cooperación entre la UE y Cuba, que sigue siendo el único país la- tinoamericano sin vínculos contractua- les con la Unión, pese a ser pleno miem- bro del grupo de países de África, el Caribe y el Pacífico (ACP). La condicio- nalidad política también planteó proble- mas durante el proceso de negociación del acuerdo de cuarta generación con México, firmado en diciembre de 1997. Estrechamente vinculado con la demo- cracia, los derechos humanos son una dimensión fundamental en la coopera- ción europeo-latinoamericana. Repre- sentan uno de los temas horizontales en los proyectos de desarrollo, y varios paí- ses latinoamericanos (sobre todo Co- lombia, Guatemala y México) han reci- bido importantes recursos en el marco de la European Initiative on Democracy and Human Rights (EIDH). No obstante, debido a otras prioridades geográficas, salvo algunas misiones de observación electoral20, América Latina no ha sido

un beneficiario relevante de los proyec- tos de la EIDHR. Comparado con otras regiones del mundo, América Latina ocupa incluso el último lugar en cuanto a proyectos y recursos asignados21.

Esto indica que la retórica de los valores apenas se ha plasmado en acciones concretas, siendo una de ellas una ma- yor participación de América Latina en la EIDHR.

Los recientes cambios políticos en la re- gión y la inestabilidad en la subregión andina demuestra que la consolidación de la democracia sigue siendo un tema relevante en América Latina. Estrecha- mente vinculado con la desigualdad so- cial y la exclusión política, el último ciclo electoral en América Latina ha supuesto un cambio de elite en muchos países de la región. Algunos de los nuevos gobier- nos tienden a defender la democracia participativa y señalan un distancia- miento de las tradicionales instituciones de la democracia representativa. Puesto que los partidos políticos, los parlamen- tos y los tribunales de justicia son las

20 La más reciente Misión Electoral que envió la UE a la región fue para observar las elecciones parlamen- tarias de Venezuela, celebradas el 4 de diciembre de 2005.

21 Referencia al documento de evaluación de Richard Youngs, 2005.

Misiones de observación electoral de la UE en AL

Año País

2006 Haití (presidenciales) 2005 Venezuela (legislativas) 2003 Guatemala (presidenciales) 2002 Ecuador (presidenciales)

instituciones más desacreditadas en la región22, las tradicionales elites tienden

a ser sustituidos o por gobiernos de iz- quierda moderada o por populistas de la talla de Hugo Chávez. No sólo en América Latina, sino también en la UE se manifiesta un desencanto con la de- mocracia representativa, y el auge de lí- deres políticos de índole populistas tampoco es un fenómeno ajeno a sus Estados miembros.

Actualmente, se acentúan las diferencias en cuanto al concepto de la democracia entre ambas regiones. Una vez conclui- dos los procesos de transición democrá- tica en América Latina (en los años ochenta) y en la UE (en los ochenta y no- venta), el consenso interregional sobre la importancia de la democracia liberal y los derechos humanos empieza a dismi- nuir, en la medida en que el discurso na- cional-populista está experimentando un auge en América Latina y la política de seguridad tiende a disminuir algunas li- bertades en Estados miembro de la UE. Ante los cambios políticos que están ocurriendo en ambas regiones, cabe pre- guntarse si aún es válida la tradicional re- tórica de que la UE y América Latina comparten los mismos valores democrá- ticos o si es necesario abrir un debate so- bre «qué tipo de democracia —¿repre- sentativa, participativa o populista?— quieren favorecer América Latina y la UE. Los recientes cambios políticos en Amé- rica Latina se han reflejado en la IV

