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El mito de la creación en Heliópolis

y H ermópolis

El término que utilizamos para describir el universo en su conjunto, es decir, "cosmología", proviene del término hele­ no "kosmos", utilizado por primera vez por los pitagóricos, pero en sentido moderno el concepto es del filósofo alemán Wolff, heredado después por Kant.

En los textos egipcios no hay textos estrictamente "cos­ mológicos" y/o "cosmogónicos", es decir, textos en los que la naturaleza por y en sí misma sea descrita, pero eso no quiere decir que no existan textos que no impliquen ideas cosmológicas; lo que podríamos denominar "cosmología" en Egipto se halla sumergida en el mito y la religión egipcia. Por tanto, todo intento de aproximarse a las ideas egipcias sobre el cosmos y la naturaleza en general no puede eludir la interpretación de una serie de mitos y dogmas elaborados por una tradición sacerdotal que como veremos era muy diferen­ te de la tradición judeo-cristiana.

Dentro de la cosmología el tema estrella egipcio es el de la "creación". Es bien sabido que en los mitos de todos los

pueblos el origen de las cosas recibe siempre una atención especial, pero ningún otro pueblo como el egipcio ha profun­ dizado tanto en la fenomenología posible de esta creación, ni ninguna otra cultura nos ha dado tantos posibles detalles so­ bre este acontecimiento. Si comparamos el espacio que poe­ tas griegos como Homero y Hesíodo dedican a la creación, e incluso presocráticos como Anaximandro, advertiremos cla­ ramente la diferencia de atención prestada a este fenómeno. El tema de la creación fue desarrollado a lo largo de varios siglos por diferentes escuelas teológicas egipcias: la primera y más antigua la de Heliópolis y, posteriormente, la tradición de Hermópolis y la de Menfis. Más tarde también la tradi­ ción teológica de Tebas aportará nuevas perspectivas para entender la figura del mismo creador, y asimismo Akhena­ tón, el faraón hereje, puede decirse que desde la nueva tradi­ ción de Tell-el-Amarna se sitúa en la misma línea de reinter­ pretar la creación del mundo. Dado los límites del presente ensayo, nosotros nos limitaremos aquí a señalar algunos as­ pectos que muestran un entramado cosmológico sin preten­ sión de exhaustividad .

Una primera aproximación a los mitos creacionistas egip­ cios se puede ver en la concepción más popular, representada a veces en las procesiones que muestran el origen del cos­ mos, de la Tierra y de los dioses, mitos que proceden sobre todo de las tradiciones sacerdotales de Heliópolis y Hermó­ polis. En el principio, según la dimensión popular del mito sólo se encontraban las aguas abisales en silencio, tinieblas y desorden caótico, pero en el interior de ese principio acuoso llamado en egipcio "Nun" (nnw) flotaba el Creador pasivo. Lentamente un montículo de tierra llamado Taten emergió del caos primordial, y de esta forma el Creador obtuvo un lu­ gar para darse forma a sí mismo; su primera forma fue la de un ave Fénix en plumas llameantes descendiendo sobre el montículo primitivo ya como Ra, el Sol. Pero el mito de Her-

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mópolis cuenta que ya en el Nun existían ocho criaturas con cabezas de ranas y serpientes las cuales formaron un gran huevo cósmico en la colina primordial que el Creador luego iba a desarrollar creando sus primeras formas y el cosmos. El Creador ya como el Sol Atum-Ra fue creando por sí mismo en masturbación y/o por esputos de saliva a los dos primeros dioses: Shu y Tefnut, de los cuales nacieron el resto Nut, Geb, Osiris, Isis, Seth y Neftis, conocidos como dioses pri­ mordiales o la Enéada.

La ordenación del universo creado como los egipcios lo pensaron lo podemos ver en imagen en el Cenotafio de Seti

1 en Abidos, relieve de principios del siglo -XIII. El universo visible se presenta como una burbuja de vida en medio de un cosmos negro y sin luz, como un trozo de aire que flota en el Nun o caos primordial. El planeta Tierra se halla separado de este océano de negruras por la atmósfera en cuyo cielo o techo brillan las estrellas, el Sol y la Luna y los planetas o estrellas cercanas. El techo del mundo o cielo constituye el mundo donde moran normalmente las divinidades e incluso hay espacios divinos. En el escenario de la tierra visible fir­ me sucede la vida cotidiana. Debajo de la tierra se halla un lugar escasamente conocido que es el Duat, un mundo sub­ terráneo de cavernas en cuyo final se encuentra de nuevo el Nun, el caos oscuro que circunvala el orbe. El Sol tras su re­ corrido celeste se hunde por el horizonte al Oeste en el Duat y en doce horas recorre el trayecto por su borde hasta salir de nuevo al día. Sorprende que el planeta y el cosmos mis­ mo manifestado se hallen envueltos por todas partes por esa masa acuática primordial y que más allá de las diferencias la concepción del área cósmica de vida rodeada de un caos infinito se ajuste bastante a nuestra concepción actual del cosmos.

