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Variable ordering in VAR, the resulting FEVDs, and total con-

3.2 The intersection of network theory and VAR

3.2.1 Variable ordering in VAR, the resulting FEVDs, and total con-

SIMPLIFICACIONES SOBRE EL ESCENARIO INTERNACIONAL

A pesar de la polarización de la agenda global, se avanza muy lentamente en la implementación de los acuerdos que surgen del diálogo político, en materia de democracia y derechos humanos y de la lucha contra la pobreza. En parte, ello se debe a que estos aspectos han pasado a un plano secundario en los fo- ros internacionales frente a temas como el combate al terrorismo y la seguridad. Desde el 11 de septiembre de 2001, la vulnerabilidad de los países del Norte se asimila a la de los países del Sur en cuanto a su fragilidad frente a amenazas trasnacionales de cualquier naturaleza. A pesar de que se ha querido centrar esa vulnerabilidad en la «amenaza del terrorismo» islámico, varios episodios exigen ir más allá en el análisis y supe- rar esas simplificaciones que parecen justificar la política exterior de la mayor potencia mundial. El Huracán Katrina confirmó las afirmaciones de que hasta el país más poderoso del globo es cada vez más dependiente del resto del mun- do, y de que, en la medida en que no se reconozca esa interdependencia, la vul- nerabilidad aumentará.

A pesar de estas constataciones pare- ciera que el unilateralismo se ha recru- decido. Los marcos de cooperación in- ternacional y de mantenimiento de la

paz pautados en el ámbito multilateral, es decir, en el seno de Naciones Unidas (NU) no fueron suficientes para frenar las estrategias de mantenimiento del poder de EE UU a nivel global. A pesar de las movilizaciones en contra de las guerras de Irak y Afganistán, en pleno 2006 estas guerras se mantienen y fue evidente el apoyo de EE UU a Israel en la guerra contra el Líbano.

Los últimos cinco años fueron pautados por una pérdida de fuerza moral y real de NU en relación a las acciones de la potencia hegemónica, y por una pérdi- da de peso de la Unión Europea (UE) en la política internacional. La división en- tre los estados miembros de la UE ante el apoyo o no a EE UU en la guerra de Irak, los propios esfuerzos de la amplia- ción, la dificultad para convencer a los ciudadanos europeos sobre la impor- tancia de la Constitución Europea, y la crisis de liderazgo político en el seno de la UE parecen afectar la posibilidad la UE de jugar un contrapeso en relación a la agenda norteamericana. La vulnera- bilidad también afectó a la UE con los atentados de Madrid primero y de Lon- dres después, y tanto en el marco del diálogo con EE UU como con América Latina (AL) el tema del terrorismo y la seguridad están presentes. Es más, el Consenso Europeo1 para la Estrategia de Política de Desarrollo europea, plan- tea por primera vez que los temas de desarrollo están relacionados con el te- rrorismo.

La magnitud de las catástrofes natura- les es otra novedad. La sensación de que ni la tecnología existente, ni los medios de comunicación son suficien- tes para estar preparados ante estas ca- tástrofes naturales, que se traducen en segundos en «catástrofes humanita- rias», «sanitarias» o como se las deno- mine; impone una revisión de todo lo que se viene desarrollando tanto desde el Norte como desde el Sur, en térmi- nos de prevención de desastres natura- les, pero también en términos de: coo- peración, reconstrucción, y reducción de las vulnerabilidades del desarrollo2. Este escenario de vulnerabilidades en aumento y de un espacio multilateral debilitado desafía a la humanidad en su conjunto y a quienes pretenden liderar estos procesos. Se puede afirmar que los hechos sugieren que la distancia en- tre el Norte y el Sur se reducen desde el punto de vista de la vulnerabilidad ya que las poblaciones de cualquier región del mundo pueden quedar en situación de desamparo total en caso de crisis o catástrofes (naturales o no), mientras que las prácticas políticas de las poten- cias mundiales parecen cada vez me- nos «cooperativas» o «solidarias». Es- tos temas no son ajenos a la forma en que deben de repensarse los mecanis- mos de diálogo y de toma de decisio- nes a nivel internacional en general y en el marco de las relaciones UE-AL en particular.