Cumbre europeo-latinoamericana. Aun- que ambas regiones reafirman en el punto 4 de la Declaración de Viena que la democracia es un valor universal, también destacan «la voluntad libre- mente expresada de los pueblos de de- terminar su propio sistema político» y subrayan que «no existe un modelo úni- co de democracia». Esto señala que, por primera vez, parecen existir más dife- rencias que semejanzas en torno a la de- mocracia. Al mismo tiempo, se confir- ma que, del lado latinoamericano, el concepto de soberanía nacional y el principio de no injerencia en asuntos in- ternos, limitan la cooperación con la UE. En Viena, la democracia se condiciona por primera vez a la «necesidad de res- petar debidamente la soberanía, la inte- gridad territorial y el derecho a la libre determinación». En términos empíricos, el caso de Augusto Pinochet, detenido en octubre de 1998 por una orden de de- tención del juez español Baltasar Gar- zón, fue el ejemplo más destacado para revelar los límites del consenso euro- peo-latinoamericano en materia de de- rechos humanos. El debate sobre la pri- macía o no del derecho internacional sobre el nacional en temas relacionados con la democracia y la justicia transicio- nal no sólo divide la UE y América Lati- na sino también cada región y país. Cabe subrayar que el fundamento para un renovado debate birregional sobre el tema de la democracia debe ser la re- ciprocidad. Un marco idóneo para ello 22 Según el Latinobarómetro, Santiago de Chile, edición 2005.

sería la apertura de un foro sobre la de- mocracia y los derechos humanos. El principal objetivo de dicho foro debería ser el de consensuar una visión conjun- ta de la promoción de la democracia y los derechos humanos. A largo plazo, y a fin de lograr un mayor compromiso tangible en esta área del diálogo polí- tico, también sería deseable que am- bas regiones definieran y firmaran una «Carta Democrática Europeo-Latinoa- mericana». Un documento de estas ca- racterísticas comprobaría la existencia de una comunidad de valores y refleja- ría, al mismo tiempo, las convicciones europeo-latinoamericanas. Teniendo en cuenta las particularidades de las rela- ciones birregionales, el documento po- dría ir más allá de la Carta Democrática Interamericana en cuanto a la dimen- sión social y participativa de la demo- cracia.

En resumen, podrían emprenderse tres iniciativas concretas en este ámbito cla- ve del diálogo político europeo-latinoa- mericano:

1) Incrementar los proyectos y fondos para América Latina en la EIDHR, 2) Abrir un Foro sobre Democracia y

Derechos Humanos,

3) Consensuar una Carta Democrática Europeo-Latinoamericana.

III.3. Desarrollo y cohesión social: más recursos y mayor distribución

Desde la primera declaración ministerial entre ambas regiones, suscrita en 1984, el desarrollo, la lucha contra la pobreza y la justicia social forman parte de la agen- da del diálogo político. De hecho, la UE en su conjunto es el principal donante de América Latina y, dentro de la región, América Central el mayor beneficiario en términos per cápita. Sin duda, la intensi- ficación de los lazos de cooperación al desarrollo —en cuanto al número de proyectos y la asignación de fondos— es uno de los pocos resultados mensura- bles del diálogo político birregional. Sin embargo, en los últimos años se puede observar un cierto declive del compromiso de desarrollo de la UE con América Latina. Aunque el diálogo polí- tico ha seguido generando nuevos pro- gramas de cooperación (ALBAN y Euro- social, por ejemplo, surgieron a raíz de Cumbres birregionales), ello no ha sido acompañado por una ampliación de los recursos para América Latina que, salvo unas pocas excepciones, es considera- da como una región de ingreso medio y, por tanto, no prioritaria en la lucha glo- bal contra la pobreza.

Aunque desde los años ochenta, los ni- veles de pobreza en América Latina no se han reducido sino incrementado —se- gún la CEPAL23, en 2005, un 40,6% de los 23 CEPAL, Panorama Económico y Social de América Latina,Santiago de Chile, noviembre de 2005 y edi- ción de 1998.

latinoamericanos vivió en condiciones de pobreza comparado con el 36% en 1980—, los fondos de la Comisión Euro-