De estos y otros mitos creacionistas en versión popular se deduce que la mitología creacionista egipcia no difiere mu-

cho de los mitos orientales y helenos que conocemos, en ellos se describe la gestación de sucesos naturales y geográficos a través de las relaciones emocionales y la generación sexual de los dioses, y de esta forma se antropomorfiza la naturale­ za. Además el mismo proceso creativo egipcio parece condi­ cionado por la geoclimática del país, el creador flotando en aguas abisales y oscuras y la aparición de la colina primordial en medio de ellas, así como ranas y serpientes elaborando un huevo; todos estos elementos bioclimáticos y zoológicos se­ ñalan inequívocamente que la creación egipcia mimetiza el proceso de inundación del Nilo anual y la llegada del calor con la aparición de la vida en el barro, elevando así a la cate­ goría original y universal un acontecimiento arbitrario y sin­ gularizado.

Sin embargo, cuando dejamos el nivel popular del mito y analizamos con rigor los textos creacionistas advertimos que ese mito es polisémico, es decir, el popular es sólo uno de sus niveles de comprensión, pero tras éste subyace otro nivel in­ terpretativo.

En la tradición creacionista de Heliópolis el primer prin­ cipio que se menciona es el mencionado Nun (nnw). Su nombre nos aporta la imagen de líneas de aguas, vasijas y la bóveda celeste, lo que ya apunta a que es algo líquido, y a que su situación está básicamente en el cielo. En los textos1 se le adjudican los adjetivos de "desordenado", "oscuro", "tinieblas" y "húmedo u acuoso". Pero para saber más del Nun recurrimos a uno de los escasos versículos en los Textos de las Pirámides donde se le representa diferente de lo ha­ bitual:

«Yo soy el flujo de la inundación primigenia (nun) El que emerge de las aguas

Uroboros, símbolo del límite y del cielo eterno.

La comparación con una serpiente Nehebkau nos da algún dato más sobre el "nnw", sabemos que simbólicamente la serpiente, en su representación como Ourobos (serpiente que se mueve la cola), determina para la mentalidad egipcia la no­ ción de "límite" o "frontera", y por otra parte puede ser asi­ mismo un signo de fecundidad y energía surgiendo de las aguas. De esta forma, la cita nos indica que las aguas del Nun rodean como los anillos de la serpiente el mundo, pero al mis­ mo tiempo la inundación de las aguas, su acción sobre la tie­ rra, es benéfica y fecundadora

El "nnw" muestra pues una doble significación aparente­ mente contrapuesta: la de ser un principio pasivo, limitador y

negativo de la creación, y la de ser al mismo tiempo un prin­ cipio regenerador y benéfico de alguna forma para la vida. Di­ cho de otra forma: el "nnw" no forma parte de la creación ac­ tiva, es algo desconocido, pasivo, oscuro y que marca los límites de lo creado; por tanto, tiene una vertiente de algo que es indeterminado, sin principio activo de vida que es la luz y

sin sonido, y no tiene forma porque es algo parecido al caos primordial. Sin embargo, el otro lado de su significación, en la que se muestra como algo necesario para que la vida se rege­ nere, para que crezca y se mantenga, sin que él mismo par­ ticipe activamente en ello, aparece como una condición no ne­ cesaria pero sí suficiente de la creación. Hay que añadir además que ya desde la teología de Heliópolis el "nnw" recibe a veces la denominación de "ntr", es decir de "divinidad", y aparece incluso en forma humana como "padre de los dioses" .3