El vínculo de EE UU con AL a lo largo de la historia ha sido complejo y teñido de luchas de poder y conflictos, y en los úl- timos cinco años fue pautado por los in- tereses comerciales y las negociaciones del Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA) por un lado, y por la presencia militar en Colombia a través del Plan Colombia por otro lado. A pesar de las resistencias políticas, e histórico- culturales que pueden tener las pobla- ciones de AL en relación a EE UU y de las afinidades culturales que pueden te- ner con Europa, a inicios del siglo XXI Europa aún no ha logrado ubicarse como potencia de confianza en el imagi- nario colectivo latinoamericano. Las re- laciones de la UE con AL de la última década se han caracterizado por un pre- dominio de la lógica comercial y de in- versiones sobre la lógica del desarrollo. Se ha mantenido e institucionalizado el diálogo birregional de alto nivel pero sin manifestaciones ni resultados claros para la población más allá de los pro- pios momentos del diálogo (Cumbres de Jefes de Estado y de Gobierno). A pesar de que la estrategia europea ha- cia AL se reforzó a fines de los años no- venta ante la amenaza del ALCA, la fuer- te presencia comercial de EE UU en América Central, y los acuerdos de libre comercio de EE UU con México (TLCAN) y Chile, redujeron el impacto de todo es- fuerzo de la UE. El CAFTA (sigla en in-

2 Cecilia Alemany, «Llegó la hora de la solidaridad... y de repensar la cooperación», Editorial de la Revista

del Observatorio Social de las Relaciones Unión Europea-América Latina; ALOP,núm. 8, Bruselas, enero de 2005.

glés del Tratado de Libre Comercio —de EE UU— con América Central) se en- cuentra actualmente en proceso de rati- ficación, y con algunos países andinos (Colombia, Perú) los tratados de libre comercio (TLC) con EE UU están en ple- na negociación. La negociación de estos TLC fue la razón que argumentó Vene- zuela para su salida de la Comunidad Andina de Naciones (CAN) en el primer semestre de 2006 y anunció su ingreso al MERCOSUR. Esta situación llevó a que la UE atrasara su anuncio sobre el inicio de las negociaciones con la CAN que pretendía anunciarse en la Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de Viena de mayo de 2006.

No obstante, aunque AL está a la baja en la agenda europea y que la UE ha perdido peso en AL, el diálogo se ha mantenido. Los interlocutores de la UE en AL, más allá del diálogo birregional propiamente dicho (UE-AL), hasta ahora han sido las subregiones: MERCOSUR, Comunidad Andina, y América Central, y los países con los que ya hay Acuer- dos de Asociación vigentes, es decir, Chile y México.

Los ejes del relacionamiento de la UE con las tres subregiones y estos dos paí- ses son el comercial, el de cooperación y el diálogo político. El planteo europeo supone que los dos últimos ejes «hacen la diferencia» en relación a los vínculos planteados por EE UU en AL. Es decir,

que los Acuerdos de Asociación (AA) que plantea la UE a los países y regio- nes de AL difieren sustancialmente de los TLC en negociación con EE UU no tanto por su contenido comercial (que de hecho es muy similar), sino por con- tar con los capítulos de cooperación y de diálogo político. Pero, dado que sola- mente se encuentran vigentes Acuerdos de Asociación con dos países, y las ne- gociaciones con MERCOSUR no han lle- vado a un acuerdo de tal envergadura, hay fuertes escepticismos en AL en rela- ción a esa diferencia cualitativa entre un partenariado con la UE o con EE UU. La distancia entre el discurso y la realidad se aprecia por ejemplo en la importan- cia que presupuestalmente se da desde la UE a la reconstrucción de Irak y Afga- nistán, ya que en el presupuesto comu- nitario del año 2005, por ejemplo, estos dos rubros concentraban más recursos que toda la cooperación con AL.

También es cierto que los intereses de la UE están cada vez más centrados en Áfri- ca en relación a la cooperación3, en el ve- cindario y Medio Oriente en relación a la estabilidad política, y en China en rela- ción al comercio. Esto da nota de que AL está cada vez más en la periferia de la toma de decisiones en el escenario inter- nacional, a pesar de que pueda tener pro- tagonismos coyunturales en función de la participación de algunas de las poten- cias subregionales en espacios multilate- rales, como puede ser Brasil en el G20 en

3 COM (2005) 132 final, Acelerar el progreso hacia el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Mi- lenio —La contribución de la Unión Europea—, Bruselas, 12.04.2005.

el seno de las negociaciones de la Ronda de Desarrollo de Doha de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Por todo lo anterior, si la UE no redi- mensiona su rol en el mundo tiene cada vez menos posibilidades de ser un actor global más allá del «vecindario», y si AL no le da mayor peso a sus relaciones con la UE difícilmente encontrará algún lugar en el mundo como región. Por lo tanto, urge repensar el diálogo político entre las dos regiones y sus manifesta- ciones concretas más allá de los mo- mentos de alta visibilidad que son las Cumbres Presidenciales. De la relevan- cia y calidad de la dimensión política del relacionamiento birregional dependerá la credibilidad y la factibilidad de que se construya una verdadera Asociación Es- tratégica Birregional.