• No results found

8.2 Sparsity of the right hand-sides and applications

8.2.2 Null-space computations

Un problema serio que pl antea una investigación sobre l a cultura egipcia reside en el tema del lenguaje, tanto e n l o con­ cerniente a los lenguajes egipcios, como al lenguaje occiden­ tal de procedencia griega que utilicemos para aproxi mamos a aquella cultura.

La mayoría de los términos que en la actualidad utiliza­ mos para describir a Egipto y sus fenómenos son de origen griego, utilizarlos ya presupone un acercarse al o bjeto desde una determinada cosmovisión ajena a l a cultura egipcia. El mismo término en castellano "Egipto" procede del griego "Aigptos" cuya raíz semántic a esta emparentada con "buitre" y que además se utilizaba como sinónimo del Nilo. El térmi­ no propio que utilizaban los n ativos del Nilo es "Kmt", que significa "tierra negra" (connota asimismo: perfecto, acaba­ do) y que con el tiempo y a través de l a lectura árabe derivó luego hacia Al -Kemi, el cual acabó designando el vocablo occidental "alquimia" y después "química", debido quizás al conocimiento de los egipcios en l a mezcl a de materias pri­ mas . Otro eje mplo es el de "pirámide" que en griego semán­ ticamente apunta a una especie de "tarta o tortilla", que es lo que los viajeros griegos vislumbraron al llegar a Gizah, mien­ tras que en egipcio es "mer" que significa "lugar de l a aseen-

sión", entre otras cosas. "Momia" en cambio procede del per­ sa "moumia" que significa "betún", y así sucesivamente.

Se h ace, pues, necesario en l a medida de lo posible utilizar términos originales egipcios, de forma que el c ampo semánti­ co del concepto nos ayude a enfocar l a significación aproxi­ mada que l a mentalidad egipci a quería dar a su descripción. De todas formas, con una cultura ancestral como la egipcia, esta estrategia será obsoleta cuando utilicemos términos cuya equivalenci a directa no existe en su tradición. Somos, por tan­ to, conscientes de que el presente ensayo va a convivir irreme­ di ablemente con el anacronismo de utilizar términos griegos como "filosofía", "metafísica" "ser", o "ética" p ara describir fenómenos p arecidos en l a cultura del Nilo. La única solución a este dilema pasará por l a utilización del entrecomillado.

Por otro l ado, la cultura egipcia en su extensa evolución temporal desarrolló varios tipos de lenguaje escrito: l a escri­ tura jeroglífica, la hierática, l a demótica y l a copta. Como de costumbre nosotros nos centraremos en l a jeroglífica, l a más utilizada en los periodos más brill antes de aquell a cultura; este concepto asimismo procede de vocablos griegos como "ta hiera grammat" (letras sagradas) y "ta hieriglyphica" (le­ tras sagradas esculpidas) de donde deriva nuestro término "jeroglíficos". También aquí l a versión helena es inexacta. En lengu aje egipcio se define dicha escritura como "medu net­ jer" que significa "signos o pal abras de dios". El término "medu" ( mdw) aparte de traducirse como "signo o pal abra" proviene etimológic amente de l a raíz que significa "bastón" y "apoyo", y "netjer" signific a "divinidad". Desde esta ópti­ ca "medu netjer" son los bastones que los dioses han entrega­ do a los humanos para entender l a realidad . Es decir, no se trata de signos arbitrarios que se ll aman sagrados por su uso religioso constante, sino que en su mismo o ri gen y junto a su valor fonético y determinativo, contienen una herenci a "divi­ na" que nos o rienta hacia l as cosas de una forma específica.

Introducción

Como sabemos la escritura jeroglífica se basa en un equi­ librio entre el signo como sonido y el signo como idea. Preci­ samente este exótico equilibrio entre lo fonético y el ideogra­ ma fue lo que mantuvo durante mucho tiempo l a confusión sobre su exacto si gnificado. Esta combinación entre ideogra­ ma y pictograma conlleva ventaj as y desventaj as , aunque l a mentalidad occidental no suele valorar sus aspectos positi­ vos. Es cierto que el lenguaje alfabético de origen fenicio, posteriormente adoptado por los griegos, es mucho más útil que el jeroglífico a la hora de transmitir conceptos abstractos en una combinación lógica; pero el que un lengu aje aporte imágenes presenta aspectos no despreciables para l a concien­ cia humana. A través del signo podía asimil arse un simbolis­ mo que interconectaba por medio de la mitología visual al su­ jeto con cientos de asociaciones significativas.

Además, la imagen simbólica facilita en su visualización que la semántica de lo transmitido acceda a otros ni veles de conciencia, como a la esfera emocional o al mismo incons­ ciente . Por consiguiente, cu ando nos enfrentemos con los je­ roglíficos, no sólo hay que atender a la significación de la transliteración y a la posible etimología de lo fonético, sino a l a vez a l as conexiones simbólic as de l a imagen de l a palabra. Por ejemplo, el signo trilítero (se llama trilítero a una imagen o pictograma al cual en l a transliteración científic a le corres­ ponden tres letras , a la denominación bilítero le corresponden dos letras) de una estrella de cinco pu ntas, que en su transli­ teración si gnifica "sb3" (seba) , más allá de su función como trilítero y su si gnificación como enseñanza, apunta como imagen a l as nociones de luz, de orientación y de puertas. Lo mismo sucede con el bilítero "k3" (ka) que reproducido con una imagen de dos brazos extendidos, más allá de su si gnifi­ cación como "poder o energía" o incluso "alma", apunta por su imagen a u n abrazo energético y emocional . Debido a este carácter pictogramático y simbólico de los jeroglíficos siem-

pre será conveniente en nuestra investigación que, aparte de la transliteración en letras, prestemos atención en la medida de lo posible a la imagen del signo , de forma que esa sutil re­

ferencia que ésta vehiculiza no se pierda.

En nuestra exposición y de forma asociada a l a noción egipcia de "heka" utilizaremos a menudo el térmi no "ener­ gía" y alguna vez "magnetismo". Para evitar confusiones di­ remos que dichas nociones no se corresponden con la de energía o magnetismo de l a ciencia moderna de carácter fí­ sico-químico o dinámico-cinético e incluso eléctrico; sino que para l a mentalidad egipcia existe un fluido emitido vibracional mente por todas l a criaturas, y en e special por el ser humano y los dioses, que responde a un concepto de energía todavía en discusión en nuestra comunidad científica internacional .

Final me nte, en nuestra exposición de la tradición egipcia atenderemos antes a dos reglas de oro: primera, el ensayo tie­ ne en principio un carácter descriptivo y no normativo, por tanto, en nuestra reconstrucción del modelo de pensamiento egipcio, sólo nos interesa cómo los egipcios entendían la na­ turaleza y el hombre, y no si esa representación de la realidad es correcta o incorrecta desde parámetros cognitivos actua­ les. Y segunda, cuando utilicemos el lenguaje egipcio presen­ taremos los términos en su versión transliterada; para ello uti­ lizaremos básicamente el modelo de transliteración de uso corriente en l a tradición egiptológica anglosajona. Excepción a esa regla serán los nombres de los dioses de los que dare­ mos la transcripción en castell ano; y sólo en casos puntuales nos permitiremos en lo tocante a adjetivos junto a l a translite­ ración reproducir una transcripción al castellano. Por ejem­ plo, en el Índice o en los principios de la exposición manten­ dremos para mayor claridad del lector la transcripción en castellano.

1. PROLEGÓMENOS SOBRE