Desde esta nueva perspectiva, el "nnw", sin dejar de ser algo acuoso y líquido, aparece ya más bien como el símbolo

de un elemento que marca el límite del mundo en el mundo. Rodea la burbuja de luz y vida que es el mundo como abismo oscuro, húmedo y silencioso. Para los egipcios, el "nnw" no era identificable directamente con las aguas superficiales aunque éstas procediesen del Nun, éste era el nombre de algo

desconocido, algo no existente, y por tanto negativo, y al mis­ mo tiempo presente, y por tanto positivo, como condición de origen de las aguas del Nilo. Desde una mentalidad occiden­ tal a través de la noción de límite podemos identificarlo con el éter espacial, lo que lo hace más comprensible. Pero para conocerlo más hay que avanzar hacia la figura del Creador. Atum, el Creador, flota inerte como cápsula en el "nnw", cuando se autosepara de las aguas y de la oscuridad primige­ nia y se da forma a sí mismo. Semánticamente Atum signifi­ ca en primer lugar "completo", "totalidad" lo que parece co­ herente con un creador, pero otra connotación nos lo muestra también como "no ser", lo que ya no es tan lógico. De hecho, si situamos a Atum en el momento en que inicia su propio proceso creativo y del mundo, veremos que antes de iniciarlo es ciertamente el Uno total, lo indiferenciado absoluto y, como tal, igual al no-ser. El Creador en un principio es una parte del "nnw", de lo no existente, pero ya en germen es di­ ferente al "nnw", lleva en sí mismo la voluntad de ser, pero es

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sólo un punto indiferenciado. Para poder crear lo existente, Atum debe por sí mismo crecer y emitir un lugar y un tiempo. Con el objetivo de poder entender la compleja relación en­ tre el "nnw" y el Creador debemos saltar siglos después y uti­ lizar los textos de la tradición sacerdotal de la ciudad de Her­ mópolis bajo la égida del "ntr" Thot patrón de la ciudad. Dicha tradición teológica realiza un gran esfuerzo -diríamos con palabras modernas- "especulativo" para adentrarse en el misterio del origen de la creación. No es casual que Thot, el "ntr" de la sabiduría y la magia, sea el inspirador de esos tex­ tos, ya que constituyen sin lugar a dudas una primera refle­ xión seria sobre la transición de lo que no es a lo que es y crea; para ello dicha tradición define las condiciones que se dieron en el "nnw" cuando emergió el Creador.

Hermópolis tematiza en el "nnw" las ocho extrañas criaturas primordiales que antes hemos mencionado. Son en primer lugar Nun y Naunet, Nun (nnw) el agua-éter primordial caótica de corte masculino, y Naunet que constituye el espacio primigenio de corte femenino. En segundo lugar, Kuk lo ilimitado masculi­ no y su complemento Kauket femenino y que puede traducirse como la sin límites. En tercer lugar, Hut y Hauthet, es decir, las tinieblas en masculino y la oscuridad en femenino. En cuarto lu­ gar,Amon y Amanuet, es decir, el primero lo oculto masculino y el segundo lo escondido femenino, aunque también pueden tn1-

ducirse por el aire caliente, el primero, y el viento, el segundo. Estas ocho entidades que se conocen en términos teológi­ cos como la Ogdóada, se representan simbólicamente como sapos, ranas y serpientes que chapotean en el limo primordial. Junto con el Creador, estas ocho divinidades nadan en el Nun y juntas crean el huevo cósmico del que sale Ra como pájaro de luz y se inicia la creación del Universo que conoce­ mos. Pero a veces el mismo mito se bifurca en versiones que no hemos mencionado, como la del templo de Edfú, en la que de manera alternativa las criaturas conjuran a un loto en las

aguas, y cuando sus pétalos se abren vemos que contiene el niño Sol con esplendor:

«Vosotros (Ocho) habéis hecho de vuestra semilla un germen, y habéis instalado esa semilla en el loto,

derramando el fluido seminal habéis depositado en el "nnw" condensado en una sola forma, y vuestro heredero nace radiante con el aspecto de un niño»4

La pregunta reza: ¿qué extraña significación tiene el mito de la Ogdóada, más allá de su imitación del origen de la vida en el Nilo?

Para empezar, esas ocho criaturas no son parte del universo creado, sino que por su abstracción pertenecen al mismo caos­ nnw. Lo primero que destaca es que son pares, es decir, no son contrarios ni siquiera opuestos de polaridad como calor-frío, sino que son duales de genero; al ser masculinos y femeninos sus contenidos son pues "complementarios", y debido al géne­ ro tienen capacidad de "generación", o sea, pueden crear y fe­ cundar como si fueran hermafroditas. Si observamos detenida­ mente los pares de la Ogdóada, desde la óptica de la fecundidad y la generación, veremos que representan a cuatro fuerzas o po­ deres al mismo tiempo activas y pasivas que son: la materia pri­ mordial húmeda, lo ilimitado de esta materia, la oscuridad de ésta y su origen desconocido. Gracias a que esas fuerzas son duales y de género pueden ser activadas y cooperar en la crea­ ción. Pero también hay que destacar que los cuatro pares se re­ fieren a potencialidades no "productivas" sino más bien " iner­ tes o negativas". Lo caótico húmedo, lo ilimitado, la oscuridad y lo desconocido no son más que las cualidades básicas del "nnw". Si ahora enumeramos, no los complementos duales,

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sino los contrarios de esas cuatro fuerzas, tendremos sorpren­ dentemente: la materia en forma, el límite de ésta, la luz y lo dcsocultado, es decir, lo visible. O sea se nos presentan cuatro primeras manifestaciones de la creación activa y productiva. Si seguimos la tesis de Heliópolis de entender la evolu­ ción del Creador y su cuerpo como el proceso mismo de la creación, vemos que la Ogdóada lo que nos muestra es la res­ puesta a lo que sucede en el momento en que el Creador por su voluntad logra que las mareas abisales se retiren de él en un proceso de .. contracción":

«Estaba yo solo en el nnw en estado de inercia

antes de encontrar algún lugar donde estar de pie o sentado antes de que Heliópolis fuese inundada» [CT 80]

y también:

«Mira yo soy aquel que empezó en o dentro de las Aguas Mira, la marea se retira de mí

Mira soy el que permanece» [CT (714)].5

En ese momento, en la fase en la que el Creador emerge del "nnw" para obtener un espacio y una permanencia, él uti­ liza las fuerzas inertes del Nun para crear, consigue que una parte del "nnw" primero sea activado, y luego invertido. Es decir, es el Creador quien a través de la metáfora del Huevo, es capaz de obtener de cualidades inertes y negativas del "nnw", cualidades positivas y activas siendo contrarias a la creación visible. La Ogdóada, por tanto, representa un esfuer­ zo de pensamiento que ya podemos empezar a llamar metafí­ sico en su acepción más primaria, la de describir algo más allá de la misma física. El esfuerzo se centra en explicar el tránsito del no-ser marcado por "nnw" a un Creador que ini-

cia lo que existe y la vida. El Creador no crea el "nnw", el "nnw" se halla presente al mismo tiempo que el Creador; por tanto, no hay creación ex nihilo, se crea aquí con un no-ser que en parte existe cuando se le solicita, y así el Creador no es responsable de las cualidades del "nnw".

Si analizamos la metáfora de la "marea" que preside la cita­ ción, veremos que el despegue de la creación se lleva a cabo en una primera fase por la concentración en el mismo "nnw" de un vórtice que todavía ni siquiera es el Creador sino su pasivi­ dad. En una segunda fase, el "nnw" inicia un proceso de con­ tracción como una marea que se va retirando en la que el Crea­ dor empieza a ser visible y emergente. En una tercera fase, el Creador realiza su primera actividad, pero que sólo por sí mis­ mo no puede llevar a cabo, todo lo que puede realizar es acti­ var las fuerzas inertes que están y forman parte del "nnw", del no ser. La obra maestra es la inversión de esas fuerzas en sus contrarios sin que éstas desaparezcan. Por la acción conjunta del Creador y de los pares duales se crea la luz, pero la oscuri­ dad se mantiene; se crea la materia segunda, pero la materia caótica permanece; se crea el límite de las cosas, pero lo ilimi­ tado permanece; se crea lo visible y desoculto, pero lo escon­ dido e invisible permanece en el mundo. En última instancia eso muestra que el "nnw" posee un carácter doble: por un lado, como no-ser, como caos y como algo que en su infinitud limi­ ta al mundo y es su contrario, y por otro, no obstante, tiene una función regenerativa y fecundadora que en su misma negativi­ dad aporta condiciones necesarias para la vida y la existencia. Y el resultado de este proceso de prolegómenos de la creación se puede leer en el texto de Edfú antes citado. Es decir, de la se­ milla se ha hecho un germen (ya fecundado) y se ha consegui­ do una sola "forma", y esa forma que proviene de lo amorfo es el Huevo, símbolo de la síntesis de lo dual que produce las nue­ vas cualidades de vida. El huevo es el símbolo del tránsito de lo caótico y no existente, a lo organizado y existente.

Imagen representativa de la Creación según concepciones teológicas y

filosóficas del Egipto antiguo y dinástico.

lA otra fase de la creación

Volvamos a la mitología de Heliópolis y continuemos el proceso de transición del Creador desde el Nun hacia la crea­ ción, después del intermezzo especulativo de Hermópolis. El mito que nos cuenta de nuevo el proceso de emancipación del Creador del Nun se nos aparece bajo dos variantes: la prime­